El mecenazgo virtual como respuesta
Reportaje

El mecenazgo virtual como respuesta

El crowdfunding o fondeo colectivo en línea está abriendo bolsillos y despertando conciencias alrededor del mundo. México no es la excepción. El número de plataformas para acceder a financiamiento crece sin control. El fenómeno gana terreno, pero los problemas también aumentan. La oportunidad, sin embargo, está al alcance del cursor. Una idea basta para echar a andar la maquinaria.

¿Quién sueña con un mecenas? No lo hacía el joven Pip, aquel de las Grandes Esperanzas de Dickens, no lo hacía y sin embargo, consiguió uno y lo aprovechó mientras duró.


Antes de la época victoriana, en el medioevo, era común que los hombres de talento, en cualquier disciplina, artística o científica, buscaran el cobijo, el alimento, un ingreso decoroso, etcétera, en los dominios de algún rey, ministro, jerarca religioso o comerciante opulento. Peleaban con uno y se buscaban a otro y así hasta que la llama de sus días se consumía.


Escritores, pintores, astrónomos, geómetras, inventores, científicos y demás han visto provistas sus necesidades básicas, tanto materiales como espirituales, por personas que admiraban su labor y no dudaban a la hora de ofrecerles una renta que les permitían sobrellevar la parte humana del artista y esmerarse en la consumación de sus prodigios.


El mecenazgo, pues, permitió encumbrar a grandes talentos a la humanidad, muchos de los benefactores han pasado a la historia por otras cosas, su carácter de reyes, su papel en la escena política de una época determinada, su inmensa fortuna; las grandes obras ahí permanecen, los nombres de los autores llenan enciclopedias, estudios y demás, pero una figura siempre mencionada, aunque sea de paso, al explicar el devenir de los artistas y genios, es la del personaje que alentó al creador, o al filósofo, o al científico, a desarrollar su labor.


Los siglos pasan, las sociedades cambian, mas la naturaleza humana sigue siendo, para mal y para bien, la misma. Dice Thomas de Quincey en Del Asesinato Considerado como una de las Bellas Artes que la seducción es un arte viejo, aunque no tanto como el homicidio; sí, los malos hábitos del género humano son inmutables, la piedra de Caín cae cientos de veces al día sobre pequeños pastores que apenas si resisten el ímpetu del agresor.


Ese es un extremo de la cuerda; en el otro se encuentra el carácter filántropo, una especie de séptimo sentido que ocupa (como el homicidio o la seducción) un tanto de sensibilidad y otro de inteligencia; su expresión alienta el trabajo creador partiendo de un principio que podría resumirse como: “tal individuo es un visionario, vale la pena impulsarlo en su labor”. Nunca faltan, empero, los ejemplos fallidos, como abundan los homicidas estúpidos o los seductores torpes, hay quienes escogen las peores empresas, los imposibles, planes destinados al fracaso. Muchas veces no se trata de un error de juicio, el factor humano es impredecible, capaz de producir tanto la satisfacción más plena como el mayor de los desengaños.


¿Qué es el crowdfunding?


Es una idea que se traslada de un cerebro a otro, y luego a otro y luego a otro, infectando las neuronas con algo más que lógica, una buena sensación, un propósito, un sueño realizable o un plan a prueba de tontos, o un acto que cuesta poco y puede retribuir mucho, en términos tan dispares como el beneficio social, un trance lúdico o una compensación económica. La palabra clave de este mecenazgo del nuevo siglo es la colaboración, como en los buenos equipos de futbol, donde el portero, los defensas y los mediocampistas juegan para que el delantero “realice” las jugadas y triunfe el “colectivo”.


La plataforma es un vaso vacío sin la mirada dotada con la comprensión, el ánimo de contribuir o la mera generosidad, tales son los elementos capaces de animar ese vaso: la movilización de los espíritus que conocen un proyecto, se dan el tiempo para imaginar y luego, llevan el cursor hasta el botón virtual que conecta el séptimo sentido con la cuenta bancaria y de ahí, con el delantero que ya está un poco más cerca, cinco, cien, mil dólares (o euros, o pesos) más cerca de terminar la jugada construida alrededor de su propuesta, de sus características personales y únicas, guiños, pases y centros que apelan a su fuerza, a su velocidad, a su estatura.


Expresiones artísticas, ambiciones empresariales, premoniciones tecnológicas, ímpetus conservadores del mundo y sus maravillas encuentran en el crowdfunding una respuesta múltiple a sus plegarias.


Todo es conducido por el canal de la viabilidad, es un sueño, sí, pero hasta en el mundo onírico hay categorías. Si bien la paz mundial es un estado utópico, desconocido por el hombre, alcanzar la paz de una pequeña comunidad puede ser un objetivo asequible mediante un plan comunitario que ofrezca a las personas una opción económica legal y rentable, oportunidades de esparcimiento y muestre un entusiasta desinterés por medrar con el prójimo; levantar un buscador o un portal de internet exitoso, multidimensional y vanguardista, se antoja una empresa titánica, desarrollar, en cambio, una aplicación para educar a las nuevas generaciones en el lenguaje tecnológico, no parece una costa demasiado lejana; propulsar al hiperespacio una carrera artística puede ser tan caro como irrealizable, sí es asequible conseguir el monto preciso para orquestar un demo o un primer concierto.


Los más pragmáticos ven en el mecenazgo vía internet una forma barata y efectiva de allegarse recursos, los más optimistas consideran que fomenta y cosecha los frutos de una cultura de la participación cada vez menos incipiente, cada vez más concreta.


Las promesas


¿Qué ofrece el mecenazgo en línea a los postulantes? Diversos beneficios y no sólo en términos de financiamiento. Les da la posibilidad de realizar pruebas de mercado y de obtener la validación de su producto ante una comunidad; permite reducir el tiempo de desarrollo de sus diseños y los costos de la comercialización; la flexibilidad y la velocidad de la recaudación de fondos (las campañas exitosas tienen un promedio de duración de treinta días) hacen más sencillo y económico el acceso a financiación; se reduce la dependencia hacia formas de financiamiento tradicionales (como bancos o gobiernos); además, los propietarios de los proyectos pueden obtener retroalimentación y asesoría o algún otro recurso de la comunidad que los impulsa.


Para los contribuyentes, donadores, inversores y demás, el mecenazgo vía internet ofrece la opción de una mayor interacción con los creadores, lo que fomenta un mayor compromiso para la culminación del plan propuesto; esto, dicen los optimistas del crowdfunding, puede ayudar a construir un sentido de comunidad y cohesión social.


La obtención de fondos mediante un llamado abierto, en línea, goza del favor del público, credibilidad de la que carecen las instituciones bancarias y los programas que reciben fondos gubernamentales. Un beneficio extra consiste en que los modelos de financiamiento del mecenazgo virtual pueden crear oportunidades de inversión complementarias, el planteamiento es simple: los inversores tienen un canal de comunicación directa con los postulantes de proyectos y eso puede abrir la puerta al desarrollo de ideas relacionadas.


¿Cómo funciona?


Para explicar el mecenazgo virtual nada mejor que recurrir a una de sus plataformas de mayor éxito a nivel mundial: Kickstarter.


Este portal se divide en varias ramas de la creación humana; desde cómics hasta cine, desde moda hasta gastronomía, y más (tecnologías, moda, música, teatro, literatura). En sus líneas de acción no incluye ni proyectos caritativos, ni cuitas personales, por ello, uno de los requisitos para emprender una campaña bajo su ala es presentar un elaborado plan de desarrollo de la obra en cuestión o, para el caso de tecnologías, un prototipo real.


Quienes buscan recursos para concretar sus planes ponen el monto que los separa de la meta, inician campañas de recaudación que duran abiertas un máximo de sesenta días. Si el emprendedor logra la meta, Kickstarter deposita lo recaudado descontando un cargo del cinco por ciento. Si no se consigue la meta, la empresa no libera nada y se devuelve el dinero a los donadores, sin cargo alguno para el postulante.


Esta compañía, empero, sólo acepta proyectos dentro de Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Australia y Nueva Zelanda.


Otra plataforma exitosa, Indiegogo, maneja un esquema similar aunque con diferencias sustanciales: si el postulante no alcanza su meta, el dinero recaudado es ingresado de todas maneras, este portal sí admite causas sociales y particulares.


La persona se registra, sube su proyecto y si recauda fondos la empresa cobra el nueve por ciento de comisión. Quienes logran la meta consiguen un reembolso del cinco por ciento y, como Pitágoras no miente, la comisión queda en el cuatro por ciento. En su descripción del proceso la empresa recomienda tomar en cuenta gastos como el tres por ciento para el uso tarjeta de crédito, unos 25 dólares por transferencia para las campañas externas a Estados Unidos y cargos por cambio de divisas.


Las recompensas


Las reglas del crowdfunding se orientan hacia un postulado digno de considerarse: “ganar es ofrecer”. La gente que busca fondos para sus campañas (proyectos) no debe limitarse a postular una causa digna, una idea brillante o un plan rentable, también debe ofrecer regalos, recompensas para sus contribuyentes.


Pueden ser artículos sencillos como fragmentos de la novela que se pretende publicar, o un demo del videojuego en desarrollo. Dichos obsequios no están a la venta, y varían de acuerdo con el monto de la aportación. Siguiendo el ejemplo de un cómic, si el donador aporta cinco dólares le llega un dibujo exclusivo, si aporta 25 dólares le envían un dibujo del contribuyente, caracterizado como alguno de los personajes de la historia; si manda 50 dólares obtiene el dibujo personalizado y una de las 'microhistorias' que conforman el volumen.


Reveses


Las plataformas de mecenazgo en línea, sin embargo, no se hacen responsables por la calidad de los productos ni de las recompensas ofrecidas. Tienen restricciones como la de no admitir como postulantes a personas menores de 18 años de edad, salvo que hagan constar el consentimiento o la supervisión de los padres o del tutor legal.


Desde luego, no se aceptan campañas de recaudación para cometer actos ilícitos ni para acometer empresas imposibles. En los dos portales mencionados líneas arriba (Indiegogo y Kickstarter) tampoco se pueden ofrecer como “recompensas” el “asociarse” con los postulantes, ni incentivos financieros, ni drogas controladas, ni muestras de medicinas, ni armamento. Tampoco se acepta que las recompensas sean obsequios políticamente incorrectos que inciten al odio en cualquiera de sus manifestaciones, o a la comisión de actos ilegales o a emprender acciones violatorias de los derechos de terceros.


A pesar de las buenas intenciones -como lanzar una campaña para reforestar un espacio tradicional de una comunidad-, las peticiones sinceras -pedir la colaboración con miras a financiar un cortometraje o una obra teatral-, y las propuestas asequibles -solicitar dinero con el fin de organizar un festival que atraiga turismo a un destino particular-, el crowdfunding no está exento de dificultades relacionadas con la deshonestidad.


A veces sucede que un mismo proyecto es lanzado en dos o más plataformas, o que una propuesta, por razones que no corresponde dilucidar en este espacio, viola los derechos de autor de algún creador o empresa.


Las cantidades de dinero que se ven comprometidas por esta vía pueden ser tan menores como unos cuantos dólares o tan nada desdeñables como cientos de miles de euros.


Fue el caso de una campaña para relanzar un videojuego con una amplia base de adeptos alrededor del mundo. El proyecto recaudó 600 mil euros. Luego se presentó una demanda por violación a la propiedad intelectual ya que los postulantes no poseían los derechos del juego.


Sucede también que las campañas nacen, crecen y se desarrollan en medio de la polémica. Para empeorar las cosas, la conclusión deseada no llega y el final queda abierto. Hace unas semanas, cobró fuerza el rumor de que había una grabación del alcalde de una ciudad importante de Canadá fumando crack. El representante popular, por supuesto, negó tal versión. Una fuente, un vendedor de drogas, le envió a un periodista una foto del alcalde intoxicado y la exigencia de 200 mil dólares a cambio del video. El periodista montó una campaña de corwdfunding y consiguió el dinero gracias a las contribuciones de ocho mil personas. La fuente, sin embargo, desapareció y el periodista ignora si vive o está muerta. Su calidad de comerciante de sustancias ilegales y la posesión de un material valioso como dicho video no dejan mucho margen al optimismo. Varios de los contribuyentes comentaron que debía darse un mes como margen para que reaparezca la fuente y, si no sucede, el dinero debe donarse a organismos de ayuda a víctimas de las adicciones.


En los primeros días de junio, en España, se emitió una primera sentencia sobre mecenazgo virtual. Los responsables de una plataforma, AUAmusic, fueron condenados a devolver el dinero a uno de sus usuarios.


La empresa había anunciado su cierre en marzo de 2012 y con ello, se inauguró una especie de campaña para dar a conocer quejas de los postulantes y de los donantes: los creadores no recibían el dinero y sus donadores no obtenían sus recompensas. Uno de los contribuyentes demandó y el resultado fue el ya mencionado: la justicia española encontró culpable a la empresa por no entregar el dinero a los proyectos seleccionados ni devolver las aportaciones.


El crowdfunding, reconocen en los mismos sitios de internet, carece de regulaciones, situación que se agrava ante el surgimiento de plataformas de lo más variado. Sí, el mecenazgo virtual está alcanzando niveles de especialización a grandes saltos, ahora hay portales enfocados exclusivamente a causas sociales, o al financiamiento de deportistas o de artistas, para impulsar proyectos científicos o para realizar inversiones.


La especialización hace difícil la elaboración de reglas claras y marcos que garanticen el cumplimiento de las obligaciones. Al final, buena parte del éxito comunitario de un proyecto depende de la honestidad de las plataformas y de los postulantes.


Ejemplos de éxito


Los hay, en demasía, tanto que seleccionar uno o dos para dar un buen ejemplo puede convertirse en una tarea nada sencilla.


Un diario digital holandés consiguió 1.3 millones de euros en ocho días, de más de 17 mil personas que se convirtieron en suscriptores del medio. Los postulantes ofrecieron no incorporar publicidad a la página y sostenerse con las contribuciones de 60 euros anuales de sus suscriptores que obtienen un análisis de las noticias del momento. “Periodismo antes de rentabilidad” fue una de las proclamas de la campaña.


Las cartas de presentación de Kickstarter son otro de esos ejemplos exitosos: 63 mil proyectos que han conseguido sus metas de financiamiento.


En desarrollo de tecnologías, en cinco años, mil 549 proyectos fueron financiados, 18 de ellos tuvieron contribuciones por más de un millón de dólares.


La experiencia de las plataformas de mecenazgo indica que, para triunfar, un proyecto debe causar interés, ofrecer un objetivo acorde con las expectativas de los contribuyentes; tener una comunicación eficaz con los donantes; socializar el proyecto mediante información clara, y manejar un buen programa de recompensas.


La ventaja indiscutible del crowdfunding, según sus partidarios, es que el creador puede ejecutar sus planes, sin necesidad de rendir cuentas a intermediarios o supervisores, siempre que consiga el favor de una comunidad de donadores.


El impacto del colectivo


El éxito de las plataformas para financiar proyectos por la libre, sin recurrir a instancias gubernamentales o cámaras empresariales, es tal que en países como Italia o Inglaterra no sólo está permitida la operación de este tipo de portales, sino que se aplican beneficios fiscales a los contribuyentes de las campañas. En Reino Unido y en Alemania se han otorgado licencias bancarias a plataformas con propuestas para financiar pequeñas empresas.


En Estados Unidos, en octubre del año pasado, se aprobó un plan para regular la inversión en 'pymes' por parte de particulares. La Securities and Exchange Commission (SEC) considera que el mecenazgo virtual se destaca porque implica menos burocracia: las empresas pequeñas recaudan dinero en internet procedente de pequeños inversores sin pasar por engorrosos procedimientos para registrar valores.


Con el fin de regular las actividades la SEC propuso que los portales de financiación actúen como intermediarios entre empresas e inversores y sean, en parte, responsables de asegurar el cumplimiento de los compromisos contraídos.


La SEC también impuso límites: los inversores con un ingreso anual neto de menos de cien mil dólares sólo podrán contribuir con dos mil dólares o el cinco por ciento de sus ingresos; y a la recepción de contribuciones; los postulantes podrán recaudar hasta un millón de dólares en doce meses.


Como medidas de supervisión, el esquema estadounidense maneja que para los proyectos con ingresos menores a cien mil dólares bastará con que un funcionario elabore un simple informe de estado financiero; para cantidades superiores se requiere el visto bueno de un contable, y para montos mayores a medio millón de dólares, será necesaria la aprobación de un auditor.


La Comisión Europea también ha puesto la mira en el mecenazgo virtual. En octubre del año pasado realizó una consulta entre los países miembros. Su interés era recoger opiniones sobre la mejor forma de regular a los portales.


En ese documento se definió al mecenazgo virtual como una alternativa emergente de financiación que conecta directamente a quienes pueden dar, prestar o invertir dinero con aquellos que necesitan apoyo económico para un proyecto específico.


Si bien el acto de lanzar una botella al mar de los potenciales inversionistas no es nada nuevo, el fenómeno de utilizar la red de redes para conectar directamente con los donadores emergió con fuerza.


En 2012, en el viejo continente, el crowdfunding creció en un 65 por ciento comparado con 2011 y movió, según cálculos de la Comisión Europea, 735 millones de euros.


La pregunta que se hicieron los representantes de los países integrantes de la Unión Europea fue: ¿Cómo promover el mecenazgo virtual en Europa sin dejar fuera una serie de regulaciones que no lo entorpezcan?


Las virtudes del crowdfunding son más claras en el discurso europeo que en el americano: se recaudan pequeñas contribuciones individuales de un gran número de personas; el total de fondos que requieren los proyectos es usualmente bajo; el mecenazgo virtual se encuentra en una etapa temprana de desarrollo, por tanto, sus diferentes modelos, beneficios y riesgos aún están cambiando; las campañas pueden dirigirse a impulsar proyectos nuevos o a salvar negocios en decadencia.


Los europeos manejan varias formas de soltarle dinero a una propuesta publicada en internet: donaciones, patrocinios, contribuciones a cambio de recompensas (que suelen ser productos o servicios cuyo precio es menor al de la contribución), comprar el producto en la preventa, prestar dinero al postulante (con o sin interés) y adquirir acciones o bonos.


Los inversores utilizan su experiencia y habilidad para identificar los proyectos más prometedores. En conclusión, en la Unión Europea ven al crowdfunding como una alternativa viable al financiamiento bancario, el capital de riesgo o el dinero obtenido de amigos y familiares para un proyecto.


Dificultades a la vista


En el mecenazgo a distancia el riesgo de fraude es una realidad, dicho embuste puede partir de algo tan elemental como que el dinero recaudado no sea utilizado para los fines propuestos. Se recomienda a los contribuyentes poner atención a la publicidad y los avisos de los postulantes o de las plataformas ya que existe la posibilidad de que tanto una como los otros sean engañosos y lleven a malentendidos y pérdidas. También hay que poner atención a la forma en que las plataformas se hacen cargo de las aportaciones, ya que en ocasiones el dinero es devuelto sin explicación. Otro riesgo es el de las pérdidas derivadas de proyectos fallidos, en este caso, los contribuyentes no reciben lo que les fue prometido.


Para prevenir los fraudes, en los portales relacionados con el crowdfunding recomiendan revisar que las plataformas y los postulantes se identifiquen y dejen claro que el objetivo de su actividad no es ilegal. La novedad del mecenazgo virtual también requiere de atender otro tema complicado: establecer medidas para prevenir el lavado de dinero, tarea harto complicada que depende de los países, de sus leyes, del interés en el tema que muestren sus clases políticas.


Los riesgos no se ubican solamente del lado de los inversores. Los postulantes, si aspiran a recibir financiamiento, deben compartir sus ideas cuando sus planes apenas están en un grado muy bajo de desarrollo, etapa que no encuadra en el marco de protección ofrecido por las leyes de propiedad intelectual. En Europa, por ejemplo, si un invento es dado a conocer antes de llenar una solicitud de patente, puede que su creador no sea capaz de obtener el registro que le otorgue derechos sobre el producto. Es probable que cuando intente llenar la solicitud, el invento carezca de su aspecto novedoso. Al final, como dice el refrán, el que no arriesga no gana. La certeza, la lógica empresarial mejor dicho, invita a concluir que 735 millones de euros no pueden estar equivocados.


Un mexicano exitoso


Es el caso del portal Fondeadora.mx que se define como una plataforma de fondeo colectivo al servicio de emprendedores interesados en promover sus ideas y encontrar el financiamiento para concretarlas.


Esta empresa no pretende inventar el hilo negro, cada creador le pone un monto al proyecto que pretende realizar y una fecha límite para conseguir el dinero. Si consigue la meta, la plataforma le entrega el cien por ciento de lo recaudado, aunque el creador debe tomar en cuenta que Fondeadora cobra el cinco por ciento de comisión. Si se queda corto, todas las contribuciones son reembolsadas. Empero, los costos de transacciones cobradas no se recuperan.


Sus proyectos se dividen en las categorías de Arte y Cultura, Industrias Creativas (en la que aparecen subcategorías como gastronomía, música, moda, cómics, fotografía, cine, video y arquitectura, entre otras), Tecnología y Emprendimiento, Iniciativas Sociales (con las subcategorías de iniciativa ciudadana y ecología y sustentabilidad), Irrazonable y Talento.


Uno de los proyectos en línea, el botón de muestra, se titula Flor de mayo y su objetivo es crear camisas artesanales en las que se fusionen la artesanía tradicional indígena y el diseño textil moderno. Su primera meta es involucrar a 125 artesanas de la comunidad de Naupan, Puebla, en el negocio de la camisa artesanal. Ya luego esperan integrar a 825 mujeres de las localidades aledañas. En Flor de mayo las artesanas ganan, según la descripción del proyecto, hasta tres veces más de lo que obtienen por su cuenta, lo que representa un aumento en el ingreso familiar del cincuenta por ciento.


Los postulantes fueron cuatro estudiantes del Tecnológico de Monterrey. La campaña consiguió recaudar 79 mil 030 pesos al 25 de junio, la meta que pusieron fue de 95 mil pesos. El periodo de recaudación terminaba el primero de julio de este año. Para conocer el final de la historia, la recomendación es visitar el portal de Fondeadora.


En el estudio titulado Crowdfunding en México, realizado a instancias del Fondo Multilateral de Inversiones, órgano del Banco Interamericano de Desarrollo, se destaca que el mecenazgo virtual ya se ha abierto un gran camino en México. Los aspectos a mejorar están en dos renglones bien definidos: la seguridad cibernética y la prevención de fraudes.


La falta de regulación es uno de los escollos a resolver en el país para convertir al mecenazgo virtual en un mecanismo de financiamiento exitoso. El crowdfunding, según el estudio, pondrá a prueba “la capacidad del gobierno para elaborar e implementar leyes pertinentes, garantizar una coherencia normativa y establecer mecanismos de cumplimiento eficaces”.


El mecenazgo en línea es, para México, un modelo en vías de desarrollo.


Conclusión


La honestidad, la deshonestidad, el colectivo, el individuo, virtudes y defectos, promesas cumplidas, compromisos rotos, de todo hay en la puesta en escena del crowdfunding.


El ojo sensible y propositivo encontrará en las plataformas del mecenazgo virtual una oportunidad de contribuir a planes a la medida de sus buenas intenciones, o de su capacidad económica. El emprendedor tiene en los portales de financiamiento un cada vez más nutrido mapa de puertos en los que puede izar las velas y partir rumbo al destino anhelado con algo más que la esperanza de mantenerse a flote hasta ese momento indescriptible en la vida del aventurero, hasta el grito asombroso, irrepetible, disparado con voz de cañón: “Tierra a la vista”.

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