El verbo tecnológico y sus profetas
Reportaje

El verbo tecnológico y sus profetas

Ficción especulativa, más de cien años en el futuro

La humanidad, en el curso de su desarrollo, se ha enfrentado a un amplio abanico de preocupaciones, problemas y conflictos que pueden rastrearse echando un vistazo a la evolución de distintas expresiones culturales, artísticas e intelectuales como la filosofía, la literatura y, más recientemente, el cine.
En las obras literarias, a través de las épocas y sus distintos movimientos artísticos el conflicto “Hombre (o protagonista) contra Naturaleza” perdió popularidad ante la contienda “Hombre contra Sociedad” hasta que por fin hizo su entrada el enfrentamiento “Hombre vs. Tecnología”.
El tercer caso es el más notable. Naturaleza y sociedad son fuerzas prexistentes cuyo control escapa al individuo, el cual debe adaptarse y aprender a coexistir con ellas. La última se desarrolla para resolver problemas concretos como la satisfacción de necesidades y deseos. Entonces, ¿por qué al mismo tiempo que es benéfica y deseable produce tanto recelo? Decir que el hombre teme lo que no comprende es un lugar común aunque certero si deseamos perfilarnos hacia un modo de responder a esa pregunta. Realmente cuántas personas pueden decir que comprenden a cabalidad la tecnología que llevan en el bolsillo y utilizan cotidianamente.



LITERATURA
Según el informático Alan Kay la mejor forma de predecir el futuro es inventarlo, pero una larga estirpe de literatos que va de Julio Verne a Douglas Adams parece opinar que la clave está en imaginarlo. Estos profetas, además de portar una buena dosis de fantasía, contaban con gran genio, sensibilidad y conocimientos, cualidades bien amalgamadas a la hora de producir obras extraordinariamente visionarias, tanto que en ocasiones resulta difícil dilucidar si sus autores fungieron como videntes o alentadores de múltiples avances tecnológicos.
Los textos de Julio Verne, uno de los autores más prolíficos y más traducidos del mundo, se clasifican como novelas de anticipación y no de ciencia ficción (o ficción científica), mas es considerado precursor del género junto con H. G. Wells. En Veinte mil leguas de viaje submarino, publicada entre 1869 y 1870, se adelantó a la invención de los sumergibles con propulsión eléctrica. El submarino nuclear estadounidense Nautilus (1954) recibió su nombre en homenaje al de la novela. En Robur el Conquistador (1886) aparece un helicóptero y en su continuación, Robur dueño del mundo (1904), hay un vehículo que funciona en mar, tierra y aire.
De la Tierra a la Luna (1865) y Alrededor de la Luna (1870) son títulos realmente extraordinarios, describen con suma precisión fenómenos que efectivamente le ocurrieron al Apolo 8 y al Apolo 11 poco más de un siglo después. Las coincidencias van desde el sitio de lanzamiento: en la novela es Tampa, Florida, separado por poco más de 200 kilómetros de Cabo Cañaveral, donde tuvo lugar el despegue real; la descripción del fenómeno de ingravidez sufrido por los astronautas; la duración del trayecto, el autor la estimó en 97 horas (cuatro días, una hora), el Apolo 11 despegó el 16 de julio de 1969 y alunizó el 20 de julio; Verne también hizo un calculo acertado sobre la velocidad necesaria para que un proyectil abandone la Tierra, incluso el costo del programa es bastante aproximado.
Las aventuras del capitán Hatteras (1864-1865) se centra en una expedición al Polo Norte. La ruta establecida en la ficción fue la que efectivamente siguió un grupo de personajes reales y el polo fue alcanzado en 1920, poco más de 40 años después de la novela. El autor francés concibió al Polo Sur como un mar helado en la superficie, aunque navegable por debajo, y al Polo Norte como un continente helado. En realidad es al revés, otra forma de ponerlo es que fue preciso hasta cuando erró.
París en el siglo XX, escrita en 1863, tuvo que esperar hasta 1994 para ser publicada ya que el editor de Julio Verne opinó que el pesimismo del volumen perjudicaría su recepción y la reputación del autor. El protagonista se desenvuelve en un futuro hiperdesarrollado, que incluye iluminación eléctrica pública, el uso del fax (al que llama telégrafo fotográfico), rascacielos de cristal, súper trenes, automóviles, analfabetismo funcional, obsesión por el dinero… ¿Suena familiar?



Izquierda, tripulación Apolo 8. Derecha, expedición Antártica Imperial Británica, liderada por Ernest Shackleton. Foto: NASA / Ernest Shackleton


AMADO NERVO
El poeta mexicano tiene una faceta prácticamente desconocida como cuentista del género. Su libro La última guerra (1906)lo ubica como precursor de la ciencia ficción en nuestro país. El argumento es similar a Rebelión en la granja del británico George Orwell, sólo que escrito con casi cuatro décadas de anticipación. En sus relatos hay adelantos como lo que hoy es el sistema de telefonía celular, viajes espaciales y criopreservación. Algunos de los textos están disponibles para los cibernatuas en la página Ciencia Ficción Mexicana, en el apartado 'Textos'. (http://cfm.mx/?sec=textos).


HUGO GERNSBACK
En la novela Ralph 124C41+, publicada por entregas en su revista Modern Electrics en 1911, predijo acertadamente el uso de la energía solar, los vuelos transatlánticos, el radar y un sistema de comunicación con cámaras y pantallas, lo que hoy llamamos videoconferencias. Acuñó el término ciencia ficción en 1926 y en su honor se entregan anualmente los Premios Hugo a las mejores obras de ciencia ficción y fantasía publicadas el año anterior.


YEVGENI ZAMIATIN
Raras veces recibe el crédito que merece por su novela Nosotros (1921), atractivo antecedente de 1984 y Un mundo feliz. El título hace referencia a la pérdida de la individualidad, el 'yo' no existe más, sólo la uniformidad del 'nosotros'. Nombres y apellidos han sido sustituidos por claves alfanuméricas, la vida privada es cosa del pasado ya que los 'números' ejecutan sus tareas a la vista, viven en casas de cristal, con horarios estrictamente regulados, visten igual, reciben alimentación uniforme (nafta). Sus existencias, en resumen, se encuentran completamente sometidas al control y estrecha vigilancia del Bienhechor, líder del Estado Único. El libro está narrado en forma de diario por D-503, un ser conforme con su lugar como una pieza más del sistema hasta que se enamora de I-330, una rebelde. El escritor ruso atinó en el funcionamiento y los peligros de los totalitarismos tanto como en la deshumanización a la que puede conducir la tecnología. Nosotros estuvo firmemente censurada en Rusia y en la URSS hasta 1988, pero circularon diversas traducciones, fue así como Orwell pudo leerla.



Izquierda, el mutlimillonario Dennis Tito se convirtió en el primer turista espacial del mundo. Derecha, Arthur C. Clarke, escritor y científico. Foto: CNN Travel / AP


ARTHUR C. CLARKE
Su nombre ha quedado ligado al de Stanley Kubrick, cineasta que llevó a la pantalla grande la novela 2001: una odisea del espacio. La obra explora la conflictiva relación entre el hombre y las máquinas en un escenario donde la Inteligencia Artificial no pone de su parte para la sana convivencia. En La ciudad y las estrellas (1956) plantea un futuro donde los humanos ya no se reproducen; cuando el individuo lo desea, sus recuerdos se almacenan y su cuerpo es desintegrado, luego será recompuesto y su memoria restablecida. Aunque esto no ha ocurrido, ya no suena tan descabellado. Otra predicción aquí contenida es algo muy similar a lo que hoy llamamos realidad virtual inmersiva. En Naufragio en el mar selenita (1961) se presagia el turismo espacial. Cabe recordar que, en 2001, el multimillonario Dennis Tito se convirtió en el primer viajero que se subió a un transbordador espacial por placer y previo pago de 20 millones de dólares. Si bien todavía no es una práctica generalizada, en diciembre del año pasado se dieron a conocer los planes de Roskosmos (Agencia Espacial Federal Rusa) para la construcción de un pequeño hotel de lujo en la Estación Espacial Internacional. En 1972, el galés Roald Dahl ya había imaginado un hotel espacial en Charlie y el ascensor de cristal, mas en la fantasía del británico son los norteamericanos quienes lo construyen.
Existen dos videos de 1964, consultables en la plataforma Youtube, donde Clarke habla del futuro con pasmosa exactitud: comunicación satelital, comercio en línea, telecirugía, banco electrónico, Internet y demás. No todo son aciertos vale decir. A propósito de su tino al predecir alguna vez declaró: “Prefiero presentarme más como un ’extrapolador’ que como un profeta. Intento anticipar futuros posibles sin dejarme tentar por la videncia".
Este escritor formuló tres leyes sobre los adelantos en ciencia y tecnología que a menudo son citadas por especialistas del área: 1. Cuando un anciano y prestigioso científico afirma que algo es posible, es casi seguro que está en lo correcto. Cuando afirma que algo es imposible, probablemente está equivocado. 2. La única manera de descubrir los límites de lo posible es aventurarse un poco más allá, hacia lo imposible. 3. Cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia.


JOHN BRUNNER
Autor de Todos sobre Zanzíbar (1968), complejo relato que abarca casi seiscientas páginas y está ambientado en 2010. En éste volumen el autor vislumbró acertadamente el futuro, ahora presente, no solamente en el rubro de los avances tecnológicos sino en cuanto a situaciones sociológicas y geopolíticas. Es doblemente interesante. En sus páginas hay televisión satelital, televisión a la carta (hoy cristalizada en plataformas como TiVo, Netflix o Claro Video), pantallas individuales colocadas en los asientos de los aviones con fines de entretenimiento, relaciones sostenidas a través de la red y el uso de imágenes (avatares) como medio de identificación, impresoras láser, popularización de automóviles eléctricos, manipulación genética, fármacos para mejorar la vida sexual, operaciones de cambio de sexo, la formación de la Unión Europea y la legalización de la mariguana.


DOUGLAS ADAMS
En su obra más reconocida La guía del autoestopista (o viajero, según la edición) galáctico (1979) hace que el protagonista lleve dentro del oído a una criatura llamada Pez de Babel que funciona como un traductor simultáneo automático. Aparatos similares existen desde hace tiempo, pero no han alcanzado el nivel de perfeccionamiento descrito en el texto. Entre sus predicciones atinadas pueden contarse: la Wikipedia, una enorme enciclopedia electrónica de fácil acceso, a través de múltiples dispositivos pequeños, que es actualizada constantemente; y las tabletas electrónicas, computadoras delgadas que los usuarios controlan tocando las pantallas. En un audio de 1993, al alcance de los internautas en la página británica del Huffingtonpost, Adams desarrolla la historia del libro hasta llegar a su fase electrónica.



Serie de televisión Star Trek. Foto: Getty Images


CINE Y TV PREDICTIVOS
Star Trek o Viaje a las estrellas es uno de los programas más influyentes en la historia de la televisión. La NASA, sin ir más lejos, le dedica parte de su sitio oficial. La serie original se transmitió de 1966 a 1969. El invento que más claramente se le debe es el celular. Martin Cooper (padre del teléfono móvil) dice haberse inspirado en los comunicadores de la serie. Otra cosa, los personajes de Star Trek ya contaban con manos libres.
En dicho espacio televisivo aparecían unos cuadrados que almacenaban información y se introducían en las computadoras. El primer disquete de 8 pulgadas data de 1971 y de ahí a la USB no hay un trecho tan largo.
Otros avances tecnológicos presentes en el show van de las puertas automáticas a los asistentes en las computadoras con los que se puede 'dialogar' al estilo de Siri o el GPS.
Y qué decir del escáner médico, aunque la diferencia de tamaño entre la máquina ficticia y la de Tomografía Axial Computarizada (TAC) es evidente, (la real es mucho más grande), la función es la misma.
Martin Caidin y su novela Cyborg son nombres prácticamente desconocidos a pesar de haber inspirado El hombre nuclear, exitosa serie de televisión transmitida entre 1973 y 1978. Steve Austin, protagonista de oficio astronauta, sufre un accidente. Pierde las piernas, el brazo derecho y la visión en el ojo izquierdo. Una agencia gubernamental remplaza sus miembros con tecnología biónica y Austin se convierte en su agente. Hoy día, la implantación de extremidades, oídos y ojos biónicos es una realidad en constante perfeccionamiento. Hay quienes opinan que en el futuro cercano las personas se someterán a modificaciones de este tipo por gusto.
Max Hedroom se estrenó en 1987 y fue cancelada tras dos temporadas. Se transmitieron, en total, 13 capítulos. El periodista Edison Carter muere en un accidente de motocicleta. El informático Bryce Lynch utiliza la imagen y los recuerdos del extinto para forjar una versión virtual de Carter, desarrolla un programa de inteligencia artificial unido a otro de representación tridimensional, básicamente un holograma con 'vida'. La serie transcurría en una distopía futurista controlada por una oligarquía de cadenas de televisión y trataba temas que en los ochenta apenas comenzaban a desarrollarse como el potencial de las redes cibernéticas para el bien (y para el mal), publicidad subliminal, cámaras de vigilancia a control remoto y seguimiento satelital.
Es cierto, aún no hay ropa que cambie de talla, las patinetas y los automóviles voladores todavía no llegan, los abogados siguen existiendo, pero la segunda parte de la franquicia Volver al futuro (1989), producida por Steven Spielberg, no se equivocó tanto en su visión del 2015.



Izquierda, serie de televisión El hombre nuclear. Derecha, serie de televisión Max Hedroom. Foto: Fan Pop / Shout Factory


Lo que sí tenemos en la actualidad son pagos por vía móvil mediante dispositivos inalámbricos; Nike desarrolló calzado deportivo autoajustable con ayuda del diseñador que lo sugirió para la película; los tejidos inteligentes están en vías de refinamiento; el escáner de huella digital y de retina ya se utiliza; los drones son cada vez más asequibles y comunes; la tecnología controlada por comandos gestuales y de voz ya está instalada, al igual que la pantalla divisible para ver varios canales a la vez o las videollamadas. Los lentes Google Glass, muy parecidos a los del filme, siguen en desarrollo.
La película de 1998 The Truman show: Historia de una vida, dirigida por Peter Weir (La sociedad de los poetas muertos) con guion de Andrew Niccol, parte de la premisa de un espectáculo de telerrealidad donde Truman Burbank, ignora que su vida entera ha sido grabada y transmitida en vivo las 24 horas del día, todos los días. Él fue adoptado por una corporación con ése fin específico y su ciudad es un enorme set dispuesto bajo una cúpula. Cuando el protagonista comienza a sospechar que algo no es normal el creador del show hace de todo para mantenerlo bajo control. Resulta inquietante, por decir lo menos, que el programa de telerrealidad Big Brother se haya estrenado sólo un año después. Al día de hoy ha sido adaptado en más de 70 países y la telerrealidad está a la alza en el mercado del entretenimiento audiovisual. Un dato curioso: los hermanos Ian y Joel Gold acuñaron el término 'síndrome de Truman' en 2008. Joel, psiquiatra de profesión, reportó que cinco pacientes esquizofrénicos creían que su vida formaba parte de una emisión grabada en secreto.
En 2002, Andrew Niccol lanzó S1m0ne. Su protagonista es Viktor Taransky, un director de cine difícil de tratar, por ello no encuentra una actriz dispuesta a trabajar con él. Hank Aleno, un informático admirador suyo, le envía un programa computacional llamado Simulation One. Taransky lo utiliza para crear a una mujer virtual, Simone, que protagonice su nueva película. Hace creer a todos que es una persona real y el filme resulta todo un éxito. La trama se complica cuando es necesario que Simone aparezca en público dando entrevistas, en la vida cotidiana. Taransky se las arregla y su creación da un concierto “en vivo” aunque no es más que un holograma proyectado en 3D. Desde 2007 esto es una realidad con la llegada de Hatsune Miku, la primera cantante holográfica, un programa de voz artificial y una imagen. Su apariencia es la de una chica de 16 años, en estilo manga, todo un icono dentro y fuera de Japón, su país de origen. Llena salas de concierto e incluso fungió como telonera para Lady Gaga.



En la conferencia TED edición 2015, el profesor Nick Bostrom discutió las preocupaciones sobre la superinteligencia de la máquina. Foto: Universidad de Oxford


FILOSOFÍA
Nick Bostrom, nombrado “el filósofo del fin del mundo” por The New Yorker, es director y fundador del Instituto Futuro de la Humanidad de la Universidad de Oxford. Una de sus principales preocupaciones es la irresponsabilidad a la hora de perseguir la evolución tecnológica en general, y en concreto de la Inteligencia Artificial. La carrera científico-tecnológica, señala, tiende a omitir la pregunta: ¿qué puede salir mal? El desarrollo de superinteligencias computacionales, considera, es el mayor peligro al que se enfrenta la humanidad en este punto, porque corre el riesgo de ser rápidamente superada —y muy probablemente eliminada— por sus creaciones. Plantea el riesgo del “efecto perverso”, básicamente una mala interpretación de las órdenes originada en que las máquinas no toman en cuenta valores humanos: "Supongamos que explicamos a las máquinas que hacer que las personas sonrían es un objetivo a alcanzar, podrían interpretar que la manera más eficiente de hacerlo es colocar electrodos en los músculos faciales de las personas y tenerlas sonriendo a fuerza de impulsos eléctricos". También le asustan, por su ambivalencia, la manipulación genética (la posibilidad de modificar el genoma) y la biología sintética (por su escasa regulación en contraste con las normas para investigaciones nucleares). Irónicamente, puntualiza, las tecnologías con mayor potencial destructivo son también las más benéficas, la explicación es sencilla: son las más poderosas. Sin embargo, no se define como un apocalíptico, está a favor de la investigación y el desarrollo, pero llama a la mesura, la cautela y la cooperación. Su petición es simple: “Dejemos de comportarnos como niños pequeños jugando con una bomba”.
Cero K (2016), compleja novela de Don DeLillo a la que varios críticos clasifican como ficción filosófica, incluye múltiples meditaciones sobre la vida, la muerte, la frontera entre ambas y qué posibilidades hay más allá. Es una exploración del temor atávico al final definitivo y su contraparte, la obsesión milenaria de la humanidad por vencer a la muerte. Para sus personajes, la vía a tomar pasa por aceptar la muerte, someterse a un proceso criónico y confiar en que los avances de la ciencia y la tecnología podrán traerlos de regreso. Jeffrey, el narrador, llega al centro secreto donde se realiza este proyecto a petición de su padre, el millonario mecenas del centro, Ross Lockhart, cuya segunda esposa, gravemente enferma, está a punto de ser congelada. La vuelta de tuerca llega cuando Ross anuncia su intención de acompañar a su esposa a pesar de encontrarse en perfecto estado de salud. Las reflexiones metafísicas de Jeffrey cuestionan el tiempo, las relaciones y los sistemas de creencias a que se aferra el hombre para darle sentido a su existencia. El centro descrito por DeLillo recuerda mucho a una organización real: Alcor Life Extension Foundation, una compañía “sin fines de lucro”, dedicada a investigar e implementar técnicas de criopreservación.



Ray Kurzweil, científico especializado en Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial. Foto: Bill Wadman


POR CUMPLIRSE
Karel Čapek hizo su gran contribución a través de la dramaturgia y no de la narrativa. Éste escritor de principios del siglo pasado acuñó el término robot —se discute si proviene de un término en eslavo antiguo o en checo y su significado varía entre trabajo, servidumbre o esclavo— en su pieza teatral RUR (1920), cuya trama general ha sido replicada infinidad de veces: la compañía Rossum construye robots para ayudar en el trabajo y aligerar las tareas cotidianas, desarrollan la capacidad de pensar y se rebelan contra la humanidad. Los robots son una realidad, la rebelión no, aunque la cantidad de veces que se ha reciclado ese argumento sugiere que su posibilidad no ha dejado de atemorizar.
Ursula K. Le Guin, quien murió el 22 de enero pasado, calificó al sistema socioeconómico imperante como destructivo para la salud del mundo natural y, en consecuencia, para la humanidad. En un cuento de 1975, La Nueva Atlántida, el cambio climático está ocurriendo, los polos se derriten, la fisonomía del planeta cambia: nuevos continentes van emergiendo de los mares mientras los viejos comienzan a hundirse amenazando la vida de hombres y animales. La preocupación ambiental es elemento recurrente en su producción; tiene un lugar primordial en La mano izquierda de la oscuridad (1969), El nombre del mundo es Bosque (1972), Los desposeídos (1974) y El eterno regreso a casa (1985). Para algunos científicos el desastre es inminente. En contraparte, sectores de la población, empresarios y gobiernos siguen negando la existencia del problema.
El filme Gattaca, escrito y dirigido por Andrew Niccol en 1997, advierte sobre los extremos a que puede conducir la manipulación genética de corte eugenésico. En este futuro (no se especifica pero no se siente muy lejano) la mayor parte de los niños son concebidos con intervención de la ingeniería genética para garantizar que tengan buena salud, inteligencias súper dotadas, físicos espectaculares y, en síntesis, mejores condiciones de supervivencia y adaptación social. Esto crea una obsesión por la perfectibilidad humana. Los nacidos “a la antigua” son desplazados, constituyen la nueva clase baja, una relegada a trabajos 'inferiores' y se les niega la oportunidad de medirse contra los humanos perfeccionados.
Orphan Black, programa de televisión transmitido de 2013 a 2017, arranca cuando la protagonista Sarah Manning presencia el suicidio de una mujer idéntica a ella. Descubre que forma parte de un experimento sobre clonación iniciado en los setentas. Sin recurrir a un argumento novedoso, la producción fue bien recibida por crítica y público. Parte de su éxito se explica en que no recurre al tono futurista y resulta bastante verosímil. Obras semejantes en su trama son: Los niños del Brasil, libro de Ira Levin de 1976 llevado a la pantalla grande dos años después y Nunca me abandones del Nobel Kazuo Ishiguro.
Ray Kurzweil, ingeniero, empresario, escritor y músico, tiene una prodigiosa capacidad para vaticinar el desarrollo tecnológico. Su grado de acierto le ha valido el sobrenombre de “el futurista de Google” (dirige el departamento de ingeniería de esta compañía). Ha realizado pronósticos desde hace un par de décadas con muchos más éxitos que fracasos. En 1990, por ejemplo, previó que en pocos años el mejor ajedrecista del mundo sería derrotado por una máquina, cosa que sucedió en 1997 cuando la computadora Deep Blue de IBM venció a Gari Kaspárov.



Espectadores viendo la transmisión del decisivo juego de la revancha entre Gari Kaspárov y la computadora IBM Deep Blue, 1997. Foto: Stan Honda/AFFP/Getty Images


Sus augurios sobre cómo será la vida antes del 2050 son bastante optimistas: remplazo de los automóviles manuales por autónomos; máquinas capaces de pasar la Prueba de Turing (que mide la habilidad de una máquina para exhibir un comportamiento inteligente similar al de un humano); capacidad de trasladar la “conciencia” y recuerdos a la nube; un aprovechamiento de la energía solar capaz de satisfacer todas las necesidades sociales; la realidad virtual será completamente envolvente y podrá percibirse como una realidad más (vivir en la Matrix prácticamente). También calcula que en 20 años el desarrollo médico permitirá una extensión radical de la vida.
Puede sonar descabellado mas, de acuerdo al portal Bigthink, de 147 predicciones que Kurzweil ha hecho, 115 resultaron correctas y otras 12 se consideran “esencialmente correctas”, lo que le da una tasa de precisión del 86%. ¿Cómo lo hace? Aplica la ley de rendimientos acelerados. Esto significa, de forma básica, que todo ámbito de investigación (como el de la salud o el de la biología) convertido en tecnología de información arroja progresos de forma exponencial.
Los hitos tecnológicos y los cambios de paradigma llegan cada vez más rápido. Las últimas décadas del siglo pasado dieron más innovaciones que el siglo XIX entero. Cada vez más científicos y pensadores opinan que si la humanidad desea salir avante de las rupturas radicales dispuestas en un porvenir no tan lejano debe actuar con sabiduría, colaboración y ética. El problema no radica en qué se puede crear sino en los fines que se persiguen, es una cuestión sobre todo de estadio moral. La tecnología no es buena o mala por sí misma, todo está en la forma en que los usuarios se sirven de ella. Tecnofilia y tecnofobia son extremos, a favor y en contra, a evitar. De nada sirve rechazar las novedades que aparecen de manera casi cotidiana, tampoco es sano volverse completamente dependiente de los aparatos. En cuanto a los profetas de las tecnologías, no deben perderse de vista porque, así como se equivocan, también aciertas y llegan a ser muy claros en materia de advertencias.

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