Amos de la noche: Lechuzas y búhos, perseguidos por ser nocturnos
Ciencia

Amos de la noche: Lechuzas y búhos, perseguidos por ser nocturnos

A lo largo de la historia, muchos han sido los animales que se han tomado como símbolos por distintas civilizaciones. A muchas especies se les ha asociado con valores positivos, sin embargo existen otros, como las aves nocturnas, a los que se les han atribuido cualidades negativas, incluso malignas, que terminan por afectar su vida e incluso la estabilidad de un exosistema entero.

La mayoría de la gente admira las aves por su canto (canoras) o por su belleza (ornato), pero las aves son un grupo de vertebrados muy diverso que abarca más que 10 mil especies distribuidas en todos los continentes. Conocemos aves tan diminutas como el colibrí, que puede llegar a pesar menos de dos gramos, o aves tan grandes como el avestruz, que alcanza un peso de hasta 180 kilogramos. Existen aves que sólo pueden correr (es el caso del correcaminos, kiwi y el avestruz), aves acuáticas como los pingüinos y semiacuáticas como los patos, gansos etcétera. Aunque todos conocemos a estos seres por su increíble capacidad de vuelo, es muy probable que las aves nos fascinen tanto porque nos recuerdan a sus antepasados que conocemos solamente de los museos de ciencia natural: los dinosaurios. Hoy en día los ornitólogos nos confirman que los dinosaurios nunca se extinguieron por completo, viven incluso entre nosotros en las ciudades y nos despiertan cada mañana con sus cantos.


En diferentes ambientes encontramos diferentes especies de aves, sobre todo con respecto al colorido de sus plumajes. En nuestro ambiente desértico es poco probable que encontremos aves de colores vistosos, como por ejemplo el tucán o la guacamaya. Los colores de nuestras aves son más pálidos, tal como los de su entorno desértico, lo que disminuye considerablemente la posibilidad de ser depredadas. Los biólogos llaman a esta estrategia, donde los organismos se parecen al ambiente en que viven, 'cripsis' o 'camuflaje'.


LA VIDA NOCTURNA


Cuando no existen especies en cierto lugar o en cierta hora del día se denomina a este lugar 'hábitat desocupado'. La mayoría de los organismos, entre ellos también los seres humanos, son activos principalmente durante el día y eso significa que su hábitat (o nicho) está la mitad del día prácticamente desocupado. Las especies nocturnas evolucionaron precisamente para poder ocupar este hábitat desarrollando adaptaciones que les permiten realizar todas las actividades en la noche y descansar durante el día. Cambiar su ritmo de vida de día a noche no es cualquier cosa, tomando en cuenta que los animales, al contrario de nosotros, no cuentan con iluminación artificial y, por lo tanto, volar en la noche sin una excelente vista sería de peligro mortal.


Algunos ejemplos de aves nocturnas son las lechuzas y los búhos, así como las chotacabras, tapacaminos y lechuzas poceras, especies adaptadas a ambientes con poca o nula luz. Aunque los búhos no ven los colores, tienen mucho más células fotorreceptoras que nosotros y su visión estereoscópica les permite cazar a sus presas con una precisión impresionante. Por otra parte, las plumas en la parte del contorno del rostro, tienen la función de antena parabólica y le sirven para captar los sonidos del ambiente, entre ellos el de las presas. Su oído es extremadamente fino, cada uno está situado en diferente nivel, condición que le hace localizar a sus presas con mayor facilidad. Su pico es grueso y ganchudo para rasgar la piel de sus presas, pero lo más característico es sin duda su capacidad de rotar su cabeza gracias a las 14 vértebras en su cuello. Sus patas están formadas por 4 dedos con garras extremadamente poderosas. Como algunos seres humanos, los búhos también forman parejas de por vida que pueden durar hasta 40 años.


¿ENTONCES EL MIEDO DE DÓNDE PROCEDE?


Desde un principio los búhos causaron en los humanos fascinación y angustia. Los antiguos griegos consideraban a los búhos y las lechuzas como animales pensativos, pacientes y símbolos de sabiduría. Atenas, la capital griega, estaba llena de monumentos y esculturas del búho, el protector de la ciudad y hasta hoy en día en varias universidades, librerías y casas editoras tienen esta ave como emblema.


Pero al mismo tiempo los búhos y las lechuzas causaron miedo y temor entre la humanidad, sobre todo por su misterioso y aterrador ruido. Algo que teme la luz del día no puede ser algo bueno, fue la conclusión de muchos pueblos en el mundo. Sobre todo en la Europa medieval los búhos fueron considerados como presagio de la muerte, con poderes mágicos y conectados con brujas y magos. Los grandes ojos de los búhos dirigidos hacia el frente tienen realmente algo humano. Un golpe duro para estas aves fue además la mención bíblica, traducida por Lutero en el siglo XVI, que dice que los búhos son animales impuros. También para algunos pueblos indígenas del norte de México los búhos, llamados tecolotes, tenían rasgos negativos, símbolos de la muerte y mensajeros del inframundo. La mezcla de estas creencias indígenas con los prejuicios contra las aves nocturnas traídas a las Américas por los conquistadores españoles, fue fatal para las aves y en muchas regiones están al borde de la extinción.


La situación no ha mejorado, al contrario; la mala imagen de las aves fue llevada mediante los medios modernos de comunicación de las regiones rurales a las poblaciones urbanas. Películas en donde el mal es encarnado en algún animal aumentan y generan la animadversión contra las aves nocturnas y algunos otros seres adaptados a la obscuridad. Quién no recuerda las películas del santo contra los vampiros o contra las momias, o simplemente los cuentos de terror en donde los animales nocturnos hacen acto de presencia, el hombre-vampiro pintado como murciélago, los hombres lobo, brujas encarnadas en aves nocturnas como las lechuzas y las prácticas de la magia donde los hechiceros tienen en sus ofrendas animales de este tipo para sus rituales. Así pues, se mantiene esta creencia de que los animales nocturnos son parte de lo escéptico, maligno o de brujería.


LAS CREENCIAS EN PLENO SIGLO XXI


Aun en nuestros días, en pleno siglo XXI, se sigue pensando que las lechuzas o búhos son brujas. Lo refleja el triste caso del video que circuló en medios de comunicación sobre una lechuza de campanario (Tyto alba), capturada por habitantes de la comunidad de Pamplona en Durango. Las imágenes muestran a una lechuza capturada con sus alas quemadas y a algunas personas preguntando a la pobre ave cómo se llama, quién es y por qué no dice su nombre. El caso del video tuvo una repercusión incluso internacional, se pudo ver en medios como CNN, o The New York Times, y pone de manifiesto la ignorancia, desconocimiento o ingenuidad que tiene la población rural en México con respecto a las lechuzas, pero más que nada lo que es certero es la crueldad con la que fue tratada esta ave, cuya única “culpa” es ser un ave nocturna.


CONOCER PARA PROTEGER


En La Laguna los búhos se pueden observar en fincas abandonadas, tinacos viejos o lugares donde no haya demasiada alteración humana. La mayoría de estas aves consumen plagas, tales como las ratas y ratones, que en algún momento pueden ocasionar enfermedades a la población humana, de ahí su importancia ecológica para los ecosistemas.


La Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Juárez del Estado de Durango (UJED) está realizando varios estudios sobre lechuza de campanario para conocer los detalles sobre su alimentación, hábitos reproductivos, sitios preferidos de percha, tamaño de la población, entre otros. Estas investigaciones servirán para proponer con bases científicas las mejores estrategias de conservación de estas especies nocturnas. Sólo se protege lo que se conoce. Investigadores y científicos invitan a la población a informarse sobre su ecosistema, las especies que en él habitan y su función, ya que en muchas ocasiones la desaparición de una de ellas conlleva consecuencias fatales para el propio ser humano.

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