Un forajido dentro de la ley
Cine

Un forajido dentro de la ley

El detective que arroja y destruye

Si Luther, en lugar de un detective londinense fuera un comisario del Viejo Oeste, sus acciones como agente del orden no causarían tantos disgustos a sus jefes y compañeros.
Sucede que John Luther, interpretado por el actor británico Idris Elba, es muy dado a romper las reglas cuando está en juego salvar una vida.
Elba es mejor conocido por papeles secundarios en películas como Thor: Ragnarok (2017), Ghost Rider: spirit of vengeance (2012) y Prometheus (2012). Para muchos es el magnífico y malogrado traficante de drogas, Russell “Stringer” Bell, de la multilaureada y muy recomendada The wire creada por David Simon.
Luther es una serie de televisión de la BBC estrenada en 2010 y diseñada para el lucimiento del nacido en Newham. Suyo es el centro de la escena, suyas son las decisiones que nos ponen frente a un policía dispuesto a todo con tal de atrapar al criminal, y con ese “dispuesto a todo” hablamos de un agente dispuesto a falsificar, ocultar o destruir evidencia. ¿No hay ADN del sospechoso en la escena del crimen, una a la que entramos sin orden judicial? Pues a ponerse un gorro, unos lentes oscuros, un abrigo grande, y acto seguido, salgamos a la calle a agredir al meticuloso criminal para hurtarle un poco de sangre y hacerla llegar a donde debe estar.



Foto: BBC

OBSESIÓN ESCARLATA
John trabaja en la Unidad de Crímenes Graves. Su trabajo le apasiona y aprisiona. Dotado con una gran capacidad de análisis, aunque a veces los elementos que lo llevan a confirmar su hipótesis no sean del todo verosímiles, es un buen crítico de las obras criminales. Su carácter obsesivo a ratos lo vuelve sumamente peligroso y, para agregar más nafta al cóctel, tiene un problemilla con el manejo de la ira. Si a eso sumamos su abundante disposición a combatir el fuego con fuego y su propensión a interpretar el “proteger y servir” de maneras no admisibles en una corte, no es de extrañar que muchas de sus acciones produzcan lamentables desgracias, las cuales se extienden a quienes son cercanos a él.
A ratos es despiadado, como cuando administra tortura psicológica a una mujer que puede ayudarle a dar con el paradero de un asesino serial; en otras ocasiones, es malicioso, como cuando le cuenta sus cuitas a una psicópata con buenas intenciones. A veces es un simple enamorado en doloroso trance a causa de una mujer que le ama, pero no sabe, ni puede, ni quiere estar con él o quizás sí.
Alice Morgan (Ruth Wilson), doctora en astrofísica y principal sospechosa del asesinato de sus padres, es uno de los primeros personajes que nos presenta la trama. Entre ella y Luther surge una relación extraña, son enemigos, pero van juntos a tomar un café, discuten tanto como conversan, se lastiman con frecuencia e intercambian no pocos favores.
Alice es un pilar de Luther y un personaje muy dado a sonreír aunque desde el principio deja en claro que los sentimientos no son lo suyo. No se le dan tan bien como, por ejemplo, tener una escopeta en las manos.
Otro personaje destacado es el de Steven Mackintosh (a cargo de Ian Reed), aliado, cómplice y mejor amigo del detective principal. Acostumbrado a sacarlo de aprietos, carga junto al protagonista el punto culminante de la primera temporada.
Dentro del elenco se destaca la presencia de Indira Varma, como Zoe Luther. Varma es más conocida por su personaje de Ellaria Arena en Juego de tronos.
El ritmo de los episodios es bueno, las escasas pausas no incomodan y consigue atrapar al espectador.


FUERTE PRESENCIA
El desempeño de Idris Elba en este producto de las BBC confirma lo que ya se sabía gracias a The wire: la pantalla grande no ha aprovechado como debiera a este actor. En Luther cuaja a un personaje con una perspicacia detectivesca muy por encima del promedio, pero con la inteligencia emocional muy por debajo de la media. Es carismático, fiel, no miente a sus compañeros (salvo que sea estrictamente necesario) ni a su esposa. De ahí en fuera, cuando se trata de apañárselas para ganar y salvar a alguien (aunque también pierde y es mal perdedor), su margen de acción parece no conocer límites. En su oficio presta mucha atención a los detalles, visita los lugares donde se depositaron huellas delictivas con las manos metidas en los bolsillos, atento a los colores calientes o fríos de los crímenes.



Foto: BBC

En 2011, Idris Elba ganó el Globo de Oro al mejor actor de miniserie por este detective. Las aventuras de este atormentado perseguidor puesto a cazar presas muy oscuras contienen algunos guiños a Sherlock Holmes.
Una marca del protagonista es su propensión a arrojar y destruir cosas, le dan una mala noticia y salen volando los objetos al alcance de sus manos, o bien, la puerta más cercana acaba hecha pedazos. Dentro de sus cualidades positivas, unas que se las arreglan para llevarlo a lugares sombríos cuando no a penas desmesuradas, se destaca la lealtad. Más señas de identidad: está dispuesto a violar la ley para ayudar sus amigos y sus diálogos con Alice Morgan son pequeñas perlas.
El año pasado se anunció que, tras una espera de más de dos años, habrá una quinta temporada, cuatro episodios que elevarán el total a las dos decenas. El estreno sería ya entrado el 2018.
Su regreso a las pantallas tiene sentido. Luther suele aparecer en casi todos los listados de las series más recomendadas de los últimos años.
Los asesinos, con su loable ética laboral, permiten el lucimiento de quien da título al espectáculo. Su compromiso es lo primero, luego vienen el mayor o menor grado de ingenio así como los recursos a su disposición, en unos casos limitados, copiosos en otros. Todos se toman muy en serio eso de poner en aprietos a la policía ya sea que busquen la forma de garantizar su impunidad o se hayan decidido por la opción de morir matando.
El Londres de esta serie es oscuro, sin paisajes. Todo da la impresión de ser angosto y opaco, cuando no sombrío. Los personajes se mueven por lugares parecidos a callejones sin salida; los interiores son, por lo general, sobrios, con más sombras de lo común, y los decorados más que humanos, se antojan funcionales.
El producto cumple con notable éxito su labor de entretener, interesar y administrar con tino dosis de psicología criminal y acción.


EL PERSEGUIDOR
Al inicio vemos a un hombre que huye. Luther es quien lo persigue. La presa sube a lo alto de una estructura y queda atrapado. Acorralado, decide jugar su última carta, combatir. La tentativa, sin embargo, no prospera, sus pies pierden suelo, se precipita hacia el vacío. Gracias a un reflejo monumental consigue sujetarse, no le vendría mal un poco de ayuda policíaca.
En otro lugar, los agentes del orden revientan una propiedad. Ian Reed llama por teléfono, Luther responde. “No está en la casa”, dice Ian. John interroga al sospechoso extendido en el vacío. El criminal confiesa. La policía encuentra a la niña justo a tiempo, el criminal no va a sostenerse mucho tiempo más. Luther sabe que debe ayudarlo a subir, arrestarlo y presentarlo ante un juez, también sabe que ese hombre a punto de caer es un monstruo, el grito de pánico del criminal corta su cavilación.
De ahí saltamos al futuro. Luther se reincorpora al trabajo. Una apuesta peligrosa por parte de su jefa. Su primer caso es el asesinato de una pareja en su domicilio. Recibieron dos disparos, uno por cabeza. Con el perro el verdugo se ensañó. La hija encontró los cuerpos, había ido a la tienda a comprar un par de cosas y regresó a descubrir que había quedado huérfana.
La identidad de los asesinos no es uno de los enigmas a resolver en esta serie. Son introducidos en el discurso desde los primeros compases de los episodios. El atractivo radica en Luther, en la forma en que este crítico deconstruye los crímenes, perfila al homicida, se mete en su cabeza de su presa y se adelanta a sus pasos.
Los malos de la serie son sanguinarios y sus motores muy distintos, así como sus ingenios, de manera que cada reto entraña una complejidad particular.
La otra historia que se desarrolla es la vida personal de John. En ella, los fallos, la soledad y las confusiones dejan secuelas incluso más dañinas que las causadas por quienes quienes un día cualquiera decidieron ceder el control de sus actos a los demonios en su interior.

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