Transgresión con ojos de niños: Lynne Ramsay
Cine

Transgresión con ojos de niños: Lynne Ramsay

La directora escocesa Lynne Ramsey cuenta con una muy corta filmografía, conformada por apenas tres títulos nada condescendientes -ni con la industria ni con sus espectadores- y que llaman la atención por la inusual manera de exponer la condición humana.

Los personajes centrales en las películas de la cineasta escocesa Lynne Ramsey son por lo regular niños o jóvenes que se atreven a cruzar la línea de la transgresión sin por ello quedar exentos de culpa. Esta se produce porque, al desafiar las convenciones de su sociedad, tales protagonistas comenten actos fuera de la ley o incluso violentos. En su carrera como directora Ramsay tampoco se permite concesiones. Permanece fiel a su visión aunque dicha actitud le haya costado dejar de dirigir con la frecuencia que muchos quisiéramos. Como reflejo de sus personajes y ante una industria cinematográfica que sofoca la creatividad, a Ramsay sólo se le podría definir como una rebelde con causa artística.


MISERIA Y OPORTUNIDAD


Los primeros pasos de Ramsey en el arte cinematográfico se dan con una serie de cortos. Uno le abre las puertas en el festival de Cannes. Pronto viene la ópera prima: Ratcatcher (1999). La anécdota de esta cinta se detona cuando un niño muere ahogado accidentalmente. Quien sin dolo causa la muerte es James. Transcurren los años setenta en Glasgow, durante una huelga de recogedores de basura. El entorno de miseria dentro del cual viven James y otros niños de su vecindario se intensifica con los montones de desperdicios a su alrededor. Los complejos habitacionales y añosos tal vez algún día sean sustituidos con suburbios a medio construir. Ahí, precisamente, huye James buscando un poco de tranquilidad no sólo ante el remordimiento sino además ante el ambiente opresivo dentro del cual vive. Esta cinta le otorga a Ramsay aun mayor cartel en el circuito de festivales. Sin embargo, no puede decirse lo mismo tratándose de los cinéfilos en general, puesto que la película nunca se distribuyó de forma apropiada. En la actualidad sólo se puede conseguir a través de la colección Criterion.


El segundo crédito no tarda mucho en concebirse y lleva como nombre el de su protagonista: Morvern Callar (2002). Morvern no es una niña, a diferencia de James; pero por llevar el rostro infantil de la actriz Samantha Morton es capaz de engañar a los espectadores más incautos. A pesar de su aparente inocencia Morvern no se detiene cuando se le presenta una valiosa oportunidad: pasa de joven cajera a escritora publicada tras el suicidio de su novio drogadicto. Este le ha dedicado una novela antes de morir y, gracias a ello, Morvern se hará pasar por la autora del libro y cobrará el pago de la editorial. Al lado de una amiga, empezará a gastarse el dinero en un viaje a Almería, contraste español y soleado de su Escocia natal. La película tiene buena recepción entre la crítica británica. Sobre todo, por el trabajo de la actriz principal. Pero adaptar Desde mi cielo (The Lovely Bones) presenta una serie de obstáculos infranqueables, en especial esos productores que le exigían a la realizadora una adaptación fiel de la novela. Ramsay, ya se sabe, será sustituida en la silla del director por Peter Jackson. Aquí se dará un silencio de casi una década hasta su retorno a la dirección con un tercer largometraje inusual por su maestría.


CUPIDO DE MAMÁ EVA


Tenemos que hablar de Kevin (2011) se centra en un relato de familia y, sobre todo, en el personaje de Eva. Desde la perspectiva de un presente solitario, paupérrimo, decadente y hostil dentro del cual ella se ha convertido en una paria, pronto veremos a Eva embarazada de Franklin. Esto, claro, se trata de una retrospectiva. Por el imprevisto embarazo tendrá que dejar con mucha reticencia su bohemio estilo de vida en la gran ciudad para mudarse a los suburbios. Con este éxodo al universo de las convenciones, Eva recibirá a Kevin. Desde que el bebé sale de su vientre, se establece una relación exageradamente tensa, pues no existirá acto perpetrado por el niño que no interprete como una agresión contra ella. Las travesuras irán desde pintar con una pistola de agua el cuarto especial de su madre hasta sacarle un ojo por accidente a su insoportable por perfecta hermana menor. Esto hasta culminar con una tragedia colectiva.


Algunos espectadores se sentirán ofendidos por el tono amoral y exento de cualquier sentimentalismo por parte de la cineasta, incluso irónico si abrimos los oídos y escuchamos con la atención debida la banda sonora. Lo cierto es que por lo regular una obra de arte de trascendencia no le pide permiso a quienes la abordan para explorar situaciones incómodas o, incluso, escabrosas. Los recuerdos estarán contemplados a través de un filtro rojo que para muchos por su obviedad clasificarán como la sangre que Kevin derrama -aunque podría interpretarse como la culpa (más exterior que interior) imposible de borrar. En este caso la atribuida a una madre cuando su retoño comete un acto atroz. Lo que en ningún momento está claro -de ahí la ambivalencia y el carácter poco convencional del filme- es si dicha culpa se constituye como real dentro de la mente de Eva o si de hecho sólo se encuentra en el exterior al ser atizada por los familiares de las víctimas, por su comunidad en general. Para colmo de la subversión hay un humor retorcido y negro en los encuentros embarazosos que Eva trata de evitar a toda costa cuando se topa por casualidad con algún familiar de las víctimas de Kevin. Tampoco queda del todo claro -y de ahí otro mérito de la película- si la remembranza de hechos que apuntan a la psicopatía del hijo es del todo fiable. Quizá los recuerdos de la madre se hallan aderezados con la futura criminalidad del chico.


Tenemos que hablar de Kevin deja en el aire muchas más preguntas que respuestas como suelen hacerlo los filmes detrás de cuya hechura se halla una mente lúcida. Lo que sí plantea Lynne Ramsay de una forma más que evidente es el caso de una mujer que no logra, incluso desde la concepción, conectarse emocionalmente con su hijo. En esto reside quizá lo más transgresor de la película, pues se atreve a hablar de una realidad que existe, pero a la cual -en nuestra cultura occidental de arquetipos, en este caso, el de la madre santa y protectora- se le rehúye. En algún momento, al plantearse la cuestión de por qué no mató también a su madre, podría responderse que Kevin en realidad está montando un espectáculo (desde la cuna hasta el presidio) para atraer la atención de Eva. Después de todo los dos, como se demuestra en la escena del golfito, son tan similares. Luego de hacer su debut cinematográfico en Caravaggio de Derek Jarman y de una larga carrera que ya se extiende a lo largo de décadas y que incluye títulos como Orlando o Io sono l’amore, Tilda Swinton deslumbra y enceguece en el rol principal de Tenemos que hablar de Kevin. Se convierte en la musa de la cineasta escocesa y la actriz encuentra en Lynne Ramsay a una directora de altura.


NADA GARANTIZADO


Por desgracia este más reciente éxito crítico y hasta cierto punto comercial no parece haber allanado del todo el camino para Ramsay. Otro largometraje de alto presupuesto con Natalie Portman y Michael Fassbender en el reparto, se le va de las manos cuando el actor principal renuncia al proyecto por desavenencias con la directora. De esta forma, dentro del chismorreo 'hollywoodense', Ramsay se ha vuelto incluso “infame” por no haberse presentado al primer día de filmación de Jane Got a Gun.


Un proyecto que tal vez no naufrague es una adaptación moderna y fantasiosa de Moby Dick. Ojalá se logre porque quizá le valga a Lynne Ramsay volver a su país de origen, aprovechar el apoyo de la crítica británica y desde ahí seguir dándonos cintas como Ratcatcher o Tenemos que hablar de Kevin.


TABLA


Filmografía


Ratcatcher (1999).


Morvern Callar (2002).


Tenemos que hablar de Kevin (2011).


Twitter: @mbaezduran

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