Žižek: filosofía para las masas
Reportaje

Žižek: filosofía para las masas

La agudeza viral de un polemista. Žižek es un personaje atrevido y novedoso en muchos sentidos. Algunos de sus detractores opinan que el personaje ha engullido, hasta hacerlo desaparecer, al pensador que había detrás. Sus partidarios argumentan que justamente esa combinación lo convierte en la figura cautivadora e influyente que es hoy en día.

El fin de la Segunda Guerra Mundial cambió el planeta y las relaciones internacionales para siempre. Una consecuencia inmediata fue el rompimiento de la alianza entre Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Así comenzó un conflicto, conocido como la Guerra Fría, que duró casi medio siglo y partió al mundo en dos bloques geográficos, Oriente y Occidente, e ideológicos, capitalismo contra socialismo.
Durante estos años convulsos existió la República Federativa Socialista de Yugoslavia, conformada por seis repúblicas menores: Macedonia, Montenegro, Bosnia y Herzegovina, Croacia, Serbia y Eslovenia. En ésta última, dentro en un contexto que iba de la amenaza atómica al rock and roll y de las múltiples manifestaciones de la censura oficial a la conquista del espacio, nació Slavoj Žižek (1949).
A principios de los setentas se graduó de bachiller en Filosofía y Sociología en la Universidad de Liubliana, donde después obtuvo una maestría en Filosofía.



Guerra de Independencia Eslovena. Foto: AFP/Jöel Robine

Estudió la obra de pensadores que no estaban incluidos en los programas de enseñanza estatales porque no congeniaban con algunos de los supuestos ideológicos del comunismo ortodoxo. Al psicoanálisis, por ejemplo, se le reprochaba el ocuparse del ser y la mente individuales contra los fundamentos de colectividad e “igualdad” del comunismo.
Su tesis de maestría, titulada Relevancia política y práctica del Estructuralismo francés, versaba sobre los filósofos no autorizados que había estudiado: Jacques Lacan, Jacques Derrida, Julia Kristeva, Claude Lévi-Strauss y Gilles Deleuze; se le exigió, con fines aprobatorios, agregar un apéndice donde desglosara las divergencias entre sus ideas y la teoría marxista oficial.
Desde entonces su actividad intelectual comenzó a resultar sospechosa a ojos de los censores y defensores de las líneas partidarias sancionadas. De último momento se le negó un puesto en la universidad. Sobrevivió trabajando en el servicio militar y como traductor independiente hasta que finalmente sus amigos le consiguieron un lugar en el Comité Central de la Liga de los Comunistas, el partido oficial, en 1977. Una de sus funciones consistía, irónicamente, en redactar discursos para distintos funcionarios gubernamentales. Esto cambió su existencia, en primer lugar, representó gozar de ingresos estables que le permitieron garantizar el bienestar de su esposa y su hijo; en segundo, logró una suerte de “voto de confianza” del aparato estatal. Le otorgaron un puesto como investigador en el Instituto de Sociología y Filosofía. Allí realizó un doctorado en Filosofía.
Al comenzar los ochenta se mudó a París y prosiguió sus estudios en la Escuela de la Causa Freudiana. Formó parte de los seminarios especializados que dirigía Jacques-Alain Miller, yerno de Lacan, quien acabaría por convertirse en el psicoanalista de Žižek. En 1985 recibió un segundo título de doctor, esta vez en Psicoanálisis, por la Universidad de París VIII Vincennes-Saint-Dennis.
De regreso a Liubliana se convirtió en un columnista regular de Mladina, la revista semanal de la juventud eslovena que se consolidó como el foro por excelencia para la creciente oposición al régimen comunista. La autoridad comenzaba a entrar en crisis y sin prisa, pero sin pausa, perdió el antiguo control que ejercía sobre la vida de sus ciudadanos.
En 1990, durante los prolegómenos de la ruptura entre Yugoslavia y Eslovenia, que culminó con la consecución de la independencia eslovena tras la llamada Guerra de los Diez Días, fueron convocadas elecciones democráticas y Žižek se postuló como candidato a la presidencia dentro de la plataforma Demócrata-Liberal.
No lo hizo por convicción, según dice, sino en el marco de una estrategia para derrotar a la alianza entre nacionalistas y excomunistas. Sobre este episodio agrega que no le importa ensuciarse las manos con la política real. En 1991 se convirtió en Embajador de Ciencia de la República de Eslovenia. A lo largo de los años ha fungido como profesor invitado en universidades como la Nueva Escuela y Columbia en Nueva York, Princeton en Nueva Jersey, la Universidad de Michigan y el Centro Europeo de Graduados en Suiza. En la actualidad ostenta el cargo de Director Internacional del Instituto Birckbeck para las Humanidades en el Colegio Birckbeck de la Universidad de Londres.



Joseph Stalin. Foto: Archivo Siglo Nuevo

PENSAMIENTO E INFLUENCIAS
Žižek es un personaje atrevido y novedoso en muchos sentidos. Algunos de sus detractores opinan que el personaje ha engullido, hasta hacerlo desaparecer, al pensador que había detrás. Sus partidarios argumentan que justamente esa combinación lo convierte en la figura cautivadora e influyente que es hoy en día. El pensador no es menos interesante que el personaje y los alcances del primero serían imposibles sin la existencia del segundo.
Pero, ¿de qué va el pensador? En cierto sentido es un filósofo muy tradicionalista. A pesar del recelo que la concepción de verdad produce en la mayoría de los intelectuales desde el siglo XIX a la fecha, el esloveno cree firmemente que la filosofía puede y debe esforzarse en alcanzar la verdad. No verdades parciales o relativas como es habitual en la era actual sino una auténtica noción de verdad. Sin embargo, no se trata de la verdad en sentido metafísico o espiritual, ni de la formulación de reglas universales sobre la existencia o el pensamiento, ni de postulados éticos conductuales. La manera en que este pensador concibe la verdad apunta a comprender y desenmascarar las relaciones de poder y la(s) ideología(s) que mantienen sometida a la sociedad, coartando sus libertades.
Žižek postula que todo está impregnado por la ideología, incluso cosas aparentemente neutrales como los objetos de consumo masivo y popular que a primera vista resultan insulsos o ciertos aspectos de la vida cotidiana que podrían concebirse como inocentes y “al margen” del control político-ideológico en cualquier sentido.
El tema principal de sus disertaciones es la política y sus distintos aspectos. Para estudiarla y explicar sus ideas al respecto se apoya en otros de sus variados intereses: la literatura en todas sus manifestaciones, desde la “alta”, representada por Shakespeare, Kafka o Sófocles, hasta la “baja”, entre los que destacan Stephen King, Agatha Christie y sir Arthur Conan Doyle; las películas de Charlie Chaplin, Matrix, Terminator, Alien y la nueva trilogía de Batman dirigida por Christopher Nolan; las operas de Wolfgang Amadeus Mozart y Richard Wagner; la física cuántica o las novedades teóricas y prácticas en biogenética y neurología.
La elección de hilar sus discursos de esta manera y utilizar referentes populares para ilustrar sus teorías tampoco es azarosa o casual. Estos temas pueden actuar como gancho para llegar al gran público. Al presentar algo que le resulta familiar a la mayoría de la población es posible generar interés en áreas y problemáticas que tradicionalmente se conciben como inútiles y aburridas o, en el mejor de los casos, muy complicadas y especializadas, material exclusivo para las “élites intelectuales” de las que además se desconfía.
Su convicción de fondo y fin postrero al mismo tiempo es cambiar el pensamiento de la gente para contribuir a lograr un auténtico cambio social, aunque tenga delante suyo múltiples obstáculos a enfrentar en ese largo camino.
El marxismo y el psicoanálisis lacaniano son sus herramientas principales para allanar la vía hacia la comprensión de la ideología y la detección de sus abundantes manifestaciones en el quehacer cotidiano.
El punto de conexión entre ambos teóricos se encontraría en la idea compartida de que es imposible alcanzar la conciencia absoluta del ser. Žižek embiste duramente contra las posturas que perciben a marxismo y psicoanálisis como pruebas superadas o materias irrelevantes e inaplicables en la sociedad postmoderna actual en el entendido de que estamos en un mundo postideológico donde las preocupaciones e intereses de esas tradiciones de pensamiento carecerían de sentido y fundamento.
Como es imposible hablar de marxismo sin tener presente a su “mentor intelectual”, el esloveno escribió un homenaje de mil páginas titulado Menos que nada: Hegel y la sombra del materialismo dialéctico (2012). Las ideas centrales de ese ambicioso tributo son: la filosofía de los últimos dos siglos existe a la sombra del autor de La fenomenología del espíritu y, como la serpiente que muerde su propia cola, la modernidad comienza y termina en él por lo que resulta imposible escapar a su legado.
Otro rasgo interesante de este personaje es que se autoproclama comunista en un mundo que generalmente recibe esta palabra con muestras de desconfianza y aversión o con una buena dosis de sorna. Es oportuno destacar que siempre ha distanciado su comunismo del que sirvió para amparar la implementación de regímenes totalitarios en la URSS de Joseph Stalin y la China de Mao Tse-Tung. No niega el fracaso de la práctica comunista en el siglo pasado, de hecho lo ha definido como toda una catástrofe, no sólo por el costo humano y los sufrimientos que implicó en distintos órdenes, también por la incapacidad de sus líderes para mantener “la causa de la liberación política” enarbolada en los orígenes de sus movimientos.



California se encuentra en completa oposición a un plan de  administración de Trump para eliminar una política que reduce las emisiones. Foto: AP Photo/Jeff Chiu

POSTURAS
Es un pensador lleno de opiniones contundentes e ideas muy particulares sobre prácticamente cualquier cosa. Se puede estar de acuerdo o no con lo que postula en cada ocasión, pero es innegable que se ha tomado el trabajo de reflexionar acerca de las crisis por las que atraviesa nuestra especie y lo hace con partes iguales de genio y lucidez sin que falten cuotas de socarronería y agudeza mordaz. Entrega consideraciones acerca de no importa qué pues sus campos de análisis son de lo más variado.
Considera que la ecología es uno de los frentes de lucha más importantes, en primer lugar porque la existencia de una crisis ecológica mundial es una realidad y, a renglón seguido, porque los gobiernos se están revelando como ineficientes para resolverla. Suelen quedarse en proponer soluciones parciales o sesgadas para paliar el problema y en algunos casos se llega al extremo de negar el calentamiento global así como otros signos de la destrucción medioambiental que provocan la industria y el capitalismo depredador.
Para Slavoj, el paso inicial consiste en modificar las ideas más comunes sobre la naturaleza, a las que califica de ingenuas. También postula que “la ecología es un nuevo opio de las masas, que sustituye a la religión”. Critica sobre todo las posturas que visionan a la naturaleza como una figura armoniosa y benévola, la “Madre Tierra” encargada de nutrir a sus hijos. De este modo, la humanidad se convierte en culpable de una suerte de violación, encarnada en la contaminación natural, perpetrada contra un misterio casi sagrado. Desde su óptica, la naturaleza está muy lejos de ser esa figura beneficiosa y perfectamente equilibrada, más bien la identifica como una gran destructora en potencia. La naturaleza no sería sabia sino chapucera y la evolución no es más que el resultado de una serie de catastróficas desdichas.
La intención del esloveno es demoler las “ideas sentimentales” que configuran un mundo en perfecto equilibrio, roto por las acciones humanas, el cual sería posible recuperar. Curiosamente, esto no le lleva a negar que deba hacerse algo para atender la crisis. Difundió un manifiesto ecológico que exige la toma de decisiones y la ejecución de acciones colectivas, más allá de lo que digan los representantes políticos.
>Sus ideas sobre la pobreza mundial constituyen una dura crítica a los medios y al papel que juegan en la difusión de estas tragedias. Les acusa de funcionar como una suerte de “conciencia social” del mundo. A causa de dicho enfoque irresponsable, apelar a las fibras sentimentales de las clases acomodadas, la caridad se ha convertido en una nueva moda, que se porta y se presume ante los demás. El problema es que las estrategias de mercadotecnia han asimilado e incorporado ese deseo de combatir la pobreza generada por el capitalismo a sus productos: “Cuando compras algo, tu deseo de hacer algo por los demás y por el entorno ya está incluido en la compra”.
Cada vez más compañías incorporan iniciativas de desarrollo sostenible, caritativas, amigables con el ambiente, para combatir el hambre, apoyar la investigación médica, en favor de los niños, los animales o los campesinos. Al adquirir lo que sea que vendan también se adquiere “una experiencia ética”. Esto nos enfrenta a una paradoja interesante: el capitalismo que nos arrastra al abismo del consumismo nos otorga también una especie de “redención” por nuestros actos consumistas.
Estas campañas cumplen una doble función. Una es limpiar la imagen malvada de los feroces ejecutivos reunidos y en trance de frotarse las manos al momento de planear su próxima fechoría; la otra es tranquilizar la conciencia de los clientes que les sostienen haciéndoles sentir que realizan su parte y contribuyen al cuidado de la casa común.
Žižek concuerda con Oscar Wilde en que la beneficencia no es una respuesta real al problema ya que “la caridad no cura el mal, sino que más bien lo prolonga”. Por lo tanto el tinglado de los actos de filantropía estaría diseñado para hacer sentir bien a quien los realiza, no para ayudar realmente a quien los recibe.



OBRA
A pesar de sus múltiples credenciales académicas, su abundante producción y su revolucionario pensamiento, la primera opción de Žižek no era la filosofía sino la cinematografía. Un sueño muy comprensible en un hombre fascinado por el cine hollywoodense de los clásicos, fascinación proveniente de una adolescencia pasada en la penumbra de salas especializadas en filmes extranjeros. Entre las constantes referencias a productos de la cultura popular en su obra, los ejemplos extraídos de películas y televisión, desde Alfred Hitchcock a David Lynch, ocupan un lugar destacado.
El esloveno, prolífico escritor con más de cincuenta libros publicados y traducidos a más de una veintena de lenguas, también es un gran orador. Sus conferencias y seminarios agotan los boletos rápidamente, atraen a multitudes. Su grupo demográfico más fiel está integrado por jóvenes entre los veinte y los treinta años de edad. Estilo desparpajado, carisma y un discurso que engloba elementos en apariencia tan dispares como la pornografía, el anticapitalismo, la tolerancia, chistes obscenos o escatológicos y referentes del mundo del espectáculo, son características que lo convierten en una especie de pensador rebelde (a la vez que taquillero) y le han valido apodos como “el rockstar académico” o “Elvis de la teoría cultural”.
Esto no quiere decir que su obra carezca de sustento teórico. No resulta sencillo leerlo y comprenderlo. La prosa de Žižek es un alarde de sapiencia que demuestra su profundo conocimiento filosófico, sociológico, político y económico; además, sus reflexiones se encuentran repletas de conexiones novedosas y osadías divertidas.
Como botones de muestra dos ejemplos extraídos del capítulo inicial de El acoso de las fantasías. Aquí aparece una atrevida analogía entre la teoría de Claude Lévi-Strauss sobre los alimentos crudos, horneados, hervidos y las formas principales en que se lidia con el vello púbico femenino. El “crudo” vello salvaje, sin rasurar, crece a sus anchas; el “horneado” estaría representado por un cuidado retoque que elimina el exceso a los lados de los muslos; el “hervido” implica la desaparición total, rasurándolo o depilándolo por completo. Además, relaciona estas estéticas con ideas más profundas, una cierta actitud ante el mundo. Lo “crudo” representaría una postura hippie; el “horneado” un posicionamiento yuppie y el “hervido” un talante punk. El postulado de fondo es que incluso actitudes concernientes únicamente a la esfera íntima constituyen en el fondo una declaración ideológica.
En otra parte de su discurso establece una relación entre los distintos diseños de los retretes alemanes, franceses y angloamericanos, con el consecuente enfrentamiento que dichos diseños producen entre los individuos y sus desechos corporales, y las diferencias entre sus pensamientos tradicionales, lo que él denomina “actitudes existenciales”: la alemana representaría profundidad contemplativa, la francesa encarnaría precipitación revolucionaria y la característica inglesa (de la que los americanos serían una especie de herederos naturales) sería el pragmatismo utilitario. Al formular estas diferencias en términos políticos se obtiene el conservadurismo alemán, el radicalismo revolucionario francés y el liberalismo moderado inglés. Žižek pues, es capaz de encontrar planteamientos político-ideológicos hasta en el inodoro. Para él, desde el momento en que estos diseños no obedecen a razones puramente utilitarias, debe existir una capa más profunda.
En defensa de la intolerancia otorga un panorama general sobre su concepción de la política y los engaños de que se vale para mantener controlada y relativamente tranquila a la población excluida de los procesos de toma de decisión. En cosa de 130 páginas desarrolla un controvertido alegato central: la moda del reconocimiento al multiculturalismo, y su ciega aceptación en pos de la tolerancia y la convivencia, es solamente una perversa manipulación para desplazar el centro de atención de los males económicos a los problemas culturales por la vía de resaltar supuestas diferencias que, en el auge de la globalización, no son tan polarizadas como se pretende. En esta actitud detecta el gran peligro de aceptar violencias, desigualdades y abusos argumentando un tolerante respeto a la tradición.


Foto: Reiner Riedler

Žižek ha elaborado ensayos introductorios a la obra de personajes históricos que los estudiosos actuales consideran superados y por ello son relegados al olvido o directamente despreciados. Se trata de figuras como Maximiliano Robespierre en Virtud y terror, Vladimir Ilich Lenin en Repetir a Lenin y Lenin 2017, León Trotsky en Terrorismo y Comunismo y Mao Tse-Tung en Sobre la práctica y la contradicción. La constante en el discurso a propósito de estos personajes, y el hilo que los conecta, es que en la actualidad deberíamos “repetir” algunos de los actos de estos hombres. Desde su óptica encarnan la definición de revolucionario por derecho propio y fueron los grandes protagonistas de sus respectivos movimientos, hicieron revoluciones que cambiaron el curso de la Historia. A esto último se refiere el filósofo cuando habla de imitarlos.
Si se desea transformar la realidad no basta con quejarse, es necesario tomar decisiones y realizar acciones en pos del futuro deseado. Su idea de repetición no se refiere exactamente a “hacer lo mismo”, es más preciso ubicarla en la línea de “seguir intentando”. Si algo fracasó la primera vez es cuando más apremiante resulta la necesidad de repetirlo.
Opina que hoy día se necesita más de ese espíritu arrojado y transformador, lo que no implica obviar los errores y excesos cometidos por los personajes que introduce y encomia. Reconoce que ambas partes son igual de importantes al estudiar y valorar a estas figuras, tener presentes su fuerza y su grandeza a la par que sus fallos. No se trata de aislar lo conveniente y cegarse al resto del cuadro. Aboga por mirar al pasado y aprehender los grandes momentos de ruptura y emancipación, por analizar las causas por las que, en última instancia, los movimientos que los hicieron posibles fallaron. Éxito y fracaso son indisociables en estos procesos y la experiencia acumulada debería servir para no caer en los errores del pasado.
Cabe mencionar una diferencia insalvable entre Slavoj y el enfoque tradicional sobre los revolucionarios antes mencionados: mientras los partidarios del segundo suelen desgarrarse las vestiduras y pregonar los peligros del extremo radicalismo al cual representan, el primero considera que si sus experimentos de cambio fallaron fue precisamente porque no fueron suficientemente radicales. Desde su concepción, todas estas revoluciones se quedaron en el nivel político sin lograr una verdadera intervención transformadora en la esfera económica. Interpreta sus actos de extrema violencia como signos de impotencia, furia y pánico ante situaciones que superaban a sus protagonistas. Dar golpes de Estado es fácil contra una verdadera reorganización de las prácticas económicas, políticas y culturales (sobre todo los detalles de la vida cotidiana tradicional). La implementación de un nuevo orden es lo verdaderamente difícil, la “resaca” de la revolución.



Foto: El País

ALCANCES
Slavoj Žižek ha manifestado enfáticamente que no debe esperarse que tenga todas las respuestas o soluciones completas a los problemas de hoy. “Cuando la gente me pregunta qué hacer con la economía, les digo: ¿qué diablos sé yo…? Creo que la tarea de la gente como yo no es dar respuestas sino hacer las preguntas correctas”, a esa definición puede agregarse la necesidad de formularlas de modo adecuado, impactante, con miras a calar hondo en un segmento amplio de la sociedad.
El filósofo ha sabido explotar las posibilidades que la era digital ofrece para obtener una cuota importante de exposición mediática. Utiliza la plataforma YouTube a través del canal de la web Big Think, un portal que se define como una fuente accesible de contenido educativo, un esfuerzo para acercar al público las grandes ideas de los expertos en distintas áreas, cuyo eslogan es “lo ayudamos a ser más inteligente, más rápido”. En Big Think abogan por separar la paja de la información intrascendente del auténtico conocimiento útil y aplicable en la vida de las personas que los visiten o se suscriban a su página para recibir su “microdosis diaria de genio”.
En estos terrenos se encuentra una de las principales críticas contra el esloveno. Hay quien califica sus ejercicios reflexivos como un espectáculo banal y de fácil consumo, una más de las irrelevancias “virales” que entusiasman un par de días y luego son olvidadas. También se argumenta que su popularidad se debe a que los jóvenes no leen y él se toma la molestia de salir en YouTube.
Esa es la clave porque tal es la realidad general. En una sociedad con una relación cada vez más estrecha con las famosas tecnologías de información y comunicación (TIC) aquí hay un filósofo que en lugar de luchar contra molinos para conseguir lectores eligió hacer videos y subirlos al ciberespacio. Su “viralidad” aprovecha las desprestigiadas redes sociales para difundir conocimientos, polemizar, activar neuronas. No es un mérito menor.

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