a Cinco décadas de Praga
Reportaje

a Cinco décadas de Praga

El efímero sueño de democracia llamado "Primavera de Praga" cumple 50 años

El fin de la censura, la rehabilitación de presos políticos y más libertades artísticas eran solo algunos de los hitos de la "Primavera de Praga", el efímero sueño democrático que comenzó hace 50 años en la entonces Checoslovaquia y que terminó medio año más tarde con la brutal represión soviética.
El proceso comenzó el 5 de enero de 1968, o sea, hoy hace medio siglo, con la elección de Alexander Dubcek a la cabeza del Partido Comunista (KSC) y su sueño de un "socialismo con rostro humano" que despertó expectativas de una auténtica democracia en medio de un creciente malestar social.
Los cortes de suministro eléctrico eran frecuentes y en las tiendas apenas había mercancías, todo ello por las rigideces de los planes quinquenales dictados por una economía centralizada.
Con los primeros indicios de apertura en 1968, muchos estaban contentos "porque se habían abierto algunas esperanzas y empezó a hablarse algo de libertad", recuerda Felipe Serrano, hijo de un exiliado republicano español y entonces estudiante de Filología alemana e inglesa en Praga.
"La sociedad recibió esos cambios con esperanza, como promesas de más libertad política, más democracia, un régimen menos rígido, más libertad, que nunca se sabe muy bien qué es, pero sí se nota muy bien cuando falta", cuenta en declaraciones a Efe en Praga.
La legalización de partidos políticos y sindicatos, la libertad de prensa, el derecho a la huelga. Todo parecía encaminarse hacia una sociedad abierta y libre en al Checoslovaquia de Dubcek.
Entre las conquistas políticas y sociales logradas en la breve "Primavera de Praga" destaca la rehabilitación de intelectuales de renombre, un paso que siguió a la vuelta a las librerías de sus obras.
Gente como Vaclav Cerny, catedrático de Literatura Comparada, o Jan Patocka, un conocido filósofo personalista, acallados desde la llegada del comunismo en 1948, volvieron enseñar en su respectiva cátedra universitaria.
Autores conservadores como Jaroslav Durich, Vladimir Holan o Frantisek Halas, prohibidos durante 20 años, vieron como se permitía de nuevo la publicación de sus obras.
Es también el momento cuando se consolida la llamada "Nueva Ola" del cine checoslovaco, nacida a comienzos de la década de 1960, con directores como Milos Forman, Jiri Menzel o Vera Chytilova.
El arte plástico fue testigo del retorno de las vanguardias checas, ignoradas durante las década anterior por ser "consideradas exponentes de la decadencia burguesa", recuerda Serrano, quien había llegado al país con seis años en 1951.
Con la vuelta paulatina a las salas de exposición de obras de surrealistas como Toyen, Styrsky o Medek "se recuperó algo del contexto y continuidad cultural" del país, asegura.
Podían verse de nuevo en esos años sesenta obras del "teatro del absurdo" salidas de la pluma del dramaturgo y futuro presidente checoslovaco Vaclav Havel, o escenificaciones más clásicas de Pavel Kohout, un ferviente comunista que no pudo luego ocultar su decepción con el sistema.
La Primavera de Praga vio también nacer asociaciones políticas como el "Club de Independientes Comprometidos" (KAN) o el "Club 231", que agrupaba antiguos presos políticos del comunismo.
Muchos en aquella sociedad en efervescencia "se creyeron que las cosas iban a volver a ser normales, de que habría libertad intelectual, pero también podían darse cuenta que eso no duraría", afirma Serrano, un editor y traductor hoy jubilado en Praga.
Y es que la apertura checoslovaca causó rápidamente disgusto en Moscú y en otros países comunistas, especialmente en la República Democrática Alemana, Bulgaria y Polonia.
El Kremlin, encabezado entonces por Leonid Brzevniev, veía una amenaza en el gran apoyo popular que estaba obteniendo el camino reformista de Dubcek, y decidió poner fin al experimento ante el temor de que contagiara a todo el bloque comunista.
Así, el sueño democrático checoslovaco duró apenas siete meses y en la noche del 20 al 21 de agosto de 1968 unos 200.000 soldados y más de 2.000 tanques de los ejércitos de cinco países del Pacto de Varsovia -la Unión Soviética, Alemania Oriental, Bulgaria, Polonia y Hungría- invadieron el país centroeuropeo.
Aunque Dubcek pidió a la población no resistir con las armas a los invasores, los enfrentamientos en las calles se saldaron con más de 70 muertos y 700 heridos, mientras que unos estimados 300.000 checoslovacos lograron emigrar a Occidente.
Expulsado del partido y sustituido por Gustáv Husák en abril de 1969, Dubcek fue luego obligado a trabajar como oficial forestal.
Husák dispuso de poderes ilimitados para llevar a cabo una depuración ideológica de la sociedad y dio marcha atrás en todas las reformas de su antecesor.
Dubcek, por su parte, llegó a vivir el fin del comunismo 20 años más tarde, en 1989, el mismo año que recibió del Parlamento Europeo el premio Sajarov para la Libertad de Conciencia.

Tres años después, en noviembre de 1992, Dubcek murió a los 70 años en un accidente de coche.

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