La canción de los niños perdidos
Reportaje

La canción de los niños perdidos

Derechos casi centenarios, protección en pañales

El concepto de infancia es un constructo social y como tal es variable en el tiempo y el espacio. En la Antigua Grecia, por ejemplo, se proponían “formar hombres libres”. La educación se dividía en dos partes; una informal antes de la pubertad en la que se aprendía a leer y escribir y había mucho énfasis en la actividad física; después venía la formal, enfocada en la literatura, las matemáticas y la filosofía. En Roma se formalizaron un poco más las etapas escolares, de los 7 a los 12 años, y no se centraban tanto en las cuestiones físicas. En ambos casos, por lo general la educación estaba reservada a los varones de familias privilegiadas, las mujeres raras veces eran formadas en casa por un tutor. El niño tenía un valor bien definido, era el prototipo de ciudadano.

Durante la Edad Media, con el cristianismo como religión hegemónica en Occidente, el niño, poseedor de un alma, adquirió un cierto valor propio y su formación religiosa era importante, aunque fuera básica. La integración al cuidado y mantenimiento del hogar y su incorporación a las actividades agrícolas y comerciales sucedía muy temprano, incluso hubo legislaciones que, en ciertos aspectos, no les distinguían de los adultos. La aristocracia y la nobleza sí se preocuparon por educar “académicamente” a sus infantes, aunque esto no formaba parte de un interés hacia ellos como individuos, se debía a su calidad de herederos y continuadores de un linaje. El concepto de caridad y su auge como una virtud deseable trajo consigo la creación de orfanatos y otras instituciones similares para atender, o por lo menos ayudar a paliar, ciertos aspectos de las problemáticas infantiles.

Durante el Renacimiento y el siglo XVII, los niños fueron ganando atención paulatinamente y algunos filósofos, entre los que destacan John Locke y Erasmo de Rotterdam, se interesaron en tópicos como la observación, el desarrollo y la educación de la niñez. La teorización acerca de esos temas se hizo frecuente y comenzaron a diseñarse y aplicarse de planes educativos conforme a dos aspectos principales: la edad y el estrato social —nobleza, burguesía y clases bajas— al que pertenecieran los menores. Otra novedad consistió en el interés por educar a las niñas. Pensadores como Juan Luis Vives y Juan Amos Comenio se constituyeron en grandes defensores de esta práctica. Los castigos físicos ocuparon parte integral de la formación, la mayoría de los tutores no sólo recurrían a ellos, los recomendaban.

En el salón , Paul Louis Martin des Amoignes. Foto: Archivo Siglo Nuevo

Si bien se propagó una mayor conciencia de que durante la infancia se debe gozar de ciertas facilidades, el acento estaba puesto en que los niños en situación de pobreza —pensando en su posterior integración a la sociedad, tras alcanzar la edad adulta— debían tener sustento, pertenencia a una comunidad, educación básica y, sobre todo, una formación laboral.

En el siglo XVIII aumentó el interés por la infancia. En Emilio, o De la educación, Jean-Jacques Rousseau consignó ideas generales sobre esta etapa de la vida y desarrolló algunos principios en materia educativa. Postulados que ejercerán mayor influencia son:

a) los niños son buenos por naturaleza,

b) la formación educativa debe adaptarse al nivel del niño, y

c) las experiencias prácticas son tan importantes como la teoría en la enseñanza.

En la primera mitad del siglo XIX, Friedrich Fröbel, pedagogo alemán, percibió la necesidad de establecer refuerzos y continuidades en el proceso de enseñanza de los menores entre la escuela, el hogar y la comunidad, amén de destacar la importancia del juego y la interacción con los padres.

En esta etapa histórica, en especial con la llegada del Romanticismo el arte representó con mayor frecuencia a los niños, sobre todo como alegorías de la gracia, la alegría y la inocencia. Prosiguió la formalización e institucionalización de la educación y debido, en buena medida, a los filántropos, las escuelas, así como sus matrículas, aumentaron sus números.

El siglo XIX fue rico en observaciones directas de los procesos de aprendizaje y desarrollo infantil hechas por filósofos, pedagogos y otros científicos que a menudo tomaban como sujetos de estudio a sus propios hijos. Había mucho interés por los individuos excepcionales, desde superdotados hasta minusválidos.

Se considera que el estudio científico del niño se sitúa en la segunda mitad de esta centuria. Varios países se plantearon la pertinencia de instituir una escolarización básica generalizada y obligatoria pero, las iniciativas de este tipo no fueron del agrado de todos y despertaron fuertes polémicas. Además, se originaron dos corrientes principales sobre la mejor forma de educar: la influenciada por Rousseau, con su idea de la pureza infantil y un modelo más bien permisivo y la tradición calvinista, dirigida a “reformar” y domar al infante con autoritarismo, severidad y castigos.

Trabajadores de fábricas textiles en Newberry, Carolina del Sur, 1908. Foto: Rare historical photos

Con la Revolución Industrial se volvió muy evidente la enorme brecha entre la idealización romántica de la etapa inicial de la vida y la realidad de la explotación infantil, especialmente en las fábricas y la minería. En respuesta a esto nacieron los primeros movimientos orientados a la promulgación de leyes diseñadas para humanizar y regular la utilización de la pequeña mano de obra. En la legislación anglosajona se introdujo que los menores de nueve años no trabajaran en la industria textil ni en fábricas y que la jornada laboral de los menores de 18 años no excediera las diez horas, tampoco debía empezar antes de las seis de la mañana ni terminar después de las nueve de la noche.

DERECHOS

La Declaración de Ginebra sobre los Derechos de los Niños fue el primer documento en reconocer y “proclamar” que los niños tienen derechos específicos. Su principal promotora, la activista británica Eglantyne Jebb, fundó en 1919, junto a su hermana Dorothy Buxton, la organización no gubernamental Save the Children con la finalidad de ayudar a los menores afectados por la Primera Guerra Mundial.

En 1923, durante el Congreso General de dicha oenegé, se formuló la declaración. La ratificaron al año siguiente y fue enviada a la Sociedad de las Naciones —también conocida como Liga de las Naciones, antecedente directo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU)—. La formulación de Jebb constaba de cinco puntos:

1. El niño debe tener condiciones para desarrollarse espiritualmente y con normalidad material.

2. El niño hambriento debe ser alimentado; el niño enfermo debe ser atendido; el niño deficiente debe ser ayudado; el niño desadaptado debe ser reeducado; el huérfano y el abandonado deben ser recogidos y ayudados.

3. El niño debe ser el primero en recibir socorro en caso de calamidad.

4. El niño debe estar en condiciones de ganarse la vida y ser protegido de cualquier explotación.

5. El niño debe ser educado inculcándole el sentimiento del deber que tiene de poner sus mejores cualidades al servicio del prójimo.

Se considera a esta iniciativa como el primer paso en la transición de los conceptos de caridad y beneficencia hacia una auténtica noción de los derechos de la niñez.

La ONU entró en operaciones en 1945 y al año siguiente ya había instituido el Fondo Internacional de Emergencia de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), que a partir de 1953 se convirtió en una agencia permanente.

Foto: Huffpost

A finales de los cincuenta se aprobó una Declaración de los Derechos de los Niños que contemplaba diez principios.

Tres décadas después, en 1989, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó por unanimidad la Convención sobre los Derechos de los Niños, que incluye 54 artículos. Una diferencia destacable con respecto a documentos previos es que, al menos en teoría, el cumplimiento de una convención es obligatorio. Lo más importante, sin embargo, es que incorpora toda la gama de derechos (civiles, políticos, sociales, económicos, culturales y legislación humanitaria internacional) y estos son regidos por cuatro garantías inalienables:

Derecho a la vida, la supervivencia y el desarrollo: Todos los infantes tienen derecho a vivir y a desarrollar su potencial, por tanto los Estados están obligados a preservar su vida y la calidad de la misma con miras a su desarrollo físico, psicológico, moral y social.

No discriminación: Todos los niños tienen los mismos derechos, y no deben ser perjudicados por motivos como color de piel, religión, procedencia, casta, lengua, género, padecer algún impedimento físico o las ideas de sus padres.

Interés superior del niño: Todas las decisiones, leyes o políticas que afecten a un menor deben considerar aquellas que redunden en su mayor bienestar.

Participación: Los niños tienen derecho a ser consultados, y a que sus opiniones sobre las situaciones que los afectan sean tenidas en cuenta.

En enero de 2002 entró en vigor el Protocolo Facultativo de la Convención respecto a la venta de infantes así como la prostitución y pornografía infantiles; y al mes siguiente se activó el protocolo concerniente a la implicación de niños en conflictos armados.

MORTALIDAD

La tasa de mortalidad infantil es un indicador que cuantifica el número de muertes de niños menores de un año por cada mil que nacen vivos. Hay otros dos indicadores importantes: la tasa de mortalidad neonatal que expresa la cantidad de muertes de bebés que no llegan a los 28 días de vida y la tasa de mortalidad en menores de cinco años.

Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales en La Habana. Foto: Reuters/Claudia Daut

Según el informe Estado Mundial de la Infancia 2016 de Unicef, el total de muertes de menores de cinco años en 2015 fue de 5.9 millones; enfermedades como neumonía, diarrea, paludismo, meningitis, tétanos, sepsis y SIDA concentraron cerca de la mitad de los decesos; dos circunstancias dignas de mención, puesto que representan el 35 por ciento de las defunciones, son los nacimientos prematuros y las complicaciones durante el parto. Las regiones con índices más altos corresponden a África y Asia. Las principales causas de muerte, la neumonía (16 por ciento) y la diarrea (8 por ciento), son padecimientos fáciles de prevenir y curar.

El estudio consigna que un millón de niños no sobrevivieron a su primer día y que los decesos neonatales conforman el 45 por ciento de la cifra total. A nivel mundial este indicador es el que más se resiste a descender, incluso hay lugares donde se reportan aumentos.

La probabilidad de los infantes más ricos de superar los cinco años de vida es dos veces mayor a la de los más pobres.

Según el informe de Unicef Levels and trends in child mortality 2017 (Niveles y tendencias de la mortalidad infantil), en 2016 murieron cada día unos 3 mil niños entre los 5 y los 14 años de edad. No obstante, en este grupo de edad es mucho más frecuente fallecer debido a lesiones y accidentes (más del 25 por ciento) que a causa de males contagiosos; tan sólo ahogamientos y accidentes automovilísticos causan uno de cada diez decesos en este sector poblacional.

Algunas medidas recomendadas para reducir las alarmantes tasas de mortalidad son: elevar los índices de atención médica y salud maternas; extender el acceso al agua potable; realizar campañas de vacunación masivas, y mejorar las condiciones de salubridad y la alimentación de los infantes.

NUPCIAS

El matrimonio infantil es aquel en el que al menos una de las partes no ha alcanzado la mayoría de edad. Este problema suele afectar más a niñas y adolescentes en contextos de pobreza.

La mayoría de los países tienen leyes que lo prohíben, sin embargo en muchos lugares se contemplan casos de excepción, tales como contar con el consentimiento de los padres o si hay un embarazo involucrado. En ocasiones sucede que la tradición se impone a la legislación. Ante tal panorama, los índices y mediciones toman en cuenta los matrimonios informales o de hecho.

Se calcula que cada año hay 15 millones de niñas que contraen nupcias, dicho de otro modo: una unión de este tipo ocurre cada dos segundos.

Niñas novias de Yemen posan con su esposos que son 20 años mayores que ellas. Foto: AP/Stephanie Sinclair.

Se estima que el 14 por ciento de las mujeres en países en vías de desarrollo se casarán antes de cumplir 15 años. En dichos territorios, las complicaciones durante el embarazo y el parto son la principal causa de muerte de jóvenes entre 15 y 18 años de edad. Esto se debe a que tienen menos opciones de recibir atención médica adecuada durante la gravidez. También influye que muchos de estos casos son tan precoces que las embarazadas carecen del desarrollo físico necesario para llevar a término la gestación. Y no sólo corre peligro la madre, el riesgo de que un bebé nacido de una adolescente muera durante el primer año de vida es 60 por ciento más grande que el de uno alumbrado por una fémina mayor de 19 años.

Esta práctica vulnera varios derechos fundamentales de la infancia, la mayoría de las niñas-novias se convierten en víctimas de violencia física, psicológica y sexual; se ven obligadas a interrumpir su educación y son más vulnerables a contraer enfermedades venéreas.

A nivel mundial, aunque hay lugares que registran incrementos, como Siria y otros Estados con conflictos armados, estas situaciones se han ido reduciendo poco a poco. América Latina y el Caribe son las únicas regiones que no han registrado variaciones en la última década, mantienen un promedio del 25 por ciento. Los países con mayor incidencia de uniones forzadas de niñas contra el total de enlaces en la región son: República Dominicana (36 de cada 100), Nicaragua (35), Honduras (34) y Guatemala (30), seguidos por El Salvador y México (26), según información de la Unicef y la oenegé Plan International.

En enero de este año, Save the Children publicó algunas cifras para la nación mexicana, elaboradas a partir de censos y encuestas. Los datos señalan que 6.8 millones de adolescentes del sexo femenino entre los 12 y los 17 años de edad se han casado o viven en concubinato; los casamientos de féminas menores de 15 años son 60 veces más frecuentes que los de niños y sus parejas llegan a ser hasta 30 años mayores que ellas; el índice de varones menores de 15 años cuyas cónyuges tienen entre 18 y 29 años es del 14 por ciento, y dentro de la franja que va de 15 a 17 años, más del 60 por ciento de los chicos contrae nupcias con chicas en ese mismo rango de edad.

MILICIA

El 12 de febrero de cada año es el Día Internacional contra el Uso de Niños Soldados. Esta conmemoración existe porque se han distinguido al menos tres formas de uso militar de la infancia: a) político, como rehenes, escudos humanos o con fines propagandísticos; b) apoyo, cumpliendo funciones de vigilancia, espionaje o mensajería; c) activo, es decir, como parte de las fuerzas de combate.

Hoy día, se estima que hay entre 250 mil y 300 mil niños soldados en funciones, además, cuatro de cada diez son niñas. La edad a la que son reclutados es muy variable; hay quienes consideran que desde los siete años ya se puede caminar con un arma a cuestas sin dificultad; cuando cumplen 16 años no es infrecuente que sean obligados a cumplir “ritos” que incluyen consumo de drogas, iniciación sexual temprana o asesinar a mascotas, amigos o miembros de su familia.

Un niño yemení mastica Qat, una droga leve usada a diario en su país, durante una marcha del movimiento Shiita Houthi. Foto: AFP/Mohammed Huwais

Reclutar y entrenar a menores presenta múltiples ventajas: no miden el peligro de la misma manera y esto los hace más temerarios; entre más jóvenes sean, menos desarrollados tienen los conceptos de riesgo, ausencia y muerte; son más obedientes y manipulables, convencerlos y engañarlos es relativamente sencillo y, sobre todo, resultan más baratos y fáciles de remplazar que la milicia regular.

En muchos casos son los propios infantes los que se ofrecen a formar parte de una milicia. Sucede que los menores visualizan al ejército como una fuente segura de alimento o una vía para sobrevivir y salir de la pobreza o como un medio para obtener venganza por actos de discriminación, abuso y/o violencia contra ellos o su familia. Sin embargo, el fenómeno de adhesión forzada también es una realidad, grupos armados suelen recurrir a secuestros masivos —se llevan a niños de la calle o los sacan de campamentos de refugiados, escuelas, orfanatos, aldeas que previamente han atacado— y no es raro que perpetren abusos sexuales y torturas físicas y psicológicas para someter y controlar a sus nuevos integrantes.

Desde julio de 2002 la Corte Penal Internacional considera crimen de guerra la leva, el reclutamiento y la utilización de menores de 15 años por parte de las fuerzas armadas nacionales. A pesar de los avances en atención y combate a estas prácticas, la participación de niños y adolescentes en conflictos armados es un fenómeno que no ha cesado. Muestras recientes de ello son los conflictos en Siria, Irak, Gaza, Afganistán, Yemen, Cisjordania, Sudán del Sur, Somalia, República Democrática del Congo, Liberia y Sierra Leona.

Las recomendaciones contra estas prácticas, acuñadas por organismos como Unicef y Amnistía Internacional, incluyen la desmovilización, el desarme, la reintegración social y la reunificación familiar.

EXPLOTACIÓN

No existe consenso global a propósito de la explotación infantil. En ocasiones se reduce a actividades esclavistas, a veces se incluyen el matrimonio y el alistamiento militar, el término también se usa como sinónimo de trabajo infantil. Quizá el sentido más popular la define como el uso de menores de edad para fines económico-laborales en la familia o la industria. Sin embargo, se considera que este concepto no es necesariamente malo, hay dinámicas que no implican patrones de explotación o abuso; por ejemplo, la participación en tareas domésticas sencillas, el aprendizaje de oficios ancestrales que se enseñan de padres a hijos o, en el ámbito urbano, el conseguir empleos temporales durante periodos vacacionales.

Se denomina explotación a toda actividad que perjudique los derechos del niño; en esta categoría entrarían los casos de aquellos por debajo de la edad legal para realizar las funciones que les asignan, así como los que no reciben paga y/o tienen jornadas laborales extensas.

Otros abusos se concretan si la remuneración que percibe el menor le es arrebatada, si el empleo impide su correcto desarrollo, si se pone en riesgo su salud física o psicológica o si laborar conlleva la deserción escolar.

Muchos de los niños que trabajan en la India son huérfanos y no tienen acceso a la educación. Foto: Research gate net

Las condiciones de peligro son moneda corriente entre los menores trabajadores ya que suelen hallar ocupación dentro del sector agrícola (59 por ciento), la industria (11 por ciento), la minería, el comercio ambulante, la prestación de servicios en la vía pública y la mendicidad forzada. El espectro de estos chicos económicamente activos va de los 4 a los 17 años de edad.

El año pasado, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) señaló que la cifra de infantes explotados se acercó a los 168 millones, de los cuales 85 millones estaban en contextos de alto riesgo y un millón era, además, objeto de tráfico humano. Ya en 2013, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) había advertido sobre un fuerte componente infantil en el número total de víctimas de trata de personas, el 20 por ciento correspondía a niñas y un 8 por ciento a niños. Las formas más dramáticas de explotación las constituyen el reclutamiento por parte de grupos delictivos, trabajos forzados, servidumbre y esclavitud.

En América Latina se estima que trabajan 17 millones de personas, en el rango de los 5 a los 16 años de edad, y sus ganancias representan aproximadamente el 20 por ciento del ingreso familiar. El continente africano alza la mano con una fuerte problemática; en su suelo es común que los padres vendan a sus hijos a cambio de ganado y que éstos terminen en las minas de diamantes o coltán. No obstante, el país con mayor explotación y esclavitud infantil se encuentra en Asia: es la India.

Las causas de estás prácticas están vinculadas a la pobreza y a la aglomeración familiar, o bien a la negligencia o ausencia parental, amén de que los niños son mano de obra barata, fácilmente sustituible y sus características de talla y peso los hacen valiosos para ciertas actividades.

EXPLOTACIÓN SEXUAL

Consiste en prácticas sexuales que involucran a menores y por las que se obtiene algún tipo de remuneración, sea en especie o con dinero, aun cuando el niño reciba el pago directamente. Esto último es infrecuente, lo más común es que personas mayores saquen provecho. Según la OIT, las principales formas de la ESCI (explotación sexual comercial infantil) son: la prostitución de niños, el turismo sexual infantil, la producción y distribución de pornografía que involucra niños y adolescentes y la participación de menores en espectáculos sexuales públicos o privados. Se le considera una forma de coerción y violencia grave, incluso como una modalidad de esclavitud, y es ilegal en la mayor parte del mundo.

En la industria del turismo sexual, cientos de niñas menores de edad ingresan en un mundo de drogas y prostitución. Foto: Paula Brons tein/Getty Images

El hecho de que sea un mercado clandestino, que opera en las sombras y con enormes redes, a menudo internacionales, imposibilita la obtención de datos duros. Las estimaciones realizadas por diversos organismos suelen ser muy dispares y variables.

Según un informe de Unicef algunas de las naciones con mayor ESCI son Tailandia, Indonesia, Kenia, Argentina, Brasil, Chile, Cuba y Sri Lanka. Acerca de los destinos preferidos para el turismo sexual, la oenegé Humanium informa que las mujeres prefieren la India, Jamaica o Gambia, mientras que los hombres se decantan por el sudeste de Asia, Marruecos, Surinam, Senegal, República Dominicana, Cuba, Panamá o Brasil. El aumento en los índices de explotación en América Latina y el consiguiente incremento en el número de pederastas que visitan esta región es relativamente reciente. Los países que exportan más turistas sexuales —y los mayores consumidores de pornografía infantil— son Estados Unidos, Japón, Alemania, Reino Unido y Australia.

Todos los organismos de protección a la infancia coinciden en una cosa: este problema no hace sino aumentar. En cuanto a las escasa fiabilidad de las cifras que aportan los análisis, basta con darles un vistazo para apreciar que las más optimistas son aterradoras y percibir que las más pesimistas se quedan cortas.

MIGRACIÓN

Los desplazamientos migratorios pueden darse al interior o al exterior de un país por causas voluntarias o involuntarias. Las más frecuentes son la pobreza, la violencia y las emergencias, mismas que pueden derivar en migración internacional ilegal. A menudo, los menores se ven obligados a viajar solos y durante su traslado se convierten en blancos especialmente fáciles y atractivos de distintos predadores.

Los problemas y tragedias que enfrentan durante sus travesías son tan elementales como padecer hambre, frío, alguna enfermedad, o tan terribles como desaparecer a manos de redes de tráfico de personas u otros tipos de organizaciones criminales, la muerte tampoco pide permiso.

Una crisis que ha dado mucho de que hablar en los últimos tiempos surgió a raíz de la nueva política migratoria estadounidense de “tolerancia cero”.

Niña hondureña llora mientras su madre es detenida cerca de la frontera de Estados Unidos con México. Foto: John Moore/Getty Images

El trato a los sin papeles por parte de la administración de Donald Trump incluyó la polémica decisión de separar a niños migrantes de sus padres. Las críticas tanto a nivel doméstico como internacional fueron copiosas y dos adjetivos recurrentes fueron “innecesaria” y “cruel”. La medida fue rápidamente suspendida mediante una orden ejecutiva firmada por el Presidente. Dicha orden cambia la separación por la detención de la familia durante un periodo no especificado. Múltiples organizaciones, tanto oficiales como no gubernamentales, cuya misión es velar por la infancia, señalan que se siguen vulnerando sus derechos —Amnistía Internacional lo ha calificado de tortura— y que la enmienda presidencial no se apega al principio internacional del interés superior del niño.

México es uno de los países que más han alzado la voz contra estas políticas norteamericanas, pero, su censura al proceder del vecino incurre en aquello de ver la paja en ojo ajeno. En junio pasado, el periódico Reforma reportó que el Instituto Nacional de Migración incurre en la práctica que tanto ha condenado el gobierno mexicano. Sus víctimas son inmigrantes ilegales centroamericanos.

Las situaciones que afectan y dañan a los niños del mundo son muy variadas, hay peligros acechando por todas partes, pero condiciones como la violencia preexistente en el territorio y la pobreza aumentan drásticamente la probabilidad de que un menor pase a engrosar las estadísticas.

El conjunto de sus problemáticas da forma y sustancia a la canción de los niños perdidos, la melodía de infantes a quienes les han arrebatado las oportunidades de desarrollarse con normalidad. Estos niños no juegan, ni ríen y, al contrario de los pequeños que acompañaban a Peter Pan, son obligados a crecer demasiado rápido… claro, cuando sobreviven.

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