Los adioses: bienvenida
Nuestro mundo

Los adioses: bienvenida

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Hace unos días se estrenó en salas Los adioses, película basada en la vida y la obra de Rosario Castellanos. Tras verla he sentido, como muchos de los espectadores, la necesidad de releer Balún Canán y los comentarios de Mujer que sabe latín y de El mar y sus pescaditos, así como internarme por primera vez en los títulos suyos que no están en mi biblioteca. Ya habrá momento para comentarlos. Hoy me referiré a la película.

Dirigida por Natalia Beristáin y protagonizada por Karina Gidi, Tessa Ia, Daniel Giménez Cacho y Pedro de Tavira, Los adioses es un filme muy certero que parece concebido bajo una premisa popular: el que mucho abarca poco aprieta. El mundo ha visto a muchos cineastas fracasar en el intento de llevar al cine las complejas vidas de autores como J.D. Salinger, Silvia Plath, Ernest Hemingway y Martha Gellhorn. Ha visto también, con resultados desiguales, miles de adaptaciones fílmicas de obras literarias que van desde El Quijote hasta El amor en los tiempos del cólera, pasando por Una historia de amor y Oscuridad, de Amos Oz, dirigida y actuada por Natalie Portman. Los casos arriba mencionados se emparentan por una constante: dos horas parecen insuficientes para consignar hasta los últimos detalles de un libro o una biografía, y quien lo intenta termina por conferirle al guión un aire maltrecho de resumen escolar.

Para definir la vida de Rosario Castellanos podía emplearse un término beisbolístico en boga: triple play. Con muchos esfuerzos, la autora logró combinar literatura, academia y maternidad. Como escritora abordó a profundidad las diferencias entre clases sociales, tema que le obsesionaba desde su infancia transcurrida en Chiapas, así como las dificultades que entraña ser mujer y establecer una identidad propia, disociada de las figuras masculinas. Como académica y como periodista cultural, Castellanos difundió la obra de sus contemporáneos tanto mexicanos como de otras latitudes.

¿Cómo transmitir en menos de dos horas la vida y obra de un personaje así? El filme hace una apuesta: recrear sólo los momentos clave en la relación entre la autora y el filósofo Ricardo Guerra. Más que efemérides, se esbozan las diferentes fases que tuvo la vida de la pareja. Para lograrlo opta por construir un relato no lineal, una suerte de rompecabezas que alterna momentos significativos desde que los protagonistas se conocen en la Facultad de Filosofía y Letras en 1949, hasta la muerte de la escritora en 1974. No aparece aquí la boda de ambos, celebrada en 1958. Tampoco el viaje de Rosario a Wisconsin como visiting professor, en 1966. Vemos sólo unos segundos, a manera de sugerencia, del desempeño de la escritora como diplomática en Israel; a cambio, asistimos a una recreación de las memorias compartidas por la pareja: conversaciones tiernas o ásperas, sueños y derrumbes de proyectos comunes, la dificultad de construir una familia. Así, más que una biografía, Los Adioses es un retrato sicológico y emocional de quien ha sido una de las mayores plumas de nuestro país. Se trata de un retrato con contexto, que cuenta cómo en un México saturado de prejuicios hacia las mujeres que trabajan, Castellanos logró abrirse paso.

Con extraordinarias actuaciones de Karina Gidi y Daniel Giménez Cacho, con música efectiva aunque por momentos repetitiva, y un guión valioso por su habilidad para generar tensión, Los adioses es un trabajo notable en diferentes planos: como película cuenta una historia que consigue interesar a los espectadores; es, al mismo tiempo, una reflexión sobre el papel de hombres y mujeres en una sociedad que por momentos busca liberarse de ataduras morales y sicológicas y por momentos es renuente al cambio.

Un solo punto le reprocharía al filme: que recrea un México sin indígenas. En el mundo recreado por Natalia Beristáin sencillamente no existen. Así, la película es un esfuerzo por visibilizar la lucha de las mujeres, pero voluntaria o involuntariamente invisibiliza a otro sector vulnerable.

Trabajo sobresaliente, Los adioses está llamado a ser un clásico del cine mexicano. Es además una invitación a retomar la lectura de Rosario Castellanos, una asignatura que tenemos pendiente desde hace años. Con motivo del primer año del fallecimiento de la autora, José Emilio Pacheco escribió en 1975: “Nadie en este país tuvo, en su momento, una conciencia tan clara de lo que significa la doble condición de mujer y de mexicana, ni hizo de esta conciencia la materia prima de su obra, la línea central de su trabajo. Naturalmente, no supimos leerla”.

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