Fraternidad 246 LC23S
Nuestro mundo

Fraternidad 246 LC23S

Nuestro Mundo

En Guadalajara Jalisco proliferan los lugares históricos, tanto que se puede ir a comer, beber alcoholes o tomar otras cosas en la casa donde Hidalgo firmó el primer decreto contra la esclavitud, o encontrar que la casa donde nació Agustín Yáñez es un “local para eventos”.

Dos atractivos históricos, aparte de los que regularmente me llevan, jalaron mi curiosidad hacia aquella ciudad. Subí en Torreón al camión con descuento del Insen. Pasé a bordo doce horas nocturnas de robusto verano (de las 20.30 a las 08.00 hs.), de un jueves para amanecer un viernes.

Los atractivos históricos a que me refiero no son convencionales, no atraerían ni a la mayoría de mis amigos. El primero es un templo edificado en la segunda mitad del siglo XVII. Queda donde se habría erigido uno de los originales y precisamente en el lugar donde nació la ciudad.

El segundo lugar histórico que me llevó a la capital de Jalisco, para mí muy importante, es todavía menos convencional. Se trata de la casa donde el 15 de marzo de 1973 se reunieron miembros de la guerrilla urbana y de la rural para integrar la Liga Comunista 23 de Septiembre (LC23S).

Una mañana húmeda de tormenta nocturna pero de escasas nubes y sol desinhibido, al salir del hotel bajo –literalmente bajo– hacia la calzada Independencia. Me enfilo hacia el templo de San Sebastián de Analco que días antes localicé en Google Maps.

Camino unas cuadras y me encuentro con la calle Cuauhtémoc. Por ella subo –literalmente subo– y pronto se ofrecen a mi mirada, por encima de las edificaciones, copas de árboles arracimadas. Sé que es el jardín –así dicen a los parques– frontero al templo.

Al desembocar en el parque, jala mi vista el conjunto arquitectónico. Tiene una masa de tres cuerpos barrocos alzados con cantera y tezontle rojo y negro (y sus matices). Lo disfruto como relataré en otro lado, y sigo con las gratas andanzas de mi turismo por el rumbo de Analco.

A la mañana siguiente, de sol similar al de ayer que me enrojeció la nariz y me cosquilleó el cráneo de cabellera rala, bajo a la Calzada para ir en turismo izquierdista a bordo del macrobús hasta la estación Monumental. Voy al número 246 de la calle Fraternidad, en el sur de la ciudad.

La estación del macrobús domina una glorieta de zacate y árboles relucientes por la tormenta de la noche anterior. Camino hacia el sur unas siete cuadras y llego a Fraternidad. Con emoción de izquierda subo por ella hasta el cruce con Monte Olimpo. En la esquina, en una tiendita, comienza la numeración del 200. En seguida estará el 246 que busco por mi admiración de los héroes populares.

Decidí ir a ese domicilio porque en el libro La Liga. Una cronología, de Alberto López Limón, leí que allí nació la LC23S. Es un sitio en la historia de las gestas del pueblo, del que soy parte. Al llegar, antes de cruzar la calle veo el número 244 repetido en la misma casa.

Para entonces ya noté que no existe el 246. La numeración salta hasta el 250. Me acerco al señor de unos cuarenta años, sentado a la vera de la tiendita. Es el propietario. Le pregunto por el 246. Me dice que nunca ha existido, que su propiedad tiene los números 242, 244 y 248.

Receloso y titubeante concede cuando le pido permiso para tomar fotos. Antes le explico por qué busco aquel número y que él es joven para saber lo que ocurrió allí. Al regreso llevo en la cámara muchas fotos y en la cabeza unos cuestionamientos aparte de que me danzan símbolos: calle Fraternidad = Fraternité de la Revolución Francesa; el rumbo es Sector Libertad.

Me pregunto: ¿a causa de lo que ocurrió allí desaparecieron al 246?, ¿se equivocó el autor del libro?, ¿se equivocaron los informantes?, ¿se equivocó la policía al redactar el dato? Quien no se equivoca es el poder represor cuando intenta borrar las huellas de la lucha popular.

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