La graciosa huida
Nuestro mundo

La graciosa huida

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En la arena, frente a un ejemplar de más de 500 kilos, cientos de matadores, novilleros y maestros dedicados al toreo a lo largo de la historia han efectuado "la graciosa huida ", como decía don Paco Malgesto en sus reseñas desde la Plaza México. El gesto aún es utilizado en sus crónicas por el mejor conocedor de la tauromaquia en México, el joven Murrieta.


La barrera, los burladeros, incluso los ayudantes y banderilleros, son los cómplices para huir de bestias con astas que, con la bravía propia de su raza, se lanzan contra el hombre del trapo rojo. Los toreros tal vez tengan razón al actuar sin que les interese lo que el público, la prensa, sus amigos, apoderados o compañeros de profesión digan. En aras de defender su vida, aunque no sea graciosa la huida, correr sin componer figura, salvar el pellejo es lo que cuenta y a quién diablos le puede interesar en ese momento de contingencia cómo se lleve a cabo la huida.


En nuestra política, en cualquiera de sus niveles, los pillos, truhanes, gandallas y corruptos no huyen. Al contrario, se unen a la turba de malandros que gobierna y de víctimas se convierten en verdugos de la sociedad. Engañan, defraudan y roban a manos llenas. En su alocada carrera, en vez de hacer política por el bien del pueblo, hacen negocios para aumentar su riqueza.


Se puede palpar, ver y sentir como son los mismos de los mismos los que van a sentarse en los escaños y triunfantes gritan que "ahora" son de tal partido cuando apenas ayer pertenecían a otra secta política. Hablan de la izquierda mexicana, algo que desde hace décadas desapareció en este país. Son, ahora, políticos que se dicen de izquierda, socialistas, comunistas sólo de la lengua, pero de bolsa, estómago y mente capitalista. El aquelarre político en todo su esplendor.


Emprenden sin vergüenza alguna la huida de un equipo, de una organización, para buscar refugio en el árbol que les de sombra de impunidad e inmunidad, son “pillos de siete suelas”, como les llamaba Pérez Carrión en sus novelas, aquellos a los que nadie atrapa porque nadie quiere atraparlos (la Coneja Gutiérrez, los Moreira, los Duarte y muchos más).


Ahí están los exgobernadores y cientos de exfuncionarios que gozan de fuero por ocupar uno más de los 620 mullidos sillones de cuero (llamado de piel) que taparán toda la vergüenza que cargan en sus traseros, ya que se duda que tengan conciencia.


500 diputados y 120 senadores integran el h. h. congreso de la unión, la letra minúscula se corresponde con el alcance de sus acciones y hechos en beneficio de la sociedad.


Se supone que está en funciones una nueva organización social y no política, con capacidad para demostrar la legitimidad de la teoría de su origen y atender las necesidades de los habitantes y no las de ellos mismos como por decenas de años se ha estilado.


Los que se van, o ya se fueron, al igual que los que les antecedieron, dejaron una estela de dolor, un caudal de pesares, deudas, y arrastraron el cinismo como su primera y única piel.


Llevaron a cabo cientos o tal vez miles de reformas y otras tantas millones de iniciativas. Sin embargo, al pueblo, a las familias que sostuvieron sus gordas dietas les pasaron de noche. Las iniciativas y reformas desaparecieron y si las hubo seguirán durmiendo el sueño de los injustos en los negros baúles repletos de basura acumulada durante los años que ejercieron su función.


Ahora, ¿qué se puede esperar de un Napoleón Gómez Urrutia, líder vitalicio de los mineros que viven en la miseria en la región Carbonífera.?, ¿ qué se puede esperar de Rubén Moreira, déspota y pillo que deja endeudado a su Estado?


Así podemos seguir con la cascada de truhanes que emprenden la graciosa huida de la justicia y se cobijan con el fuero, en esa impunidad que da la comodidad de una cámara repleta de más de los mismos y vacía de ideas y de patriotismo, en donde no hay lugar para cobardes y sí para viejos ovejeros como Porfirio Muñoz Ledo, un arrugado chile de todos los moles y quien fungirá como representante de la 64 Legislatura. Mientras, los que ahora ostentan la mayoría hacen fiesta, celebran tener el poder en estas cámaras y, en lugar de ser verdaderos tribunos, manifestarse como endebles conciencias al servicio del que manda. Como están las cosas en este país, y al parecer como uso y costumbre, el pueblo será sólo un triste espectador de la infame comedia de los que llegan, los perseguidos y los que huyen o saltan del barco que se va a pique, al igual que nuestra nación.


Las graciosas huidas son cotidianas en amores, en pleitos, en reuniones, a la hora de pagar las cuentas... En la política nacional no podían faltar, aunque en ese ámbito las huidas no son las graciosas, sino quien las lleva a cabo.


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