Abolir la reforma
Opinión

Abolir la reforma

Jaque Mate

La educativa es la reforma que más enorgullece al presidente saliente Enrique Peña Nieto. Pero es la única que está echando para atrás el nuevo gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

Si bien los morenistas cuestionaron todas las reformas de Peña Nieto, hoy que han llegado al poder encuentran que su jefe ha señalado que las mantendrá todas, incluso la energética, pero no la educativa.

Quizá esto se deba al respaldo que el tabasqueño recibió en la campaña electoral de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación y de la maestra Elba Esther Gordillo, ambas enemigas de la reforma educativa. Las diferencias y disputas entre éstas no han importado en esta ocasión.

El nuevo Congreso dominado por el Movimiento de Regeneración Nacional se ha dedicado desde el primer momento a derogar la reforma educativa. La prisa es enorme, sobre todo si se considera que no hay todavía con qué reemplazarla.

El futuro secretario de educación, Esteban Moctezuma, apenas está realizando foros para determinar cuáles deben ser los elementos de la propuesta que presentará. Las dos cámaras del Congreso han aprobado puntos de acuerdo para que se suspenda la evaluación de maestros programada para noviembre a pesar de que, hasta este momento, la ordena la ley.

Los militantes de Morena consideran que la reforma ha sido un fracaso, pero no señalan que apenas ha tenido oportunidad de aplicarse, y sólo de manera parcial, y que ha enfrentado una resistencia mayúscula en Oaxaca y Chiapas por parte de la CNTE. Eso importa poco. Es una cuestión de dogma. La reforma es fallida porque lo dicen los líderes del sindicato.

Es muy pronto para saber si la reforma educativa ha tenido éxito o ha sido un fracaso. Las transformaciones en el ámbito educacional se llevan mucho tiempo, a veces generaciones.

La reforma de Peña Nieto no cambió los planes de estudio sino las reglas administrativas. Esto no la hace necesariamente mala. Los problemas de la educación en México tenían más que ver con la corrupción, con la venta de plazas, con los maestros que obtenían un salario sin presentarse a clases, con el sindicato que colocaba a sus líderes en posiciones clave de las secretarías e institutos de educación estatales.

El tema de la evaluación ha sido el que ha concentrado el mayor debate. Pero es curioso. Ninguna industria ni actividad económica en el mundo puede mantener su competitividad sin instrumentar indicadores de desempeño. En México por primera vez estamos teniendo evaluaciones de maestros, porque de alumnos siempre ha habido, pero ahora van a ser eliminadas porque el sindicato no las quiere.

Uno puede cuestionar el tipo de evaluaciones que se han hecho. Muchos maestros dicen que los exámenes puntuales no son la mejor forma de medir el trabajo docente. Y quizá tengan razón. Reevaluar la evaluación es una tarea que sin duda se debe realizar y que debe ser hecha por expertos, como los que tenemos en el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación. Esto ayudará sin duda a mejorar una reforma educativa que, como cualquier política pública, es perfectible.

Pero una cosa es mejorar la reforma y otra abolirla, especialmente para proteger los privilegios de unos grupos de poder, como la CNTE y el que representa Elba Esther Gordillo, que se han beneficiado de forma indebida del gasto educativo durante décadas.

La decisión de eliminarla es un paso atrás en la educación de nuestro país.


Twitter: @SergioSarmiento

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