La unidad de los antihéroes: Perseguidos con placa
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La unidad de los antihéroes: Perseguidos con placa

La serie se construye a partir de las decisiones y acciones de autoridades que, por uno o varios momentos, o bien en secuencias dignas de criminales seriales, actúan más allá de los límites impuestos por la placa.

Debería hablarse más de Line of duty. Si uno juzga a esta serie de la BBC por la foto de portada y la breve sinopsis que la acompaña, corre el riesgo de ignorarla. Después de observarla y disfrutarla el espectador se siente mal por haber pasado algún tiempo, unos meses, un par de años, posponiendo aquello de darle una oportunidad. Dan ganas de hacer justicia, es decir, de rehacer la sinopsis y cambiar la foto porque entre ambas nos mantuvieron alejados de un buen producto.


¿De qué va la serie? De hacer justicia ciertamente. Es un día cualquiera en una ciudad grande como Londres. Los policías salen a cumplir con su deber, vigilar y proteger, dicen en otros lares. Sin embargo, a veces, no hacen su labor con apego al manual de actuación. Se conducen, básicamente, como John Luther, detective sin apego a las reglas del que ya hemos hablado en estas páginas.


En fin, los elementos de la fuerza pública contagiados por el virus Luther comprenden que la ruta más corta entre dos puntos es ocultar o sembrar evidencia o bien golpear o incluso torturar a los delincuentes con tal de que paguen por sus crímenes, ya sea en prisión o vistiendo traje de madera.


Para vigilar al vigilante existe la AC 12, unidad anticorrupción, el equivalente a la oficina de Asuntos Internos en nuestra experiencia norteamericana.


La serie surge y se despliega en torno al agente Steve Arnott (Martin Compston). Cuando lo conocemos está al frente de un operativo anti-terrorista que sale mal. Acaba en un tribunal responsable de revisar en qué diablos se equivocaron. Steve acaba enfrentado con la versión de su equipo acerca de lo que sucedió realmente.


La investigación separa a Arnott de los esfuerzos contra el terror; es reclutado por el superintendente y jefe de la AC 12, Ted Hastings (Adrian Dunbar). Al principio, Steve no se toma el asunto en serio, opina que se trata de una oficina para “congelados”, no cree realmente en eso de investigar a otros policías; piensa que, como buen agente de la ley, debería estar afuera persiguiendo a los bad hombres que sí delinquen. Desde luego, los casos a los que se enfrenta le harán cambiar de opinión.


SORPRESAS


La serie se construye a partir de las decisiones y acciones de autoridades que, por uno o varios momentos, o bien en secuencias dignas de criminales seriales, actúan más allá de los límites impuestos por la placa.


En el papel, es decir, en los informes, todo puede concordar y tener sentido. Los cabos sueltos, los que dan pie al inicio de las indagatorias de la AC 12, provienen, muchas veces, de la naturaleza peculiar de los datos presentados o de las sospechas surgidas en un agente que percibió alguna anomalía en el proceder de un colega.


Line of duty tiene el hábito de sorprendernos con sus vueltas de tuerca. Ante nuestros ojos se van tejiendo relaciones significativas entre asuntos en apariencia inconexos. Sin descuidar el motivo inicial de las pesquisas, el expediente se va transformando en otro caso más complejo, más sensible y más perjudicial para la imagen de la policía de cara a la sociedad.


Una temporada de esta producción puede comenzar recordándonos a cualquiera de las películas de Harry el Sucio, de ahí llevarnos a una mezcla de Sleepers (bautizada de este lado del Bravo como Los hijos de la calle) con Infernal Affairs (o su refrito estadounidense: Los infiltrados de Martin Scorsese) y terminar en un enfrentamiento digno de Heat (Fuego contra fuego en América Latina).


Aquí cualquiera puede engañar a cualquiera y poner a los de anticorrupción más lejos de la verdad. También sucede que gracias a la meticulosidad de Hastings, Arnott y compañía, las incongruencias en la versión “oficial” van perfilando el crimen perpetrado por un guardián del orden pendiente de identificar. No obstante, existe la posibilidad de que esa “manzana podrida” no sea sino un chivo expiatorio puesto por otro agente de historial impecable que sí está coludido con fuerzas oscuras. El discurso audiovisual nos muestra a las claras la forma en que se llevan a cabo tanto la investigación como los encubrimientos de manera que no hay confusión acerca de quién está haciendo qué. El interés radica en observar cómo harán los de asuntos internos para conseguir que las mentiras caigan y si éstas acabaran en el suelo una a una o todas en bloque.


CORRECTOS


Las actuaciones son buenas. Los protagonistas ascienden o caen con las dosis adecuadas de valor o quebrante. Alrededor de los roles principales los tipos duros actúan como eso y quienes son nerviosos pues, tiemblan y acaban por consultar a sus abogados sobre el mejor arreglo que han conseguido a cambio de una confesión.


Cabe aclarar que los interrogatorios son de los momentos más logrados de la serie. Hastings y sus escuderos emboscan, lanzan buscapiés, vuelven una y otra vez a ese aspecto que ya ha sido analizado. Del otro lado, hay de todo, unos se enfadan con la retahíla de preguntas, otros responden con una frialdad encomiable, alguno más negocia, otro espera que la confesión de algún modo lo redima.


Los héroes, incorruptibles aunque no siempre intocables, no cejan en su empeño, ni siquiera cuando son suspendidos porque son sospechosos de encubrimiento u homicidio.


Como siempre que el bien y el mal se enfrentan, hay algunos personajes más atractivos. Del lado de los buenos, se destaca el superintendente Hastings (sí, como la batalla de Hastings). Batalla a sus agentes, Arnott y Kate Fleming (Vicky McClure), elementos con niveles aceptables de compromiso con la causa pero, falibles como buenos seres humanos. Además, los dos no se cuestionan su derecho a reservarse detalles de la investigación o de plano toman decisiones a espaldas de Hastings. El superintendente también debe lidiar con la Fiscalía, con jefes y exjefes de la policía que pueden salir mal parados dentro de las pesquisas, con los agentes investigados que, en un par de casos al menos, gozan de una excelente y condecorada reputación.


La unidad arma los casos poco a poco. En el camino se enfrenta a los investigados, sean manzanas podridas o inocentes, con nada más que la esperanza de hacerlos caer en alguna contradicción. La unidad se vale de operaciones encubiertas en las que Arnott o Fleming se hacen pasar por oficiales de otros departamentos para estar cerca de los objetivos.


Entre los actores invitados se destacan Lennie James, más conocido por hacer de Morgan Jones en The walking dead, y Thandie Newton, a quien por estos días vemos en la segunda temporada de Westworld.


EXPERIENCIA


Line of duty es una experiencia alejada varios grados de la cotidianidad de los seriales televisivos porque ¿quién mejor que un forense en activo para armar una escena que lo exima del delito cometido?, ¿quién mejor que un detective para sembrar evidencia en la parcela del compañero que interfiere con sus planes?, ¿cómo descubrir la mentira de un grupo de oficiales involucrados en una ejecución extralegal?


La serie fue creada por Jed Mercurio, la firma detrás de un título de acción llamado Strike back. Lleva cuatro temporadas y ya se anunció que habrá una quinta.


La primera temporada consta de cinco episodios, el resto contiene seis capítulos de una hora cada uno. Puede pensarse que cada historia se cocina a fuego lento, pero la agilidad con la que se desarrollan los acontecimientos brinda todo menos una pausa.


Line of duty tiene el efecto colateral de poner al espectador a pensar en ese momento en que uno revisa algún rotativo nacional y detiene la vista en una nota acerca de personas desaparecidas a quienes se vio por última vez siendo detenidas por la policía, en las manifestaciones que exigen la vuelta de los idos, en verdades históricas y así...

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