Los panes y los peces
Opinión

Los panes y los peces

Jaque Mate

La campaña se convirtió en el mayor festival de promesas políticas en la historia de nuestro país y las promesas han seguido fluyendo inusitadamente en el período de transición. Si bien los mercados y las calificaciones de la deuda mexicana se han mantenido estables como consecuencia de que el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, ha prometido no elevar el déficit de gasto ni subir impuestos, las cifras de ofrecimientos se van acumulando y empiezan a generar dudas importantes.

Nada más las reducciones de IVA en la frontera, de 16 a 8 por ciento, y del ISR empresarial, de 30 a 20 por ciento, tendrán un costo para el erario de entre 83 mil millones y 104 mil millones de pesos. Generará, además, un fuerte incentivo para que las empresas de todo el país ubiquen sus sedes en ciudades de la frontera.

A este sacrificio fiscal habría que añadir los costos de una amplia serie de nuevos gastos. El nuevo programa para los ninis, Jóvenes Construyendo el Futuro, por ejemplo, tendrá un costo de 108 mil millones de pesos al año. La duplicación de las pensiones para personas de la tercera edad representará 120 mil millones de pesos anuales por encima de lo que el gobierno federal ya está gastando. López Obrador también ha prometido nuevos programas de apoyo a personas con discapacidad o en situación de pobreza extrema por un costo de 16 mil millones de pesos anuales.

El presidente electo ha ofrecido sembrar árboles frutales en todo el país, con un costo de 20 mil millones de pesos; remozar seis refinerías, por 50 mil millones; construir una nueva refinería, con un precio de unos 120 mil millones; poner un tren en la península de Yucatán, que costaría 150 mil millones, y muchas otras cosas. Dispersaría también las oficinas de gobierno por todo el país, lo cual costaría 135 mil millones de pesos, aumentaría los gastos administrativos y reduciría la eficiencia del gobierno.

Algunos de los nuevos programas no tienen costos definidos todavía. El tabasqueño ha prometido, por ejemplo, hacer la educación superior universal, obligatoria y 100 por ciento gratuita. Nadie se ha dedicado hasta este momento a cuantificar el costo de esta promesa, pero podría rebasar los 100 mil millones de pesos al año, con el problema adicional de que la masificación podría generar una disminución en la calidad de la instrucción universitaria. Otros ofrecimientos sin costo definido incluyen establecer el Internet universal y desplegar 300 nuevos caminos rurales, los cuales habrán de construirse no con maquinaria sino a mano.

¿De dónde saldría el dinero para cumplir tantas promesas? López Obrador sólo ha dicho que reduciendo la corrupción y bajando los sueldos de los altos funcionarios. Pero, aunque realmente la corrupción desapareciera como por arte de magia, ¿el gobierno tendría suficiente dinero en la chequera?. Recortar a la mitad los sueldos de los altos funcionarios, por otra parte, ahorrará quizá unos 2 mil 500 millones de pesos al año solamente y quizá reduzca la calidad de los servidores públicos.

López Obrador ha logrado un triunfo electoral muy importante y puede hacer lo que quiera, porque controla las dos cámaras del Congreso. Pero no puede hacer milagros, no puede multiplicar los panes y los peces. Hasta este momento los mercados han estado tranquilos ante un presidente que ha prometido mantener el equilibrio de las finanzas públicas. Esto podría cambiar si se percibe que no hay forma de mantener este equilibrio.


Twitter: @SergioSarmiento

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