Armando Oviedo
Entrevista

Armando Oviedo

La imaginación es la que te proyecta, te da posibilidades en las imposibilidades, encuentras el reverso a cualquier situación que en su momento parece normal, en eso me baso mucho. Quienes me ayudan principalmente a ver eso son los niños, siempre ven con asombro e imaginación cosas que para nosotros ya son normales.

Armando Oviedo (Ciudad de México, 1961) es un sociólogo, narrador, novelista y crítico literario. Su cercanía con los libros se ha manifestado de varias maneras. Fue Jefe del Departamento de Fomento a la Lectura de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes y Jefe de Talleres Artísticos en Difusión Cultural de la Universidad Iberoamericana, Santa Fe. También ha coordinado talleres literarios. En 1988 le fue otorgado el primer lugar del concurso de cuento Punto de Partida y cuatro años después obtuvo el premio de periodismo cultural Encuentro de Dos Mundos Coahuila. Hoy día es coordinador del Centro Cultural y Literario Nómada.


¿Cómo se relaciona la sociología con la literatura?


La sociología tiene que ver con la literatura de manera innegable, lo descubrí leyendo a autores que parecían literatos. La sociología francesa, por ejemplo, se atreve a presentar sus investigaciones de otra manera. A Gaston Bachelard, un filósofo de renombre, no le daba miedo analizar desde una postura filosófica el sueño o los misterios del agua dentro de la poesía. Esos vehículos los fui encontrando en otros autores y me dieron la pauta para descubrir que la sociología puede narrarse de otra manera. En México no hay eso porque aquí la sociología pide análisis, datos duros. La mayoría se inclina por la sociología norteamericana, que es más bien de encuesta, de sacar cifras, porcentajes, datos que no interesan más que al especialista. Pero la sociología también es vida cotidiana. Algunos autores han manejado muy bien el paralelismo de sociología-literatura, como lo descubrí en el libro de El Capital. Para ser un analista económico, filosófico y político, Carlos Marx leía El Quijote, La divina comedia, etcétera, y veía que se enriquecía con eso. Para mí la literatura es lo vivo de la sociología que se vuelve teórico.


¿La literatura salva vidas?


Concretamente no, pero espiritualmente sí. Es importante porque te mantiene vivo el espíritu. En el cuerpo normalmente uno está a expensas de lo que diga la naturaleza, pero sin un espíritu que te anime necesitas tener esa carga que viene del alma, que te dé animo. La literatura cumple con ese requisito.


¿Pudo encontrar ese espíritu en sus pláticas en el Reclusorio Sur?


Estuve breve tiempo, di unas pláticas nada más. Fui a entregar premios del Buzón Penitenciario como parte de mi trabajo de Jefe del Departamento de Fomento a la Lectura de Literatura. Hubo amigos que daban talleres, con ellos platicaba, pero no entramos a la parte dura y ruda de los reclusorios. No tuve tiempo de topar con eso, Buzón Penitenciario fue mi acercamiento a lo que ellos escribieron. Lo que sí vi es que se juega mucho con los sentimientos, hay gente que se presenta como inocente todo el tiempo, es como la vida también. El reclusorio no es como en las películas, tiene la forma de una secundaria, es como la zona de departamentos donde yo vivo: hablo de la parte donde hay departamentos muy reducidos, espacios reducidos, una vida reducida. No obstante, no palpé el espíritu del recluta como tal.


¿Literatura latinoamericana o castellana?


Yo prefiero la latinoamericana, es la que frecuento más y es la que pertenece a mi lenguaje, aunque he leído otras literaturas y frecuento mucho la norteamericana. En la latinoamericana hay una parte que me gusta (aunque no me gustaba al principio), la vena realista que existe; y en el otro extremo, el realismo mágico, parece una condición exportable para otros países porque lo ven como algo curioso y nuestros sucesos a veces son trágicos. Lo veo como las películas de Chaplin o las novelas de El Quijote, son grandes tragedias pero uno se la pasa riendo porque piensa que no están sucediendo cosas interesantes o trascendentes.


¿Cómo surge su contacto con las formas breves de la literatura?


A través de autores como Julio Torri, Augusto Monterroso, pero más que nada por las antologías. Leía antologías de cuento breve, la básica es El mundo de la imaginación de Edmundo Valadés, esa me gustó mucho. La imaginación es la que te proyecta, te da posibilidades en las imposibilidades, encuentras el reverso a cualquier situación que en su momento parece normal, en eso me baso mucho. Quienes me ayudan principalmente a ver eso son los niños, siempre ven con asombro e imaginación cosas que para nosotros ya son normales.


¿Cómo fue su diálogo con Daniel Sada?


Él me decía que escribía muchas cosas porque como vivía en el desierto eso le daba amplitud para desarrollar más aspectos. Me dijo que las formas breves se agotan, son más pensadas, es un trabajo más de la poesía. Él consideraba que a veces los poetas dañaban la narrativa porque no se acababan contando cosas. También se contradecía porque era un gran orfebre del lenguaje, sus novelas son muy difíciles de trabajar, el lector necesita tener una atención y una imaginación importantes. Yo creía en el facilismo del texto breve y él me hizo ver que no es tan sencillo. Me gustó ser más concreto con lo que escribía y me llevó a escribir más amplio. Él me puso retos de imaginación a propósito de lo que iba a narrar, también me destrabó de que se me encajonara solamente en cuentos breves.


¿Cree que la literatura está padeciendo el uso actual de las redes sociales?


Están naciendo nuevas formas y todas van aterrizando en una forma de prestigio. Se ve mal o se ve elegante que uno siga utilizando libretas o que le gusten las plumas fuente porque también se están volviendo escasas. Yo tuve que abandonar mi máquina de escribir porque ya no hay nadie que la repare. El problema no es que sea obsoleta sino que se vuelve de museo porque ya no hay como esas. Entonces, están naciendo formas nuevas. Han surgido los concursos de literatura por Internet. Alberto Chimal anima mucho esto porque le encanta la computación, le encantan los medios electrónicos. De una u otra manera se está tergiversando la forma del escritor o del conocedor de literatura. Ya no es aquel viejito serio de traje que salía anunciando algo, ahora son jóvenes desparpajados que de repente se ponen muy sobreactuados, porque tampoco se les da la tele o el radio. Sus esfuerzos son importantes para difundir la literatura.


¿Las redes transforman al lenguaje?


Lo que pasa es que, con estas formas, se está volviendo más concreto. El lenguaje concreto lo que necesita no es tanto que se vuelva cemento o palabras alambicadas sino que sean las palabras justas, los neologismos no te dicen nada.


¿El futuro del libro impreso es hacerse pasado?


No creo, en tanto haya gente a la que le gusten los libros. Ahorita se siguen vendiendo libros de la época antigua: del siglo XIX, del siglo XVIII, etcétera. Son muy caros. Lo único que va a pasar es que van a desaparecer libros que no despierten interés en ser leídos o en ser conservados. Max Ramos, un amigo de una librería en la Ciudad de México que se llama El Hallazgo, dijo que el libro más caro que le llevaron a vender es un recetario de herbolaria que parece que tuvo un uso en un tiempo, no obstante, es la manera de presentación la que llama la atención: los acabados, el tipo de letra, etcétera. Entonces, desaparecerán las cosas que sean innecesarias y se quedaran las que a la gente le gusten.


¿Qué le parece el nivel de crónica en el país?


El periodismo de investigación retoma cosas de la crónica. Son reportajes porque rescatan una historia y la ponen en evidencia. Como somos un país normalmente de historias trágicas, menos cómicas, no deberían faltar reporteros, periodistas de investigación o cronistas, pero estos últimos están abandonando el barco porque ya no crean un espacio y un tiempo. Se está perdiendo una parte de la crónica, siempre debe salir pero la están haciendo de manera arbitraria. Me refiero a la crónica deportiva y la crónica de nota roja, lugares donde podría haber un nicho para narrar cosas que son terribles o que son el juego de la comunidad. Sin embargo, se presentan clichés, se repite lo mismo, o se sigue la línea amarillista. En una se trata de retratar el impacto visual como si fuera una novela de terror y en la otra nada más hay una promoción deportiva, la mercantilización de una firma, de un personaje y no la consecuencia que tiene el deporte en la comunidad.


¿Por qué considera que a un escritor hay que leerlo y no conocerlo?


Lo más importante de un escritor es lo que escribe. La mala publicidad, la mercantilización del rockstar pues lo hace ser así: hay gente que es más conocida por los comentarios que hacen de libros que por escribir algo. Hay autores cuyos libros son prescindibles pero como promotores de la literatura están bien; yo no iría a hacer lo que ellos hacen, me daría flojera; pero tienen éxito con base en una presencia escénica. A veces los escritores también son personas muy chocantes, uno los hace creer que son importantes cuando lo importante es su libro. Cuando fallece un autor uno tiene que lamentar la desaparición física, pero tiene que alabar la obra. ¿Cuál es el mejor homenaje para un escritor? Vivo o muerto, es su obra. Todos los autores somos prescindibles, como todo en la vida.


¿Cómo sobrevive un escritor en México?


En mi caso he vendido libros, como 300 ejemplares, pero eso no me da para pagar la renta ni me da para comer, tengo que tener otro oficio. Escribir se da por voluntad y se hace a pesar de los pesares. Felicito a los escritores que están metidos en esto y son arropados por una buena editorial, una beca generosa, una familia generosa, una mujer generosa. Considero que el escritor debe agradecer no cuando tiene la beca del Conaculta sino cuando tiene, en mi caso, la 'beca' Fabiola Juárez, que es mi esposa, o la 'beca' Rosario Romero, que es mi mamá, porque nos apoyan cuando andamos en esta penuria del día a día. En México, sólo puedes sobrevivir escribiendo en los periódicos o si eres 'negro literario'. Los 'negros literarios' escriben los discursos de otra gente, los prólogos de otra gente, o sea, escritores fantasmas como en la película (The ghost writer, 2010). Hay escritores que hacen discursos para políticos y les pagan bien. Francisco Hernández dice que hay poetas en la publicidad, pero son poetas al servicio del mal que hacen cosas muy sintéticas y para vender.


Twitter: @BeatsoulRdz

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