La sombra de los trebejos: El juego real y sus locuras
Literatura

La sombra de los trebejos: El juego real y sus locuras

Novela de ajedrez nos sitúa en la primera línea de espectadores, el espectáculo a atestiguar es la lucha encarnizada entre dos gigantes concebidos por el aliento creador de Zweig en su postrera narración.

Dice Leontxo García que, cuando ve una partida inmortal de alguno de los renombrados maestros del tablero de casillas blancas y negras, siente la misma emoción y el mismo placer que un melómano ante una sinfonía de Mozart.


Algo así debió decidir a Stefan Zweig a escribir cuando puso manos a la escritura y del matrimonio entre la tinta y el papel surgió una historia tan sencilla como el enfrentamiento entre dos pistoleros, acaso los mejores del mundo en materia de duelos, que están dispuestos a matarse el uno al otro simplemente para dirimir de una vez y para siempre cuál de los dos dispara más rápido.


Novela de ajedrez nos sitúa en la primera línea de espectadores, el espectáculo a atestiguar es la lucha encarnizada entre dos gigantes concebidos por el aliento creador de Zweig en su postrera narración. Unos días después de enviarla a sus editores para su publicación, el autor de célebres biografías sobre personajes como Maria Antonieta o Balzac, se suicidó. Lo acompañó en esa salida de escena su segunda esposa, Lotte Altman.


En la obra asistimos a un encuentro casual. Los dos protagonistas viajan en barco. Uno de los titanes ha sido rescatado de las garras del totalitarismo, a simple vista puede apreciarse que ha envejecido mucho en poco tiempo. No tardaremos en saber que fue sido sometido a revolucionarios métodos de tortura.


El otro gigante viaja en calidad de máximo exponente mundial del deporte-ciencia. Su objetivo es acrecentar el prestigio administrando mates en Argentina.


QUIEN CUENTA


La voz narradora pertenece a otro pasajero que, para nuestra fortuna, se convierte en el catalizador de la acción. Es un movedor de trebejos ocasional, pero el influjo de la magia mental en él no es menor, “bien sabía por experiencia propia acerca de la misteriosa atracción del juego real, único entre todos los juegos que ha inventado el hombre”. La noticia de que uno de los pasajeros del barco es Mirko Czentovic lo mueve a proponer un arriesgado gambito de caballo.


Zweig nos resume a la vez el fulgurante ascenso y la personalidad de Czentovic: “Los más osados campeones, cada uno infinitamente superior en dotes intelectuales, fantasía y temeridad, sucumbieron de la misma manera frente a su obtusa y fría lógica”. También explica que “En el mismo instante en que se paraba del tablero de ajedrez, donde era un campeón sin igual, se convertía inevitablemente en una figura rara y casi grotesca”.


Para confraternizar con esa figura, el narrador coloca una trampilla. Va al salón de fumadores y se pone a jugar una partida con su esposa. Así traba conocimiento con un puñado de aficionados, entre ellos se destaca McConnor, un escocés temperamental -con perdón por la redundancia- , que se encapricha con la idea de retar a Czentovic.


DESAFÍO


El campeón acepta gustoso los desafíos siempre que el retador abone una cantidad equivalente a una pequeña fortuna (mínimo 250 dólares). McConnor se muestra dispuesto a desprenderse de esos billetes a cambio de la experiencia. Desde el escocés punto de vista, el máximo referente del ajedrez mundial no puede ser muy superior a él en ningún aspecto de la vida. Al final, McConnor, el narrador y los otros integrantes de su improvisado club hacen equipo contra Czentovic.


La predecible derrota atiza el amor propio del escocés. El narrador queda perplejo por la facilidad con la que el soberbio Mirko ha desnudado las carencias de sus oponentes. El herido amor propio de McConnor grita: “¡Revancha!”


Las piezas vuelven a formarse. Esta vez, el despliegue del equipo es mucho mejor, consiguen ubicar un peón a un movimiento de coronar, pero ¿y si Czentovic les ha permitido llegar hasta ahí para que sea más dura la caída? Cuando los retadores se disponen a cometer el último error de la partida, porque Mirko ya no les permitirá ni uno más, aparece una figura providencial, un hombre de unos 45 años de edad y capaz de calcular un jaque mate con nueve jugadas de anticipación.


TABLAS


El desconocido explica que la posición es similar a la provocada por el campeón mundial ruso Alexander Alekhine contra uno de sus retadores usuales, el ruso Efim Bogoljubow, en el gran torneo de Piestany, en 1922. Si McConnor y compañía adelantan el peón la amenaza será neutralizada en la siguiente jugada y en nueve o diez movimientos, estarán liquidados.


Gracias a la asesoría especializada, el grupo de amateurs consigue equilibrar la batalla. Las indicaciones del personaje son tan precisas como sumas y restas bien hechas. En el momento culminante dice: “Hay que forzar un intercambio, a toda costa hay que forzar un intercambio; entonces lograremos tablas y ningún dios podrá ayudarlo”.


La tropilla de McConnor, efectivamente, consigue arrancarle un empate al campeón. Czentovic, sorprendido, ofrece a los caballeros jugar una tercera partida, pero al dirigirse al grupo, en realidad, está retando a la figura providencial.


El desconocido se disculpa por su error, eso de inmiscuirse en un asunto ajeno, luego aclara que él no puede jugar, en principio, porque lleva entre 20 y 25 años sin tocar unas piezas.


Al narrador le es asignada la misión de convencerlo, todos están de acuerdo en que sería un espectáculo digno de admirarse. Con eso en mente se acerca al impresionante ajedrecista y descubre que es miembro de una de las más respetadas y antiguas familias austriacas. Zweig nos adentra en un género que domina, la biografía, para mostrarnos los detalles de la vida del Dr. B.


Aunque al principio se muestra reacio a aceptar, el Dr. B. acaba por aceptar cuando el narrado comentar de pasada que su oponente es el campeón mundial del deporte-ciencia.


La prosa de Stefan Zweig es, desde luego, una delicia. La novela, corta en su extensión, es rica en belleza tanto para el aficionado al ajedrez como para el lector, una historia sin otro propósito que relatar el encuentro entre dos monstruos rodeados por el inabarcable mar y destinados enfrentarse en la infinitud de los 64 escaques. ¿Cuánta belleza cabe en una narración de apenas 75 páginas? La obra de Zweig es una respuesta ejemplar. ¿Quién gana la batalla? Toma apenas 75 páginas conocer la respuesta.


ZWEIG DIGITAL


La aparición de Novela de Ajedrez en estas páginas tiene otro propósito, sacar a relucir iniciativas como la página stefanzweig.digital puesta en línea por el Archivo de Literatura de Salzburgo (Literaturarchiv Salzburg) con más de 280 manuscritos del autor austriaco.


La institución digitalizó, a lo largo de varios años, manuscritos como Momentos estelares de la humanidad. En esa dirección también están disponibles, en idioma alemán, las biografías de Balzac, María Antonieta, Magallanes, y demás.


El objetivo es conectar todos los archivos del célebre escritor nacido en Viena en 1881. En la justificación explican que, debido a su exilio, su patrimonio escrito se dividió en numerosas colecciones públicas y privadas. En la universidad de esa ciudad estudió historia literaria y filosofía.


Zweig estudió historia literaria y filosofía en su ciudad natal, fue amigo de Rainer María Rilke, hizo frecuentes viajes, se casó dos veces.


La última biografía en la que trabajó fue la de Montaigne. En el manuscrito de la obra dejó anotaciones que pueden leerse como claves de su posterior suicido. En esas notas al margen habla de la locura, de la nula posibilidad de alivio o fuga. Su devenir incluye notas peculiares como su inclinación, durante sus días de bienestar en Salzburgo, a escribir con tinta violeta.


El archivo literatura que custodia su memoria tiene una docena de cuadernos de negocios y todos los diarios del escritor, y su intención con el proyecto digital es poner el proceso creativo y los títulos de Zweig al alcance del público mundial.


Contacto: @ivanhazbiz

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