Herencia económica
Opinión

Herencia económica

Jaque Mate

Andrés Manuel López Obrador está heredando una economía estable. La tasa de crecimiento ha sido de sólo 2 por ciento en los últimos años, pero ya no hemos tenido las crisis que afectaron a nuestro país en 1976, 1982, 1995, 2010 y otros momentos. México es, junto con Chile y Perú, uno de los tres países latinoamericanos con mejor evaluación por parte de las calificadoras internacionales. Esto se traduce en una mayor confianza de los inversionistas y en menores pagos de intereses por las deudas públicas y privadas.


La baja tasa de crecimiento del país es engañosa. En realidad, tenemos dos Méxicos contrastantes. Algunas entidades, como Aguascalientes, Querétaro, Guanajuato y Quintana Roo, registran tasas de crecimiento de 5 por ciento al año y más que se comparan favorablemente con las del resto del mundo e incluso con las obtenidas por los países del Asia Pacífico que han sido el asombro del mundo en las últimas décadas. En contraste, entidades como Campeche y Tabasco han tenido un verdadero desplome económico como consecuencia de la caída en los precios del petróleo de los últimos años y también por el descenso en la producción de hidrocarburos en nuestro país. Otras, como Oaxaca y Chiapas, han registrado menores tasas de inversión y, por tanto, de crecimiento por su inestabilidad política y las restricciones a la inversión, producto de una cultura de rechazo a la actividad económica privada.


López Obrador está heredando circunstancias que le pueden permitir tener años muy positivos de gobierno. Si bien la deuda pública aumentó en el sexenio de Enrique Peña Nieto, el monto sigue siendo relativamente bajo en comparaciones internacionales. La deuda pública en México es de 46 por ciento del Producto Interno Bruto mientras que en Estados Unidos es del 82 por ciento, en España alcanza el 86 por ciento, en Italia representa el 120 por ciento y en Japón asciende al 153 por ciento.


No hay indicios de que pueda haber una crisis de fin o de principios de sexenio. Esto le dará a López Obrador la posibilidad de usar el presupuesto y la regulación gubernamental para aumentar el crecimiento económico en lugar de utilizarlos para enfrentar desequilibrios financieros. Será muy importante, sin embargo, que su nuevo gobierno mantenga finanzas públicas sanas, porque las calificadoras y los inversionistas estarán muy atentos a las primeras medidas de la nueva administración y sus posibles consecuencias en los equilibrios financieros.


López Obrador contará con mayores ingresos petroleros, después del repunte del mercado internacional. Propone también lograr ahorros con recortes en gastos que considera suntuarios. El problema es que también está haciendo propuestas de nuevos gastos que rebasan incluso los 500 mil millones de pesos anuales que ofreció durante su campaña. Si esto lleva a un mayor déficit de gasto, y a un incremento importante en el endeudamiento público, el resultado podría ser una caída de las calificaciones del país, una mayor depreciación del peso, mayores tasas de interés y una nueva crisis económica.


López Obrador tiene una enorme oportunidad. Recibe un país en mejores condiciones que muchos predecesores y en una situación positiva en comparación con los demás países de América Latina. La herencia, sin embargo, durará poco. Muy pronto los inversionistas estarán prestando atención no a lo que deja el viejo régimen sino a las estrategias para el futuro.


Twitter: @SergioSarmiento

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