3%, el paraíso abre sus pruebas: Una distopía brasileña
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3%, el paraíso abre sus pruebas: Una distopía brasileña

El Continente, hogar de la marginación. Allí la violencia, la sobrepoblación, la carestía y demás problemas multitudinarios en cualquier época o ficción han impuesto la ley del sálvese quien pueda.

Sin un gran despliegue de recursos, la serie creada por Pedro Aguilera consigue atrapar la atención del espectador gracias al carisma y las interpretaciones de algunos personajes sumidos en la lucha entre un grupo dominante poco piadoso aunque falible y La Causa, tan voluntariosa como limitada. Si bien en la historia abundan los clichés y varias nudos de la trama son desatados de un modo un tanto simplón, habla a su favor el ser un relato distópico acuñado, no al norte sino al sur del continente americano.


El argumento es como sigue: cada año los jóvenes del Continente que cumplen dos décadas de vida son invitados a un complejo donde ponen a prueba el intelecto, las dotes deductivas, la capacidad de liderazgo, su inclinación a la barbarie en condiciones de encierro y alimento escaso.


Los veinteañeros acuden por voluntad propia al examen, algunos se preparan con meses de anticipación, otros se han pasado la vida esperando el momento, sólo existe una oportunidad para aplicar y la recompensa por superar los retos vale cualquier sufrimiento.


En esos futuristas días, el mundo está dividido en dos. Por un lado, el Continente, hogar de la marginación. Allí la violencia, la sobrepoblación, la carestía y demás problemas multitudinarios en cualquier época o ficción han impuesto la ley del sálvese quien pueda. Sus tierras carecen de tecnología, no hay ni vehículos ni computadoras, las fuentes de energía son escasas; en la medición de acceso a servicios básicos no les va mejor, la gente fallece de infecciones sencillas de tratar por falta de medicamentos. Los más fuertes y los armados llevan las de ganar, si se carece de fuerza y de armas, procede aguzar los sentidos y evadir.


En el otro extremo del mundo se encuentra Mar Alto, sinónimo de felicidad, allá la ciencia puede curar casi cualquier cosa, no hay hambre ni inseguridad, todos poseen una casa digna, empleo y fortuna, las decisiones se toman con base en análisis pormenorizados y siempre desde la óptica de la sostenibilidad.


A resultas de sus análisis, en Mar Alto llegaron a la conclusión de que no podían cortar todos los lazos con el paupérrimo Continente. Por ello, cada año se ofrece a los jóvenes continentales la oportunidad de probar que son dignos de convertirse en ciudadanos del paraíso. Sólo tres de cada 100 lo consiguen. A las jornadas de examen se les denomina el Proceso.


Ser designado director de este suceso, el puesto implica diseñar las pruebas y velar por el correcto desarrollo de la selección así como hacer las veces de juez para dirimir conflictos entre los aspirantes, es una de las distinciones más importantes que otorga el Consejo de Mar Alto.


El Proceso comienza con una etapa de entrevistas. El personal del complejo pregunta y vuelve a preguntar; los entrevistados deben convencer a sus interrogadores de que ir a la tierra prometida es lo único que desean y no les genera ningún sentimiento dejar atrás familia, amigos, amores.


PERSONAJES


Las antiheroínas de 3% son Michele (Bianca Comparato) y Joana (Vaneza Oliveira); sus escoltas masculinos, durante toda la aventura, son Fernando (Michel Gomes) y Rafael (Rodolfo Valente).


Los cuatro se conocen en el complejo y desde el principio van quedando claras las habilidades de cada uno.


Michele es pura voluntad, físicamente es muy resistente, las pruebas que implican razonamiento no son lo suyo, lleva varios años esperando participar de la selección, su objetivo no es mudarse al paraíso sino vengar la muerte del hermano mayor, Michele tiene entendido que su consanguíneo falleció durante una de las pruebas. Ceder a los impulsos suele meterla en dificultades.


Mucho más completa es Joana, ágil ladrona, el sentido de supervivencia detona su ingenio, su fuerza y sus opciones de superar los retos que le imponen. Trabajar en equipo no es lo suyo. Ya había fracasado en el Proceso así que robó un chip de identificación para poder participar. Quiere ir a Mar Alto porque en el Continente el líder de una milicia puso precio a su cabeza.


Desde una silla de ruedas, Fernando sueña con el paraíso. Ha preparado su mente para dar respuestas atinadas a todos los retos, mas no siempre lo consigue. En Mar Alto hay medicina que puede devolverle la movilidad de las piernas, está muy motivado. Sin embargo, los límites morales le perjudican. El Proceso no se distingue por poner límites a la provocación con tal de hacer fallar a los aspirantes.


Finalmente, Rafael, poco escrupuloso, mantiene ocultos algunos de sus talentos, si el éxito no le llega por las buenas, lo hace por las malas. Sus esfuerzos por ser considerado un patán son exitosos. Tiene un par de razones para actuar de esa manera, una de ellas es que no es quien dice ser.


PRUEBAS


Formar una cierta cantidad de cubos con piezas sueltas, determinar si se ha cometido o no un crimen en una cena entre amigos, recorrer en cinco minutos un pasillo que produce en la gente ataques de pánico, eliminar a uno de los integrantes del grupo, son algunas de las pruebas surgidas de la mente de Ezequiel (João Miguel), la retorcida mente al frente del Proceso.


A Ezequiel le duele la existencia. Uno de sus pasatiempos favoritos es sumergir la cabeza en el agua hasta el límite soportable para sus pulmones, de ese modo ha pervertido una práctica reductora de estrés que le enseñó su esposa. La dura lección de perder a Julia (Mel Fronckowiak) le incita a canalizar sus frustraciones en el Proceso con resultados sádicos que ponen a los aspirantes en situaciones límite.


Prueba a prueba, y por varias razones, ira centrando su atención en el grupo de Joana y Michele, incluso hace de ellas sus protegidas. Su puesto, sin embargo, se verá amenazado por la presencia de Aline (Viviane Porto), la ambiciosa observadora de uno de los consejeros de Mar Alto. Ella se ve como la próxima directora de la selección. Aline no tarda en percatarse de que Ezequiel tiene un secreto, descubrirlo puede facilitar el ascenso deseado.


Los engaños y las traiciones son moneda corriente en 3%, la cara de bluf llega a ser la diferencia entre perecer o prevalecer.


RENOVACIÓN


La serie tiene dos temporadas (18 episodios en total) y el mes pasado Netflix anunció una tercera entrega. La buena recepción de la serie a nivel internacional le valió el visto bueno de la empresa de emisión en continuo. El estreno llegaría el próximo año.


Esta serie brasileña se destaca porque no se casó con su idea inicial. Si en la primera temporada el hilo conductor indiscutible es el Proceso, en la segunda el centro de la trama se mueve hacia el conflicto entre el gobierno de Mar Alto y La Causa, el Proceso queda en un importante segundo plano. Joana, Michele, Fernando y Rafael dejan de ser meros aspirantes con intenciones más o menos reveladas, conforme pasan los episodios los cuatro son como peones que van hallando el camino hacia la casilla de coronación, pero no todos eligen coronar, para la posición resulta más útil un caballo, en especial si se juega con negras.


Si bien en algunas partes del serial es evidente la limitación presupuestal, los creadores se las apañaron y facturaron un producto de calidad. La historia, en general, se sostiene. Las medidas drásticas para causar golpes de efecto no fueron las mejores pero, no tocaron a los pilares del proyecto.


3% demuestra que al sur del continente americano también surgen contenidos audiovisuales con el balance adecuado entre historia, calidad, entretenimiento, atractivo, tensión y demás indicadores en la lista de chequeo. La producción brasileña se inscribe en la relación de las distopías afortunadas, esa de la que participan títulos entrañables como La fuga de Logan o despiadados como Battle Royale.

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