Una brasileña en aguas turbulentas: Fronteras en la mente
Arte

Una brasileña en aguas turbulentas: Fronteras en la mente

En su labor hay una filiación por el influjo onírico y un constante ejercicio simbólico. Entre sus motivos frecuentes se inscriben escaleras y puentes que luego, o no tienen final, o no conducen a ningún lugar.

El arte que concibe Sandra Cinto es tan intrincado como atento al detalle. Sus formas predilectas de materializarse son instalaciones, dibujos y pinturas.

En ella se aprecia un modo particular de expresión atento a la memoria. Las imágenes que habitan el imaginario de la brasileña se engrandecen al intentar recrear conceptos inabarcables como el mar o el cielo. La nacida en Santo André tiene una inclinación a percibir los elementos naturales como metáforas visuales. Sus ideas, trasladadas a los materiales, conforman obras que contienen de forma a veces evidente, a veces solapada, la odisea de la vida. Los viajes, tanto los que implican hacer maletas, como los que se hacen sin mover el vehículo corporal, fascinan a Cinto.

No desdeña producir obra de modestas dimensiones, pero es mejor conocida por las instalaciones que copan interiores, cubre muros con la dinámica de olas en movimiento, estrellas latentes, torrenciales aguaceros. El ciclo vital, explica la artista, es el punto nodal de su trabajo, y pretende transmitir sus conclusiones a los espectadores.

SUEÑOS TANGIBLES

Nacida en Brasil en 1968, sus exposiciones más recientes la han llevado a Buenos Aires, Nueva York, Madrid, Miami, Moscú y Hong Kong. Muestras suyas son habituales en las galerías que la representan, como Casa Triangulo en Sao Paulo y Tanya Bonakdar en la Gran Manzana.

En su labor hay una filiación por el influjo onírico y un constante ejercicio simbólico. Entre sus motivos frecuentes se inscriben escaleras y puentes que luego, o no tienen final, o no conducen a ningún lugar.

Ideas que le causan desasosiego también tienen lugar en sus obras, como la de libros imposibles de leer, inaccesibles para todos. Esto es una crítica emboscada, hace referencia a los millones de analfabetos en su país.

La naturaleza es la raíz y el tronco y las ramas de sus creaciones. Apela a ella para escapar de la ciudad y sus rigores y rudezas. En sus trabajos hay añoranza por un devenir tranquilo, también un llamado a retomar que la incertidumbre existe, que el ser humano es pequeño frente a los designos de la naturaleza.

LABOR

La exposición <em>This is Brazil</em> ofrece un recorrido elemental por las constantes en su obra: masas de agua, cielo y un elemento simbólico finito, en este caso barcos de papel entendidos como traslados que entrañan riesgos que luego se transforman en daños, y a veces en naufragios. Los desvalidos navegantes reniegan con sobraba razón, no es inusual que estén rodeados por una tormenta indiferente.

Sandra Cinto trata a la escala monumental de forma sencilla, pinta con rotuladores y en la manufactura de sus trabajos participan otros artistas o bien voluntarios. Le gusta la labor en equipo, de esa forma resalta la importancia de compartir en una sociedad cada vez más dada al aislamiento de sus integrantes. En su dinámica comunitaria le da por proponer a sus colaboradores las opciones para la obra en sitio.

Entiende al arte como el lugar del imaginario, o bien del sueño, con regiones de nostalgia, y extremidades que le permiten alzar el vuelo. Entiende al dibujo como una extensión de su cuerpo.

Hace unos años presentó <em>En silencio</em>, instalación en la que recreó el sitio de trabajo de un creador ausente. La obra retrataba la falta de contenido del acto creativo, hay una mesa y detrás de ella no hay ningún creador; frente a ella, en cambio, se alza una pila de libros y, sobre los libros, un violonchelo. Estos elementos están inscritos en el contexto de una montaña de papel que no es cualquier papel sino restos de partituras inacabadas, que pretenden significar el esfuerzo reiterado y repetitivo del artista, una especie de Sísifo cuyo autosacrificio es tan permanente como voluntario.

Cinto enlaza líneas, éstas recorren la madera del contrabajo y forman pentagramas sobre las partituras que se van acumulando en el suelo de la sala.

<em>En silencio</em> reivindica el acto de no proferir sonido en una sociedad acostumbrada al ruido, la artista acuñó una experiencia física, pero también mental. El espacio transformado en la habitación dominada por una mesa, allí la brasileña escenifica un sentimiento, el de la dificultad de la creación.

Esta exposición representó el cierre de un periodo de siete años iniciado con la instalación <em>Un viaje difícil</em>. Entre estos dos extremos, la egresada de Facultades Integradas Teresa D´Ávila desarrolló piezas en las que el dibujo actúa como una herramienta formal e ideológica a un tiempo.

La brasileña consigue una neutralidad de tonos atípica que es una representación de la noción del acto creativo, porque el autor no juzga, de ese modo consigue despertar en los espectadores sensaciones de extrañeza, sin referencias ni de espacio ni de tiempo, cuando reparan en ello ya están introducidos en el terreno onírico e irreal de la obra.

INFLUENCIA FRANCESA

Para otra de sus obras de gran formato, <em>Encuentro de aguas</em>, tuvo la ayuda de dos asistentes y 20 voluntarios. El mural, concebido para el Museo de Arte de Seattle, Estados Unidos, requirió trabajar sin descanso nueve horas al día durante dos semanas.

La brasileña ha declarado que trabaja bajo la influencia del pintor francés Théodore Géricault, en especial del cuadro <em>La barca de la Medusa</em>, y del artista japones, Katsushika Hokusai, y su obra <em>The great wave. Encuentro de dos aguas</em> tiene un bote de remos instalado frente al mural. En el interior de esta barca se colgó una etiqueta de vinilo negro de un bálsamo, esa fue su manera de simbolizar la esperanza, la supervivencia y la resistencia de las personas.

En su exposición <em>La otra orilla</em>, reunió tres instalaciones que engloban su mirada sobre el vínculo que une a América Latina en general y a Brasil en particular con Europa.

A la nacida en Santo André se le considera una de las grandes renovadoras del dibujo en Latinoamérica. La crítica percibe en ella una manera de expandir ese lenguaje hacia un diálogo con la pintura y la escultura. El dibujo es el inicio de todo, la lanzadera que la eleva a la hora de intervenir espacios arquitectónicos, objetos o cualquier imagen.

El trabajo de Cinto es descrito como un pasaje en el que se conjugan seducción y tragedia, la atracción que ejerce no disminuye aunque contenga una experiencia capaz de lastimar a la conciencia.

En el imaginario de la artista plástica los mares son algo más que masas de agua, también son fronteras o, en otro plano, paisajes emocionales que deben cruzarse para alcanzar otro lugar. El mar es una frontera física, o política. A veces su calidad de infranqueable es suavizada con el detalle de un puente que lo cruza. La naturaleza, en los muros trazados por Sandra, muta en cultura.

En sus simbólicos trazos hay sitios para ideogramas de la resistencia, la justicia, lo social. Las obras se sitúan en unas coordenadas donde ni la desgracia ni la felicidad son completas, lo habitual es un punto intermedio en el que ni las aspiraciones se colman ni la esperanza acaba de consumirse.

A LA MAR

Además de su labor artística Sandra Cinto es profesora universitaria y consejera de grupos de estudio de artistas jóvenes en el Taller Fidalga.

Se ha especializado en abordar espacios de grandes dimensiones, los retos inherentes al tamaño son resueltos con paisajes personales, rotundos, donde la estructura se alza desde una base en apariencia frágil.

Convertir una superficie en un depósito de oleajes turbulentos, hacer de un concepto inabarcable el área en que se instala un poblado de símbolos y su método colaborativo de emprender obras de gran formato, son marcas registradas de la creadora de Emerald II.

Comentarios