Caer del bienestar: Lesiones del mal paso
Salud

Caer del bienestar: Lesiones del mal paso

Las caídas suponen la pérdida de más de 17 millones de años de vida potencial, dato que engloba cuestiones como la muerte prematura y la clausura de la vida “saludable” que acompaña a en un estado de mala salud o discapacidad.

La forma técnica de ponerlo nos habla de acontecimientos involuntarios que hacen perder el equilibrio y dar con el cuerpo en cualquier tipo de suelo.


Por más graciosas que parezcan en los programas de vídeos, las caídas pueden ser mortales. Son la segunda causa mundial de muerte por lesiones accidentales sólo por detrás de los traumatismos causados por percances de tránsito.


Cada año se producen 37.3 millones de estas pérdidas del paso que requieren atención médica. La mayoría de ellas no son graves, pero entre la población infantil quedan bien claros sus alcances: por cada fallecimiento relacionado con caer hay cuatro casos de discapacidad permanente, 13 pacientes que necesitan más de 10 días de hospital, 24 expedientes que reclaman de uno a nueve días de cuidados en nosocomio y 690 que buscan atención médica de modo que faltan a su rutina laboral o escolar.


Se estima que al año, a nivel mundial, mueren unas 646 mil personas debido a estos traspiés con final horizontal; más de un 80 por ciento de las defunciones se registran en países de bajos y medianos ingresos. Con esas cifras está justificado considerarlas un problema de salud pública. Las mayores tasas de mortalidad corresponden a los mayores de 60 años.


Las caídas suponen la pérdida de más de 17 millones de años de vida potencial, dato que engloba cuestiones como la muerte prematura y la clausura de la vida “saludable” que acompaña a un estado de mala salud o discapacidad.


Los sectores poblacionales más afectados son: el de mayores de 65 años, los jóvenes de 15 a 29 años y los menores de 15 años.


Cerca de un 40 por ciento de los años perdidos corresponde a niños, sin embargo, no se tiene la certeza de que el dato refleje con exactitud el perjuicio de las discapacidades vinculadas al impacto con el piso en las personas mayores. Quienes padecen alguna capacidad disminuida, y en particular los ancianos, corren más riesgo de necesitar atención a largo plazo.


FACTORES


Los daños causados por acabar tendido en el suelo de forma involuntaria tienen un costo económico considerable. Cada lesión relacionada con uno de estos eventos en mayores de 65 años representa gastar decenas de miles de pesos.


La edad, el sexo, el estado de salud son factores a considerar de acuerdo con el tipo de herida y la gravedad del mal causado.


En Estados Unidos entre un 20 y un 30 por ciento de los individuos de edad avanzada que se cae sufre lesiones moderadas o graves tales como hematomas, fracturas de cadera o traumatismos craneoencefálicos. La magnitud del riesgo puede deberse, en parte al menos, a trastornos físicos, sensoriales y cognitivos relacionados con el envejecimiento, así como a la falta de adecuación del entorno a las necesidades de la gente de edad avanzada.


En los niños, el caer suele estar asociado con su estado de desarrollo, una conducta llena de curiosidad y el aumento de su autonomía. Si bien los descuidos paternos son un factor citado con frecuencia para explicar las idas al suelo del menor, la cuestión suele ser mucho más compleja si se inscriben en un contexto donde hay interacción, por ejemplo, con la pobreza y medios particularmente peligrosos.


Los extremos suelen ser las etapas de la vida especialmente propensas a irse al suelo y a una mayor gravedad de los daños.


Se ha observado en varios países que los hombres tienen mayor probabilidad que las mujeres de sufrir caídas mortales.


Las tasas de mortalidad y los años perdidos son sistemáticamente mayores en los varones en todo el mundo.


La comunidad médica tiene identificados varios factores de riesgo: laborar en las alturas y otras condiciones de trabajo peligrosas; consumir alcohol y/o drogas; factores socioeconómicos como la pobreza y el hacinamiento en el hogar; trastornos neurológicos, cardíacos y otras afecciones con potencial para discapacitar; efectos colaterales de fármacos, inactividad física y pérdida de equilibrio; problemas cognitivos, visuales y de movilidad.


Las estrategias preventivas pasan por informar sobre las consecuencias de caer y la creación de ámbitos más seguros; por priorizar la investigación relacionada con las caídas y el establecimiento de políticas eficaces para reducir los riesgos.


PREVENCIÓN


La Organización Mundial de la Salud recomienda diseñar programas dirigidos a crear entornos más seguros, fomentar medidas técnicas para eliminar factores que posibilitan las caídas; impulsar la formación de los profesionales sanitarios en materia de acciones preventivas.


También plantea la necesidad de examinar el lugar en que se desenvuelve una persona para detectar riesgos; realizar intervenciones clínicas con el propósito de reducir características que juegan contra la salud, por ejemplo, administrar suplementos de calcio y vitamina D o tratar defectos visuales corregibles; evaluar el domicilio en casos de pacientes con antecedentes de caídas; promover el uso de dispositivos asistenciales apropiados para paliar problemas físicos y sensoriales; el uso de protectores de cadera en individuos con riesgo de fractura.


En el grupo de los infantes, las intervenciones eficaces incluyen modificaciones técnicas del mobiliario y de los equipos de las zonas de recreo; leyes sobre la instalación de protecciones en las ventanas; uso de barreras de protección, entre otras.


También son indispensables esfuerzos como implementar programas de visitas a domicilio o campañas educativas públicas masivas, además de brindar capacitación en las comunidades en materia de atención médica pediátrica pensando en incidentes que terminen con el menor en el piso.


Si un adulto mayor acaba tendido contra su voluntad puede verse afectado por el síndrome postcaída que se caracteriza por la pérdida de la independencia o de la confianza a la hora de hacer actividades y por generar miedo para retomar la actividad física.


En el periodo de 2000 a 2013 en México fallecieron 14 mil 036 adultos mayores debido a lesiones surgidas de caídas, el 68.1 por ciento correspondió a varones. La tendencia fue ascendente: las defunciones pasaron de 966 en el 2000 a 1 mil 178 en 2013.


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