Jazzamoart: pictórica del sonido: Talento temprano de exitoso recorrido
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Jazzamoart: pictórica del sonido: Talento temprano de exitoso recorrido

Figuras del jazz son constantes en su obra. Esto se aprecia en series como Soólo a Fuerza de Pintar, donde siluetas musicales están presentes con la forma ya sea de un “Saxofonista en el horizonte” o de un “Trío de pintores”.

Javier Vázquez Estupiñán, originario de Irapuato, adoptó el nombre de Jazzamoart en 1974. Esas diez letras son una declaración de intenciones, representan la fusión de jazz, amor y arte.

Si bien desde su infancia se distinguió por su capacidad pictórica, fue a partir de los ochenta que tomó por asalto la escena plástica latinoamericana.

En su exitosa singladura acumula presencias y distinciones en muestras y museos como la Primera Bienal Iberoamericana de Miami, el Museo Reina Sofía en Madrid, la Bienal Tamayo, el Tour de la Bourse en Montreal, la Trienal de Osaka en Japón, el Premio Internacional de Dibujo Joan Miró en Barcelona o el Premio del Bicentenario de la Revolución Francesa.

Su currículum incluye más de 500 exposiciones tanto colectivas como individuales en espacios culturales y galerías de América, Asia y Europa.

Una parte con trasfondo musical de su labor consistió en elaborar escenografías e improvisaciones visuales para exponentes del jazz como Diana Krall, B.B. King o Ray Charles.

El objetivo de su arte es generar emociones a través de la pintura, la escultura y el performance.

TEMPRANO

Jazzamoart recuerda que su éxito con las obras visuales comenzó a temprana hora. A los doce años, luego de una exposición infantil en el Castillo de Chapultepec, le fue asignada una beca por decisión del secretario de Educación Pública, que en ese entonces era Agustín Yáñez.

En 1969 ingresó a la Escuela Nacional de Artes Plásticas donde recibió lecciones de Manuel Herrera Cartalla y Gilberto Aceves, entre otros.

En la primera mitad de la década siguiente llegaría el cambio de nombre y también el primer hijo y heredero de esa denominación creada junto a Nora Smith, esposa de Javier.

Jazzamoart también es una filosofía de vida cuyos pilares son la pasión por el jazz, el amor en todas sus manifestaciones y el arte.

Consecuentes con su modo de proceder, cuando nació su segundo hijo, en 1979, lo nombraron Viart, que significa “vida y arte”.

En 1985 llegó el tercer vástago, que fue bautizado como Poettier, contracción de “poeta de la Tierra”.

Cuatro años después, el irapuatense concibió una de sus obras monumentales: un mural de 360 metros cuadrados, también vale decir una oda a los pintores, jazzeros y poetas, en la Universidad Autónoma Metropolitana.

Ya en los noventa, con el respaldo del coleccionista Francisco Servín, se encargó de proveer una escultura y la escenografía para el Festival Internacional de Jazz en el Auditorio Nacional de México. Allí se dieron cita, entre otros, Ray Charles y Branford Marsallis.

El nuevo milenio también ha sido de intensa actividad para el artista.

Hace once años nació el primer nieto y tercer Jazzamoart.

En 2009, el municipio de Irapuato inauguró la Galería de Arte Jazzamoart y se publicó un libro sobre su obra con textos de Carlos Montemayor y Jorge Juanes.

En 2015 presentó el libro Sólo a fuerza de pintar y realizó una instalación callejera sobre el Día de Muertos en el Moma de Nueva York. En semanas pasadas presentó otro volumen titulado La soledad del pintor.

CREADOR

A Jazzamoart le gusta compartir sus impresiones sobre el oficio artístico. Una idea recurrente en él es que al pintar, no se busca mantener vigente este medio clásico de creación, mucho menos un nuevo renacimiento, sino ejercer el derecho a la brocha, a la libertad y a la inteligencia.

Figuras del jazz son constantes en su obra. Esto se aprecia en series como Sólo a Fuerza de Pintar, donde siluetas musicales están presentes con la forma ya sea de un “Saxofonista en el horizonte” o de un “Trío de pintores”, cada uno con su instrumento.

Desde su infancia, asegura, mantiene el mismo espíritu lúdico y emotivo que se activa cuando tiene sus herramientas de trabajo en las manos. Sigue divirtiéndose con las aventuras de la invención y con momentos específicos como el de exprimir los tubos de óleo, o preparar las barnicetas, o aspirar el aroma de la trementina.

El acto creativo, señala, es tanto oficio como ceremonia en el antro de los placeres plásticos.

Vázquez Estupiñán considera que existen buena y mala pintura, buenos y malos pintores, pero al espectador lo que le corresponde es “el disfrute del fenómeno actual de la pintura con sus polémicos rumbos, sus esplendores y sus altibajos”.

También comenta que hay quienes advierten que la pintura ha muerto, e incluso se atreven a llamarla arte del pasado o de viejos. Jazzamoart piensa muy distinto. Considera que hoy se practica con oficio y pasión, interacciona con nuevos conceptos y tecnologías. Por tanto, pese a los malos augurios, se mantiene como pilar y referente de las artes visuales.

RESTAURACIÓN

El festín de los jazzeros, mural policromático que pintó en 1992 en acrílico sobre madera y que forma parte del acervo artístico del Auditorio Nacional, fue objeto de una restauración. El propio autor se encargó de dirigir los trabajos y desde ahora, la obra ocupa un lugar especial en ese recinto.

La pieza de 4.65 por 7.32 metros fue colocada en un área VIP del foro.

“Es algo muy afortunado para todos, porque nunca pensé que mi trabajo fuera a tener la importancia que tiene hoy en día, ni que yo sería parte del grupo de artistas que aportan algo a la cultura de México”, comentó el artista plástico a Notimex.

Recordó que El festín... fue concebido para cobijar un festival musical: “Mi pasión por la pintura y por el jazz me hizo crear la obra, pero nunca pensé que el Auditorio Nacional decidiera quedarse con una parte; la otra está en la Escuela Superior de Música con los jazzistas del futuro”, dijo.

Sus trazos, recordó, sirvieron de telón de fondo para esa memorable reunión de la que tomaron parte los legendarios B. B. King, Ray Charles, Chuck Berry, Branford Marsalis, Al Di Meola, Herbie Hancock y Wayne Shorter, entre otros. El monumental biombo fue colocado al fondo del escenario y su colorido dialogó con la ejecución de esos virtuosos.

El hecho de que su creación dé simultáneamente la bienvenida a todos los artistas nacionales e internacionales que se presentan en el Auditorio Nacional, y a los alumnos de la Escuela Superior de Música, “quienes seguramente se están formando hoy para ser en el futuro grandes valores del jazz y otros géneros musicales”, representa para el irapuatense un motivo de orgullo.

Muchas figuras que se han presentado en el inmueble del Paseo de la Reforma, destacó Vázquez Estupiñán, han manifestado su admiración por el arte creado en estas tierras desde el periodo prehispánico hasta la actualidad, pasando por el generado en la Colonia y en los siglos XIX y XX.

Se describió como “un artista afortunado” porque intérpretes de música, ejecutantes de danza y artes escénicas y creadores de la plástica que lleguen a ese foro tendrán oportunidad de conocer la obra de un mexicano contemporáneo: “A veces, esos artistas sólo conocen México del aeropuerto al auditorio y de regreso; así, al menos conocerán mi mural, símbolo de lo que se hace hoy aquí”.

La obra no estaba en malas condiciones ni en un sitio poco apropiado; sin embargo, el paso del tiempo y la acción de factores como el polvo la fueron deteriorando. En esta delicada tarea, Jazzamoart tuvo el apoyo de un equipo de arquitectos y restauradores, así como de sus propios colaboradores.

La presentación del mural restaurado se dio en el marco del tercer Big Band Fest. Jazzamoart se sumó a la acción musical y, sobre el escenario, realizó una obra plástica que también podría convertirse en parte del acervo del Auditorio Nacional.

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