La corrección británica de los espectros: Historias fantasmales de Dyson y Nyman
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La corrección británica de los espectros: Historias fantasmales de Dyson y Nyman

Cameron, que había indagado y explicado fenómenos descartando la existencia de fuerzas ocultas, se topó con tres casos que no pudo cerrar. Así empieza la travesía de Goodman.

La cinta dirigida por Jeremy Dyson y Andy Nyman, adaptada de la obra teatral del mismo nombre, es un ejercicio de vieja escuela.


Efectos especiales los hay, pero son los justos para redondear un relato correcto, donde las sorpresas no caen como debieran. Ghost stories decae conforme avanza aunque sí consigue mantener la atención del espectador.


Nyman (Dead set y The commuter, entre otras), el profesor Phillip Goodman en el filme, está, junto a Martin Freeman (Sherlock, Black Panther, The hobbit), al frente del reparto.


Para los amantes de los sustos en celuloide el punto de partida es seductor. Goodman, experto en psicología y escéptico de hueso colorado, se dedica a buscar las trampas humanas en sucesos paranormales, incluso tiene un programa llamado Trucos de Psíquicos. Su último logro ha sido desenmascarar a un ocultista mediante el sencillo método de interferir las ondas radiales durante una de sus actuaciones.


Luego de esa presentación, recibe un paquete misterioso. El remitente es un personaje al que admira: Charles Cameron, un parapsicólogo desaparecido 15 años atrás al que el mundo cree muerto.


La influencia de este personaje fue decisiva para que Phillip decidiera dedicar su vida a evidenciar los embustes de quienes explotan la creencia en el más allá. Tremendamente motivado viaja al sitio indicado, un patio de remolques y sí, allí encuentra a su ídolo.


Como buen admirador, no puede evitar deshacerse en elogios. Sin embargo, lo único que consigue es el escarnio de su anfitrión. Charles le confiesa que, ya retirado de los reflectores, al mirar hacia atrás, su trabajo es motivo de vergüenza. La opinión de Cameron sobre el trabajo de Goodman no es mejor. Lo describe como “una mierda”, sesgado y producto de un experto en omitir detalles, hechos, evidencias, si estos no encajan en su solución racional.


La crítica descarnada no evita que pida la ayuda de Phillip. Sucede que, a resultas de su labor como explorador de sucesos sobrenaturales, algo se ha quedado con él, algo que lo martiriza y que lo hizo abandonar la vida pública y, en una de esas, la vida a secas. Cameron, que había indagado y explicado fenómenos descartando la existencia de fuerzas ocultas, se topó con tres casos que no pudo cerrar. Así empieza la travesía de Goodman.


ALUMNO


“La idea de que nosotros y nuestros seres queridos dejamos de existir al morir es tan horrible que creeremos cualquier cosa que nos brinde esperanza de que podría haber algo más. Ese miedo se conoce como terror existencial”, esa es la postura que el doctor Cameron dejó poco menos que tatuada en la mente del joven Goodman. Otra, una que se convertirá en el hilo conductor de las formulaciones racionales acuñadas por Phillip es: “El cerebro ve lo que quiere ver”.


El primer expediente sin resolver es el de Tony Matthews (Paul Whitehouse), un alcohólico maduro que trabajaba como velador en unos edificios abandonados que alguna vez funcionaron como un manicomio para mujeres. La entrevista deja constancia del carácter irascible del hombre, de sus problemas personales y familiares.


La noche en cuestión andaban escasos de personal. Dos tipos renunciaron alegando que “habían visto cosas”. A Tony no le queda sino instalarse a solas en una oficina de aquellas instalaciones arruinadas. Se comunica por radio con un compañero que custodia un edificio vecino. Cuando las luces se apagan, el vigilante sale a investigar y su conclusión, tras restablecer el flujo de electricidad, es que no está solo, no puede estarlo.


De ahí nos vamos a conocer a Simon Rifkind (Alex Lawther), un jovencito que, además de padecer bajo el yugo de unos padres extremadamente sobreprotectores, vive en una casa donde pasan cosas extrañas.


Por si eso fuera poco, Simon está obsesionado con las diversas representaciones de los seres maléficos realizadas por la humanidad.


El problema del joven Rifkin, uno de ellos al menos, comenzó por desobedecer. Se quedó más tiempo del convenido en una fiesta y a resultas de eso le tocó manejar a solas el automóvil de su padre por una zona arbolada donde la señal del móvil se pierde con facilidad.


Para su desgracia, en esa área hay algo más que flora, fauna, insectos. Luego de un evento desafortunado su auto se queda parado, en medio de la noche y de aquel bosque oscuro. A su alrededor se desatarán presencias que, supuestamente no existen en este mundo.


El tercer pendiente introduce a Mike Priddle (Martin Freeman), un exitoso hombre de negocios cuya vida dio un vuelco de 180 grados. La desgracia por llegar le fue anunciada por eventos inexplicables, como un poltergeist. Su reunión con Goodman consiste en ir de cacería.


La película dura 97 minutos y esto no sería importante mencionarlo si no quedara la sensación de que podrían haber desarrollado más los sustos de Rifkind y Priddle.


CONCLUSIONES


Las soluciones de Goodman se sitúan en planos verosímiles. Ve el origen de estas historias en problemas de alcoholismo, de duelo, de psicosis infundida por una familia disfuncional, El cansancio mental y emocional es otra causa que, según el profesor, influye en lo que sucedió, en lo que cada uno asegura haber visto.


Phillip no precisa muchos recursos para cumplir con la encomienda de su ídolo. Sabe que la investigación debe incluir entrevistas con los allegados, visitas a los lugares señalados, confrontar al líder espiritual de alguno de los relatores aunque eso signifique llevarse el regaño de un párroco.


Este último incluso le pide que en lugar de meterse en los asuntos de otros, haga algo por su propia familia. A Goodman no le queda sino un padre en estado vegetativo.


En cuanto a la parte final de la historia, es mejor que cada quien la descubra por su cuenta. Cabe mencionar que a lo largo de la película nos van obsequiando pistas sobre cuál es el meollo del asunto. La clave está en permanecer atento a lo que llega a las manos de Phillip y a los objetos en los que posa su atención sin razón aparente. A esos indicios hay que ir sumando las visiones que Goodman empieza a padecer y sobre las que no se pronuncia. Otro elemento que contribuye al cierre del relato son unas pequeñas tomas repetidas de forma insistente.


Lo demás es atender a la trama principal entre el doctor Cameron y Goodman, descubrir si los tres casos estaban ligados entre sí, también ajustar cuentas con los que se presumen inocentes investigadores de eventos paranormales.


CALIDAD


No es una cinta que vaya a llenar los estantes de los directores con premios o que se destaque por su aporte al género de terror, sin embargo, tiene la distinción de ser un trabajo correcto en un mercado que no se caracteriza por la pulcritud de sus productos.


Además, Ghost stories cuenta con el oficio interpretativo de Martin Freeman. Un mejor maquillaje le habría ayudado a redondear su papel.


La película no acaba de convencer en buena medida por su solución final, una que desdibuja lo conseguido sobre todo con el primer caso. Incluso queda la sensación de haber asistido a una tomadura de pelo, pero no de las buenas. El modo en que se va perfilando la parte final tampoco es el mejor.


A favor quedan esas tres historias que invitan a dejarse llevar, a ponerse en el lugar de ese personaje que avanza por un pasillo oscuro en busca de un intruso que en realidad es un viejo inquilino del lugar. A falta de cosas nuevas bajo el sol, no sienta mal escuchar un relato ya conocido en boca de un narrador capaz de situarnos no ya ante el espanto de la aparición sino en la atmósfera de que algo fuera de toda lógica, un evento enraizado en el inframundo, está por ocurrir.

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