La esencia del bienestar: Una atención con enorme potencial
Salud

La esencia del bienestar: Una atención con enorme potencial

Gran cantidad de recursos se destina a servicios curativos mientras que las actividades de prevención y promoción de la salud, con potencial para reducir en un 70 por ciento la carga de morbilidad a nivel mundial, apenas si disponen de presupuesto.

La Organización Mundial de la Salud define a la atención primaria (AP) como la asistencia sanitaria esencial, una que debe ser accesible a todo individuo y familia de una comunidad a través de medios aceptables para ellos, con su plena participación y a un costo asequible.


También destaca su carácter como el núcleo del sistema de salud de una nación y un elemento insustituible del desarrollo socioeconómico general de una sociedad.


¿En qué consiste? En reconocer las necesidades para mantener en buenas condiciones a la población en un lugar determinado; esto se logra mediante medidas dirigidas a fortalecer el primer nivel de atención, con acciones médico-sanitarias integrales y adaptadas a los territorios en los que se despliegan, a través de la inyección de recursos y la suma de capacidades de los colectivos.


Desde hace unos años la AP es objeto de especial interés, la globalización ha demostrado su capacidad para incidir en la vida de los países y ha puesto a prueba a los sistemas de salud en varias zonas del globo. En esos desafíos, estos sistemas, componentes esenciales de la estructura de las sociedades modernas, no han salido bien librados.


DESCONTENTO


No es infrecuente saber de personas que están cada vez más inconformes ante las falencias de los servicios que tratan con las enfermedades del género humano, una observación certera es que no han sabido responder de mejor manera y con más rapidez a los retos planteados por un mundo en constante transformación. La atención primaria es una herramienta con potencial enorme para lograr resultados positivos.


Si bien se han obtenido progresos en la lucha contra los agentes que deterioran la vida, hay una evidente insatisfacción hacia las opciones de salud existentes por parte de un grupo de la población nada minúsculo.


Cabe mencionar que un fuerte motivo de preocupación es el costo de atender los padecimientos. Se trata de una preocupación realista, por decir lo menos. La OMS estima que decenas de millones de personas caen en la pobreza todos los años al costear el tratamiento de afecciones. Además, muchos individuos no tiene modo de acceder a ningún tipo de atención.


Entre las causas de lo anterior se encuentra la escasa correspondencia entre los sistemas sanitarios y los programas de desarrollo de la salud.


Gran cantidad de recursos se destina a servicios curativos mientras que las actividades de prevención y promoción de la salud, con potencial para reducir en un 70 por ciento la carga de morbilidad (cantidad de personas que enferman en un lugar y tiempo determinado respecto al total de la población) a nivel mundial, apenas si disponen de presupuesto.


No es raro que luego de analizar el funcionamiento del sector salutífero se le describa como injusto, inconexo, ineficiente y menos eficaz de lo que podría ser.


CURARSE EN SALUD


El tema de la atención primaria es especialmente importante porque no puede descartarse que las redes sanadoras se vean desbordadas ante un abanico de retos que incluye el envejecimiento de la población, el incremento de las enfermedades crónicas, el surgimiento de males como los síndromes respiratorios agudos severos, y afectaciones derivadas del cambio climático.


Frente a esos desafíos, la AP adquiere el aspecto de una respuesta capaz de articular el conjunto de mecanismos y acciones en materia de asistencia abarcando desde los hogares de cada uno hasta los hospitales de cada comunidad.


En esa respuesta, la prevención se equipara a la cura y los recursos se invierten de modo racional, dando a cada nivel de atención lo suficiente para marcar diferencia.


El ideal consiste en lograr que los servicios curativos sean equitativos y eficientes, que todas las personas tengan acceso a ellos según sus necesidades y con independencia a su capacidad de pago. Las desigualdades en materia de salud producen décadas de diferencias en la esperanza de vida.


Ofrecer una cobertura para toda la población, ciertamente, constituye un desafío económico. La urgencia de un cambio es igual de evidente: en la actualidad la mayoría de los sistemas de sanidad se basa en pagos directos, el método menos equitativo y eficaz.


INJERENCIA


Cabe mencionar que buena parte de los factores que afectan a la salud humana se hallan fuera del terreno sanitario. Decisiones gubernamentales relacionadas con el comercio, el medio ambiente y la educación, por mencionar algunos ámbitos, influyen en la salud de los individuos pero, no se suele visibilizar la conexión existente.


De ahí la urgencia por integrar un enfoque salubre en las políticas gubernamentales, de modo que los cálculos políticos se modifiquen. Un argumento para ello, uno de peso, es que se alcanzan mejoras en los indicadores de la salud implementando medidas de prevención desde la primera infancia. No obstante, lo usual es que los beneficios no se hagan realidad durante el mandato de un sólo gobernante.


Está claro que si todos los componentes de una comunidad -la sociedad civil, el sector privado, las instituciones- participan, la recompensa será mayor.


Si se establecen objetivos de atención primaria, un sistema nacional de asistencia y curación puede ganar en coherencia, eficiencia, equidad y eficacia.


APROVECHAR


Hoy día se gasta más dinero que nunca en salud y, al mismo tiempo, se ha aumentado el caudal de conocimientos para abordar los problemas sanitarios mundiales. También se reconoce la presencia de amenazas comunes y oportunidades en el combate a las afecciones en todo el orbe.


Ante ese panorama, la atención primaria es un elemento clave para que los habitantes de un lugar alcancen un nivel aceptable de bienestar.


Los adelantos realizados para mejorar el auxilio a los pobres y reducir las disparidades existentes en los resultados sanitarios han ido más lentos de lo deseado, sobre todo si se piensa en personas que sufren y mueran a causa de padecimientos fácilmente prevenibles o tratables.


Necesidades sin resolver seguirán presentes porque si bien la salud nunca antes había recibido tanta atención ni gozado de tanta abundancia, es evidente el rezago en infraestructuras de sanación pública.


No está de más señalar que los médicos familiares y generales poseen un papel destacado en la ecuación: en los conocimientos y experiencias de estos profesionales de la salud está un factor clave para garantizar la buena condición de un individuo a lo largo de la vida.


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