Malestares pasados por agua súbita: Respuesta sanitaria ante inundaciones
Salud

Malestares pasados por agua súbita: Respuesta sanitaria ante inundaciones

Contribuyen a la vulnerabilidad de las comunidades hechos como estar situadas en llanuras formadas por aluviones; tener edificios y cimientos no resistentes; carecer de sistemas de alarma y no crear conciencia entre la gente sobre el peligro de inundación.

Las acumulaciones de agua, provocadas por lluvias torrenciales, que derivan en inundaciones súbitas llaman a estar alertas ante posibles contingencias de corte sanitario.


Las inundaciones han demostrado con suficiencia que pueden afectar directamente tanto el bienestar físico de la población como el funcionamiento de los sistemas de salud.


En su extremo fatal llegan a causar un número inesperado de muertes. Menos graves son efectos como lesiones o algún incremento de las enfermedades transmisibles en las localidades afectadas.


En el apartado logístico, estos imprevistos de magnitud pueden rebasar la capacidad de atención de la red asistencial, más si el manto de agua afecta la infraestructura física del sector sanitario y provoca la suspensión de los servicios básicos: electricidad, agua, comunicaciones, alcantarillado, manejo de desechos sólidos y hospitalarios.


En varios casos ha ocurrido que el líquido corta las vías de acceso a los centros médicos y hasta aísla a una población impidiendo que llegue la ayuda.


Estos fenómenos causan una mayor demanda de atención médica y una remisión de pacientes desde las zonas afectadas a sitios donde los sistemas de cobertura del bienestar físico pueden carecer de recursos humanos y materiales para encarar el reto.


Relacionado con el aumento de las necesidades de salud está el desabasto de insumos médicos que puede producirse, una cuestión que posee la capacidad para dificultar la prestación de auxilio por padecimientos en el mediano plazo.


En consecuencias ya vinculadas a cuadros clínicos, las inundaciones incrementan entre sus damnificados tanto el riesgo de transmisión de enfermedades contagiosas como el de sufrir trastornos psicológicos.


PERJUICIOS


En la Organización Panamericana de la Salud etiquetan a las inundaciones súbitas como fenómenos capaces de producir muchas víctimas fatales. Son poco frecuentes, en cambio, las intervenciones del personal sanitario por lesiones graves que requieran tratamientos complejos.


Las afecciones que se contagian se ven reforzadas cuando muchos pobladores del área sumergida acaban hacinadas y a las afectaciones se agrega el deterioro de las condiciones sanitarias.


Los daños en los edificios médicos pueden ser graves pero localizados, lo que facilita la reposición de infraestructura y equipamiento.


En cuanto a los servicios elementales, se destaca el daño que causa a las líneas de abasto de agua potable. Además, no es para nada raro que estas contingencias produzcan escasez de comestibles y desplazamientos de población.


Un resultado negativo, aunque indirecto, de los desastres pasados por agua es la forma en que se altera el ambiente. La presencia de líquido en la cotidianidad puede generar un entorno cuyas condiciones estimulen los brotes de males transmisibles.


Factores que influyen en el perjuicio causado son la velocidad y el ritmo de subida del agua, la profundidad, la duración de la inundación, la frecuencia con la que se produce y la estación en la que ocurre.


Contribuyen a la vulnerabilidad de las comunidades hechos como estar situadas en llanuras formadas por aluviones; tener edificios y cimientos no resistentes; carecer de sistemas de alarma y no crear conciencia entre la gente sobre el peligro de inundación; una escasa capacidad de la tierra para absorber la lluvia ya sea por el grado de erosión del suelo o por su revestimiento de cemento.


CUADROS


El ahogamiento es la principal causa de muerte en un marco de inundación repentina. Se han observado casos de heridas mortales que se producen durante las tareas de evacuación o bien a la hora de las actividades de limpieza.


En el plano de vulneraciones a la integridad física, es común encontrarse con pequeñas laceraciones o lesiones punzantes causadas por vidrios y clavos. La gente inundada debe estar atenta a que no se produzcan choques eléctricos.


El riesgo de enfermedades transmitidas por el agua y por vectores aumenta pero, raramente se observan brotes de afecciones contagiosas.


En lo inmediato, la morbilidad y mortalidad producto de las inundaciones lentas son mínimas. Sus efectos dependen de la extensión y la profundidad, de la altura que alcance, de la zona afectada y de las condiciones sanitarias del entorno.


No es frecuente el registro de afecciones en tropel que acompañen de forma automática a las inundaciones. Lo común es que se vayan presentando padecimientos alentados por el deterioro de las capacidades sanitarias del lugar.


Luego de un desastre pasado por agua, ciertas patologías pueden presentarse con mayor frecuencia, pero eso irá en relación directa con las medidas higiénico-sanitarias disponibles.


Enfermedades respiratorias son las que generalmente se diagnostican luego del arribo de la estancada masa de agua, seguidas por los males causados por consumir alimentos y agua contaminados y los vectores. También son comunes los accidentes por ofidios.


Una afección asociada con las primeras 48 horas de súbita abundancia líquida es la enfermedad diarreica aguda; a partir de los tres días comienzan a ganar enteros las infecciones respiratorias agudas; tras la primera semana y en las dos siguientes, suelen alzarse las enfermedades diarreicas por parásitos como la amibiasis.


Las inundaciones repentinas no pueden prevenirse. Las alertas suelen producirse apenas unos minutos antes de que se instalen.


Las medidas paliativas específicas pasan por mejorar la detección de estos fenómenos, los sistemas de alerta, la educación en materia de desastres y hasta la gestión a gran escala de los asentamientos ubicados en llanuras aluviales.


La Organización Mundial de la Salud tiene identificadas algunas respuestas inapropiadas a estas contingencias. En primer lugar, recomienda no enviar vacunas ni iniciar campañas de inmunización sin antes consultar con ella.


Otras son abstenerse de mandar a las zonas afectadas ropa y calzado usados. Asegura que es más económico, práctico e higiénico adquirir esos artículos en el plano local que hacer llegar cosas usadas.


También pide no remitir refugios provisionales, como tiendas, porque el reasentamiento provisional en casas de familiares o en edificios públicos es mucho mejor que abrir campamentos de desplazados.


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