Soluciones comunitarias sin efectivo
Arquitectura

Soluciones comunitarias sin efectivo

Al Borde y su mundo material

Al Borde tiene 11 años de vida. Esta firma se estableció a 2 mil 800 metros sobre el nivel del mar en Quito, capital de Ecuador, y desde entonces se ha granjeado buenas opiniones de clientes y críticos.

Sus fundadores son Pascual Gangotena, David Barragán, Marialuisa Borja y Esteban Benavides. Los nombres propios, sin embargo, no dicen tanto como el conjunto y sus resultados. Lo de ellos cuatro es abordar el oficio arquitectónico desde la complejidad con el fin de encontrarle puntos débiles para comenzar a fincar soluciones.

El estudio ha hecho norma de la renuencia a los dogmas. La manera en que deciden conducirse es fruto de la experiencia, del conocimiento adquirido con el diario construir, con el trabajo en sitio, o, como ellos lo describen, lejos de la teoría y apegados a la realidad local.

¿Qué pretenden con sus proyectos? Potenciar el desarrollo comunitario. Para ello, elaboran trabajos con un alto componente de innovación social.

Sus soluciones híbridas, que conjugan elementos tradicionales y contemporáneos, integran energías sociales para llevar a cabo sus edificaciones.

El trabajo de Al Borde ha sido expuesto y ha obtenido distinciones en varios países alrededor del mundo. En 2012, la firma recibió el Premio de Arquitectura Schelling 2012, en Alemania, y la medalla al Reconocimiento Cultural del Ecuador. Al año siguiente le concedieron el Premio Mundial de Arquitectura Sustentable, en París. En 2014 obtuvo el Premio Internacional de Arquitectura Joven Iakov Chernikov, en Moscú, y en 2015 se llevó el Premio para Diseño del Año en el Museo de Diseño de Londres. Hace un par de años, miembros de Al Borde formaron parte del comité de nominadores para el Mies Crown Hall Americas Prize y el estudio fue incluido en la selección oficial de la Bienal de Venecia, que en esa edición hizo un llamado a “reportar desde el frente”.

Pascual Gangotena, David Barragán, Marialuisa Borja y Esteban Benavides. Foto: Al Borde

La enseñanza es otra de las facetas en las que estos proyectistas se destacan. Han acuñado propuestas como el taller Site Specific donde, junto al colectivo de arte contemporáneo No Lugar, se propusieron intervenir espacios al elevarlos a la categoría de escenarios para la experimentación creativa. El planteamiento de esta alianza es repensar los lugares creados desde la cultura, su carga histórica y la relación que los sujetos entablan con ellos, desde las perspectivas artística y arquitectónica.

También son afectos a impartir conferencias. Han llevado sus comentarios y pensamientos a puntos del globo como Panamá, México, Perú, Suecia, Brasil, Chile, India, Uruguay, Inglaterra y Grecia, entre otros.

TRABAJO SOCIAL

Entre las obras a las que clasifican como de interés público se encuentra el Comedor de Guadarnal, diseñado el año pasado y construido en 2018. La idea nació a partir de una colaboración con Infonavit, el instituto de vivienda de México, para la Conferencia Mundial de la ONU Hábitat III. El encargo consistía en darle una segunda vida, un uso social, a un pabellón de la dependencia.

Una vez concluida la planificación, los proyectistas coincidieron en que pertenecía a un lugar que atravesara un proceso de equipamiento comunitario. El estudio de arquitectura Taller General hizo la mejor propuesta en ese sentido y se dirigieron a la comunidad de Guadurnal en Ecuador. Un problema recurrente que exponían los habitantes de la localidad en los talleres participativos era que el terreno se inunda en época de lluvias, en los años más críticos el agua llegado a tener dos metros de altura. La decisión, simple de tomar, fue elevar la construcción. Esto permitió percibir a la planta baja como un sitio idóneo para usos más efímeros, que aprovechen la sombra y generen encuentros. Para acentuar el carácter lúdico del lugar se colocaron unas redes.

La obra fue del agrado de la comunidad, tanto que decidieron, con sus propios recursos, recubrir con cemento las paredes de caña y pintarla. Ante tal iniciativa solicitaron al artista urbano David Sur, miembro del equipo que daba asistencia técnica a la comunidad, hacer un mural. El también diseñador eligió usar los muros para contar la historia de la obra de principio a fin.

Comedor de Guadurnal. Foto: JAG studio

En la firma tienen claro que para resolver los problemas hay que actuar de forma directa, sin intermediarios. El enfoque seleccionado por estos profesionales consiste en resolver necesidades con los recursos a disposición.

Ejemplo de ello es la escuela Nueva Esperanza, situada en la ecuatoriana comunidad Cabuyal. En esta edificación involucraron a la gente de este pueblo pesquero y utilizaron materiales propios de la zona.

La meta era clara: contribuir al progreso de la población a partir del enriquecimiento personal estableciendo un espacio en el que tengan lugar la educación, el ocio, el juego y la convivencia.

Emplearon materiales de dimensiones variables, se usaron herramientas de la pesca o de la agricultura. Parte del reto implicó distribuir las tareas a las manos apropiadas, ya que los pobladores son hábiles y fuertes, pero su sentido de la exactitud no era el mismo que, por ejemplo, el de los voluntarios citadinos que se sumaron a los trabajos ejecutados en un terreno de límites difusos. A esto hay que agregar que la obra careció de levantamientos topográficos.

Los proyectistas consideran que la escuela Nueva Esperanza constituye un aporte significativo en cuanto a visión, técnica y significado de la arquitectura en sí ya que, además de la conjunción de la firma con la comunidad, la prioridad no fue el presupuesto sino resolver una necesidad.

¿Qué consiguieron con este espacio? Un lugar amplio, una estructura que transmite un ambiente fresco, una escuela en forma de barco ideal para echar a volar la imaginación y descubrir nuevos mundos.

COLABORACIONES

En otra de sus facetas, Al Borde arma instalaciones. Una de ellas, Recursos oscuros, es una crítica al dinero como regla para medir las cosas de este mundo, toda vez que “Hay cosas que escapan a esta medida”. Su convencimiento es una consecuencia de su labor constructiva: “Al mirar el presupuesto de nuestros proyectos y el resultado construido, la ecuación parece desbalanceada”.

El título hace referencia a la materia y a la energía oscura, las dos cosas que más existen en el universo y de las que se ignora casi todo.

Escuela Nueva Esperanza. Foto: Al Borde

Los recursos oscuros de estos proyectistas, en cambio, son medios disponibles que resuelven problemas y que son extraídos de fuentes no convencionales, o bien un ejercicio arquitectónico que escapa a las lógicas del mercado o algo como materiales que un buen número de veces resultan más fáciles de conseguir que el dinero.

En esta instalación desglosan a detalle los presupuestos manejados en ocho proyectos en los que Al Borde colaboró.

Practicar el arte de los materiales les ha enseñado que el costo de un proyecto no está directamente ligado a la calidad. Por tanto, concluyen, se debe replantear la práctica global de la arquitectura.

Según el curador guatemalteco, Pablo Ramírez, en este equipo intentan ser consecuentes con la dimensión humana del espacio desde recursos mínimos, no como apología de la precariedad sino como recurso estétito y político.

El también crítico destaca que entre los objetivos de este grupo se encuentren contribuir a generar intercambios comunitarios y cuestionar la idea de una arquitectura normada por la disciplina y conducida por el capital.

El arquitecto belga Wonne ICKX, fundador del despacho Productora, ha comentado que en Al Borde trabajan con proyectos de bajo presupuesto donde la materialidad y funcionalidad ganan significado. En su marco de trabajo, indicó, los problemas llegan a ser considerados parte de la solución.

Otro punto fuerte de esta firma es que no se niega a la exploración que da lugar a colaboraciones interdisciplinarias junto a músicos, teatreros, diseñadores, publicistas y demás.

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