Norsemen: poesía vikinga
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Norsemen: poesía vikinga

Tan brutales como cándidos

En el catálogo de Netflix hay joyas que pasan desapercibidas ya sea porque no las protagonizan actores conocidos por estos lares, o porque no hay una cadena norteamericana que las respalde, o porque son producidas en países como India, Brasil o Noruega.

Justo de tierras nórdicas llegó Norsemen, una serie que obsequia al espectador momentos impagables.

¿Qué será lo más destacado de esta historia una vez que desembarca en la pantalla? En ella hay poesía, diálogos soberbios, una brutalidad tan simple como encantadora, traiciones, sodomía... Sin embargo, todo puede resumirse en una sola cualidad: su comicidad.

Estos vikingos del año 790, cuyos viajes de negocios consisten en saquear poblados y perpetrar violaciones, se debaten entre sus usos y costumbres y el empuje de nuevos tiempos, las novedades de la moda, los cambios en las mentalidades, la influencia del extranjero. A las disputas de poder entre jefes y clanes hay que agregar las luchas feministas, la resistencia de los campesinos, la inconformidad de algún esclavo.

Son tiempos simples sin duda, pero igual se necesita un liderazgo enérgico, así lo entiende Olav, jefe de Norheim. En su defensa puede decirse que antes de emplear la violencia, y la utiliza con la precisión de un carnicero, agota la vía del diálogo, salvo que considere que le han faltado al respeto. En esos casos primero dicta sentencia. Por ejemplo, si alguien le roba, antes que otra cosa somete al ladrón, le corta la oreja con su propia mano, se acerca la aurícula a la boca y comienza a hacer pruebas de sonido: “¿Me escuchas?”.

Olav tiene un brazo derecho robusto, tan fuerte como cándido, llamado Arvid. Su gran corazón es equilibrado con sus problemas de aprendizaje. Posee reflejos de batalla, la fuerza para partir en dos al rival y un sentido común que invierte los lugares comunes de los estrategas, piensa que a los amigos hay que tenerlos cerca y a los enemigos muy, muy lejos.



Foto: Netflix

Otro personaje destacado es Orm, hermano de Olav, que ama la poesía; vive orgulloso de su mentalidad abierta, dispuesta a experimentar cosas que no son bien vistas en la comunidad siempre que tengan forma de orgías o dildos. Orm sería el nuevo jefe de Norheim si a su consanguíneo le ocurriera una desgracia como fallecer asesinado y con el corazón expuesto a consecuencia de una emboscada perpetrada mientras hacía uso del “tronco para evacuar”.

La esposa de Orm, Froya, es una vikinga en toda regla. Acompaña a los varones en las incursiones, participa de la rapiña y las violaciones. En el primer episodio nos enteramos de que hizo cosas con unos monjes que su marido desaprueba por completo.


PRINCIPIO

Norsemen comienza en dos lugares: la aldea de Norheim y el mar. A bordo del barco, Olav comparte con Arvid sus dudas acerca de lo que es un liderazgo efectivo, mientras que Arvid le revela al jefe y amigo sus cuitas a propósito del sentido de la existencia. Mientras tanto, en el hogar hay hambre. El encargado temporal, Orm, toma la decisión de enviar a los viejos del pueblo a practicar el aettestup, que consiste en precipitarse con honor hacia la propia muerte para evitar a las familias la pena de tener que mantenerlos.

Hildur, esposa de Olav, cuestiona al jefe provisional por deshacerse de los viejos en lugar de sacrificar algunos esclavos. Entonces se enfrascan en una discusión que de un momento a otro salta de la filosofía a la teología, del pragmatismo político a la amenaza concreta. La polémica se zanja con la iniciativa de Hildur, convertida en decreto por Orm, de acabar con algunos subhumanos para pedir a Odin que les conceda la vuelta de los viajeros.



Foto: Netflix

Uno de los esclavos destinados a probar el acero, de nombre Kark, elige como sus últimas palabras preguntarle a Hildur si acaso con las dos decapitaciones que ya efectuó no será suficiente para contentar a los dioses. La primera dama de Norheim felicita al subhumano por involucrarse en el proceso y, para calmar su curiosidad, le explica que si bien el sacrificio ritual no es una ciencia exacta, en ese caso está muy segura de que dará resultado.

Sin embargo, antes de que caiga el hacha se comprueba que, en ese caso, dos subhumanos bastaban. Se anuncia el arribo de la embarcación y comienza la fiesta, una a la que Orm no está invitado, pero sí su mujer. El díscolo hermano, sin embargo, no les pone fácil la tarea de excluirlo. Olav, fiel a su costumbre, recurre a la vía del diálogo para hacerlo entender. Las objeciones de su consanguíneo lo obligan a echar mano de varios recursos verbales, el que triunfa es apelar a una frase típica de esas reuniones. Dice algo como: <<¿Qué tal que uno de los convidados dice “Uno, dos, tres en la frente, que nadie salga, que nadie entre”?>>. Orm sigue sin dar su brazo a torcer, alega que es sólo una frase como tantas. La réplica del jefe es terminante: “Si no la seguimos al pie de la letra, la rima perdería su magia”.


VILLANO

Se han emitido dos temporadas de Norsemen, suma 12 capítulos en total. La extensión de cada episodio, media hora, es otro punto a su favor en estos tiempos de prisas y productos audiovisuales que parecen eternos y no dicen mucho.

Si bien en la segunda temporada decae un poco, logra mantenerse hasta el final como un producto de calidad y gana puntos por las sorpresas que nos depara. La historia está repartida de modo que a veces se sostiene a partir de Olav, otras veces la responsabilidad recae en Arvid y, conforme avanza la trama, va ganando presencia el villano que se incorpora: Jarl Varg.



Foto: Netflix

Varg es un malvado conde al que Norheim paga vasallaje en el entendido de que es el jefe más poderoso de la región. La primera vez que lo vemos, juega al Operando con un esclavo. Un desacuerdo con Arvid sobre la posesión de un mapa que conduce al oeste deriva en combate singular. El resultado deja al malvado con sus dos manos en el suelo mientras él sigue de pie. Las ansias de venganza del vencido conde nos llevarán a conocer su lado más cruel y despiadado. Cabe mencionar que los movimientos de cuello y los saltitos de nene de Varg están entre los más perversos en la historia de la televisión.


POESÍA

En Norsemen hay poesía, la hay no sólo porque a Orm le gusta recitar poemas sino por una vía que recuerda a la descripción del arte poético acuñada por el filósofo francés Claude Lévi-Strauss. El también antropólogo situaba a la poesía “entre dos fórmulas: la de la integración lingüistica y la de la desintegración semántica”.

Pues bien, esta serie nos provoca sonrisas y risas con su forma de integrar un discurso audiovisual en el que todo parece estar en su sitio (integrado) salvo los gestos y las cosas que los personajes hacen casi todo el tiempo. Es como si los vikingos del año 790 fueran personas de otro tiempo, uno más cercano y concebible. Quizá sea que en sus cuitas y polémicas, en sus decisiones y turbulencias, es posible reconocer bondades y problemas que han acompañado a la humanidad desde tiempos inmemoriales: la migración, sin ir más lejos.

Uno de los chistes menos efectivos, que se repite en dos momentos muy cercanos de la historia, retoma una frase que ha perdido buena parte de su gracia en los últimos años.
El primero en decirlo es Orm, depuesto y recobrado líder. Al anunciar su segundo ascenso al poder promete hacer grande a Norheim otra vez. Sus gobernados confían tanto en él que ese mismo día, por la noche, lo drogan y abandonan el pueblo en busca de un mejor lugar.

Cuando considera que sus problemas con Norheim están finiquitados, Jarl Varg hace una promesa similar. No hay aplausos de la gente, pero al tirano esto no le hace falta. La melodía de sus propias palabras, de las atrocidades por cometer, es suficiente alimento.


CONTACTO: @ivanhazbiz

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