Edificios con parásitos: Experiencias en Nueva York, Londres y Ciudad de México
Arquitectura

Edificios con parásitos: Experiencias en Nueva York, Londres y Ciudad de México

La idea es apoyar a personas que viven en la calle o con dificultades para hallar alojamiento debido a cuestiones económicas, por ejemplo. El concepto se basa en diseñar y construir estructuras fuera, encima, incluso debajo de los inmuebles, pero sin que formen parte del mismo.

Un parásito, en términos biológicos, es un organismo que vive a expensas de otro y se acomoda en él obteniendo abrigo y alimento. Causa perjuicio a su anfitrión, pero sin llegar a matarlo. Esa descripción, que uno no quisiera ver aplicada a uno mismo, inspiró un fenómeno arquitectónico que, en lugar de malestares, puede arrojar beneficios significativos.


El arte de los materiales hizo su propia interpretación de la dinámica de esos organismos para producir diseños pequeños, como parásitos, que se unen a grandes edificios, sus “víctimas”. Se llega a ellos mediante accesos independientes, pues uno de los puntos es que los habitantes de esos anexos no generen molestias a los habitantes de la edificación.


Los orígenes de esta forma modular de abrir espacios se remontan a la década de los treinta del siglo pasado. En ese entonces, Charlie de Beistegui, millonario francés de origen vasco-mexicano, contrató los servicios de Le Corbusier, considerado el padre de la arquitectura moderna, para construir un apartamento en el ático del inmueble 136 de la avenida de los Campos Elíseos de París. La obra, concebida como un lugar lúdico, sorprendía a los visitantes con peculiaridades como su sistema de jardín abierto o cerrado, los apéndices que permitían diversas perspectivas y recorridos quebrados.


Hoy día, esta forma de construcción representa la oportunidad de crear estructuras flexibles que se sujeten a la infraestructura disponible, también se puede ver como una solución al problema de densidad estructural de las ciudades y a la necesidad de establecer refugios temporales. Hay ejemplos de esta arquitectura hechos con fines de crítica social.


Que este tipo de proyectos haya comenzado a llamar la atención se debe a la necesidad de dar solución a cuestiones como los excesos de población, los arrendamientos elevados, la escasa posibilidad que muchos citadinos tienen de hacerse de un hogar en las megalópolis.


VENTAJAS


Los 'módulos', también conocidos como “panales parasitarios”, se han constituido en una opción a considerar para gobiernos y empresas constructoras de distintos países. Aportan beneficios en lo económico, para los anfitriones, y en lo poblacional, para que la gente puede poner un techo, así sea temporal, sobre su cabeza. La ligereza es un aspecto primordial a la hora de diseñar estos espacios dado el riesgo inherente a colgar o encimar módulos en un inmueble.


La ciudad de Nueva York es uno de los principales escaparates de este tipo de planteamientos. Se ha convertido en parte de la cotidianidad la convivencia con estos organismos sujetos a edificaciones regulares.


Impulsor de esta concepción es Framlab, un estudio con oficinas en Oslo, Noruega, y en la Gran Manzana. En su portal se describe como una firma llena de tecnología y optimismo dedicada a crear objetos y espacios para un futuro mejor.


Una de sus líneas de acción pugna por concebir refugios dignos para los desposeídos. La justificación se basa en datos duros; el número de personas que carecen de vivienda en la ciudad ha alcanzado niveles no vistos desde la Gran Depresión, crisis económica iniciada en 1929 y que se alargó a la década de los treinta.


El entorno, con la ola de urbanización más alta de la historia y elevadas tasas de densidad poblacional, no hace sino confirmar la necesidad de hacer algo. En Nueva York, la tierra es escasa y las rentas cuestan cantidades muy grandes.


Más y más personas son incapaces de permitirse un lugar para vivir y caen en la categoría de los sintecho”, explican en Framlab.


En la organización Coalición por los Sintecho estiman que más de 61 mil individuos duermen en los refugios dispuestos por la ciudad, y que miles más pasan la noche en las calles, en el subterráneo y en otros espacios públicos.


<em>Homed</em> es una propuesta de Framlab que busca capitalizar la verticalidad de Nueva York. Pretende, al amparo de un marco regulatorio flexible que ya existe en la ciudad, montar andamios con módulos habitables, hechos de aluminio y con interiores de madera. Cada cápsula posee forma hexagonal y puede instalarse en “muros vacíos”. En grupos, estos espacios son como microvecindarios suspendidos.


VIEJO CONTINENTE


El británico James Furzer es otro que trabaja con parásitos arquitectónicos en la mente. Su concepción es la de unas cabinas modulares. Lanzó una campaña de recaudación de fondos para financiar su proyecto <em>Homes for the homeless</em>, (Hogares para los Sintecho). El objetivo es apoyar a cerca de 6 mil 500 personas que duermen en las calles de Londres. Para emprender esta labor, Furzer se propuso reunir 15 mil libras esterlinas (más de 370 mil pesos al tipo de cambio actual).


Sus módulos son cápsulas livianas que pueden sujetarse los inmuebles y cuya cubierta proviene de materiales reciclados. Para entrar en ellos se usan escaleras colgantes.


Cualquiera puede convertirse en un sintecho, es un problema que perjudica a los individuos, que daña a las comunidades y que en muchos casos puede ser prevenido, tal es la postura del arquitecto británico. Señala que la falta de vivienda puede incrementar las opciones de que una persona utilice drogas o experimente problemas de salud o mentales. En promedio, remata, los sin hogar mueren a los 47 años de edad y son hasta 35 veces más propensos a cometer suicidio que un citadino promedio.


Para Furzer, es tiempo de cambiar la forma en que se trata a la gente sin hogar, y conducirse con respeto hacia su humanidad.


La intención del proyectista es trabajar de cerca con organizaciones dedicadas a la caridad, de manera que pueda donarse una estructura o un grupo de ellas a un área específica.


James Furzer comprende que su diseño parasitario no erradicará el problema de los sintecho en territorio londinense, sin embargo, cree que es un paso en la dirección correcta. Su cabina para refugiar a quienes carecen de un lugar ganó el premio de diseño Fakro-Espacio para nuevas visiones.


MÉXICO


En nuestro país no son desconocidas las obras que se inscriben en esta categoría. Referente en el campo es un trabajo del artista Héctor Zamora, que se valió de sus conocimientos arquitectónicos para elaborar una propuesta que se nutrió de un edificio ajeno y de vacíos legales.


En 2004, sobre la fachada del Museo Carrillo Gil de la Ciudad de México, edificó <em>Paracaidista, av. Revolución 1608bis</em>, obra que fue creciendo de forma gradual hasta constituirse en una construcción que rodea la edificación original. Otra forma de ponerlo es que hizo un espacio privado alrededor de un espacio público.


Al principio, Zamora quería criticar la inestabilidad de las instituciones culturales del país. Consiguió generar un debate porque su “apartamento” no estaba dentro del museo, por tanto era limitado lo que el centro cultural podía hacer al respecto, y como la estructura estaba en un sitio público, pero no llegaba al suelo, las regulaciones no le afectaban en demasía. El artista vivió varias meses en su obra y llegó a referirse a ella como un tumor.


El desarrollo modular de espacios capaces de adaptarse al entorno construido sin afectar la estabilidad de la infraestructura existente se presenta como una solución fácil de implementar y de bajo costo a una cuestión que afecta a miles de personas en las grandes ciudades. La opción parasitaria, además, permitiría ampliar y rejuvenecer la arquitectura de una urbe. En el plano artístico, bien puede ser entendida como una forma de explorar edificaciones existentes o áreas en desuso; en el social, es una solución vertical al problema de tenderse en horizontal, a cielo abierto, en una noche de mal clima.

Comentarios