El nuevo presidente
Opinión

El nuevo presidente

Jaque Mate

Después de dos intentos fallidos, de una campaña ininterrumpida de 12 años y de un larguísimo período de transición de cinco meses, ha llegado por fin el momento. Andrés Manuel López Obrador asume este primero de diciembre como presidente constitucional de los Estados Unidos Mexicanos.

Llega al cargo luego de haber manejado ya la política nacional durante meses y de haber tomado decisiones pese a no ocupar todavía la Presidencia, en buena medida a través de su control de las dos cámaras del Congreso.

López Obrador no ha pecado de modestia. En repetidas ocasiones ha asegurado que su gobierno representará una cuarta transformación del país. Dice que acabará con la inseguridad y la violencia, que han sido dos de los principales fracasos de los gobiernos de Enrique Peña Nieto y de Felipe Calderón, aunque no queda claro cómo lo hará. Afirma también que todos los gobiernos del “período neoliberal” han sido irremediablemente corruptos y que él no solo reducirá sino que eliminará la corrupción. ¿Cómo lo hará? A través del ejemplo. Cuando un presidente es honesto, dice, todo el resto del equipo se vuelve honesto. “Las escaleras se barren de arriba para abajo”, ha afirmado.

El nuevo presidente ha prometido aumentar el gasto social y la inversión pública, como tantos otros gobiernos de izquierda, pero sin elevar los impuestos ni el déficit de presupuesto. Esta promesa mantuvo a los inversionistas financieros tranquilos. Ni la Bolsa Mexicana ni el peso fueron afectados por el triunfo de un López Obrador que en campaña se percibía como más moderado que el candidato de 2006 o de 2012. Los golpes a los mercados financieros nacionales provenían de Washington, donde un presidente populista, Donald Trump, hacía declaraciones a diestra y siniestra contra el libre comercio y contra México.

Sin embargo, en los últimos meses las cosas han cambiado. Tanto López Obrador como Morena han cometido errores garrafales. La cancelación del aeropuerto de Texcoco, con un avance de un 30 por ciento, fue el primero y mandó una señal de alerta a los inversionistas, que provocaron caídas en los mercados bursátiles y una depreciación del peso. A esto hay que añadir dos iniciativas de los legisladores de Morena, una para confiscar las reservas internacionales del Banco de México para financiar gasto corriente y otra para prohibir el cobro de comisiones de los bancos. Estas medidas provocaron importantes desplomes de los mercados y obligaron al equipo de Hacienda del presidente electo a salir al paso y echarlas para atrás. López Obrador no quería empezar su sexenio con una crisis financiera, no obstante, la falta de conocimientos básicos financieros de los legisladores de Morena quedó en evidencia.

Ningún presidente debe ser juzgado antes de empezar su periodo. Gobernar un país como México es muy complicado. El tabasqueño llega con un mandato muy claro de los electores, que le dieron una mayoría de 53 por ciento y el control del Congreso de la Unión. El nuevo mandatario no tendrá las limitaciones de los últimos presidentes, que tuvieron que negociar cada iniciativa con la oposición. Podrá gobernar con poderes que nadie ha tenido desde los tiempos del viejo PRI. Esto le da una oportunidad magnífica de transformar al país; también representa riesgos enormes porque cada error puede multiplicarse.


Twitter: @SergioSarmiento

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