Regalo navideño de Sor Juana
Nuestro mundo

Regalo navideño de Sor Juana

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El villancico era un cántico popular usado mucho en las fiestas religiosas en tiempos de Sor Juana. Como canción villana nació en España en el siglo XV, es decir, apareció entre los pobladores de las villas, pero acabó siendo casi sólo de la feligresía católica. Así fue exportado a Nueva España.

Ya en el siglo XVII, Sor Juana, religiosa, poeta y amante de lo popular, compuso villancicos para diversas festividades religiosas, entre ellos un conjunto de ocho –le llamaban suite– que fueron cantados en la Navidad de 1689, hace casi 330 años, en la catedral de Puebla.

En el primer villancico de la suite, la Décima Musa presenta al niño de pecho –así se llamaban en mis tiempos los ahora nombrados bebés–, como ella dice, humanado, es decir, tan humano como todos los racionales productos de lo que también ella llama la esfera, el planeta:

Por celebrar del infante / el temporal nacimiento / los cuatro elementos vienen / agua, tierra y aire y fuego. // Con razón, pues se compone / la humanidad de su cuerpo / de agua, fuego, tierra y aire / limpia, puro, frágil, fresco.

En la ingenuidad del segundo villancico tintinea una curiosidad lingüística. Se percibe en los siguientes versos del estribillo: Al niño divino que llora en Belén / ¡dejen-lé / pues llorando mi mal, consigo mi bien! / ¡Dejen-lé / que a lo criollito yo le cantaré! / ¡Le, le / que le, le, le!

Parece que La Americana Fénix, cuando escribe “a lo criollito yo le cantaré” quiere significar que el villancico tiene el estilo del habla criolla, el uso de los pobladores de la Nueva España cuya norma lingüística incluiría como característica el empleo frecuente del enclítico le. (Orale, ándale, apúrale).

En el tercer villancico el ingenio de Sor Juana echa chispas con juegos verbales. Como el alcalde de Belén llena el pueblo de faroles la noche en que Jesús va a nacer: Con farol encendido iba un ciego / diciendo con gracia / ¿dónde está la Palabra nacida / que no veo palabra?

Luego del juego donde el ciego que lleva farol encendido no ve ni jota, la gracia de Sor Juana nos propone otro con un poeta. Era fama que los poetas nunca tenían dinero: Un poeta salió sin linterna / por no tener blanca / que aunque puede salir a encenderla / no sale a pagarla.

En el villancico cuarto, el niño nace para favorecer a los necesitados; los primeros de ellos son los habitantes de la Biblia. En el quinto, como en un adagio o en un andante de música grande, la atmósfera es de tristeza y piedad por Jesús. Leamos las primeras tres estrofas:

Pues mi Dios ha nacido a penar / déjenle velar. // Pues está desvelado por mí / déjenle dormir. // Déjenle velar / que no hay pena en quien ama / como no penar. // Déjenle dormir / que quien duerme, en el sueño / se ensaya a morir.

En el villancico seis, Sor Juana pinta un retrato del niño con colores de joyas y metales preciosos y allí aparece otra curiosidad lingüística. La Americana Fénix emplea uscedes, por ustedes. Nuestra ustedes, según puede verse en sus comedias y autos, recibe diversas formas cuando la usan los personajes graciosos.

En el séptimo villancico: A alegrar a mi niño / van hoy las almas / con razón pues en ellas / están sus gracias. En una relación de espejo se intercambian dones: el niño-dios recibe las gracias de que ha dotado a las almas, “pues en ellas / están sus gracias”.

En el último villancico de la suite, bilingüe español y latín, dos sacristanes disputan cuestiones teológicas a partir de las afirmaciones de si el niño es Verbum Caro o Tantum Ergo. La representación con varias voces ha de haber resaltado la gracia de la autora.

Conviene leer los villancicos completos para apreciar el ingenio humorístico de Sor Juana, así como su habilidad para captar la gracia del habla popular y la ingenuidad de ambos, pueblo y Musa.

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