A pesar de...
Opinión

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Miscelánea

¿Amas la vida? Pues si amas la vida no malgastes el tiempo porque el tiempo es el bien del que está hecha la vida.

Benjamín Franklin

A pesar de: deambular por la vida como elefante en cristalería, en mi cuenta del 2018 no aparecen adeudos. Se puede decir que esta vez, el año que termina no me trató como a su entenada. A pesar de: que la salud comienza a rechinar, es salud al fin.

Los acelerados cambios del mundo y especialmente del país, mantienen mi curiosidad y mi atención más vivas que nunca y debido a los años que llevo a cuestas, estoy recuperando la infancia. A pesar de: que cada año que termina estoy más cerca del último que viviré; en la medida que mi camino se acorta la luz es más luz y no me doy por vencida en el empeño de desvelar el complejo enigma del amor.

He decidido actualizar mi oración matutina y ahora en lugar de repetir aquello de “no me dejes caer en tentación” le pido al Señor que me ofrezca tentaciones nuevas y me permita caer en ellas con gozo y sin culpa. A pesar de: la inquietud que me provoca, el mar me sigue enamorando y sólo lamento que mi esqueleto ya no esté dispuesto al ímpetu de sus revolcones.

A pesar de: una enorme distancia generacional, los niños de mis niños, eventualmente abandonan el espacio zombie en el que habitan, para arrastrarme por el mundo; eso sí, con mucho menos miramiento del que yo tuve con ellos alguna vez, ¡Ni modo! algo es algo.

A pesar de que: en esta capital donde habito, la tierra se mueve a su capricho, todavía no ha conseguido derrumbarme; aunque no sucede lo mismo con los temblores que está provocando en mi ánimo la Cuarta Transformación con que nuestro máximo líder -se recansa-ganso- nos va llevando a donde diga su dedito. A pesar de que: dadas las circunstancias de nuestro país un cambio resultaría saludable, mi confianza siempre flaquea y me siento burlada cuando Dedito insiste en que su pueblo decide. Me daría mas seguridad que el ciudadano a quien hemos otorgado el poder -asesorado desde luego por expertos- se responsabilice de sus decisiones.

Me preocupa terminar el año sintiéndome amenazada por la Ley de Murphy que advierte: “cuando las cosas van mal aún pueden empeorar”. Pero como es de mal agüero estrenarlo con pensamientos negativos, me obligo a imaginar que el 2019 llegará con sorpresas afortunadas: por ejemplo, un niño que como en el viejo cuento, se atreva a gritar: “Con todo respeto: Señor emperador ¿ya se dio usted cuenta de que va desnudo?” Desde luego tampoco descarto la posibilidad de besos que hagan estallar mi pulso, noches musicales y conversación chispeante.

Amaneceres en Zazil Ha, libros de esos que uno no quiere separarse y tardes de vino y risas en los aquelarres de mi club de Brujas, atascándonos todas de chocolates que no engorden. A pesar de la repetida experiencia de olvidar mis buenos propósitos antes de que las jacarandas anuncien la primavera, me dispongo a recibir el año con las puertas del corazón de par; y para no perder el paso que imponen al mundo las grandes migraciones que estamos viviendo, me propongo emprender “el único viaje verdadero, el único baño de juventud que no consiste en ver nuevos paisajes sino en ver con otros ojos; con los ojos del otro, de cien otros, de ver los cien universos que cada uno de ellos ve, que cada uno de ellos es…” (Le Prisonniere de Marcel Proust).

Y por último, vaya un cálido abrazo de esta atribulada escribidora para los solos y los tristes de este mundo. ¡Aplíquense!, sean sonrientes, platicadores, amables. Decídanse a acompañar, a besar, a bailar y les aseguro que comenzarán el 2019 muy bien acompañados. Vaya otro abrazo, el más especial, para el pacientísimo lector que me ha acompañado en este viaje a través del 2018 que ya está dando patadas de ahogado.

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