Las entrañas del salario mínimo en México
Finanzas

Las entrañas del salario mínimo en México

De lo social a lo económico

El pasado miércoles 26 de diciembre, la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (CONASAMI) publicó en el Diario Oficial de la Federación el nuevo salario mínimo para este año, donde en la mayor parte del país pasó de 88.36 a 102.68 pesos diarios, es decir, el indicador tuvo un incremento del 16.20%.

Por otro lado, en la Frontera Norte del país pasó de los mismos 88.36 a 176.72 pesos diarios, un aumento del 100%. Esta actualización elevó el ingreso mínimo del trabajador a 5 mil 372.28 pesos mensuales en la frontera y a 3 mil 121.47 pesos mensuales en el resto del país. Cifras que, según el gobierno federal, inician una nueva etapa en la política salarial del país.

ASPECTOS SOCIALES

Probablemente estos montos no dicen mucho por sí solos, para analizar su alcance es necesario compararlos con el costo de vida. En ese contexto, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) es el encargado de revisar la evolución del poder adquisitivo del ingreso laboral, con la finalidad de evaluar el combate a la pobreza. Uno de sus indicadores más útiles para ese propósito es la Línea de Pobreza por Ingresos, el cual cuantifica monetariamente el costo de una canasta básica de bienes y servicios.

En ese sentido, lo ideal sería que la política de salarios mínimos alcance a cubrir al menos esa línea de pobreza, es decir, que el ingreso mínimo del trabajador sea capaz de adquirir lo mínimamente necesario para subsistir en el país.

Según datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social y del Servicio de Administración Tributaria (SAT), al inicio del sexenio de Ernesto Zedillo, en enero de 1995, el costo de la canasta básica de bienes y servicios era de 452.04 pesos, mientras que el salario mínimo mensual era 490.20, es decir, el ingreso mínimo del trabajador cubría el 108% de la línea de pobreza por ingresos.

Canasta básica. Foto: elbuencampo.com

Al comienzo del gobierno de Vicente Fox, en enero de 2001, el costo de la canasta básica alimentaria y no alimentaria era de mil 367.24 pesos, mientras que el salario mínimo mensual era de tan solo mil 210.50. Un trabajador que ganara el ingreso mínimo solo alcanzaba a cubrir el 88% de lo mínimamente necesario para subsistir.

Esa tendencia continuó a la baja durante los siguientes gobiernos, al inicio del sexenio de Felipe Calderón Hinojosa, en enero de 2007, el costo de esa misma canasta básica era de mil 823.01, y el salario mínimo mensual de apenas mil 517.10, tan solo el 83%. Así mismo, al comienzo de la administración de Enrique Peña Nieto, en enero de 2013, el costo de la canasta básica de bienes y servicios era de 2 mil 389.80, y el salario mínimo mensual de mil 942.80. El ingreso mínimo del trabajador ya solo cubría el 81%. En pocas palabras, el empleado con ingreso mínimo se estaba empobreciendo con el paso del tiempo.

Un análisis similar debió de haber sido realizado por el actual gobierno, ya que la cifra de los 3 mil 121.47 pesos mensuales de salario mínimo para el trabajador coincide con los 3,089.36 pesos que costaba la canasta básica alimentaria y no alimentaria el pasado mes de diciembre de 2018. Es decir, el ingreso mínimo del trabajador cubrirá aproximadamente el 100% de la línea de pobreza por ingresos al inicio del sexenio de Andrés Manuel López Obrador, cifra que sin duda ayudará a alcanzar el principal objetivo de política económica del nuevo gobierno: una mejor calidad de vida, sobre todo para aquellos trabajadores no especializados que perciben este salario.

ASPECTO ECONÓMICOS

Por otro lado, la teoría económica tradicional nos muestra como una política de salarios mínimos no hace otra cosa más que distorsionar al mercado de trabajo y, en el peor de los casos, comenzar un proceso inflacionario que podría no tener fin.

Proporción de salarios en México en el 2108. Foto: Roy Camardo

Suponiendo un incremento sistemático del 16% en el salario mínimo cada año, eventualmente comenzaría a presionar hacia la alza los demás salarios, ya que conforme el salario mínimo aumente, alcanzaría a los salarios actuales de algunos oficios y hasta profesiones, es decir, el impacto en los costos de operación de las empresas comenzaría a magnificarse. En ese contexto es cuando la política de salarios mínimos se torna peligrosa, porque las empresas intensivas en mano de obra comenzarían a incrementar los precios de sus productos para cubrir el mayor costo del trabajo y, aunque los trabajadores tengan una mejora salariar, esta se vería diluida por el incremento en los precios de toda la economía.

Adicionalmente, conforme el factor trabajo se encarezca para el proceso productivo, las empresas comenzarían a intercambiarlo por capital, es decir, tecnología, maquinaria y equipo, generando (subsecuentemente) desempleo, situación que es determinante para el comienzo de una crisis económica, la cual históricamente afecta en mayor medida a las personas de bajos ingresos, terminando por perjudicar significativamente a aquellas que la política salarial buscaba ayudar en un inicio.

ATRACCIÓN DE INVERSIÓN: LA CLAVE

La mejora salarial, que se traduce en un mejor nivel de vida para las personas, no debe ser promovida primordialmente por una ley salarial, sino más a través de competencia económica. Por ejemplo, al atraer nuevas y diversas inversiones productivas que requieran de mano de obra para su proceso productivo, aumentará subsecuentemente la demanda de trabajo hasta originar que ese factor de la producción comience a ser escaso, y, así como suben los precios en el supermercado cuando por condiciones climáticas se pierden grandes cosechas de alguna fruta o verdura, el precio del trabajo, en este caso el sueldo, comenzará a aumentar.

El presidente López Obrador habla sobre el aumento del salario mínimo. Foto: Twitter/gob.mx

Es decir, la única forma saludable de incrementar los salarios en una economía es atrayendo inversiones productivas que abran tantos puestos de trabajo que, eventualmente, originen escasez de mano de obra y el salario comience a aumentar, ya que cada una de las empresas querrá atraer trabajadores a sus puestos y evitar que sean contratados por alguien más, con mayor paga y mejores prestaciones laborales.

La renovación de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos, así como la nueva etapa en la política salarial del país, encuentran sustento en los indicadores del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, ya que, desde el inicio del sexenio de Ernesto Zedillo, el ingreso mínimo del trabajador no cubría al menos el 100% del costo de la canasta básica alimentaria y no alimentaria, es decir, lo mínimo necesario para subsistir. Sin embargo, esta nueva política salarial no debe ser la regla durante el nuevo gobierno, sino más bien la excepción ante las condiciones en que recibe al país. Problemas como inflación y desempleo pueden ser causados por un sistemático incremento en el salario mínimo que, eventualmente, provocarían una crisis económica que afectaría a todos los agentes dentro de la economía.

Por ello, la atracción de inversiones productivas que generen nuevos y mejores puestos de trabajo debe ser la regla de la política salarial, es decir, fomentar la creación de numerosos empleos que demanden tanto trabajo, que los salarios y las prestaciones comiencen a mejorar como atractivo para que los trabajadores prefieran contratarse en un puesto laboral y no en otro, mejorando así la calidad de vida de todos los empleados.

Comentarios