¿Quién es el pueblo?
Opinión

¿Quién es el pueblo?

Miscelánea

¡Ojo con aquellos que dicen representar el pensamiento y las opiniones del pueblo!
Al siguiente paso se le suele llamar dictadura.

Ibsen


Nada me asusta más que quienes hablan en nombre de Dios o en nombre del pueblo, porque hasta dónde yo sé, nadie ha hablado con Dios y lo que llaman pueblo, sin nombre y sin cara, es sólo una masa amasada y manipulada que lo mismo sirve para una cosa que para la contraria.

Masa acarreada que cada sexenio llena el zócalo para vitorear al ganador y abuchear al perdedor. Masa que entre más grande es más ciega. Masa que se deja llevar por el placer de escuchar injurias, calumnias y burlas. Masa que bloquea carreteras, alcanza el delirio total en un partido de futbol, muere aplastada en una estampida o aparece hecha esqueleto en los entierritos que se descubren todos los días.

Nadie sabe quienes son, nadie sabe dar razón. Pueblo vemos, caras y nombres no sabemos. Mientras más grande es la masa más ciego su corazón. Ahora que con tanta insistencia oigo mencionar al pueblo a líderes que ofrecen tan poca garantía, recuerdo aquél drama que en 1882 escribió Ibsen, un enemigo del pueblo; en el que dice algo así como: ser demócrata no consiste en llenarse la boca con la palabra pueblo a cada paso, porque, tras ese paraguas benéfico tan repleto de demagogias incendiarias, no siempre se tiene razón.

A esas masas sin nombre a las que llaman pueblo, las mueven líderes de intereses solapados y engañosos que con el manoseo populista se hacen con el poder. Pensando en eso me vienen rápidamente a la memoria, tal vez por ser mis contemporáneos: Fidel Castro, Hugo Chávez, Daniel Ortega y Maduro. Todos ellos han dominado aquello de que es más fácil engañar a muchos hombres que a uno sólo. ¡Pobres de sus pueblos!

Ya he aclarado aquí que yo soy una amita de casa que nada sabe de las perversiones políticas, pero a veces se me ocurren cosas como que no es casual sino deliberado, aprovechar la buena fe de la gente del campo, de los obreros y los indígenas, de la población más vulnerable; para mediante una escolaridad elemental a cargo de gentuza ignorante y voraz como la maestra Gordillo (quien sabrá Dios mediante que negociaciones en lo oscurito ha sido oportunamente liberada de la cárcel y ahora está lista de nuevo para retomar el mando del sindicato de maestros) convertirlos en masa manipulable y asegurar así nuevas generaciones de pueblo.

Y lástima, porque estamos hablando de un porcentaje muy grande de ciudadanos mexicanos. De acuerdo con un informe del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) 4.1 millones de niños y adolescentes entre 3 y 17 años de edad, no van a la escuela en nuestro país y de cada 100 niños que ingresan al preescolar, 57 de ellos dejan la escuela antes de concluir la preparatoria.

¿Serán ellos el pueblo sabio? ¿Serán ellos la brújula y guía de nuestro presidente? ¿Será dedicado a ellos el show folclórico de preguntar a la madre tierra si acepta que le abran las entrañas para meterle un tren? ¿Y por qué no, si a los ciudadanos ya nos la metieron dobladita? Se supone que la democracia se basa en el hecho incuestionable de que todos los hombres somos iguales. Honra nuestra humanidad y nuestro proyecto social aceptar que lo somos. El problema de la democracia no es que todos los ciudadanos nacemos con los mismos derechos, sino que la voz de un experto debe valer exactamente lo mismo que la de un discípulo de la maestra Gordillo y pues… así nos va.

Sólo hay que recordar que si un hombre ignorante y poco pulido es un desastre en sí, muchos hombres ignorantes y poco pulidos puestos juntos para hablar y actuar, son una verdadera catástrofe. Más grave aún, si consideramos que no hay necedad que no prospere y no consiga una ingente cantidad de adeptos. Ya lo estamos viendo. Perdón por el rollazo pacientísimo lector, pero puesta en situación de elegir, me niego a ser pueblo y elijo un respetuoso trato de ciudadana con nombre y apellido.

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