Trazos que trastocan
Reportaje

Trazos que trastocan

El afilado colmillo de la caricatura

Muchos consideran que lo que se trata con humor carece de seriedad ¡Qué equivocados están! No existe nada más certero e incisivo que aquello hecho para tocar esas fibras sensibles que generan una carcajada o una punzada en la barriga. Tal es el caso de las caricaturas que trabajan principalmente con el humor, en todas sus escalas. Y como el humor y el hombre siempre (y si no es así, debería serlo por regla de supervivencia) han ido de la mano, la historia de la caricatura es también la de la conciencia de la sociedad, tal como lo declaró el caricaturista e ilustrador inglés Ronald Searle.

Un ejemplo claro es la caricatura/grafiti conocida como el Grafito de Alexámenos, que es la primera representación de Jesús crucificado y al mismo tiempo la primera blasfemia contra el cristianismo. El dibujo está fechado entre los años 85-95 d.C. y muestra, del lado derecho, a un hombre con cabeza de burro sobre una cruz y, a la izquierda, otro hombre que levanta una mano al cielo. En la parte inferior tiene una leyenda que dice: Alexámenos adora a su Dios. Ese dibujo es una sátira y denostación en contra del cristianismo y del pobre soldado cristiano que practica esa nueva religión.

El término caricatura, proviene del italiano caricare que significa recargar o exagerar, y fue usado por primera vez a finales del siglo XVI por los hermanos Carracci, ambos pintores manieristas. Por lo tanto, se trata de una representación de una persona o idea bajo una interpretación exagerada, deformada o compuesta con el fin de dar fuerza a los elementos que transmitirán el mensaje deseado. El uso del término, (que es, más que nada, una técnica específica del dibujo) se extendió rápidamente y gracias al contexto popular en el que se mueve, se fue asociando principalmente con el humor. Sin embargo la caricatura no sólo hace reír, también incluye todo un universo de expresiones, por ejemplo la exaltación del nacionalismo a través de un personaje, como el caso del Tío Sam en Estados Unidos o de John Bull en Inglaterra. Tampoco es necesario que el dibujo sea grotesco, deforme o exagerado. Éste puede ser trágico o satírico y recibir el mote de caricatura. También puede ser minimalistay casi caligráfico, en donde el logro reside en captar la esencia de una escena o personaje con los más simples trazos. Este es un ejercicio de abstracción tremendo, debido a que las líneas deben tener el carácter preciso y ser ejecutadas con una destreza que pocos artistas poseen. El “Chamaco” Covarrubias, era un maestro en esos menesteres.



Ronald Searle. Foto: Paul Wilson

EJERCICIO DE PENSAMIENTO

El dibujo conlleva un proceso intelectual profundo por parte del artista y en contraparte, se espera que el espectador genere una crítica o reflexión. Según el increíble Saúl Steinberg, caricaturista del New Yorker de mediados del siglo XIX, dibujar es escribir con imágenes: a través de las líneas se pueden construir discursos y sonidos, bosquejar disertaciones filosóficas y hacer que los razonamientos tomen formas caprichosas.

Sus magníficos dibujos son muestra de ello. Al fin y al cabo, las palabras también son imágenes, es decir, líneas y formas. Como vemos, dibujar y escribir no son tan diferentes. El dibujo (sobre todo la caricatura) y la literatura comparten algunas herramientas como las figuras retóricas (metáfora, alegoría, oximorón, sarcasmo, etc.), para hacer más profundo y efectivo el mensaje.

La técnica básica para el dibujo satírico-humorístico, según el caricaturista Rafael Barajas Durán (El Fisgón), consiste en aislar el defecto físico, mental, social o moral del modelo y magnificarlo. El procedimiento es similar al de un exorcismo, sólo que la caricatura no pretende (o más bien, no puede) extraer los demonios y se conforma con mostrarlos.

En años recientes la caricatura ha empezado a ser objeto de estudio, y como consecuencia, de clasificación, aunque algunos casos no se ajustan propiamente a uno u otro rubro. Debido a los concursos que han proliferado en el ámbito, la caricatura se ha clasificado en: caricatura editorial, caricatura costumbrista, retrato y caricatura de humor. La primera en mención (sobre la que se hablará mas adelante) es un género gráfico eminentemente periodístico que representa temas de actualidad y por lo general, suele tener un tiempo corto de vida: lo que dura la noticia; la caricatura costumbrista retrata los usos y costumbres de una sociedad en un contexto delimitado; el retrato hace alusión a una persona en específico al capturar en trazos su esencia mediante los rasgos físicos y psicológicos más característicos.



Foto: Naranjo

Sin embargo, a pesar de estas clasificaciones, la caricatura siempre será política, porque el humor siempre se esconde detrás, y el humor es un asunto eminentemente político, puesto que está directamente relacionado con la forma en que una sociedad ve el mundo, la manera en que se interrelaciona con los demás, en que se vincula con sus gobernantes y en que reacciona en el contexto en el que se desenvuelve.


IMPORTANCIA DE LA CARICATURA EDITORIAL

La caricatura editorial es todo un tema, y para no volver a andar lo andado, se enuncia a continuación la definición realizada de manera excepcional por la periodista cubana Evora Tamayo:

La caricatura editorial constituye una expresión gráfica y artística esencialmente periodística y de la mayor trascendencia que pueda ofrecer un órgano de prensa a sus lectores. Su propósito es manifestar con trazos y dibujos, la opinión de su periódico acerca de los acontecimientos de máxima actualidad. Define, personaliza, amplía, profundiza el perfil editoral de una publicación más que cualquier otro medio formal. Mediante ella, la publicación penetra audazmente en el pensamiento de sus lectores y sus rápidas formas expresivas hacen comprensible el mensaje que necesita hacer llegar y que de otra manera requeriría de cientos de palabras. En el periodismo moderno, lo primero que capta el lector es el lenguaje gráfico de su caricatura editorial. Es un género, tanto como la crónica, el reportaje, el artículo, un instrumento de conocimiento de primera mano.”

Gracias a ella, los sucesos actuales se simplifican en los trazos del artista, pero a la vez, el análisis de las situaciones se profundiza, ya que ponen los hechos a la vista del “lector” de una manera analítica, crítica e inmediata.

Como género periodístico es un testimonio que va escribiendo la historia, ya que transmite información que no captura la prensa escrita, por lo tanto, se ha convertido en una recurso de investigación de historiadores y críticos.



Liborio representaba al pueblo cubano durante la República Neocolonial. Foto: Évora Tamayo

Incluso, los caricaturistas políticos, al igual que los periodistas, forman parte del sello distintivo de los medios de comunicación, porque todos podrán informar sobre las mismas noticias, pero no tendrán la misma manera de contarlas.


RECORRIDO DE LA CARICATURA EDITORIAL EN MÉXICO

Por su “falta de seriedad” no es considerada como un “arte mayor”, pero si la esencia de la caricatura surge de la reacción irreverente ante tremendo concepto, jamás preferiría llevar ese nombre. El “arte mayor” está en los museos, la caricatura está con nosotros, en nuestros celulares, en medios de comunicación digitales e impresos, en las calles. A la caricatura no le gustaría estar encerrada en un cubo de cuatro paredes, en el blanco y ascético manicomio donde no tiene con quién reír, aunque Monsiváis se lamentara que esta no sea tomada en serio; aunque todos lo lamentemos.

En México ha cumplido con una función muy importante, la de comunicar y defender la oposición y hasta cierto punto, ha colaborado en mantener el debate político y sostener una frágil democracia, gracias a sus denuncias y lucha por mantener la libertad de expresión a toda costa. Claro, ha pasado por muchos momentos, unos más activos y otros menguados por el miedo y la represión. La caricatura mexicana pasó de la irreverencia y dura crítica del porfiriato y maderismo (en los trazos de grandes dibujantes como Constantino Escalante, Sergio Hernández y José María Villasana) a la casi nulidad, expresada en un humor anodino en épocas del autoritarismo postrevolucionario, es decir, cuando la Revolución se institucionalizó.

Por ejemplo, El Chango García Cabral fue un duro crítico del maderismo, hasta antes de ser becado por el mismo gobierno de Madero para estudiar en París y perfeccionar la técnica de su dibujo. Al regresar con excelentes y finos trazos europeos, sus dibujos eran hermosos, pero alineados y complacientes con el régimen institucional.



Foto: José María Villasana

Sin duda, fue hasta el 68 cuando, aunado al movimiento estudiantil, la represión ejercida por el sistema dominante estalló, si bien hoy es normal ver caricaturas de los presidentes, desde Vicente Fox, hasta Enrique Peña Nieto o Andrés Manuel López Obrador, nos es difícil imaginar el valor y riesgo en el que se ponía aquel que osaba caricaturizar mordazmente a Gustavo Díaz Ordaz. Algo habitual hoy en día, era casi imposible en aquellos años. Sin embargo, un grupo de moneros-líderes-críticos-artistas-perioditas-gráficos como Ríus, Helio Flores, Abel Quezada, Magú y Naranjo,se encargaron de abrir brecha en medio de tal censura institucional para menguar un poco la represión bajo la que entraron los medios de comunicación en México durante los gobiernos priístas. Tal vez uno de los cartones más emblemáticos de la historia de la caricatura en México es el publicado por Quezada el 3 de octubre: un cuadro negro titulado ¿Por qué?. A pesar de la gran represión, hubo revistas como Simpre!, Sucesos para todos y Por qué?, revista de la cuál posteriormente surgió La Garrapata, el azonte de los bueyes, que a veces sorteaban con éxito la censura. A estas publicaciones se suma Los Agachados (y posteriormente los Supermachos) de Eduardo del Río “Rius”, pesonaje ya ampliamente reconocido en aquella época por sus fuertes críticas al sistema político. Fue uno de los pocos que se atrevieron a caricaturizar a Díaz Ordaz, lo que casi le cuesta la vida. Fue secuestrado en enero del 69 y liberado gracias a la intervención de su pariente lejano, Lázaro Cárdenas del Río.

Después de la matanza de Tlatelolco, afortunadamente muchas cosas han cambiado y otras no, para nuestra desgracia. Los medios de comunicación recuperaron su carácter crítico y combativo de antaño a fuerza de monazos, movimientos gráficos y colectivos como el Grupo Mira (que trabajaba ya activamente en el campo político desde los años 60), en conjunto con diversos talleres de producción gráfica, periodistas y editores valientes que sortearon la censura en aquella época gris.



Rius es tal vez uno de los caricaturistas mexicanos más conocidos en el país, autor de varios libros y exposiciones. Foto: Archivo Siglo Nuevo

La caricatura ha sido partícipe de otros grandes movimientos sociales, uno que es digno de recordarse es No más sangre realizada en el 2011, cuya convocatoria fue realizada por Ríus junto con otros reconocidos moneros como Herández, Helguera, El Fisgón y Patricio. La imagen de campaña, creada por el diseñador y artista visual Alejandro Magallanes, fue adoptada por un gran numero de seguidores y logró permear en la sociedad, ya que ninguno de nosotros pudimos resistirnos al llamado para “sacar nuestro encabronamiento a causa de la violencia” desencadenada por la llamada guerra con el narcotráfico del entonces presidente Felipe Calderón.

La batalla no está ganada, seguimos luchando por ejercer la libertad de expresión de manera digna y segura, aún nos queda mucho por hacer y muchos han caído en el camino. Desde el 2000 a la fecha, 122 periodistas han sido asesinados en relación a su labor periodística. El último es Rafael Murúa, asesinado el 20 de enero de 2019, en Baja California Sur.


SELECCIÓN NATURAL

El ADN de la subversión se encuentra en cada célula de la caricatura, por lo mismo, es natural que busque llegar al mayor número de lectores. En un principio, cuando la Corona y la Iglesia tenían el control de las imprentas, la caricatura y crítica encontró su punto de escape mediante el pasquín, que es, ni más ni menos, un mensaje exhibido de manera anónima en un espacio público cuyo contenido es crítico con la autoridad. Como vemos, el medio de difusión por excelencia de la caricatura ha sido a través de publicaciones impresas como periódicos y revistas. En México, tenemos una amplia tradición de revistas de sátira política, no obstante, los tiempos cambian. Desde mediados del siglo XIX hasta el siglo XX, han circulado en nuestro país más de 20 revistas con contenido caricaturezco, hoy, principios del siglo XXI, queda sólo una de circulación nacional: El Chamuco y los hijos del averno. Esta publicación nació bajo la paternidad del tan famoso Ríus en 1996, cuya primera etapa se desarrolla hasta el año 2000, fecha en la cual los exhaustos moneros se “tomaron unas vacaciones”, según declaraciones del propio Helguera, “el gobierno de Fox ya era una caricatura en sí mismo”. La segunda etapa se desarrolla a partir del 2007 a la fecha, bajo la dirección del monero Rafal Pineda, mejor conocido como Rapé y un sello editorial independiente, toda una proeza.



Foto: El Chamuco

No es nada fácil mantener a flote una revista como ésta, actualmente El Chamuco está saliendo de una grave crisis (incluso se llegó a pensar que desaparecería), lo que hizo forzosa una profunda reestructuración, no sólo de la publicación, sino de la forma de hacer periodismo y caricatura. Las ambiciones no son pocas: crear un híbrido, una nueva especie.

Nos encontramos en una situación de crisis económica porque ahora todo se transmite por las redes, cosa que es difícil monetizar, y el poder seguir en kioscos y tienditas de revistas ha sido bastante complicado”, comenta Rapé.

Hay necedades que son absolutamente necesarias, y una de ellas ha sido luchar por seguir publicando la revista y que no se pierda una trinchera que se ha caracterizado por presentar información crítica y didáctica a través de un humor salvaje y sulfurado, propio de “los hijos de averno”.

Después de haber pagado la deuda debido a un brete con las impresiones, hemos tenido que reconfigurar nuestro esquema financiero, apostar por la venta de los productos, y entender que El Chamuco es una marca, y de esta manera autofinanciarnos para poder sobrevivir administrativamente”, declaró el director de la revista.

Es por eso que a partir de marzo de 2019 empieza la tercera etapa de esta publicación (que no le da por tirar la toalla) con una dinámica periodística innovadora, donde se incluirán entrevistas y crónicas ilustradas. “Será algo totalmente diferente en cuestión periodística, ya no sólo será sátira, sino también periodismo ilustrado, es decir, no sólo apostamos por el chacoteo sino por difundir la información para poder entender lo que se necesita”, agregó el monero.
El viejo periodismo ya no se ajusta a nuestra idiosincrasia, porque la información se consume y procesa de manera diferente, entonces es necesario generar nuevos esquemas del quehacer periodístico, tanto en su forma escrita como gráfica.



La Revista Chamucho, se desplaza a TV en 2016. Foto: TV. UNAM/Rompevientos

En la búsqueda por la supervivencia de esta publicación en la era digital, se llegó a plantear la posibilidad de realizarla en línea, sin embargo esta idea se rechazó, ya que la publicación es un documento coleccionable que además sirve como testigo de los aconteceres políticos del momento. Ahora, se pretende aprovechar esta coyuntura para convertir El Chamuco en una multiplataforma y punta de lanza que impulsa un periodismo diferente, uno que no se ve por estos lares. La idea es expandirse por diferentes medios: impreso, digital y televisivo. Si bien ya está presente en todos ellos, el reto es la consolidación. El Chamuco TV empezó en 2016 bajo la transmisión del canal por Internet Rompevientos, después pasó a una segunda etapa en TV UNAM, y ahora se encuentran en pláticas con diferentes televisoras para dar el siguiente paso. Las experiencias en estos ejercicios previos sirvieron para identificar las necesidades y cambios que se realizarán en la nueva propuesta de periodismo integral .“Ya nomás nos faltaría estar en radio, dirigibles y Tinder”, bromea Rapé.


LA NUEVA GENERACIÓN DE CARICATURISTAS

Si en antaño eran los pocos, digamos que ahora son los menos. La carrera de monero no es fácil. No existen escuelas ni reglas que den la fórmula precisa para tener éxito en estos menesteres. La escuela es la profesión misma, en donde cada quién elige a sus maestros. Muchos vienen del ámbito de las artes, otros tantos de carreras afines y algunos otros que llegaron de un rumbo perdido. Además de conjuntar el talento, disciplina, humor, reflexión, tesis política-ideológica, análisis y síntesis, para transmitir mensajes por medio de líneas y en ocasiones algo de texto, los aprendices de moneros se tienen que enfrentar con otro monstruoso reto igual o de la misma magnitud que el desarrollo de todas la habilidades anteriormente mencionadas: la crisis actual de los medios de comunicación (que por cierto también afecta gravemente a los periodistas), cuyos bajos salarios, prestaciones y oportunidades son cada vez más precarias. Esto aunado a la censura y los riesgos que conlleva la profesión (122 periodistas asesinados del 2000 a la fecha) no es un muy buen aliciente para las nuevas generaciones.



Caricatura basada en una fotografía del G7. Foto: Darío Castillejos

Darío Castillejos, caricaturista y artista gráfico oaxaqueño, se mantiene optimista. “Ahorita hay muy buenos ilustradores, artistas y caricaturistas jóvenes. La gráfica oaxaqueña, por ejemplo, tiene un tenor social y político muy fuerte, tendremos que esperar y ver cómo se desenvuelven”, declara el tres veces ganador del Premio Nacional de Periodismo. Por su parte, Rapé también se mantiene entusiasta, ve que los jóvenes están haciendo cosas interesantes y adoptando otras dinámicas de autofinanciamiento para cumplir con las labores propias de su profesión, al aprovechar las redes sociales, venta en línea de productos con sus diseños y creando su propio negocio, como Augusto Mora o la mexicana/venezolana Camila de la Fuente.

Si a todos estos factores le aumentamos la inmediatez de los medios actuales, en donde las exigencias son cada vez mayores, esto se pone color de hormiga. “Tratamos de estar pendientes de lo que sucede día a día, a veces hacemos reciclaje (collage) de nuestros cartones para hacer un comentario sobre lo que está pasando y tratamos de no acelerarnos ni dejarnos llevar por ésta vorágine. A veces es bueno pensar las cosas dos veces para poder emitir una opinión equilibrada y sensata, para no caer en el meme, en lo reaccionario y obvio”, destaca Rapé. A pesar de eso, es triste saber que en ocasiones, al día siguiente el cartón ya quedó muy viejito, pero ese es el reto, encontrar el elemento diferenciador entre el meme y el cartón. El meme es liviano, y en su mayoría superficial, por el contrario, el cartón busca generar todo un discurso y una reflexión más profunda.

Hay pocos virtuosos que poseen tantos talentos juntos: la inmediatez, la pertinencia, el buen dibujo y la idea. Uno de ellos es el cubano-mexicano Ángel Boligán, de allí su grandiosidad, no por nada es considerado el mejor caricaturista del mundo”, manifiesta Darío.

La caricatura también es resistencia. “En la época de la velocidad, lo revolucionario es la pausa”, declara Gustavo Buntinx, crítico de arte. No todo tiene, ni debe, ser inmediato, tenemos la impresión de que velocidad es sinónimo de información eficiente, pero en realidad hay cosas que requieren tiempo para producir un resultado que sea realmente útil. El reto es encontrar el punto de equilibrio.



Caricatura de la revista Charlie Hebdo. Foto: Charlie Hebdo

LA CARICATURA FUERA DEL PAPEL

Gracias a su capacidad para superar las diferencias culturales, idiomáticas e ideológicas, la caricatura es una excelente herramienta pedagógica, es por eso que diversas instituciones preocupadas por generar intercambio de ideas, debates y análisis sobre temas de interés social (como la libertad de expresión, paz y democracia) advirtieron su importancia y apuestan por ella. Organizaciones como Cartooning For Peace (Francia) y Cartónclub (México), durante los últimos 13 años se han encargado de sacar a la caricatura del papel y usarla como bandera para contrarrestar la apatía, el miedo y la indiferencia. ¿El propósito?, promover el dibujo de prensa como herramienta para la defensa de los derechos humanos y de la libertad de expresión a través de encuentros, publicaciones y exposiciones; utilizar el valor pedagógico del dibujo para denunciar la intolerancia y sensibilizar a la sociedad mediante el humor; dar visibilidad y apoyo a los dibujantes de prensa amenazados en el ejercicio de su profesión, ya que en muchos países (y México no es la excepción) los periodistas, reporteros gráficos y caricaturistas son atacados, amenazados y hasta asesinados por sus comentarios, ya sean dibujados, fotografíados o escritos.

El caso más famoso de brutalidad e intolerancia fue la masacre cometida contra los dibujantes de la revista satírica francesa Charlie Hebdo en 2011, en donde un grupo de personas armadas asaltaron las oficinas del semanario y dispararon contra los caricaturistas matando a 12 personas. El ataque fue atribuido al grupo terrorista Al Qaeda.

Con la intención de impulsar los propósitos anteriormente mencionados, Cartónclub emprendió un ambicioso proyecto, el Encuentro Internacional Cartónclub La línea de Fuego”, cuya primera edición se llevó a cabo en septiembre de 2018 con el fin de crear espacios donde la libertad de expresión se practique cabalmente, generar sinergia entre medios de comunicación, líderes de opinión y sociedad civil organizada para establecer diálogos productivos donde nuestras diferencias nos ayuden a identificar problemáticas y posibles soluciones dentro del ambiente de inseguridad en el que vivimos. En el evento se abarcaron los temas de libertad de expresión, equidad de género, migración, democracia y educación. El programa estuvo compuesto de talleres, exposiciones, ciclos de cine y espacios de diálogo.



Encuentro Internacional del Cartónclub, el primer gran evento de este tipo en México. Foto: Cartooning for Peace/Facebook

Además, en alianza con Cartooning For Peace, Somos el Cambio y Reiserta, se arrancó el programa “Dibujemos por la paz y la democracia”, apoyado por la Unión Europea. Este programa educativo se empezó a implementar desde noviembre del año pasado y durará hasta principios de este. Consiste en impartir talleres a poblaciones vulnerables en escuelas y cárceles de México con el fin de fomentar la cultura de la paz por medio de la caricatura. El programa actualmente se despliega en Marruecos, Palestina, Israel, Túnez, Burkina Faso, Costa de Marfil, Brasil y ahora en México, mediante una metodología comprobada y puesta a disposición de los caricaturista de Cartónclub. 


UN ARMA QUE APUNTA A LA SONRISA PARA PEGAR EN LA CABEZA

La caricatura es un arte rico e irreverente que nos provee muchísima información: contiene la pericia artística, ingenio e ideología del dibujante y guarda el contexto social, político y cultural de la época en que se realiza.

Gracias a la acción conjunta del gremio de caricaturistas en coordinación con instancias gubernamentales, no gubernamentales y otras tantas de cooperación internacional, se podría decir que nos encontramos ante el nacimiento de una nueva forma de caricatura consciente de su carácter social.

Esta forma de expresión nos llama, nos grita, nos reta, nos sacude, por eso apostamos por ella. Nada como el estruendo retenido en “inocentes” trazos de tinta para sacarnos de nuestra cotidianidad, para estremecer nuestros sentidos y ayudarnos a ver cosas que no habíamos notado. El humor y el hombre deben caminar de la mano, por eso, la caricatura no nos debe faltar. Que sea el espejo que nos ayude a reflejar nuestros errores de una manera mordaz y sin ambages. En palabras del caricaturista mexicano-cubano Ángel Boligán: la caricatura es un arma que apunta a la sonrisa para pegar en la cabeza.

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