Martha Zamora
Entrevista

Martha Zamora

Nadie sabrá jamás cómo quiero a Diego. No quiero que nada lo hiera, que nada lo moleste y le quite energía que él necesita para vivir, vivir como a él le dé la gana. […] Si yo tuviera salud quisiera dársela toda, si yo tuviera juventud toda la podría tomar.

Frida Kahlo

De niña, Zamora vio llegar a Frida Kahlo al Hotel del Prado para visitar a Diego Rivera mientras él pintaba el mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda. Se obsesionó con esa mujer que vio vestida con ropa mexicana y flores en la cabeza y durante más de 35 años investigó todo sobre su vida, su obra y las personas que la rodearon hasta crear dos libros: Frida - El pincel de la angustia y En busca de Frida. Su última publicación Heridas-Amores de Diego Rivera, deriva de adentrarse en las relaciones que ambos artistas tuvieron durante su vida y se centra en siete mujeres unidas sentimentalmente a Rivera: Angelina Beloff, Marevna (ambas pintoras rusas a quienes Diego conoció durante su paso por Europa), Lupe Marín, Frida Kahlo, Cristina Kahlo (hermana de Frida), María Félix y Emma Hurtado (galerista con quien se casó por última vez para ir a la Unión Soviética a tratar el cáncer que padecía).

¿Cómo inicias en los libros de arte?

Viví una infancia difícil, mis padres se separaron. Mi hermano y yo empezamos a trabajar desde pequeños, vendíamos hojas de rasurar en las peluquerías y entregábamos ropa de una tintorería de barrio.

En la escuela yo ambicionaba pintar. Mi madre era mitad yucateca, mitad inglesa, pertenecía a una familia riquísima venida a menos. La estética alrededor de nosotros era muy importante para ella. Entonces mi deseo de dibujar una vaca, por ejemplo, lo impedía el hecho de que yo no la quería dibujar mal, la quería dibujar perfecta. Detectaba entre mis compañeras quién sí podía dibujar la vaca y entonces le decía “si tú dibujas mi vaca, cuando tengamos que hacer un reporte de lo que hicimos en vacaciones yo te lo hago”. También íbamos a estas matinés de tres películas por un peso. Cuándo regresábamos los compañeritos me decían “cuéntanos la película”. “Pero ¿cómo? Si la vimos juntos en la mañana”. Yo se las contaba. Eso fue, obviamente, un entrenamiento muy grande de síntesis.

Para escribir un libro hay que leer, si quiera 350 antes, mínimo. Para Heridas volví a leer muchos libros y adquirí muchos otros porque una cosa es leer por placer, utilizando tu memoria solamente para seguir la historia y otra es leer para extraer elementos, información y cotejarla. En Heridas todo está bastante próximo, de hecho, tuve oportunidad de comer en algunas ocasiones con Lupe Marín.

Por ejemplo, en el capítulo de Frida Kahlo, encontré recados de Frida a su mamá, pequeños recados de una niña de 14 o 15 años que le escribe a su madre que se quedará un poco más tarde en la escuela porque viene un señor que se llama Diego Rivera. Es su primer encuentro.

Un libro como estos se hace, antes que nada, por placer

En México todavía se escribe por placer y utopía. Yo trabajo sola, no tengo mucho contacto con otros escritores. El sistema que se implantó en Estados Unidos donde haces una sinopsis, vas con un editor y dices “si me da dinero, investigo”, jamás ha funcionado conmigo. Puede ser que ya con un poco de trayectoria, tengo 22 libros publicados, pueda recibir el apoyo, pero sería con limitaciones y eso para mí es imposible. Cuando empiezas una investigación no tienes ni idea de a dónde va. Por ejemplo, si la Secretaría de la Defensa no me hubiera puesto tantos impedimentos para consultar los documentos de la muerte del hermano de María Félix, yo no me habría dado cuenta de que algo no estaba totalmente kosher (claro). Quería esa precisión que procuro en todos mis libros.

Otro caso, te dicen “fíjese que para eso que está investigando sobre el maíz hay un Instituto del Maíz cerca de las pirámides de Teotihuacán”. Eso me pasó. Es el caso de Emmy Lou Packard, ayudante de Diego Rivera. Una mujer muy importante en la vida de Frida y en la mía. La quise y me enseñó muchísimo. Era mucho mayor que yo y me enseñó el concepto de “esperanza”, es decir, la historia pasada no es destino, se pueden modificar las cosas.

Ella llegó a México casi siendo niña, su padre vino a enseñar a los agricultores mexicanos a hacer modificaciones en las semillas del país, los llamados transgénicos. Es entonces cuando conoce a Diego, porque pintaba, dibujaba y la llevaron a ver a Diego para que se entusiasmara porque fue una niña con muchos problemas de salud. Diabetes infantil, imagínate, y sobrevivió casi hasta los noventa años. Impresionante. Allí aprendí demasiado del maíz.

Frida Kahlo y Diego Rivera (1933). Foto: Martin Munkacsi

¿Qué te lleva a adentrarte en la historia personal de Diego Rivera y las mujeres con las que compartió su vida?

Hiciste una pregunta anterior que no contesté ¿Cómo llegué a la escritura sobre arte? Trabajé para Televisa mucho tiempo haciendo folletos y libros. Después “El Tigre” decidió becar pintores, comprarles toda su producción de un año y mantenerlos, como mecenas. Yo hacía los catálogos de esos pintores. A final del año se hacía una gran exposición, generalmente en el Museo de Arte Moderno. Y luego Televisa regalaba esas pinturas a personalidades de la política y el comercio y conservaba parte de ellas como su colección en su fundación. Así hice libros y catálogos importantes y empecé a tener contacto con pintores.

Con todo aquello, a mi angustia por no poder dibujar una vaca, hasta la fecha no la puedo dibujar, la llevé a esto.

Además tenía dos obsesiones desde niña: Frida Kahlo y Maximiliano. Y bueno, ya los cubrí. Entonces ¿por qué Diego Rivera? A lo largo de toda la investigación sobre Frida, que ha sido un tema para mí de más de 35 años, surgieron inquietudes. Sí, Frida lo quiso profundamente, con todas sus infidelidades, eran amores que no puedes catalogar, no son convencionales. Obviamente el amor principal, declarado por Diego, fue Frida. Pero hubo otras mujeres, anteriores a Frida, después de ella o simultáneas como el caso de María Félix o Emma Hurtado, que coinciden con ella en el tiempo dentro del afecto del maestro.

Tenía que entender de dónde venía Diego y de dónde venían estas siete mujeres que fueron capaces de entregarse de manera absoluta y total. Yo no comprendía por qué estas mujeres lo quisieron a esos niveles. Marevna, por ejemplo, se queda con una hija no reconocida por él, sin ningún apoyo y, sin embargo, 60 años después le pide a su hija: “cuando muera, llévame a México a enterrarme con él”.

El libro tomó un año y medio y me dejó muy cansada por la convivencia diaria con mujeres tan intensas, tan problemáticas. A veces me despertaba francamente triste y decía: “pero, ¿por qué estoy triste?, si en realidad en este momento de mi vida todo está marchando bien.”

Había cosas que me dolían terriblemente. El capítulo, por ejemplo, de Lupe Marín, es algo muy doloroso para mí porque cuando tienes hijos te vuelves madre de todos los niños del mundo y no entiendo, no puedo entender el maltrato a un hijo, no lo puedo entender y me duele muy especialmente.

Raquel Tibol describió a Lupe Marín como “una mujer mezquina y chiquita de cerebro” ¿te parece justa esa descripción?

En cuanto a la mezquindad definitivamente sí, por lo que pude aprender en mis lecturas y entrevistas, era una persona que pensaba en ella principalmente y que daba poco, daba muy poco. Hizo mucho daño y eso no debe enaltecerla simplemente por el hecho de que desapareció, por eso digo que su capítulo fue para mí el más doloroso. Tuvo buenas amigas, pero acabó con muchas de ellas en muy malos términos, también con parte de su familia. Era impositiva, muy fuerte, imponente, alta, muy morena, con unos ojos verdes gigantescos y un concepto de ser absolutamente lo mejor que el mundo había recibido. Sabía perfectamente que su relación con Diego la iba a catapultar a la historia. Emma Hurtado también lo sabía. 

Hablando de María Félix y Emma Hurtado, Frida les pide, por separado, que se casen con Diego

Sí, pero Frida era enormemente inteligente. Sabía que no importaba que incluso lo pusiera por escrito, como en el caso de María Félix. Eso no iba a suceder. ¿Te imaginas a María Félix yendo al andamio a llevarle tacos a Diego?, ¿preparándole la tina de baño?, ¿cortándole las uñas porque la panza no se lo permitía? Jamás.

Habiendo terminado la creación del libro, ¿cómo convives con Diego y con estas mujeres?

En algunos momentos sientes un gran rechazo por un hombre que tiene esa capacidad de egoísmo. Los pintores, describe Marevna, pueden hacer eso y usar, es una fea palabra, usar a sus compañeras y a todo el mundo para su beneficio y seguir adelante. Por eso tienes un Diego Rivera que pintó kilómetros, no es un hombre que andaba llevando a su niña al kínder, él estaba pintando. Jamás podrás decir que no se ocupaba de sus hijos porque era un flojo que estaba dormido, eso nunca. Él estaba en su andamio horas y horas.

En Heridas se describe a Diego como “narcisista”

Completamente. Hay un aspecto muy profundo de análisis psicológico, no solamente de Diego y de estas siete mujeres, sino de todos nosotros: ¿por qué nos enamoramos?, ¿por qué tenemos a veces la obsesión de cambiar a una persona que no va a cambiar jamás? Ninguna de las mujeres lo pudo detener con un hijo, ni Angelina, ni Marevna, ni Lupe. Frida lo sabía perfectamente y toda aquella leyenda de la mujer que sufre por no tener hijos no se sostiene con las investigaciones.

¿Por qué es importante hablar de estos aspectos tan personales de los pintores? A veces pareciera que son figuras que no se pueden tocar

Al contrario. Creo que la labor fundamental de quienes escribimos es la búsqueda de la verdad y de exhibirla en todos los aspectos. No creo que disminuya en nada el conocimiento profundo de un Diego niño que se ve separado de su cuidadora fundamental, su madre, cuando tiene un 1 año y 4 meses. Y no sólo eso, la pérdida de su gemelo en una desaparición inexplicable porque enferma y muere en el transcurso de una noche. Diego se fue a dormir, cuando despertó, su hermanito ya no estaba. Luego lo mandan con una sirvienta que fue una mujer muy fuerte e íntegra que lo quiso y lo cuidó, pero se ve alejado de su familia tres años y medio. El análisis de los psiquiatras y psicólogos, que fueron tan gentiles de darme toda la asesoría, me indican que esto es dramático para una criatura. Toda la forma en que aprendes a amar a otra persona, a entregarte, se da en esos años o no se da más.

Entonces no es la intención del libro, creo que queda muy claro, lo digo abiertamente, justificarlo en sus defectos, es comprenderlo. Y él se comprende a sí mismo bastante bien y hace un análisis de su comportamiento al final de su vida y lo dice “si pudiera volver a vivir sería el mismo”.

El libro cierra con la declaración hecha por Diego de no haber experimentado felicidad más que al pintar

Porque había esa sensación de seguridad. Creo que el volcarse en su pintura es porque se dio cuenta muy pronto de que la pintura no lo abandonaba y no lo defraudaba nunca. En las relaciones con las mujeres siempre estaba a la defensiva. Frida, nuevamente haciendo mención a su análisis intelectual, dice dos veces “él no se entrega, él no se entrega”. Y está hablando la mujer de la que dice haber estado profundamente enamorado, que fue su gran amor y a quien lloró los tres años que la sobrevivió.

¿Se habrá casado después con Emma Hurtado porque veía cerca la muerte?

No. La necesitaba para ir a Rusia. No fue su primera intención.

¿Se casaron en secreto?

Sí, desde las épocas de estudiar a Frida, la secretaria de Diego, que había sido enfermera de Frida y después trabajó con él, me dijo que Emma llegó, de buenas a primeras, con su abogada a recoger a Diego, se fueron sin decir a dónde, regresó él y no dijo nada. Es hasta el momento en que están llenando los documentos de salida de México que Diego dice “no me pongas viudo, ponme casado, me casé con Emma”.

Lupe Marín y Frida Kahlo. Foto: Colección personal de Frida Kahlo

Es Emma la única mujer, de las mencionadas en el libro y que convivieron entre sí, que no fue bien vista por las otras

Completamente. Hicieron un núcleo en su contra. Definitivamente la hicieron a un lado. Era muy mal vista la cuestión del comercio. Ella era “la comerciante” y pensaban que explotaba al maestro, que se estaba aprovechando de su arte, pero era muy hábil. ¿Qué tal cuando Diego le lleva los xoloitzcuintles a su casa y ella pone un criadero y los empieza a vender en Europa?

Ahora, veámoslo por el otro lado, era una comerciante, ¿quién se beneficiaba de ese dinero?, la secretaria, la enfermera, Frida; vivían del dinero que se lograba hacer a través del arte de Diego, pero con el talento comercial de Emma. Pese a todo nunca fue aceptada.

¿Le debe México a Angelina Beloff una exposición como la tuvo antes Marevna?

Voy a arriesgarme. Yo no creo que tuviera un gran talento, como grabadora me gusta un poco más pero su pintura es débil. Pienso que tiene el reconocimiento que es debido. Sus pinturas están en algunas buenas colecciones. Son muy apreciados sus retratos, fue retratista mucho tiempo de la alta sociedad mexicana. Más allá de eso, perdóname, es mi opinión, no creo que se le deba más. Marevna también, por la pintura que conozco, creo que tiene el reconocimiento al que ella llegó.

Al leer sobre Diego en Europa, si no conociéramos la historia, pensaríamos “este hombre no la va a hacer, está a la sombra de Picasso, ya se peleó con aquel crítico, va a hundir su carrera”

Exactamente. Es un punto maravilloso. Es muy común encontrarte con personas que te dicen “me encantaría escribir, pero mire, tengo un hijo y no puedo”. Y uno dice “yo tengo dos”.

Asumen erróneamente que el que crea tiene todo solucionado, tiene dinero para pagar sus recibos, no se enferma, nadie en su familia enferma ni muere y él no tiene ninguna pena. Entonces por eso tiene todo su tiempo para crear. La historia es totalmente distinta.

Muchos piensan que estos personajes son historia muy lejana y, sobre todo, historia de la que ya no hay nada más qué decir

Al contrario, hay mucho qué decir. De Frida incluso, pese a la cantidad de publicidad que tiene, a la cantidad de productos que se hacen con su imagen y de libros que se publican; hay muchísimo por investigar. Por ejemplo, conseguir las memorias de Marevna fue inenarrable, son libros que se publicaron en tiraje de 100 o 200 ejemplares.

Los libros de arte y los catálogos de artista son, literalmente, una reliquia

Ese es otro punto importantísimo. Si vas ahora a una librería y dices “ese libro me es fundamental pero no tengo dinero o tengo en casa cuatro libros que todavía no empiezo”, cómpralo porque no lo vas a volver a ver, esta transformación de la industria editorial, en donde yo quedé como un monstruo increíble, lo impide. Entonces, si para escribir un libro o hacer una investigación sobre un personaje que te fascina vas a esperar a que tu vida sea perfecta, no lo vas a hacer nunca.

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