Cultura en la transformación
Nuestro mundo

Cultura en la transformación

Nuestro mundo

Lo que hacemos (individual o colectivamente) nos da identidad; la suma de identidades se convierte en identidad colectiva y la identidad colectiva se puede denominar cultura. Así, por lo que como sociedad se hace, se habla de cultura francesa, cultura española, cultura china, cultura rusa, cultura mexicana.

Lo que quiere decir la visión esquemática del párrafo anterior, es que la cultura es un componente social importante. De allí que en su momento (el primer mes del actual gobierno de la república), se haya desatado un escándalo al divulgarse que se había reducido el presupuesto para la cultura nacional.

Se supone que con menos dinero destinado a ese renglón, la cultura se debilitará y consecuentemente (según la proposición del primer párrafo de este texto) lo hará también la identidad que, para el caso, es la identidad nacional, ya de por sí muy corroída por la cultura norteamericana.

Visto de esa manera, puede decirse que al gobierno mexicano, agarrado con lo que afloja para cultura, le interesa que los mexicanos se integren a la globalización, esa tendencia que pretende debilitar los nacionalismos hasta llegar a desaparecerlos o por lo menos a desintegrar su independencia.

La cultura está en relación con la independencia. Si en una sociedad nacional o regional prevalecen sus valores culturales prevalecerá su identidad y con ella su vocación de independencia. Los valores son eso, entidades altamente apreciables porque son señales de identidad.

Si sé que soy poseedor de valores (que soy valioso) trataré de preservarme como soy; si sé que mi colectividad ostenta valores contribuiré a conservarla. Si desconozco mis valores intentaré llenar sus huecos con valores que vea, mire y admire en los demás.

Un ejemplo de cómo opera ese esquema de aprecio por lo ajeno a causa del desconocimiento de lo propio es lo que ocurre en nuestro español, el español de México. Está plagado de anglicismos innecesarios porque se desconoce su riqueza debido a que está olvidada la costumbre de leer por gusto.

Es cierto que en el presupuesto nacional debieron recibir mayor ingreso renglones que atienden a los más desprotegidos y a los carentes de oportunidades; a los sistemas de salud (el pueblo padece una deficientísima red de atención a la salud); al desarrollo petrolero, sólo por ejemplificar.

Los gobiernos anteriores han estado muy por debajo de las indigencias de la sociedad que los colocó en lugares privilegiados de la historia, porque no respondieron ni a aquellas necesidades ni a sus propias promesas que se convirtieron en esperanzas frustradas.

El actual gobierno de la república llegó a los más altos puestos de la administración nacional con el portafolios repleto de solicitudes, exigencias y reclamos, es decir, de compromisos por cumplir. Se lo engordaban también sus propias promesas de una vida mejor para el pueblo, de una mejor sociedad.

Por las condiciones actuales de inseguridad en el país, era necesario incrementar los dineros para las fuerzas de represión que sostienen al Estado, policías, ejército, marina y sistemas que en la vida civil tienen como objeto la seguridad (destacadamente del propio Estado).

Pero la cultura también tiene su aportación en el plano de la seguridad. Los seres humanos somos contradictorios y tendemos al bien tanto como al mal. La cultura, que implica el refinamiento de la racionalidad, contribuye a que resolvamos de una manera socialmente positiva nuestras contradicciones.

El pueblo merece mejor alimentación, más hospitales, personal médico y medicamentos; mejores habitaciones, mejores servicios municipales, mejores servicios educativos, más oportunidades laborales, mas también merece elevar su nivel cultural para elevar su condición de ciudadano. La cultura entra en el concepto de calidad de vida.

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