Es la economía
Opinión

Es la economía

Jaque Mate

El gobierno de Enrique Peña Nieto fracasó. Su intento por impulsar un mayor crecimiento de la economía no fructificó. Pero no fue el único en fallar. Todos los presidentes de los últimos sexenios han prometido tasas de crecimiento de entre 5 y 7 por ciento al año para terminar con solo 2 por ciento en promedio.


Una de las razones de la derrota del PRI en las elecciones de 2018 fue la incapacidad del gobierno de Peña Nieto para lograr un mayor crecimiento. Había muchos otros cuestionamientos, pero la experiencia nos dice que si a los electores les va bien en lo económico estarán mucho más dispuestos a apoyar a un partido en el poder.


La historia política está marcada por elecciones definidas por la economía. Bill Clinton derrotó en 1992 a George H.W. Bush, quien buscaba la reelección en Estados Unidos, porque se enfocó de manera obsesiva en la economía. Mucho se recuerdan los carteles que James Carville, el estratega de campaña, colocó en las oficinas de campaña de Clinton: “Es la economía, estúpido.” Cualquier intento de introducir otros temas en la campaña debía ser descartado.


Andrés Manuel López Obrador está empezando un nuevo gobierno en México con deseos de cambiar las bases mismas de la economía. Ha aumentado los subsidios, cancelado proyectos como el Nuevo Aeropuerto Internacional de México, suspendido licitaciones petroleras y de electricidad, cerrado poliductos de Pemex. Ha prometido también lograr una mayor tasa de crecimiento, aunque no ha prometido un imposible 6 por ciento sino un pragmático 4. Su popularidad se ha mantenido a niveles históricamente altos, en buena medida porque está generando esperanzas, pero también porque está repartiendo dinero en subsidios directos a las personas.


El veredicto final lo dará la economía. Si las medidas que está tomando impulsan un mayor crecimiento y prosperidad, quizá el presidente logre ocupar ese lugar de privilegio en la historia que quiere conseguir con su Cuarta Transformación. Si lo que consigue es ahuyentar la inversión y profundizar la pobreza, la historia lo condenará.


Quizá el problema para la sociedad es que la economía es una ciencia imperfecta y el desarrollo un proceso complejo de entender. Hugo Chávez conquistó una gran popularidad en Venezuela con subsidios a los pobres y castigos a los inversionistas. En un principio, sobre todo cuando los precios del petróleo se encontraban en niveles históricamente altos, los pobres aplaudieron y los empresarios buscaron acomodarse. Si bien algunos advirtieron que la economía venezolana tarde o temprano se desplomaría, los electores no quisieron creerlo.


Hoy Venezuela está viviendo una crisis humanitaria. Su economía se ha contraído un 50 por ciento en los últimos seis años. Muchos venezolanos culpan a Nicolás Maduro, el sucesor de Chávez, porque no entienden que las medidas que destrozaron la economía las tomó Chávez y Maduro simplemente las continuó.


Venezuela no es México ni López Obrador es Chávez. Pero las lecciones no pueden borrarse. La compra de votos con subsidios solo funciona si no se descuida el desempeño global de la economía. Chávez pudo haber pagado subsidios sin expropiar negocios ni ahuyentar inversiones, pero no tuvo la inteligencia para entender cómo funciona la economía. Esperemos que el presidente de México no caiga en el mismo error. A final de cuentas, la clave del éxito de un político es la economía… estúpido.


Twitter: @SergioSarmiento

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