Ernesto Sabato
Literatura

Ernesto Sabato

Un escritor surrealista

Los procesos de la modernidad, especialmente desde la Ilustración, plantean que la razón y la ciencia son los únicos caminos para la salvación del hombre. Sin embargo, por los acontecimientos históricos del siglo pasado han empezado a surgir dudas al respecto. La obra del autor argentino Ernesto Sabato quizá da algunas respuestas.

UN JOVEN DE CIENCIA

El primer texto que Ernesto Sabato publicó fue un folleto titulado Cómo construí un telescopio de 8 pulgadas, donde asegura que la elaboración de ese instrumento no es difícil y que el individuo común puede hacerlo con el objetivo de explorar el espacio. El folleto fue publicado en 1937, cuando el escritor que hoy nos atañe tenía la edad de 26 años.

Es una publicación olvidada, pero no por eso deja de ser trascendente, ya que la existencia de ese documento comprueba que al inicio de su vida fue un hombre de ciencia. Poco después viajaría a Francia con una beca en el Laboratorio Curie para realizar un doctorado en física. Fue tan exitoso en sus estudios e investigaciones subatómicas, que muchos de los científicos de la época albergaban en él grandes esperanzas. Afortunadamente para la literatura, al cabo de los años, los decepcionaría.

Era algo que estaba escrito, en múltiples entrevistas aseveró que desde pequeño se había dedicado a la pintura y la escritura; decía que era un muchacho distraído e inseguro. La ciencia sólo fue una evasión. Nacido en 1911 en Rojas, una de las provincias cercanas a Buenos Aires, tenía como padres a inmigrantes italianos, quienes con muchos esfuerzos habían logrado darles el sustento a sus once hijos.

Ernesto Sabato. Foto: GettyImages

El pequeño Sabato, por sus aptitudes para el estudio, fue enviado a la capital del país argentino para comenzar su preparación secundaria. Jamás volvería al hogar paterno y por una timidez enfermiza y una necesidad de encontrar algo que le pareciera perenne e inamovible se refugió en las matemáticas, así fue como llegó a destacar al grado de convertirse en un joven científico.

LA DOBLE VIDA

En aquellos años París era la capital cultural de Occidente. Estamos hablando de la década de los treinta, cuando las corrientes literarias como el existencialismo y el surrealismo estaban más vivas que nunca. Sabato no tardó en tener una doble identidad. Por las mañanas iba al Laboratorio Curie a hacer cálculos racionales sobre partículas subatómicas, por las noches se escapaba para visitar los bares y cafés de mala muerte. Al poco tiempo se hizo asiduo a las tertulias de los surrealistas. Conoció a todos los hombres importantes. No solamente hablamos de Bretón, Aragón, Eluard, Peret, sino especialmente de los pintores. Un caso paradigmático es su amistad con el español Óscar Domínguez, quien se suicidaría y quien llegaría a aparecer como uno de los personajes de la obra maestra sabatiana, Sobre héroes y tumbas (1961).

Para el autor argentino fue imposible mantener el paso en las dos esferas. Los investigadores comenzaron a criticarlo respecto a sus prácticas muy poco respetadas en la ciencia. La fisión del uranio fue clave. El desarrollo del armamento nuclear generó la crisis necesaria para abandonarlo todo y escaparse a Santos Lugares, Argentina y dedicarse a la letras. Así lo hizo. Dejó un futuro brillante para adentrarse a la incertidumbre de la creación literaria. Uno de sus amigos más cercanos de aquel tiempo le diría, muy probablemente tratando de entender tan extraña resolución, que lo único que le pedía era que si iba a escribir al menos prometiera ser tan grande como Thomas Mann, autor germánico de La montaña mágica (1924). Después de 10 años, alrededor de 1948, cuando el propio Mann quedó sorprendido por El túnel, Sabato cumplió con aquella promesa.

Café de Flore (1949), uno de los lugares frecuentados por Ernesto Sabato. Foto: Robert Doisneau

¿UN ESCRITOR EXISTENCIALISTA?

La obra novelística de este escritor sin duda es una de las más importantes de la literatura latinoamericana del siglo pasado. Por lo común, los lectores se quedan con la impresión existencialista que se abre con El túnel (1948), la cual tiene, sin lugar a duda, una deuda con La náusea (1938) de Jean Paul Sartre y El extranjero (1942) de Albert Camus. Tiene un inicio brillante: “Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne…” Es una historia corta que narra la amargura de un personaje esquizofrénico pero intelectualmente agudo, muy a la manera de El hombre del subsuelo de Dostoievski. Su lectura es muy accesible (he ahí una de sus innovaciones) ya que es la confesión de un asesino. Albert Camus, en una visita que tuvo a Argentina, con el motivo de la traducción de su novela más célebre en editorial Losada, se enteraría de la existencia del texto y quedaría deslumbrado. El túnel desde entonces se ha convertido en una clásico y, sin embargo, por azares del destino, ha ocasionado que la idea fraguada respecto a Sabato es que se trata de un existencialista. La novela en cuestión ha saciado al público en muchos aspectos. No obstante, lo que le da su lugar a nuestro novelista en las letras mundiales es ese mato grosso llamado Sobre héroes y tumbas.

UN ESCRITOR SURREALISTA

Es normal entrar en las clasificaciones. De Sobre héroes y tumbas se ha dicho que es una novela de iniciación, una bildungsroman, según la tradición alemana; también se ha comentado que es una novela existencialista; sin embargo, el “Informe sobre ciegos”, tercera sección de la magna obra, rompe con los esquemas mencionados. En la novela a lo largo de sus cuatro secciones aparecen tres personajes principales Martín, Alejandra y Fernando. Martín es un joven tímido que comienza a descubrir el mundo, de ahí que se diga que es una historia de iniciación. Alejandra, aunque no se menciona mucho en la tradición literaria latinoamericana, es uno de sus grandes personajes femeninos. Por último, Fernando Vidal Olmos es el antifilósofo.

La novela es tan compleja que en unas cuantas páginas se torna imposible su análisis. No obstante, la innovación principal, y en esto también se distingue un diálogo con Borges (quien también aparece como personaje), es la ruptura de la realidad dentro del libro. Lo que se quiere decir es que la novela juega con los niveles de realidad, al grado de que un lector incluso avezado, puede llegar a tener el convencimiento de que lo que se cuenta es cierto más allá del libro. Existe una secta de ciegos que domina el mundo y Fernando, un hombre que ha conocido a los surrealistas, entre ellos al pintor Óscar Domínguez, inicia una investigación en la cual descubre que muchos de los grandes artistas atormentados de todos los tiempos como Rimbaud, Baudelaire, Nerval, Poe y mucho otros, en realidad, fueron víctimas de la secta de ciegos. A lo largo de su investigación hay una disertación antifilosófica de muchas ideas de la modernidad (esto es una parodia), aunado a toda una imaginería surrealista en la cual el personaje se adentra. En Sobre héroes y tumbas hay locura y he ahí su deuda con El Quijote y libros como Elogio a la estulticia de Rotterdam; por otra parte, es una crítica a la racionalidad moderna. Fernando Vidal Olmos sentado en el excusado (según él no hay lugar más filosófico que ese) es capaz de destrozar los silogismos más arraigados del pensamiento contemporáneo. Muchas veces se le preguntó a Sabato acerca del sentido que tenía el “Informe sobre ciegos”, la respuesta que siempre dio fue que no sabía exactamente lo que deseaba decir en ese texto, que había sido como una especie de pesadilla, la cual con mucha dificultad pudo traducir en palabras.

Por la escritura de esta novela, la obra de Sabato tiene que ver más con lo irracional, con “la razón del corazón” (concepto de Pascal), y con los sueños, el inconsciente. Era de esperarse, ya que para nuestro autor la racionalidad solo ha traído la catástrofe, la bomba atómica. Más adelante publicaría una novela más: Abadón el exterminador (1974), con la cual daría por terminada su trilogía, pero ese será el motivo de nuestra charla en otro momento.

Comentarios