Recuperar los buenos hábitos
Salud

Recuperar los buenos hábitos

Medidas de acción ante un fenómeno complejo

Las deficiencias de los sistemas de salud para la atención del sobrepeso y la obesidad no sólo ocurren en los servicios gubernamentales. Existen los privados que ofrecen programas de tratamiento no apegados a las guías clínicas. En ellos, se utilizan planes de alimentación que brindan una pérdida de peso rápida, pero insostenible a mediano plazo.

En algunos casos, los profesionales de la salud no cuentan con entrenamiento de nivel de licenciatura y recurren al uso de fármacos prohibidos en la guías académicas, pero que siguen disponibles en el mercado. En otros escenarios, se emplean métodos “naturistas” que se asumen seguros y eficaces, pero que carecen de estudios clínicos que los avalen. También ocurre que ofrecen, bajo el argumento de “promociones”, paquetes de 10 o más consultas con cobros anticipados, una práctica no ética.

Opciones como el balón o la banda gástrica son usadas por médicos que carecen de entrenamiento. Pocas aseguradoras cubren procedimientos de bariatría (especialidad quirúrgica o no quirúrgica dirigida a la reducción de peso), porque lo asumen como un procedimiento estético. Un alto porcentaje de las aseguradoras privadas no consideran a la obesidad como una enfermedad.

En suma, los pacientes son expuestos a terapias riesgosas o sin aval científico, que inducen a una pérdida de peso de corta duración, en ocasiones de alto costo, pero que no modifican en forma sostenida el estilo de vida. Como resultado, intervenciones que podrían retrasar o evitar la aparición del hígado graso o el síndrome metabólico no son implementadas.

Los equipos multidisciplinarios son indispensables para el éxito y la seguridad de tales intervenciones.

EL ABORDAJE

Los tres pilares de la intervención conservadora contra la epidemia de sobrepeso y obesidad son: la corrección alimenticia, el aumento de la actividad física y el manejo adecuado de las emociones.

Tabla 1: Gasto energético en reposo. Foto: slideserve.com

El gasto energético basal se calcula con una fórmula sencilla (cantidad de calorías necesarias para las funciones en reposo en 24 horas), aplicable en personas de más de 20 años cuando el Índice de Masa Corporal (IMC) no supera 29.9 (1 Cal x kilo x 24h) (tabla 1).

Lo siguiente va para el público en general, con la advertencia de que no es exacto, pero sí de utilidad práctica:

Para personas con sobrepeso u obesidad grado 1, se recomienda bajar 500 gramos por semana, dos kilogramos por mes y seis kilogramos en seis meses. Es posible lograrlo al reducir 500 Cal diarias en la dieta, (Caloría con C mayúscula es la kilocaloría).

Para personas con obesidad grados 2 y 3, se recomienda bajar un kilogramo por semana, cuatro kilogramos por mes y 24 kilogramos en seis meses. Es posible lograrlo al reducir 1000 Cal diarias.

Las dietas de reducción de peso deben incluir diversos vegetales y cinco frutas ricas en fibra (aumenta la sensación de saciedad, reduce la absorción de nutrimentos, mejora el movimiento intestinal y previene enfermedades del intestino grueso).

Los resultados dichos anteriormente, aunque no se garantizan, sí se ven ampliamente reforzados y posibles de alcanzar si se combinan con un programa de ejercicio acorde al sexo, edad, peso y condiciones generales de la persona.

Un licenciado en medicina deportiva es de gran utilidad, si toma en cuenta las capacidades y la actividad que le agrade al candidato. Se ofrecen algunas orientaciones sobre el consumo de calorías con 10 tipos de ejercicios y sus tiempos (tabla 2).

Tabla 2: Ejercicio y consumo calórico. Foto: congreso.gob.pe

El psicólogo ayuda al paciente a identificar problemas y proponer las acciones, las cuales no deben ser impuestas. El procedimiento se basa en el supuesto de que las acciones se derivan de la motivación, y no de la imposición. Por lo tanto, si el paciente asume como propio el objetivo es más probable que lo ponga en práctica.

Un programa integral de control de peso corporal debe utilizar estrategias de terapia conductual, por ejemplo: automonitoreo, manejo del estrés, resolución de problemas, red de apoyo social, control de estímulos, reestructuración cognitiva, etc. Este tipo de tratamiento psicológico, junto con cambios en la dieta y la actividad física, lleva a una pérdida de peso mayor y disminuye el riesgo de recaída.

La implementación de las intervenciones requiere que el paciente tenga conciencia de su enfermedad, se involucre en el proceso terapéutico y que tenga un entorno familiar favorable. El equipo de salud debe construir con él y su familia la necesidad de modificar permanentemente su estilo de vida.

Un cálculo aproximado, aunque arriesgado, considera que menos del 5 por ciento de los pacientes con obesidad grado 2 o 3, finalmente serán candidatos a un procedimiento quirúrgico bariátrico. Inicialmente es recomendable darles la oportunidad de tratamiento conservador.

PROPUESTA

Es necesaria la creación de clínicas de control de peso y obesidad en instituciones de salud pública, que ofrezcan a la población servicios accesibles a bajo costo, y que se establezca con los siguientes recursos:

Materiales: área física suficiente para el médico endocrinólogo, nutriólogo, psicólogo, orientador deportivo y para el cirujano bariatra; básculas de impedancia, cintas métricas, baumanómetros y estetoscopios; así como equipos de cómputo dotados de software con aplicaciones a la clínica de la salud.

Foto: 123rf

Humanos: médico endocrinólogo, licenciado en nutrición, licenciado en psicología, licenciado en medicina deportiva, cirujano bariatra, pasantes en servicio social, recepcionistas y trabajadoras sociales. Sería ideal que a este equipo se sumaran investigadores en epidemiología y biología molecular.

La epidemia de sobrepeso y obesidad que afecta a los mexicanos, es un fenómeno complejo que tiene sus raíces en el comportamiento alimenticio, en no practicar ejercicio físico y en factores genéticos. Pese a múltiples esfuerzos, el número de casos continúa en crecimiento. Una intervención aislada es improbable que pueda modificar la incidencia y la historia natural del padecimiento.

Uno de los actores principales para combatir la obesidad es el Sistema Nacional de Salud. Las acciones de promoción de la salud no han sido suficientes, ya que el 36 por ciento de los niños y adolescentes menores de 19 años y el 73 por ciento de los adultos mayores de 20 años, tienen sobrepeso u obesidad.

Las acciones preventivas deben ser complementadas con estrategias terapéuticas eficaces. Es necesario adaptar los servicios del Sistema Nacional de Salud a la nueva realidad que confronta el mexicano.

Se requerirá la creación de equipos multidisciplinarios que impulsen la implementación de las acciones. De no hacerlo, el costo que pagará la sociedad en las siguientes tres décadas será mayor a la inversión requerida para llevar a cabo las tareas que ya son urgentes.

La habilidad del equipo de la salud para ayudar al paciente en la adopción de un estilo de vida saludable está determinada en un alto porcentaje por el comportamiento personal de sus componentes. Es decir, médicos, licenciados en nutrición, psicólogos, licenciados en deportes y cirujanos que tienen un estilo de vida saludable tendrán más probabilidades de éxito en el tratamiento del sobrepeso y la obesidad.

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