Biodiésel: del sartén al motor del camión
Ciencia

Biodiésel: del sartén al motor del camión

Propuesta para la producción de energía alternativa

Después de freír unos tacos puede usar el aceite que le quede en el sartén para echar a andar un camión de carga de 17 toneladas de peso, o cualquier otro vehículo con motor a diésel, cualquiera, puesto que el aceite de origen vegetal es aún mejor combustible para este tipo de motores diseñado hace 126 años por el ingeniero alemán Rudolf Diesel.

Si usted teme que el aceite utilizado para freír su comida le cause alguna enfermedad cardiovascular, no dude que al aprovecharlo como combustible para un motor diésel, le resulte más eficiente, propiciando mayor potencia, rendimiento y, al contrario de lo que ocurre dentro del cuerpo humano, limpiando válvulas, mangueras y demás componentes por donde circula.

Este combustible es el llamado biodiésel y no es nada nuevo, tiene la misma edad que el motor que puede consumirlo. Rudolf Christian Karl Diesel, de padres alemanes, nació en Francia en 1858, y para los primeros mecanismos que diseñó utilizó el aceite de cacahuate con excelentes resultados.

El motor diésel es un dispositivo térmico de combustión interna. Dentro del cilindro se genera una explosión debido a las altas temperaturas que se alcanzan al comprimir el aire; no necesita generar una chispa para provocar la explosión, como sí la requiere el motor de gasolina. El invento de Rudolf lo desarrolló la empresa alemana en la que trabajó, MAN, en 1897. La compañía, al contrario del inventor, utilizó combustible derivado del petróleo, carburante que cobraba mucho éxito en la época.

El motor diésel sustituyó a las máquinas de vapor de las locomotoras y de los barcos. El desplazamiento del biocombustible ocurrió por el éxito efervescente obtenido por los combustibles fósiles. La industria del petróleo crecía abrumadoramente, tanto que, incluso hay versiones sobre la “sospechosa” muerte de Rudolf ocurrida en 1913. Rudolf ¿saltó o lo echaron por la borda del barco en que navegaba rumbo a Inglaterra? Es solo una especulación.



Modelo de motor diésel de Rudolf. Foto: Museo Deutsches

La página de internet cubana “Ecured” menciona que “el motor diseñado por Diesel fue presentado en la feria internacional de 1900 en París como el primer motor para biocombustible, como aceite puro de palma o de coco”.

Con la muerte del ingeniero alemán también se marginó el aprovechamiento del biocombustible.


NUEVO ALIENTO PARA EL BIODIÉSEL

En la Comarca Lagunera se retoma el uso del biocombustible para los motores de vehículos pesados. Uno de los profesionales enfocados en su producción es Gerardo José Manuel Martínez Castro (Torreón, Coahuila, 22 de mayo de 1984), ingeniero bioquímico egresado de la Escuela de Ciencias Biológicas de la Universidad Autónoma de Coahuila (UAdeC) unidad Torreón. Martínez Castro tiene la especialidad en diseño de reactores por la Universidad de Georgia en Estados Unidos y la maestría en agricultura orgánica por la Universidad Juárez del Estado de Durango.

Nació y vive en el barrio La Polvorera de Torreón, su origen humilde le ha sensibilizado respecto al uso de energías alternativas.

Los beneficios del combustible de origen vegetal son múltiples. “El biodiésel reduce en un 80 por ciento las emisiones que causan daño en el humano, y en un 50 por ciento las que incrementan el calentamiento global; al encender un camión no se emite humo negro. Los costos comerciales también son sensiblemente bajos: un litro de biodiésel cuesta producirlo alrededor de diez pesos. El diésel con precios a enero de 2018, se vende arriba de los 20 pesos. Respecto al rendimiento, el biodiésel aporta un kilómetro más de recorrido”, aseguró el ingeniero en entrevista para la revista Nomádica (edición 94).



Ing. Gerardo Martínez trabajando en fábrica de biodisel. Foto: Héctor Esparza

Gerardo Martínez experimentó y fracasó: Luego de asociarse con tres inversionistas que creyeron en su proyecto, construyó su primera planta de biodiésel, “pero el gran golpe de realidad fue que a la gente no le interesaba. Le gustan los temas que tienen que ver con la ecología, pero no está lista para apoyar, ni para atreverse a usar el biodiésel. Incluso hice publicaciones (en redes sociales) en las que lo regalaba para que lo usaran, y no lo aceptaron”, declaró.

El fracaso, como ocurre en las historias de éxito, lo fortaleció. Continuó perfeccionando el diseño de su planta, la cual en apariencia es sumamente sencilla: cazuelas de acero inoxidable para calentar el aceite, reactores de doscientos litros, mezcladoras hechas con taladros, mangueras y cables, fueron adaptados para la construcción de la fábrica con la cual se transforma el aceite de cocina en biocombustible.

Cualquier tipo de aceite de cocina funciona para la producción de biodiésel, incluso la manteca, no importa si se mezclan. El proceso se describe con mayor detalle en la revista Nomádica edición 94.


¿POR QUÉ NO ES POPULAR?

Las complicaciones que se han presentado en algunos motores al suministrarles el combustible alternativo, como daño en inyectores, se debe a la mala calidad de este, al insuficiente control y desconocimiento durante su producción. En cuanto a los filtros, es normal que se ensucien al comienzo de la operación, puesto que el biodiésel limpia todo a su paso.

Para extender su aprovechamiento surgen dos obstáculos: el aceite de cocina es escaso para producir el suficiente combustible vegetal; el otro elemento es la desconfianza de los usuarios para atreverse a cambiar los hidrocarburos.



Cultivo de higuerilla. Foto: Róbinson Henao

Gerardo Martínez ha construido al menos cuatro pequeñas fábricas en la Comarca Lagunera; al momento de redactar este artículo el ingeniero se encontraba en la Ciudad de México realizando una planta más. Una de ellas la utiliza un empresario del transporte de carga, otra un grupo de agricultores de Gómez Palacio y la tercera es de un empresario de Matamoros, Coahuila, quien comercializa el biocombustible. La Universidad Tecnológica de La Laguna de Durango, en Lerdo, posee la cuarta.

Sin embargo no existe el aceite de cocina suficiente para cubrir la demanda, al menos en la región. Para ello tendría que salvarse un paso previo: extraer de los vegetales el aceite necesario. Martínez Castro considera injusto destinar cultivos comestibles a la producción de biodiésel, pues sería mejor experimentar con otras plantas, como un arbusto conocido en la región como higuerilla (Ricinus communis). Es un vegetal silvestre que crece sin cuidados y puede proveer más lubricante que cualquier otro.

En la Comarca Lagunera existen las materias elementales para producir energías alternativas. Es la principal cuenca lechera del país, donde se calculan más de un millón de cabezas de ganado destinadas a la producción lechera y de carne; el desecho de cada vaca se puede transformar en energía. Hay más de 90 mil hectáreas susceptibles de ser cultivadas, y al menos una tercera parte está ociosa, en estas tierras se podría cultivar la higuerilla y a su vez producir aceite y después biodiésel. La basura que generamos en las ciudades también puede convertirse en energía limpia. ¿Qué esperamos para gozar de estos beneficios?

Gerardo Martínez ha dicho, palabras más o menos: “denme el apoyo y fabrico las plantas”. En eso está el joven ingeniero lagunero, en extender el uso de energías limpias, más económicas y accesibles, todo con la finalidad de reducir el impacto ambiental y los costos de producción para sectores con escasos recursos económicos.

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