Del asfalto a la pantalla grande
Cine

Del asfalto a la pantalla grande

El cine de los marginados

Lejos del inabarcable estante de joyas filmográficas que atesora el imaginario colectivo se encuentran las películas que, debido a la densidad de su contenido o frágil marketing, terminan relegadas para convertirse en el one hit wonder del momento o en la perfecta elección del cine de medianoche.

Actualmente, el sistema de distribución tanto mundial como nacional profiere condiciones de omnipresencia a las películas producidas en terreno hollywoodense y proyecta una sombra sobre los filmes que carecen de nombres ‘estrella’ o que se aventuran a caminar por las calles de la experimentación.

Sin embargo, a diferencia de los clásicos creadores citados con más que frecuencia en escuelas de cine, en los últimos treinta años la revolución de la producción digital, sumada a la imparable maquinaria del Internet, encendió una luz sobre el rostro de aquellos artistas que sólo habitan las páginas de la prensa especializada y las alfombras de festivales europeos.

Por otro lado, aunque patinar sea considerado en ocasiones como un “antideporte”, según el sitio estadístico Technavio, tan sólo en la compra de equipo de skateboarding prevén que para el 2020 se supere la cantidad anual de 5 billones de dólares, contando con un registro de más de 10 millones de skaters en el mundo. Sin embargo, no existe el respaldo consolidado por una liga nacional o internacional como sucede con el basquetbol, futbol o beisbol, entre otros.

En cambio, la mayoría de sus íconos comenzaron en las calles y escalaron paulatinamente hasta concretar patrocinios que mantuvieran sus carreras y levantaran el techo para su retiro, por ello que a pesar de existir la práctica desde la década de los sesenta, apenas fue considerada como una rama en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

Escena de pelicula Skate Kitchen. Foto: IMDb

A su vez, en la década de los ochenta surgió de los barrios neoyorkinos una serie de artistas que vagaron lejos de las escuelas de arte cosmopolitas y sobre todo, rechazaron el eterno dogma alrededor del combustible creativo: el dinero, provocando que las tradiciones artísticas permearan hasta los estratos sociales del bajo mundo.

Tal vez más como un privilegio generacional que un mérito aspiracional, los creadores visuales que comenzaron su carrera a partir de 1980, ya contaban con los archivos completos de sus antecesores en VHS, en contraste con los realizadores de la ‘vieja guardia’, como el escritor y director Paul Schrader, quien vio por primera vez una película hasta los 17 años o Werner Herzog que conoció el cine y la música hasta cumplir la mayoría de edad.

En poco tiempo, la vanguardia artística abandonó el elitismo de las galerías y estrechó lazos con los entes marginados de sus calles, de esta manera, expresiones como el grafiti y el skateboarding encontraron el impulso necesario para salir de los callejones y allanar las subastas de arte y de paso, las marquesinas de las salas de cine.

HARMONY KORINE

En 1990, el fenómeno disruptivo de MTV y la veloz propagación de enfermedades de transmisión sexual entre jóvenes provocaron una explosiva brecha generacional, la cual transformó a la rebeldía adolescente en objeto de riguroso estudio para los programas conservadores de noticias.

Fue así que el experimentado fotógrafo Larry Clark, en su camino por encontrar a los verdaderos protagonistas de este estilo de vida para plasmar sus días en una película, halló en las calles de Manhattan a Harmony Korine, un skater californiano de apenas 19 años quien terminaría de escribir la historia de KIDS en apenas tres semanas.

Escena de Gummo. Foto: IMDb

“Quise presentar la manera en que los jóvenes ven las cosas sin toda la carga moral de los adultos de Hollywood… ellos viven el momento sin pensar más allá y eso era lo que quería preservar”, declaró Clark a los medios luego del estreno del filme en 1995.

A pesar de ser vetado en la mayoría de los países a causa de su contenido deliberadamente controversial, la producción funcionó para dar forma a las aspiraciones de un patinador callejero como cineasta, forma que luego de 25 años de carrera continúa bajo inquietantes mutaciones.

En 1997, el debut de Korine como director germinó a Gummo, una pieza experimental que se alejó de los escenarios urbanos para fragmentarse en una narrativa que sin prejuicios, describe a una sociedad redneck en un pueblo sureño devastado física y mentalmente por un tornado que sucedió años atrás. Y como suele suceder, el filme no fue distribuido en la mayoría de las cadenas, pero logró cautivar a un sector de la industria decidido a explotar sus más lúgubres capacidades, entre ellas la habilidad de contraponer transiciones visuales con música de Madonna junto a crudas melodías de death metal.

Evocando más al espíritu rebelde de un skater que al perfil de un director convencional, Korine siguió su carrera adoptando las reglas del Dogma 95’, leyes impuestas por un colectivo noruego de realizadores, entre ellos Lars von Trier, quienes se negaron a contar con la ‘magia’ técnica del cine para edificar propuestas dramáticas cinceladas bajo estrategias rudimentarias. En este periodo nació Julien Donkey-Boy (1999), un filme que recrea en pulso y ritmo la condición esquizofrénica de un hombre de mediana edad dentro de un hogar disfuncional.

Matthew McConaughey en The Beach Bum. Foto: IMDb

A lo largo de los años, la crítica ha etiquetado a Harmony Korine más como un provocador que un realizador, ya que a través de su técnica suele “olvidar” las reglas tácitas del realizador fílmico tradicional. Además, durante los primeros años del nuevo milenio, el norteamericano sucumbió ante un caótico estilo de vida y se enfocó más en comenzar proyectos que en terminarlos. De este periodo resultaron experimentos visuales junto al mago callejero David Blaine, videos incompletos de peleas con vagabundos y una ecléctica novela que puede ser encontrada en línea.

Sería hasta el 2007, cuando junto al actor mexicano Diego Luna, que el realizador lanzó lo que fue su intento más cercano al cine convencional. Así, Mister Lonely volvió a dar voz a un creador en alterada evolución, ya que en el 2012 comenzaría una nueva etapa con Spring Breakers, su primer filme desarrollado bajo una estructura lineal y una paleta de composiciones visuales ahogadas en luz neón.

Para este año, Korine planea el lanzamiento de The Beach Bum, su producción más costosa hasta el momento, que aunque no es equiparable con el negocio de los superhéroes, contará con parte del talento más rentable del Hollywood contemporáneo.

SPIKE JONZE

Varios años después del fenómeno cultural de KIDS y de escenarios como la matanza de Columbine, los medios conservadores reforzaron su crítica hacia el contenido de las nuevas generaciones. MTV seguía como el enemigo de la moralidad y en lugar de autocensurarse, produjo series de televisión como Celebrity Death Match, Beavis and Butthead y encima de toda la infame programación, Jackass, franquicia que se mantiene rentable aún después de dos décadas.

¿Quieres ser John Malkovich? Foto: GettyImages

Uno de los creadores del concepto original, Adam Spiegel, llevaba ya más de diez años como uno de los mejores fotógrafos del auge de revistas de skate y bmx (ciclismo extremo), sólo que su firma rezaba como Spike Jonze, un rebautizo más que un simple seudónimo.

El punto de partida que redefiniría las futuras generaciones del patinaje callejero sucedió en 1991, luego de que Jonze escribiera, produjera y dirigiera Video Days, el material de la empresa Blind Skateboards que redefinió el formato visual con el que contaban como exposición los skaters y sus patrocinadores y sobre todo, reformando la identidad de esta subcultura en el mundo.

Con estética desaliñada y herramientas propias del movimiento Hazlo tú mismo (Do It Yourself), Jonze se reafirmó como un visionario no sólo de la producción audiovisual, también como un emprendedor de las plataformas transmedia, siendo de los creadores del concepto que posteriormente cuajó como VICE, portal de periodismo independiente y alternativo con oficinas en la mayoría de los países.

Con Video Days como carta de recomendación, el norteamericano fue contactado por la banda de rock Sonic Youth para que transmitiera su sello a uno de sus sencillos, comenzando a la par su carrera como uno de los directores musicales más reconocidos de la industria.

Con bagaje en comerciales y videos musicales, la prensa denominaba a Jonze como un creador saturado de pirotecnia y cultura pop que pronto agotaría su marcha. Pero en 1999 mesmerizó a la crítica con un filme debut pleno de disparates filosóficos. Being John Malkovich (¿Quieres ser John Malkovich?), además de figurar a la cabeza en la mayoría de las listas de lo mejor del año, pavimentó el camino para las comedias existencialistas que surgieron en corto tiempo, subgénero también liderado por el guionista Charlie Kaufman, escritor de Eterno resplandor de una mente sin recuerdos.

Her. Foto: IMDb

A la par de cimentar su carrera como reconocido cineasta y de asistir como nominado en varias ocasiones a los premios de la Academia, Jonze frecuentó series de televisión como Jackass, participaciones en donde usualmente dominaba una tabla para luego golpearse en el pavimento, reformando involuntariamente el estereotipo norteamericano del director de cine pulcro e intelectual.

El toque de Spike Jonze, a diferencia de la deconstrucción de Korine, es el manejo de finos dramas exacerbados de irreverencia y detalles con notable cuidado, una sutileza con la que logró la última nominación de la Academia a Mejor Actor para Nicolas Cage y otra más como actriz para Meryl Streep, ambos por la delirante “dramedia”, Adaptation en el 2002.

El realizador es también del grupo de creadores que toman largos periodos de tiempo entre sus películas, teniendo como último largometraje la multinominada HER (Ella) en el 2013, con la cual se llevó un Oscar por Guion Original en el 2014, sin embargo, entre estos espacios dirige cortometrajes musicales con calidad impecable y rampante creatividad, teniendo entre las escenas más memorables a un Christopher Walken como bailarín en un solitario hotel y a la cantante FKA Twigs danzando dentro de un departamento que se expande hasta el infinito.

JONAH HILL

Aunque Jonze y Korine surgieron de las calles, no han colocado skaters dentro de la trama principal en alguna de sus películas, cosa contraria sucede con el actor y comediante canadiense Jonah Hill, quien realizó una travesía por el otro lado para debutar como director en una producción que se traduce como una carta de amor a las tablas y al ocio adolescente.

MID90’s. Foto: IMDb

MID90’s, aunque nunca fue favorita en la carrera por los Oscar, se convirtió en la promesa anual del cine independiente que garantiza a la audiencia tajos de talento e integridad en Hollywood. La historia de un joven de clase media patinando hasta hallar su propia identidad, refleja de manera autobiográfica, no sólo a una de las épocas más complicadas para recrear en pantalla (los noventa), sino la firme mesura de un cineasta que persigue a íconos como Martin Scorsese y John Cassavetes en próximos horizontes.

Luego de tomar impulso a través de comedias aferradas al humor escatológico, Hill se redefinió como un embajador del streetwear (moda callejera) y en poco tiempo se ganó un lugar dentro de la lista más privilegiada de actores en Hollywood, aquellos que prometen talento y sobre todo, números redituables en taquilla.

Su ópera prima descubrió a un cineasta preparado para comenzar de nuevo desde otra perspectiva, alejándose de algunos intentos pretenciosos de parte de sus coetáneos. Sin embargo, también preserva en poco más de 90 minutos la nostalgia skater de un hombre que revive una década donde las conexiones humanas se forjaban de frente, un arte en peligro de extinción.

CONTACTO: @robbcarsonn

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