Enfrentar el cáncer de un hijo
Salud

Enfrentar el cáncer de un hijo

La importancia de las emociones

En aspecto general, algunas de las características del cáncer es la existencia de una anormalidad en las células que suelen fragmentarse sin control y que llegan a trasladarse a otra parte del cuerpo, generando una serie de cambios para quien llega a padecerla, pero también para los acompañantes del paciente.

Algunos de los cambios que se verán reflejados, son en los aspectos sociales, familiares, laborales, académicos, conductuales o cognitivos. Cabe aclarar que no todos los cambios que surgirán serán del todo negativos, puesto que la medicina actual genera una mejoría en la recuperación de la salud del paciente, no obstante todavía existe la creencia de que el cáncer es una enfermedad catastrófica, al grado de considerarla como un sinónimo de muerte.

Tener un diagnóstico de algún tipo de cáncer, ya sea en la adultez o en la infancia, puede reestructurar positivamente la vida de las personas, pero para esto sería fundamental el manejo de emociones que permitan sobrellevar la enfermedad de la forma menos dolorosa posible.

CÁNCER INFANTIL EN CIFRAS

La Organización Mundial de la Salud (OMS) señaló que en 2018 se diagnosticaron más de 300 mil tipos de cáncer en menores de edad a nivel mundial, considerando a la enfermedad como una de las principales causas de mortalidad en la población, sobre todo en aquellas personas que no tienen acceso a servicios médicos y en los países de vía de desarrollo.

Respecto a la población mexicana, el Centro Nacional para la Salud de la Infancia y Adolescencia, apunta que en el país se diagnostican, al año, aproximadamente entre 5 y 6 mil distintos tipos de cáncer en la población infantil, siendo la leucemia el que mayormente la afecta. Debido a estas cifras, se considera como una problemática de salud a nivel nacional, pues es la segunda causa de decesos en la niñez (los accidentes son la primera).

Foto: EP

Anteriormente se indicó que esta enfermedad genera una serie de modificaciones para el menor y su familia. Dentro de los cambios que aparecerán en los niños y niñas, están el abandono de las actividades escolares, la pérdida de la autonomía (especialmente en los adolescentes), problemas para conciliar el sueño, y el surgimiento de trastornos de tipo emocional como la ansiedad y la depresión, los cuales tendrían un impacto negativo en las capacidades cognitivas e interferirían en la conducta, desarrollando en algunos casos una baja autoestima. 

EL ROL DE LAS EMOCIONES

De este modo, la intervención terapéutica debería tomar en cuenta la expresión de los sentimientos. Dando hincapié a este tema, Gavira, Vinaccia, Riveros y Quiceno dividen las emociones entre positivas y negativas; las primeras son las más optimas, que permiten que las personas se involucren en conductas saludables, en buscar atención médica y tener adherencia a los tratamientos, todo esto cuando se pasa por un proceso de enfermedad.

En cambio, los autores señalan que quienes usan las emociones negativas tienden a experimentar mayores quejas somáticas y poco interés por buscar atención médica. De la misma manera, estos sentimientos provocarán que el bienestar de la salud se vaya deteriorando aún más, ya que se asocian con la depresión, ansiedad, trastornos del sueño y pérdida del interés social, por lo que se pretende que los menores de edad tengan un manejo de emociones que sean oportunas para su bienestar.

Hay dos aspectos que deben tomarse en cuenta cuando se habla de lo emocional: la edad del infante y el rol de los padres ante la enfermedad. Por una parte es importante considerar los años que tenga el menor ante el diagnóstico del cáncer, dado que esto permitirá la comprensión de lo que es el padecimiento. Generalmente los niños de entre cinco y 10 años experimentan mayor ansiedad, problemas para conciliar el sueño o miedo de separarse de los padres. En cambio, cuando llegan a la pubertad surge el miedo a la muerte, sentimientos de soledad y estrés. Hasta ahora se puede afirmar que la enfermedad va impactando de manera negativa en cada etapa del desarrollo del afectado. Sería pertinente que el apoyo psicológico esté enfocado en manejar estas dificultades.

El apoyo familiar es lo más importante para sobrellevar la enfermedad. Foto: St. Baldrick’s Foundation

En cuanto a los padres, habitualmente surgen emociones como la culpa, miedo, enojo o vergüenza. Cuando estas reacciones llegan a ser frecuentes, generarán una incapacidad para proporcionar los cuidados necesarios para los hijos; sin embargo si ellos muestran asertividad y optimismo, los menores tendrán mayor resiliencia, adaptación, adherencia al tratamiento y cooperación para las intervenciones que conlleva el padecimiento.

Respecto al rol de los padres, cabe aclarar que tienen un papel primordial en la recuperación de la salud del menor, puesto que a través de ellos, del resto de la familia, así como de los médicos, se reflejarán en el niño una serie de reacciones conductuales que serán posteriormente interiorizadas por el paciente.

En otras palabras, si el niño escucha o ve comportamientos desfavorables ante el tratamiento por parte de los involucrados, posteriormente repetirá lo observado cuando se trate de hablar de este. Se recomienda que los padres tengan cautela sobre cómo reaccionar ante la enfermedad cuando estén frente al hijo que tiene como diagnóstico algún tipo de cáncer.

Es común que a los padres les comenten “tienes que ser fuerte” o “que tu hijo no te vea llorar”. La realidad es que estos comentarios llegan a ser aún más dolorosos para los progenitores porque se les está dando la indicación de inhibir sus emociones.

IMPORTANCIA DE LA ATENCIÓN PSICOLÓGICA

En otras palabras, se puede afirmar que a veces se deja en segundo plano a los padres que tienen un hijo con alguna enfermedad crónica como lo es el cáncer, puesto que toda la atención afectiva y social se centra en el menor enfermo. Para ejemplificar esto, es común que los menores tengan talleres y eventos realizados por el personal médico u otras instituciones que brindan apoyo a los niños enfermos.

El cáncer es curable si se detecta a tiempo. Foto: Creando Ilusiones A.C.

Mientras esto sucede, los padres son observadores especulando sobre las siguientes indicaciones que recibirán por parte del personal médico, además de pensar en las tareas del hogar, el cuidado del resto de los hijos o en algunas ocasiones preocupándose por los aspectos económicos. Por eso es importante que también tengan una serie de apoyos sociales, afectivos e incluso espirituales, considerando que influirán en el bienestar emocional de sus hijos con cáncer.

Los argumentos previamente expuestos muestran la importancia del manejar y mantener emociones de tipo positivas para que se pueda llevar el proceso de la enfermedad de la manera menos dolorosa posible.

Se esperaría que el menor y sus padres tengan la oportunidad de facilitar la expresión y el reconocimiento de las emociones, que exista una fuerte red de apoyo social, así como una psicoeducación enfocada en la enfermedad; además de un plan que se enfatice en brindar estrategias para afrontar el proceso de recuperación.

Y es que hay que recordar que la enfermedad aparte de afectar al niño, impacta también al resto de la familia, por lo que debe tomarse en cuenta que el cáncer no es sinónimo de muerte e incluso existen altas expectativas de recuperar la salud. Para que esto suceda se debe recurrir a la prevención, la cual es la clave de un país sano.

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