Biomimética, la ciencia del diseño ambiental
Ciencia

Biomimética, la ciencia del diseño ambiental

La imaginación de la naturaleza al servicio de la ciencia

Los humanos son inteligentes, pero de manera involuntaria hemos creado graves problemas de sustentabilidad para futuras generaciones. Afortunadamente, las soluciones se encuentran a nuestro alrededor”, describe en su página oficial el Instituto de Biomimética, fundado en el 2006 por la científica norteamericana Janine Benyus, diez años después de su estudio de campo Innovación inspirada en la naturaleza. 

A través de este concepto, utilizar autos que funcionen a través de fotosíntesis o controlar el clima en rascacielos modernos así como lo realizan las termitas (macrotermes michaelseni) en sus nidos, no suena tan descabellado. El objetivo del centro es el reflejar los métodos naturales para asimilarlos mediante mecanismos tecnológicos, no sólo como una manera de mejorar su funcionamiento sino para salvar al planeta de un inminente desgaste de recursos naturales. 

Justamente, con los vocablos de bio “vida” y mímesis “imitar”, esta ciencia toma “inspiración” de los procesos desarrollados mediante largos procesos de evolución. Actualmente la práctica es abordada por científicos, químicos, biólogos y hasta arquitectos. Disciplinas ahora impregnadas bajo una rigurosa conciencia ambiental.

FIN DEL MUNDO

Desde la Revolución Industrial a la fecha, la falta de evaluación sobre el impacto ambiental de la tecnología, ha encaminado a que los especialistas calculen con escabrosa exactitud una fecha para la expiración de la Tierra.

Entre los detonantes de contaminación con mayor ocurrencia durante esta temporada sobresalen el crecimiento industrial no controlado, diseños de producción poco amables con la naturaleza y la generación masiva de basura, lo cual perpetuó un ataque incesable a la vida de muchas personas, especies y ecosistemas. Además del inevitable agotamiento de combustibles fósiles y la consecuente proliferación de enfermedades como el cáncer, sobre todo en lugares donde existe la industria inmoderada.

Científica Janine Benyus. Foto: bioneers.org

EMULACIÓN

Que el hombre trabaje por imitar a la naturaleza a través de la ciencia no es novedad, inclusive es un hecho primordial, sin embargo, que reproduzca casi con exactitud el proceso es un elemento que no se encuentra en la mayoría de los inventos.

En 1941, mientras el ingeniero suizo Georges de Mestral caminaba por el bosque junto a su perro, descubrió que pedazos de una flor se adherían a sus calcetines. Luego de indagar en esta especie botánica, la cual fue identificada como bardana, patentó el invento como ahora lo conocemos, velcro.

La biomimética ha experimentado una expansión en todos los campos, desde la medicina, la energía, la aeronáutica, hasta pequeños aditamentos que facilitan los procesos sutiles de la cotidianidad. Por lo que podría tipificarse en tres campos.

Formas: el antecedente de esta tecnología se encuentra en los diseños aerodinámicos de aviones y trenes bala, este último debiendo su reducción al ruido y aerodinámica a la silueta del pico del martín pescador (alcedo atthis), ave capaz de penetrar en el agua a gran velocidad con la mínima fricción.

Investigadores de la Universidad Estatal de Nueva York (SUNY) trabajaron en mimetizar el sistema de las termitas africanas para mantener en sus nidos una constante de temperatura y humedad. Los insectos edifican sus hogares bajo los principios básicos de la termoregulación, por lo que un cambio de más de un grado centígrado alteraría por completo su funcionamiento. Los resultados del trabajo serían aplicados en la torre Eastgate de Zimbabwe, generando un ahorro de más de 3 y medio millones de dólares por año en gastos por los sistemas de ventilación. Según un estudio del Instituto de Biomimética, el 40 por ciento de la energía total en el mundo es generada por los edificios.

Tren bala en la estación de Tokyo/ Martín pescador. Foto: Flickr

Procesos: Imitando la modulación de los delfines en el Océano Índico, la empresa EvoLogics desarrolló un sistema de ultrasonido para la alerta de tsunamis. Para ello se colocaron sensores de presión a 6 mil metros de profundidad para luego emitir los datos a una boya sobre la superficie, de ahí la información es enviada mediante satélites hacia los centros de alerta temprana. El principal problema para lograr esta tarea había sido el gran cúmulo de interferencia que se generaba en la acústica marítima, inconveniente omitido por los mamíferos gracias a su evolución.

Además, científicos del Instituto de Tecnología de Massachussetts (MIT por sus siglas en inglés) y de la Universidad de Oxford, desarrollan un proyecto para descifrar la manera en que los escarabajos stenocara, que habitan en el desierto, logran sobrevivir a pesar de la falta de agua. Es así que 22 países ya emplean redes aéreas para recolectar el agua que existe en el aire.

Ecosistemas: A mayor escala y bajo una función coordinada, la biomimética no sólo haría más “fáciles” procesos casuales, sino que sería capaz de sustentar grandes civilizaciones. Cerca de Pune, India, se erige una ciudad que apropia los dos conceptos previos de la biomimética para desarrollar lo que sería conocido como “ciudad inteligente”.

VIDA ARTIFICIAL

Poco después del 2010, la iniciativa privada comenzó a construir Lavasa, la primera ciudad “corporativa”, ya que su construcción corrió de la mano de una trasnacional, la cual realizó un bosquejo completo donde se incluían hoteles, una zona de centros comerciales y casas para un estimado de 50 mil habitantes, sobre todo tomando inspiración del estilo de Portofino, Italia.

Sin embargo, a pesar de prometer una fina calidad de vida rodeada de montañas, agua dulce, edificios y calles autosustentables, la obra ha sido detenida en varias ocasiones debido a que atenta en contra del ecosistema que existía originalmente.

Ciudad de Lavasa en India. Foto: Dinodia/Corbis

El empresario detrás de la idea es el billionario hindú Ajit Gulabchand, quien además ha sido acusado de corrupción ambiental en más de una ocasión, ya que la obra se realiza sobre un patrimonio reconocido por la UNESCO. Lavasa se localiza a sólo cuatro horas de las zonas más contaminadas y pobres de la India.

MITO DEL FUTURO

Imagina diseñar la primavera”, declara Janine Benyus en una conferencia de TEDTalks en el 2009, cuando el concepto de la biomimética irrumpió por completo en la agenda científica. A través de un semblante ameno, la investigadora realiza la afirmación de que la sociedad actual ha olvidado que el humano es parte de un organismo entrelazado de especies: el resto de la naturaleza.

Por otro lado, el comprender la armonía de los entornos naturales ha enfilado a varios científicos a buscar imitar la vida animal. De esta manera, la Universidad de Tokyo junto a la empresa Additive Manufacturing (fabricación de aditivos) aprovecha los materiales de las impresoras 3D y los diseños digitales para incursionar en el desarrollo de especies completamente sintéticas.

Ready to Crawl (listo para arrastrarse) es un programa de imitación de especies similares a un reptil, el cual gracias a un motor externo puede producir lapsos de movilidad. Entre los prototipos ya probados se encuentran “animales” como gusanos, renacuajos y lagartijas.

Con cerca de cinco prototipos de animales rastreros, el japonés Hiroshi Sugihara es uno de los protagonistas de esta tecnología, quien hace tres años irrumpió en el festival de arte e innovación digital ARS Electronica, uno de las actividades más importantes del mundo en el área del rediseño del futuro.

En la fabricación aditiva (AM) es posible hacer varias piezas en un estado ensamblado como una sola máquina. Foto: Starts Labs

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