Todos los días son día de la mujer
Opinión

Todos los días son día de la mujer

Miscelánea

Cuando el dinero abunda, este es un mundo de hombres. Cuando el dinero escasea, es un mundo de mujeres. Cuando parece que todo ha fracasado, entra en juego el instinto femenino. La mujer toma las riendas. Esta es la razón por la que, a pesar de todo lo que ocurre, continuamos teniendo un mundo

Ladies’ Home Journal, octubre 1932

En esta gran capital, palpitante, generosa, injusta, cruel, grosera; en la que los ciudadanos vamos de una crisis a otra y donde el mañana parece tan poco halagüeño; es muy fácil caer en la depresión. Los hombres se enojan, gritan, pelean, se deprimen. Las mujeres también, sólo que entretanto, recogemos los escombros, recomponemos el mundo y seguimos alimentando, limpiando y atendiendo a la familia.

Mañana todo va a estar bien”, decimos con la fe bien puesta. El prodigio de dar la vida nos obliga a protegerla y en esas hemos andado por los siglos de los siglos. Estoy convencida de que Eva nunca debió ofrecerle la manzana a Adán porque él no contaba con los recursos para vivir fuera del Paraíso.

Desde que mamá me entregó en matrimonio, nadie más cuidó de mi ropa, de mi comida, ni me ayudó a maleducar a mis hijos. Desde las siete de la mañana hasta las doce de la noche, mi trabajo; con intervalos de vacaciones en los que se duplicaba: hacer y deshacer maletas sin olvidar protectores solares, cremas humectantes, raquetas, pelotas, flotadores, algún refrigerio para la carretera y la imaginación bien despierta para mantener a los chiquillos quietos y tranquilos durante el trayecto, porque “¿no ven que papi va manejando?”. En esas pequeñeces hemos ofrendado lo mejor de nuestro tiempo. Sacar a la familia adelante ha sido nuestra prioridad. No hay arrepentimiento aunque si cierta frustración al darnos cuenta de que mientras nos ocupamos del trabajo doméstico sin horario ni remuneración económica, los hombres aprovecharon su tiempo para construir un mundo en el que leyes, comercio, la banca, la política y hasta la cultura; todo los favorece.

Metáfora del mundo construido por ellos y para ellos, es el almuerzo servido a los catedráticos de una supuesta Universidad Inglesa que Virginia Woolf describe en su magnifico ensayo Un cuarto Propio: “lenguados sumergidos en una fuente honda, sobre los cuales, el cocinero había extendido una capa de blanquísima crema. Después llegaron las perdices, varias y múltiples con su debida escolta de salsas y ensaladas, las picantes y las dulces, todas en orden; sus papas finas como fichas, sus repollitos brotados como botones de rosa pero más suculentos, seguidos de un postre que nació todo azúcar de las olas. Mientras tanto, las copas de vino se habían sonrojado y dorado, vaciado y colmado”.

El insustancial almuerzo en el comedor de las mujeres lo describe más o menos así: “una sencilla sopa de caldo. Nada en ella para estimular la imaginación. A través del líquido se hubiera transparentado cualquier dibujo del plato. Pero no había dibujo. El plato era liso. Vino después la carne con su acompañamiento de papas y verduras. De postre sirvieron ciruelas y crema. La jarra de agua circuló profusamente. No nos podíamos quejar, ya que la ración era suficiente”.

He querido transcribir aquí estos fragmentos porque ilustran muy bien la organización de la vida: el banquete para ellos, para nosotras apenas lo suficiente. Así fue hasta más o menos los años setenta en que la aparición de la píldora y el número considerable de las mujeres que asistieron a la universidad, van dejando atrás la vieja sentencia de que “la mujer embarazada y con la pata quebrada”.

Debo hacer aquí un reconocimiento a la enorme contribución de la televisión y su altísima dosis de futbol, que al mantener a los hombres hipnotizados frente a la pantalla, nos va permitiendo recuperar los territorios perdidos. Estamos en la lucha aunque comienza a vislumbrarse la luz al final del túnel. Y termino con esta reflexión de Louise Bogan: “en una época donde la verdad y la certeza están ausentes y abundan la angustia y la desesperación, ninguna mujer debería avergonzarse de intentar, a través de su obra, que el mundo recobre parte de su corazón perdido”.

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