El árbitro de los mercados globales
Finanzas

El árbitro de los mercados globales

La labor de las calificadoras de riesgo

Las calificadoras de riesgo son sociedades anónimas que ayudan a inversionistas o instituciones a conocer si es favorable convenir económicamente con entidades como empresas, Estados y gobiernos a través de un análisis que define las capacidades para cumplir con sus obligaciones contractuales.

Los grupos son integrados por especialistas financieros que brindan opiniones técnicas sobre las posibilidades de pago de las condiciones pactadas entre socios.

Surgieron de la necesidad de los inversores de confiar con una entidad que buscara, analizara y procesara de manera centralizada, toda la información indispensable para pronunciar una opinión sobre el riesgo inherente de un acuerdo financiero.

NACIMIENTO

Conocidas como las Big Three (las Tres Grandes), las principales agencias son las norteamericanas Standard & Poor’s (S&P), Moody’s y Fitch, todas con sede en Nueva York y fundadas en ese orden entre la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX.

La práctica comenzó en junio de 1870 con la abrupta quiebra de la entonces considerada la compañía más importante del sector de transportes a nivel mundial, Pen Central Transportation Co. El repentino desplome ocasionó pérdidas millonarias que hicieron notoria la necesidad de corregir el sistema de calificación para las empresas. El reconocimiento de las emisoras (empresas) ya no bastaba para dar certeza a los inversores.

Henry Poor fundó en 1860 el antecedente de la compañía Standard & Poor’s, para vender información acerca de la solidez de las firmas ferroviarias en Estados Unidos. Posteriormente, John Moody creó Moody’s Investors Services, en 1909. Pero fue en 1913 cuando el negocio tomó su forma actual gracias al inventor y empresario norteamericano John Fitch, quien planteó la escala de calificación estándar para la industria.

CALIFICACIÓN

Las sociedades de calificación de riesgo tienen sus propios métodos, que deben ser aprobados por la Comisión Nacional de Valores de cada país. Por lo general utilizan un sistema uniforme a nivel internacional.

Foto: EFE/END

Las categorías de calificación se encuentran establecidas con las letras A, B, C, D, y E. Las primeras cuatro deberán utilizarse para las emisoras que hayan cumplido favorablemente con los requisitos de información demandados por las leyes vigentes.

Para las entidades que no hayan cumplido apropiadamente los requisitos establecidos por las normas actuales para la calificación de sus valores, se reserva la categoría E.

La puntuación A se esgrime para los valores negociables de óptima calidad y más bajo riesgo y en orden descendiente, la calificación D corresponderá a los valores negociables de menor calidad y mayor riesgo.

La calificación de riesgo implica un estudio cualitativo y cuantitativo de la información suministrada por el emisor y que existe de forma pública.

Entre los fundamentos metodológicos que se tienen en cuenta para una calificación de riesgo, se consideran: estados financieros históricos y programados, la gestión operativa y gerencial del emisor, las estrategias y posicionamientos en el mercado, el origen y la calidad que ostenta la garantía, el cumplimiento de obligaciones anteriores, el entorno legal y macroeconómico, la calidad y confiabilidad de la información.

Es así como los inversores utilizan los datos brindados por estas agencias para la toma de decisiones, cotizaciones y precios de colocación. Los emisores por su lado, utilizan los servicios proporcionados por estas sociedades para el ingreso a mercados financieros y cotización de sus emisiones.

Asimismo, cuando una entidad (gobierno, empresa, banco, aseguradora) necesita emitir deuda o solicitar financiación, encomienda a una agencia calificadora que la evalúe.

Foto: GettyImages

INFLUENCIA MUNDIAL

El 28 de octubre de 2018, ante el resultado a favor de Santa Lucía en la consulta popular sobre el NAIM en México, la agencia Fitch cambió la perspectiva para la calificación de México de estable a negativa. La noticia fue en línea con la tomada por la calificadora HR Ratings de México el día previo al periodo de votación de la consulta.

Como consecuencia, no sólo el peso cayó a su nivel más bajo en cuatro meses, el índice S&P/BMV IPC de la Bolsa Mexicana de Valores perdió más de mil 500 puntos en una sola jornada.

En abril de 2010, Christine Lagarde, actual directora gerente del Fondo Monetario Internacional, quien entonces fungía como ministra de Economía de Francia, advirtió sobre la necesidad de control sobre las calificadoras. Lo anterior fue en respuesta a que, durante el cierre de operaciones en Europa, Standard & Poor’s bajó la calificación a Grecia, Portugal y España, lo que provocó desplomes en el mercado accionario y el euro.

En 2006, el Fondo de Pensiones de los Empleados Públicos de California (Calpers) invirtió mil 300 millones de dólares en complejos canales financieros basados en hipotecas. Este fondo, el más grande de su tipo en Estados Unidos, está obligado legalmente a invertir su dinero en productos financieros conservadores, así que confió en la valoración que tres agencias calificadoras de riesgo le dieron a aquellas entidades: AAA.

Entre 2007 y 2008, las inversiones del fondo Calpers se desplomaron hasta valer casi nada. Calpers demandó a las calificadoras Moody’s, Standard & Poor’s (S&P) y Fitch, a las que acusa de haberlo engañado y de haber disfrazado de seguro y conservador un paquete de inversiones peligroso.

Según el fondo, que asegura haber perdido más de un billón de dólares por culpa de los ratings, calificó a los puntajes como “groseramente imprecisos” e “irracionalmente altos”.

Estructuras del Nuevo Aeropuerto Internacional de México. Foto: El Universal

OPINIONES

Jürg Zeltner, CEO de la división de Wealth Management del banco suizo UBS, dijo que las calificadoras atraviesan por una crisis de credibilidad.

Creo que las calificadoras perdieron mucho de credibilidad en la última crisis, antes eran obvios sus beneficios y fueron una buena guía, pero ahora lo que están haciendo en Europa por ejemplo, calificando a todos a la baja, creo que es golpear innecesariamente al sistema. He perdido confianza en lo que hacen y pienso que su credibilidad está en un punto bajo. ¿Podremos vivir sin ellas?”.

El economista de EconViews, Miguel Kiguel, cree que el problema más complicado es el del incentivo. "Los que pagan por las calificaciones son los emisores y no los inversores. Y el emisor quiere buscar la agencia que le ponga el mejor rating", agregó el especialista que pidió una mayor regulación para esta industria.

SIN RIGOR

Las empresas calificadoras han sufrido mucho descrédito, son cuestionadas permanentemente por su falta de objetividad y el sesgo ideológico que las orienta. Se considera que es labor de los Estados colocar las finanzas al servicio de la producción, el comercio y el empleo y no de la especulación.

Se les acusa de estar “muy allegadas” a la empresas de sus clientes favoreciéndolos injustamente, igualmente se les ha atacado de organizar tácticas de chantaje para “ganarse nuevos clientes” a través de la disminución de las calificaciones de esas firmas.

Los beneficios de este tipo de empresas son evidentes al ofrecer certeza y seguridad para los inversores de otorgar créditos únicamente a las sociedades con capacidad de repago, pero deben ser reguladas de manera más rigurosa pues el hecho de que las tres calificadoras más grandes sean de origen norteamericano contiene la duda de si sus puntuaciones siguen a intereses particulares y no a una realidad imparcial en favor de un resultado no sesgado.

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