Arquitectura orgánica
Arquitectura

Arquitectura orgánica

Construcciones que conviven con su entorno

La convivencia entre lo artificial y la naturaleza es una meta compleja, por lo que todo un momento histórico y creativo fueron necesarios para comenzar esta tarea. La arquitectura orgánica persigue este objetivo alejándose de las estructuras que protagonizan el espacio para mostrar formas que parecen combinarse como si provinieran del paisaje. Las razones de su surgimiento hacen notar su importancia y explican el interés que le guardan creadores de proyectos que se realizan hasta hoy.

Durante el siglo XX se replantearon un sinfín de tecnologías y expresiones del quehacer humano, y la ciudad como mayor símbolo de los avances logrados no habría de ser excepción. La arquitectura, pues, fue una de las ramas que fue más cuestionada; por lo que se necesitó una revisión de lo que se había hecho hasta el momento y se ubicaron errores y formas de enmendarlos.

La explicación de algunos cambios está en la reacción en contra del ornamentalismo propio de anteriores corrientes como la Neoclásica o el Art Nouveau, y su consecuente influencia en estructuras ligadas al historicismo y al eclecticismo. A partir de estos estilos se tomaron referencias representativas de la historia de la arquitectura y se mezclaron entre sí, pero dicha visión ya no representaba a la época que comenzaba.

NUEVA ERA

Esto ha ocasionado una contracorriente amplia, una tendencia a cierto minimalismo y a buscar el enfoque en la funcionalidad de lo que se construye. Es en este camino que nos encontramos con el desarrollo de una arquitectura corporativa y meramente comercial que adolece de un carácter rígido ante el cual, de igual forma, se reacciona para crear construcciones con objetivos más humanos.

Por tanto la arquitectura ha tenido miras a adquirir características más estilísticas y coyunturales, como menciona Karsten Harris en La función ética de la arquitectura. Las nuevas propuestas van en ese sentido; intentan ser más cercanas al usuario y a sus necesidades y a las sensaciones que pueda evocar; es decir, adopta una posición mucho más humanista.

Opera House de Sídney. Fotos: Diliff y EFE/El Universal

Para que el organicismo, como fue llamado también, fuera posible, necesitó derivarse de la función, la idea principal del racionalismo. Pero además de centrarse en el usuario continuó por otro terreno poco usual: el entorno.

Las construcciones, vistas antes como un objeto monumental, dominante y aislado, de las que derivaban costos enormes, estaban en declive. Esto dio lugar a una visión que buscara un mejor uso de los recursos disponibles y que desarrollara tanto urbanismo como construcciones sustentables y ecológicas.

DISEÑO RACIONAL

Así, para el arquitecto estadounidense Louis Sullivan, la forma fue más importante que la función, pero para su connacional y aprendiz, Frank Lloyd Wright, estas dos debían completar una misma cosa.

De esta manera, la arquitectura organicista nace en una época temprana del siglo XX. Su popularización se debe a que en 1908 Wright, precisamente, utilizó el término y lo dotó de la filosofía que ahora le caracteriza. A él se deben todas las ideas que se han planteado como determinantes del movimiento y las convenciones que al día de hoy se respetan no sin algunas derivaciones.

Los principios de este autor son reconocibles en cada estructura que creó. El contacto con la naturaleza que intenta, se contrasta con el propósito de ofrecer gran comodidad y habitabilidad con especial énfasis en la privacidad y la protección.

La construcción se une al entorno, y aunque no lo imita se inspira en él para abordar texturas y colores que puedan complementar cualquier paisaje, pradera o desierto. La adaptabilidad podría ser el principal valor con el que se trabajan sus proyectos, puesto que tanto a nivel estético como en el uso de materiales, hay decisiones cuidadosas que respetan el medio.

Estas estructuras contienen patrones en donde los contrastes no son importantes; si bien en la mayoría de proyectos este elemento se utiliza para atraer fácilmente la atención y el interés del espectador, lo propio del organicismo es evitar esto para dar lugar a una sensación de tranquilidad, estabilidad y de apertura. El contacto con la naturaleza, cabe mencionar, es recomendable para hacer frente a males comunes como la depresión, la ansiedad y el estrés.

Interior de la casa de Frank Lloyd Wright en Wisconsin. Foto: Arch2all/Americasroof

Los interiores, más que ser una completa transformación, son una extensión del ambiente, pues se disponen de manera orgánica fluyendo naturalmente y sin utilizar separaciones ni habitaciones delimitadas. Desde una habitación no se puede ver hacia la otra contigua, puesto que se descubre la disposición conforme se avanza. Esto además de hacer posible respetar la privacidad de los usuarios, hace que se tenga una sensación de descubrimiento como la que habría en la naturaleza misma.

ARMONÍA VS LUJO

A pesar de ser muy enfocado en lo funcional, hay espacio para la ornamentación, pero respeta estándares de orden, estando en función de la utilidad y la armonía con las demás formas; no sobresale ni es únicamente decorativa, y por lo tanto no incurre en excesos.

También los componentes mecánicos y eléctricos están puestos de tal forma que no se esconden pero tampoco son demasiado obvios, con lo que la iluminación y las tuberías no se muestran tanto.

Wright ha hecho todos estos aportes en su variedad de construcciones que incluyen su propia casa, pero durante las próximas décadas se continuó creando en esta particular línea. En la última mitad del siglo XX, la arquitectura orgánica se llevó a proyectos más ambiciosos, de modo que muchas de las creaciones del afamado Antonio Gaudí sean parte del movimiento.

El resultado han sido edificios orgánicos formados por líneas curvas y ondulaciones logradas mediante el uso de armazones de hormigón y voladizo. Construcciones tan importantes como El Parque Güell de Gaudí, la Ópera de Sydney del danés Jørn Utzon o el Aeropuerto Internacional de Dulles de Eero Saarinen, son parte de esta visión de la que se han impregnado también los espacios urbanos, que aunque guardan menor preocupación por la mezcla con el espacio, hacen énfasis en la inspiración en las formas naturales, que es su principal herencia.

Antoni Gaudí fue un arquitecto genio y una persona profundamente espiritual. Por esta razón, su apodo es “El arquitecto de Dios”. Foto: tourinews.es

Wright entre muchos otros como arquitectos y teóricos como Lewis Mumford, Heinrich Tessenow, Alvar Aalto o Luis Barragán, no se han conformado con la mera innovación y han abogado por mejorar la vida de los habitantes mediante planificación regional. Defendieron la vida en las ciudades pequeñas y rechazaron la manera en que las metrópolis abarcaban terrenos enormes y devoraban la naturaleza en vez de adecuarse a ella.

Hoy, gracias a estas aportaciones, a partir de la década de los noventa se han implementado modelos que abogan por una arquitectura verde que no dañe el medio ambiente. El organicismo ha alcanzado objetivos filosóficos que posiblemente en un futuro hallen mayor repercusión.

Este tipo de diseño ha sido una tendencia mantenida ya por bastante tiempo, y de hecho parece no tender a la desaparición; toma lugar en el imaginario ideal del interés del público, donde el lujo de algunas construcciones es difícil de concebir sin esta mezcla con lo natural.

La razón de su persistencia tiene que ver precisamente con los intereses , puesto que si antes se construían estructuras que imponían su diferencia ante el entorno, su altura o visibilidad, ahora se ha superado esa etapa para dar lugar a una necesidad de privacidad y tranquilidad, una armonización que antes no era lograda para plantear la opción de un mundo donde las personas no eran elementos determinantes. En cambio, la arquitectura contemporánea busca legar mejores aportes al medio natural.

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