Más allá de la narrativa en el cine
Cine

Más allá de la narrativa en el cine

Descubrir el séptimo arte en el siglo XXI

El cine ha muerto”, estas palabras han sido pronunciadas infinidad de veces a manera de sentencia definitiva e inapelable para el cine en los últimos cien años. Por ejemplo, D.W. Griffith y Chaplin lo declararon ante la llegada del cine sonoro, David Lynch y Béla Tarr ante el advenimiento del cine digital y Martin Scorsese opinó recientemente que el séptimo arte se ha convertido en un proceso meramente industrial.

Lo cierto es que el cine no muere, sino que cada cierto tiempo se transforma, principalmente al adaptarse a los avances tecnológicos de la época. Las cámaras de 16 mm dieron paso a las de 35 mm, el sonido estéreo se transformó en una experiencia envolvente de siete canales y hace menos de una década desaparecieron los proyectores análogos para dar paso a una experiencia totalmente digital. A veces, estos avances tecnológicos contribuyen a innovar en el lenguaje cinematográfico y en contadas ocasiones han cambiado también la manera en que se consumen los productos audiovisuales.

Hace ya más de medio siglo que la tecnología hizo posible que la experiencia cinematográfica pasara de la sala habitual a la sala de la casa. Al inicio, con las primeras transmisiones de películas por televisión y posteriormente con la incursión de las videocaseteras y los reproductores de discos como el DVD o el Blu-ray. Actualmente, las plataformas digitales y servicios de streaming están cambiando la manera de acceder a contenidos audiovisuales, convirtiéndose en una especie de santo grial para los cinéfilos.


NUEVA ERA

Antes, para ver películas de autor, era necesario acudir a cinetecas, cine clubes, cines especializados o bien, conseguir una copia en videocasete o videodisco. De igual forma, para ver un gran estreno era necesario acudir al cine, puesto que su publicación en DVD o Blu-ray tardaría cerca de un año. Esta limitada disponibilidad de contenidos siempre ha creado una especie de segmentación en el público. Mientras que en las cinetecas se exhibe cine de autor, en los cines con múltiples salas se estrenan las películas más comerciales. Sin embargo, actualmente no es raro encontrar estos dos tipos de cine adosados en una misma columna de un estante digital.



Los fundadores de la productora United Artists: Mary Pickford, D. W. Griffith, Charles Chaplin y Douglas Fairbanks, 1919. Foto: GettyImages

La mayoría de estas plataformas digitales cuenta con algoritmos de recomendación de contenidos para el usuario, mas no siempre son atinados y aquel espectador que buscaba entretenerse viendo una comedia ligera, termina ante una oscura comedia política proveniente de los Países Bajos. Como consecuencia, el espectador actual busca orientación en curadores de contenido como críticos de cine, periodistas, influencers en redes sociales o bien, amigos o conocidos.

Esto no es nada nuevo. En general, las obras cinematográficas avaladas por la crítica especializada son calificadas como aburridas y planas por el resto de los espectadores. Esto se debe principalmente a que la audiencia habitual busca una experiencia de entretenimiento propulsada por situaciones melodramáticas o secuencias de acción frenética. Al enfrentarse a una obra que no sigue este modelo y que rehuye del mismo, optando por un ritmo pasivo y contemplativo, llega la frustración. La decepción probablemente se deba a que el único elemento al que se prestó atención fue a la acción dramática.


FÓRMULA

Uno de los recursos narrativos más prominentes en el cine de ficción es la estructura de los tres actos. Heredada de la literatura y las artes dramáticas, se conforma principalmente por elementos como conflicto, clímax y resolución, lo cual no es más que una variante del relato épico, establecido hace siglos y que es la base esencial para el relato.

Resulta innegable que el cine de ficción descansa cómodamente sobre los cimientos del relato, pues el medio aprovecha al máximo su potencial narrativo para entretener y cautivar al espectador. Sin duda, es una de sus grandes cualidades. No es casualidad que los amantes de la novela o de las representaciones teatrales encuentren satisfacción en el cine al presenciar una buena historia que serpentea por la pantalla, al tiempo que se desenvuelve y desdibuja personajes interesantes.



Foto: Facebook

Aunque la literatura, el teatro y el cine tienen varios elementos estructurales en común, son soportes que utilizan lenguajes propios. El cine, al igual que estas disciplinas, busca articular un relato a través de la representación dramática, no obstante, dista mucho de ser su cualidad principal. La contribución más importante del cine y su finalidad primordial reside quizá en la construcción espacio temporal de una realidad. Una realidad fabricada a través del montaje de imágenes y sonidos, muy similar a lo que el teatro busca, sólo que por medio de la representación en un espacio físico. En el caso del cine, la articulación del espacio temporal es posible gracias al lenguaje cinematográfico.

Este se conforma en gran medida por el montaje, es decir, el ensamblaje de una imagen con otra para crear una semiótica. Sin embargo, un buen trabajo de edición es prácticamente invisible al ojo del espectador.

Una gran cualidad que tiene este medio es la capacidad de penetrar en la psique del espectador, pues lo hace olvidar que está ante una narrativa prefabricada y los procesos como la edición y el montaje se vuelven totalmente invisibles. El espectador no se percata de los cortes que existen entre las imágenes. Por lo tanto, no resulta sorprendente encontrar que el parámetro más frecuente con el cual se evalúa una pieza cinematográfica sea la narrativa.


REALIDAD INVENTADA

El cine tiene la capacidad de sesgar el campo visual del espectador para centrar su atención en ciertos detalles en particular. Al no agudizar la vista e ignorar aspectos como los movimientos y la coreografía de la cámara, se pierde una gran parte de la experiencia. Resulta más valioso mostrar qué decir.

Además, los diálogos son un soporte dramático importante, no obstante, en algunas propuestas audiovisuales son complementarios a las imágenes. Incluso, hay secuencias o películas enteras sin diálogo alguno, recordándonos el origen silente de la cinematografía y a la vez, brindándonos valiosos documentos visuales.



Foto: xataka.com

En una película de calidad artística nada de lo que aparece en pantalla es gratuito. Todo tiene una razón de ser, pues en general cada elemento está planeado con antelación. Además del cinefotógrafo, el cual dicta la planeación de movimientos de cámara e iluminación, existen los departamentos de dirección de arte y de diseño de producción. Son los encargados de que el estado anímico de un personaje se pueda reflejar por medio de un contraluz o quizá en la paleta de colores de todo lo que le rodea, o incluso, en su propia vestimenta. El cine permite detenerse y contemplar, pero también tiene la fuerza suficiente para construir escenas oníricas y fantásticas que recuerdan los lugares más profundos de la mente humana.

Está claro que hay quienes buscan en el cine una experiencia de ocio y diversión, una mera distracción que entretenga y que ayude a olvidar las ocupaciones mundanas por un par de horas. No obstante ¿por qué no buscar entretenimiento en la reflexión? El cine serio no tiene como objetivo único el ser entretenido, a veces es contemplativo, reflexivo e incluso, perturbador. Al voltear la vista hacia los diversos elementos que construyen la narrativa cinematográfica, seguramente la experiencia se enriquecerá.

Cuando se trata de cine, es evidente que en gustos se rompen géneros, o mejor aplicado a este contexto en particular: en géneros se rompen gustos.

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