Cultura del outsourcing
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Cultura del outsourcing

El panorama laboral de las nuevas generaciones

El outsourcing o subcontratación consiste en la contratación externa de recursos anexos, mientras la organización se dedica exclusivamente a la razón o actividad básica de su negocio. No es sólo un contrato de personas o activos, es un convenio para obtener resultados.

La compañía contratante delega a un prestador externo (outsource) con experiencia en el área, riesgos, la gerencia y la operación de uno de sus procesos o servicios, buscando agilizar, optimizar la calidad y a su vez reducir los costos del proceso de subcontratado. En cierto sentido este prestador pasa a ser parte de la empresa, pero sin incorporarse formalmente.

PRIMEROS SUBCONTRATOS

En la mayoría de los países, desde el comienzo del esquema asalariado se recurrió a formas de organizar la producción que involucraran la intervención de terceros (disponer de mano de obra a través de intermediarios). Hay sectores de actividad (construcción, trabajos de obras públicas, minería, agricultura), en diversas partes del mundo, en los cuales estas prácticas constituyen una antigua tradición.

Lo inédito de este fenómeno en la actualidad es su capacidad de expansión, ya que, de constituir una práctica limitada a ciertos sectores, la subcontratación de hoy en día se ha extendido a todas las áreas de la actividad laboral.

El empleo de la subcontratación comenzó a ganar credibilidad como una estrategia de negocios al inicio de la década de los setenta, enfocado sobre todo a las áreas de información tecnológica en las empresas. Sin embargo, el término outsourcing no se empleó para describir la creciente tendencia de grandes compañías de transferir sus sistemas de información a proveedores hasta 1980.

En 1998, la práctica alcanzó una cifra de negocio a nivel mundial de cien mil millones de dólares y de acuerdo con estudios recientes, esta cantidad podría dispararse hasta 282 mil millones.

Fabrizio Opertti, jefe comercial del Banco Interamericano de Desarrollo, y Pedro Beirute, gerente de la Promotora de Comercio Exterior de Costa Rica, en el VI Foro Latinoamericano y del Caribe de Outsourcing y Offshoring 2017. Foto: EFE/Jeff rey Arguedas

En los últimos años se ha dado un crecimiento vertiginoso en la subcontratación de servicios entre países desarrollados y países en desarrollo, lo que comúnmente se ha llamado off shore outsourcing. Uno de sus principales motores de crecimiento es el ahorro en costos directos productivos al utilizar mano de obra calificada con salarios más bajos que los que se pagarían de ser contratada por las empresas directamente, como es el caso particular de la India, China o Rusia.

VENTAJA CORPORATIVA

Los beneficios de ejercer el outsourcing para las empresas son cada día más tangibles. Y entre ellos se pueden nombrar los siguientes: favorece la transparencia, permitiendo reducir y controlar los costes del proceso o función que se externalice.

Las inversiones y los recursos pueden ser dedicados al objetivo principal de la empresa. Los procesos de innovación y digitalización se dejan en manos de técnicos especializados, lo que supone una mejora en la eficacia y un ahorro de tiempo y costos. Además, permite un acceso instantáneo a la tecnología y al conocimiento de la empresa especialista contratada.

La compañía puede afrontar nuevos desafíos y ampliar sus ramas de negocio sin necesidad de extender su plantilla o formar a su personal en todas las tecnologías que se requieran, pues bastará con seleccionar de forma adecuada la empresa de outsourcing especializada en cada proyecto.

REALIDAD PARA TRABAJADORES

La subcontratación afecta de manera diferenciada a los trabajadores de las empresas, dependiendo del tamaño de esta y del nivel que ocupe en la cadena de mando. Las condiciones laborales de los empleados se van precarizando y entre las principales desventajas que presenta este tipo de contratación se encuentra que el trabajador de la pequeña y mediana empresa subcontratista esté sujeto a los vaivenes financieros o que su rama de actividad sea de alto riesgo económico.

En México, muchos empleados subcontratados cotizan con el salario mínimo en el IMSS, aunque su sueldo real sea mayor. Foto: Daniel Razo/El Universal

Por otro lado, no ofrece estabilidad, pues las compañías pequeñas ofrecen menos prestaciones. Las personas subcontratadas no son pagadas por la empresa, por lo cual no tienen un incentivo de lealtad hacia ésta y al no tener un sentido de pertenencia, la productividad baja, sobre todo porque no hay antigüedad para ellos. Por lo tanto, afecta el ambiente laboral a la larga.

Este sector ha cobrado fuerza y se ha multiplicado trayendo una gran competencia, por lo que las empresas de outsourcing que ofrecen la mejor calidad a un menor precio son las que sobreviven. De hecho, muchas empresas licitan sus contratos, buscando maximizar la calidad del servicio que contratan, pero esto no necesariamente se ve reflejado en mejores condiciones para los trabajadores. Muchas veces pasa lo contrario, pues aquellas empresas pequeñas que buscan ser competitivas en busca de mejores contratos, van deteriorando las condiciones que ofrecen a sus especialistas.

EN MÉXICO

La globalización demandó a las empresas mexicanas flexibilidad en sus estrategias económicas y de producción si deseaban competir en el mercado global. La subcontratación se visualizó entonces como una forma de generar competitividad al reducir costos, en particular presupuestos laborales.

En la práctica se convirtió y hasta la fecha se ha mantenido como la forma en que la empresa, de manera indirecta, logra flexibilidad sin entrar en conflictos graves con su propio contrato colectivo o su sindicato.

La subcontratación es uno de los fenómenos que se presentan con más frecuencia en México, derivado de las diferentes reformas aprobadas desde el 2012. Sobresalen en esta práctica los sectores de servicio manufacturero, productor, administrativo, entre otros. Su regulación se encuentra en la Ley del Seguro Social y la Ley Federal del Trabajo, siendo una ventaja en la reducción de costos y carga administrativa.

Trabajadores del IMSS protestan durante audiencia de la reforma laboral. Representantes sindicales exigieron la eliminación del outsourcing y la garantía del derecho de huelga. Foto: Laura Lovera

México, en cuanto a prácticas de contratación y despido de personal, ocupa el lugar 37 de 143 según el Índice de Competitividad Internacional. Los países con mayor nivel de desarrollo obtienen un nivel más bajo en dichas prácticas, por lo cual la flexibilización del mercado laboral no es garantía de aumento en la productividad de un país.

Con la reforma laboral del 2012, se hace cada día más notoria la presencia de este giro de servicios en la economía del país, representado la contratación a través de un tercero un retroceso en los derechos laborales y una afectación directa a los empleos generados, enfatizando así la actitud que asume el trabajador frente a este fenómeno.

En la economía del siglo XXI las empresas de todos los países del mundo se ven obligadas a sortear distintas complicaciones económicas, sociales, jurídicas y hasta políticas con el fin de tener una oferta atractiva en los estándares de los tiempos en los que corren. Para satisfacer la demanda de productos terminados de alta calidad y a precios muy accesibles para el público consumidor, las han obligado a adoptar medidas que aumenten su productividad y les permitan seguir obteniendo grandes utilidades.

Respecto a los trabajadores, podemos afirmar que el marco jurídico ha disminuido en gran medida los actos que antaño violaban sus derechos, pues tanto las autoridades fiscales, el IMSS y las empresas beneficiarias de los servicios de los trabajadores han actuado de manera diligente en el cumplimiento de la parte que la ley les ha asignado con la reforma laboral para tutelar así sus derechos.

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