Thomas Pynchon: un psicodélico
Literatura

Thomas Pynchon: un psicodélico

El escritor de la paranoia

La cultura norteamericana está llena de contradicciones. Libertad y control, doble discurso y moral aquejan a una sociedad que poco se conoce a sí misma, donde cada día se entiende menos qué es lo real. La obra de Thomas Pynchon abre algunas puertas.


SOCIEDAD PARANOICA

¿Qué es la realidad?, ¿qué es la verdad? Esas son las preguntas de nuestro tiempo. Las redes sociales, el Internet, las telecomunicaciones, la capacidad de edición de nuestros dispositivos en cuanto a lo que registran, ha hecho más difícil definir estos conceptos. La paranoia se ha ido imponiendo en la forma en que percibimos el mundo, debido a que la objetividad concreta no basta para determinar lo verdadero. Hoy en día son más definitorias las obsesiones colectivas e individuales para construir lo real. Quizás esto sucede porque sabemos que los actos y las evidencias pueden ser manipulados. Todo es manipulable descaradamente desde hace tiempo, y es probable que ese sea el más grande de los destierros para los seres humanos, quienes constantemente andamos en busca de certezas.

Se han construido imperios enteros, como el norteamericano, con el afán de encontrar esas certezas o en su defecto determinarlas por medio del poder político, económico y militar. Nietzsche, agudamente, declaró en la Generalogía de la moral, que la verdad no era otra cosa que la ideología impuesta por los poderosos. Sería complicado decir si ha sido exitosa la empresa para los Estados Unidos. Es muy posible que esto no haya sucedido del todo, por la crisis en la que aparentemente estamos inmersos. Uno se convence en mayor grado de la falla después de la lectura de un novelista tan monstruoso como Thomas Pynchon.



“No pelearemos otra guerra más de hombres ricos”. En los años 60, muchos jóvenes en Estados Unidos se manifestaron contra la intervención de su país en la Guerra de Vietnam.

Según un anónimo, lo monstruoso tiene que ver con lo desproporcionado, con lo excesivo, lo cual puede llegar a ser terrible, aunque no por eso deja de ser fascinante. Así es la escritura de Pynchon, no únicamente por su forma y su lenguaje despiadado, sino por su temática: la sociedad paranoica. Bajo dicho tópico tendría que ser monstruosa, ¿cómo hablar de nuestro mundo sinceramente y sin tapujos sin alcanzar este adjetivo?

Al menos parece que estos conceptos con los años han permeado un poco en la vida cotidiana. A nadie sorprende ya que los medios de comunicación de la cadenas como CNN o FOX sean tendenciosos, manipuladores de los hechos, al grado que su poder se los permite. Sin embargo, Pynchon lo ha venido desarrollando en sus libros desde los años sesenta. No es de extrañarse, debido que esa década sin lugar a duda fue el punto de inflexión de lo que nos hemos convertido, en especial porque tal parece que es ahí donde comenzó la decadencia del sueño americano. Ahora bien, reconsideremos, es casi seguro que todo siempre haya estado en decadencia. Pero al menos en la obra de Pynchon se infiere que en dichos años lo que se consideraban verdades inamovibles empezaron a desmoronarse en el país del norte . La sociedad americana descubrió que sus certezas en realidad no eran certezas, que su dios no era un dios, que su democracia no era democracia, y que sus guerras no eran sus guerras y que tampoco eran por la libertad de las naciones. Lo peor de todo es que por primera vez intuyeron, sin querer verlo del todo, que sus libertades muy probablemente no eran libertades. De eso precisamente trata la novelística de Pynchon.


UN ESCRITOR SIN ROSTRO

El primer libro importante que Pynchon publicó fue V. en 1963 a la edad de 26 años. Hablamos de una novela monumental, de alrededor de seiscientas páginas, donde se habla de la vida decadente de un grupo de jóvenes en la ciudad de Nueva York (en ese sentido hay vasos comunicantes con Rayuela, de Cortázar, aunque Pynchon es mucho más crudo), con un contrapunto de las encarnaciones de una mujer denominada como “V” en diferentes momentos de la historia reciente de Occidente.



Thomas Pynchon. Foto: IMDb

La obra fue merecedora del premio de la Fundación William Faulkner a la mejor novela del año. Lo interesante es que Pynchon no se presentó a la ceremonia de entrega. Prefirió contratar a un actor para que pretendiera ser él mismo. Desde entonces no se sabe bien a bien quién o cómo es Pynchon. Las únicas fotografías disponibles son de los archivos de su paso por la Marina Americana, donde estuvo reclutado en su juventud. Nunca ha dado una entrevista y el contacto con los editores es casi nulo o remoto.

No se conoce exactamente la razón por la que Pynchon ha preferido mantenerse en esta especie de anonimato. En los años noventa más de un periodista intentó tomarle una fotografía, de esos intentos solo tenemos imágenes donde únicamente alcanza a distinguirse la figura de un hombre alto y delgado con una cachucha roja en una melena castaña. Una corriente de especulaciones dice que se oculta por lo que narra de forma encriptada en sus historias (las cuales ciertamente son irónicas acerca de las posturas del gobierno de su país), pues teme que alguna corporación como la CIA o la NSA tome represalias.

Sea lo que fuere el caso: simple timidez, misantropía o precaución política, esta conducta ha convertido a Pynchon en el autor más importante de la contracultura estadounidense.


UN MAMOTRETO DE “MIL Y PICO” DE PÁGINAS

En 1973 se publica El arcoíris de gravedad, la cual estuvo a poco de ganar el Premio Pulitzer si no es porque algunos miembros del jurado la encontraron excesivamente obscena. Ciertamente lo es en muchos de sus pasajes. Pero ¿qué podía esperarse si la historia está ambientada en la Londres sitiada por el Ejercito Nazi? En esta narrativa no hay censura. Hay hambre, muerte, cobardía, racismo; en un punto también encontramos amor, efímero; no obstante, amor, cuando el personaje principal Tyrone Slothrop se enamora de una adolescente en una de sus misiones dentro de Polonia. Su estilo de escritura es seguramente un reto incluso para los lectores más avezados. Recuerda al Ulises de Joyce, así como recuerda a El Quijote de Cervantes. Está llena de un surrealismo por el cual el cine posterior está en deuda.



La catedral de San Pablo se vislumbra entre el humo provocado por los ataques alemanes en Londres, Inglaterra, el 29 de diciembre de 1940. Foto: Rare Historical Photos

Quizás el símbolo más interesante que desarrolla este libro respecto a la realidad del ser humano contemporáneo es la figura del misil V2.

Los V2 fueron desarrollados por el ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial. Fueron los primeros misiles continentales supersónicos. Para los radares de la época era imposible detectarlos. Estallaban sobre las casas y edificios de Londres antes de ser escuchados. Por primera ocasión, la muerte fue aleatoria e instantánea. La gente se refugiaba en alguna casa en ruinas tal vez para intentar tener una vida normal leyendo un viejo periódico o simplemente resguardarse y al siguiente segundo se encontraba calcinada por la bomba. Este fue el inicio de la paranoia de nuestro mundo. ¿Qué era la realidad entonces si no se tenía la certeza de su continuidad?

Y, sin embargo, este apenas es un mal esbozo de una de las múltiples imágenes que se reflejan en el arcoíris de Pynchon. Hablamos de un autor original e indispensable en nuestro tiempo, tan netamente posmoderno como pocos. No hay falsas esperanzas, sino más bien un humor que también lo corroe todo, porque no olvidemos que la comedia y la parodia pueden ser más terroríficas que las historias trágicas. Desde luego que Pynchon merecería el Nobel; sin embargo, no nos engañemos, nunca se lo darán, y no solo porque su literatura es políticamente incorrecta, sino también porque ya se lo dieron a Bob Dylan. Ese premio le correspondía a Pynchon.

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