El negocio de la vida eterna
Ciencia

El negocio de la vida eterna

Los avances de la criogenia en la actualidad

El concepto de vivir para siempre ha sido una idea que palpita en la mente humana desde los comienzos de las primeras cosmogonías. Un sinfín de culturas han adoptado como credo que la vida eterna surge tras el abandono del medio terrenal y abre paso a que el alma habite los confines del paraíso o su equivalente entre creencias.

La corriente posmoderna de la sociedad, cada vez más renuente de prácticas y ritos religiosos, recurre a la ciencia como principal motor formativo y se encamina a experimentar en terrenos clausurados por los líderes religiosos a causa de sus advertencias.

Por ello, experimentos como la clonación de animales y la mediática prueba de revivir a “Jesucristo” con el ADN hallado en el Manto de Turín, fueron la carta de presentación para recibir a trabajos como los que se realizan dentro de la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN, por sus siglas en inglés) en donde bajo un complejo en Ginebra, Suiza, se utiliza la recién descubierta partícula de Higgs para reescribir los libros de historia y de paso, manipular el Colisionador de Hadrones para analizar las condiciones palpables de nuestra realidad.

APUNTES EN LA FICCIÓN

Ahora, ya sin antecedentes de la carga moral para las investigaciones, el ser humano, o al menos aquel con solvencia económica, ha decidido que no hay propósitos ulteriores de vida y persigue ser un agente de la existencia eterna, aunque nunca bajo términos de la oportunidad colectiva. Para lograrlo, científicos e institutos se dedicaron a unos de los temas más propios del génesis de la ciencia ficción: congelar la mente y el cuerpo humano.

Registros indican que en el campo de la literatura, la idea “original” fue concebida por Robert Heinlein en su novela Los hijos de Matusalén de1944, quien dio forma a la práctica bajo el nombre de “sueño frío” para que una familia de aristócratas prolongaran su estancia en la Tierra. Otros pilares del imaginario universal que flexibilizaron la teoría de la criogenia van desde películas como Alien, escrita por Dan O'Bannon en 1979, que la colocó en terrenos de mayor exposición y hasta series animadas de sátira como Futurama en 1999, tan sólo por nombrar algunos.

El protagonista de Futurama despierta de una criogenia. Foto: YouTube

Por ello, imaginar un cuerpo descongelándose dentro de un laboratorio futurista o en los rincones de la Antártida, son imágenes recurrentes dentro de los canales casuales de entretenimiento, aunque siempre bajo las reglas tácitas de la ciencia ficción. Y como sucedió en más de una ocasión, estas historias fueron la base ideológica que impulsó el desarrollo de una tecnología y al mismo tiempo, la especulación sobre fraudes venideros.

A principios de la década de los sesenta, el académico y ex militar condecorado norteamericano Robert Ettinger, volvió a la raíz de lo que podría ser la ruta filosófica que pretende la criogenia: extender la existencia de uno mismo de manera indefinida. Ettinger había sido retirado del ejército luego de sufrir una herida de combate en Alemania y durante su recuperación se recibió con especialidades en física y matemáticas de la Universidad Comunitaria de Michigan.

Su carrera en el ámbito de la “criociencia” partió de lecturas especializadas en la literatura de género, terreno de la ficción del cual extrajo los tropos de la eterna juventud y viajes al espacio. La idea de mantener la mente a través de las eras maduró en la cabeza de Ettinger hasta que en 1962 The Prospect of Immortality (El prospecto de la inmortalidad) salió de la congeladora.

Fue el primero de una trilogía de publicaciones que abordan con firmeza el elemento de la identidad humana como pilar de nuestra trascendencia sobre el resto de las especies. Un hombre que viviera en el cuerpo de un robot pero sin abandonar los rasgos de su personalidad, cuestiones humanitarias que hicieron a Ettinger ser alguno de los pocos pensadores que no arroparon la ciencia con excentricidades bélicas, como fue visto poco tiempo después de la Segunda Guerra Mundial y la estructuración de la Guerra Fría. En aquella época la ciencia optó por basar estudios en torno a la destrucción y no a la preservación. Por ello, sin ser su objetivo, el padre de la criogenia también sentó las bases de la inteligencia artificial, ya que en su pensamiento por incubar a la mente humana fuera del cerebro introdujo el término“self circuit” (circuito de identidad), lo que sería traducido en una consciencia que habite la tecnología.

Robert Ettinger. Foto: Ro bert Ettinger

OPTIMISMO EN EL FUTURO

A pesar de contar con la concepción teórica para el uso de la criogenia, hasta el momento no es posible asegurar que se trate de una ciencia efectiva o al menos prometedora, aunque ello no detiene que exista un exclusivo grupo de personas aguardando el futuro desde avanzados laboratorios.

En realidad, la práctica que se realiza en los institutos tanto de Estados Unidos como en Rusia debería frontalmente ser denominada como “biocriopreservación”, rama que consiste en congelar partes del cuerpo o sólo la cabeza, ambas por separado a través de un método que permite mantener el tejido humano en perfecto estado de hibernación. Por lo regular, este procedimiento se realiza en pequeñas cámaras con nitrógeno líquido con la temperatura fijada en su punto de ebullición, que son 196 °C bajo cero.

No obstante, por el momento el objetivo para introducir un cuerpo en modo de vida suspendida es tan sólo una “promesa” de que en determinado futuro ya existirá la cura para la muerte o para las enfermedades con altas tasas de mortalidad.

Es así que empresas norteamericanas como Fundación ALCOR para la Extensión de la Vida, creada en el estado de Arizona durante 1972, el centro Cryonics de Michigan y el instituto Transtime en California se alzan como protagonistas en una panorama con más dudas que respuestas. A su vez, los laboratorios de Rusia, KrioRus están a punto de replicar su modelo en España.

Básicamente, las personas que se encuentran bajo el cobijo del nitrógeno líquido decidieron ser congeladas debido a que contaban con una enfermedad mortal o son cuerpos que se introdujeron en las cámaras en un lapso de 10 minutos después de su muerte, esto con la esperanza de que en el futuro ya exista la tecnología adecuada para que las personas regresen a la vida, situación que pone en duda el tiempo que tardará la llegada de la ciencia de resurrección, ya que los clientes pagan su estancia en las crio cámaras por tiempo indeterminado.

Valer ija Udalova, directora de KrioRus, y Danila Medvedev, su adjunto, al pie del silo en el que alrededor de diez cuerpos se congelan en nitrógeno. Foto: Vlada Krassilnikova

En el 2016 eran al menos 300 personas esperando su turno y quienes dejaron atrás las transacciones de 12 mil dólares por el cerebro y 36 mil dólares por la preservación del cuerpo y la cabeza, según las tabulaciones de la empresa rusa, y de 81 mil dólares o 188 mil dólares bajo las condiciones de ALCOR, la entidad líder en el negocio y que con base en su plan de negocios, reparte el monto para el pago de colaboradores, el bono de durabilidad y otro tanto para pagar el nitrógeno líquido que mantenga el reloj corriendo.

TIEMPO CONGELADO

La base de datos de Alcor, la cual es pública y con respaldo en Internet, registra que su cliente número 134 o el miembro A-2789 es el cuerpo de una niña tailandesa de 2 años que fue declarada muerta el 8 de enero de 2015. Su nombre es Matheryn Naovaratpong y es la persona congelada más joven hasta el momento.

Sus padres, ambos ateos y doctores de renombre en Tailandia, combatieron un agresivo cáncer neurológico de su hija, hasta que decidieron suspender su esperanza y esperar a que regrese a la vida en algún momento. Entre sus acciones se encargaron de reunir un archivo fotográfico para que la menor no despierte a un mundo sin memorias, sin identidad. El procedimiento posterior a su deceso no fue sencillo, los padres de Matheryn buscaron llevar la cámara de congelación de su hija a Estados Unidos pero legalmente no era posible, por lo que optaron por realizar el proceso de criopreservación en el país natal de la niña y luego trasladar su cerebro por separado en una caja llena de hielo seco para prevenir que sufriera daños. Un caso de relaciones internacionales y de aduanas sin precedentes.

Otro juicio sucedió en el 2014 en Reino Unido, donde el nombre de la paciente no fue dado a conocer pero ella decidió que sus padres permitieran congelar su cuerpo. Estaba a punto de morir y el juez de la Sala del Alto Tribunal de la Familia optó por cumplir los deseos de la menor de edad. En el pleito legal están inmiscuidos su madre y padre, quienes no pelean por el deseo de su hija, sino por quién cubrirá el costo del procedimiento. Al final fue su abuela quien entregó los 81 mil dólares y ahora su nieta se encuentra en ALCOR, en espera del mañana. Desde hace unos años los casos de disputas entre parejas o familias son más comunes y la lucha de fe y creencias se interponen entre una cultura que espera la muerte y otra que a toda costa trata de posponerla.

Una enemistad surgió entre una familia y ALCOR, cuando los técnicos congelaron solo la cabeza de un científico y enviaron el resto de él a su hijo. Foto: Daily Beast

La empresa ALCOR (Allopathic Cryogenic Rescue “rescate criógenico alopático”) fue erguida en California, Estados Unidos, en la década de los setenta cuando Linda Chamberlain tuvo una revelación después de leer el libro de Robert Ettinger. Fue en 1994 cuando se mudaron a Arizona para aprovechar el esquema de aportaciones y donaciones para seguir con la manutención de su proyecto.

ALCOR mantiene una bitácora con el nombre de sus pacientes y una breve historia de cómo fue que llegaron a sus cámaras de criopreservacación. Los primeros pacientes fueron los familiares de Chamberlain y su esposo.

Lo que los clientes de ALCOR y los demás institutos ignoran, es que las acciones del presente son al menos una sola oportunidad para dar pie a la verdadera criogenia. Ya que a pesar de que especialistas como el físico teórico Michio Kaku hayan declarado que congelarse para sobrevivir es posible, de momento existe el inminente riesgo de que el proceso de enfriamento no sólo dañe el tejido dérmico sino que haga finísimos cortes a la piel del paciente. A final de cuentas se habita en una cápsula de cristal.

MITOS DEL HIELO

Desde que el concepto de criogenia despegó hacia el acervo mundial, se han plantado decenas de rumores sobre pacientes “famosos” que supuestamente no fallecieron y que se encuentran bajo tierra en una cama de nitrógeno. Personajes como Adolf Hitler y Walt Disney son algunos de los nombres de quienes supuestamente podrían regresar a la vida en el futuro. A principios de la primera década del nuevo milenio, el beisbolista incluido en el Salón de la Fama, Ted Williams, ordenó a sus hijos que antes de morir lo llevaran a una de las cámaras de criogenia, pero sólo dejó una firma en una servilleta para ordenarlo legalmente.

Sin embargo, luego de ser admitido en ALCOR comenzó una batalla legal debido al supuesto mal manejo de su cerebro, que posiblemente se fragmentó debido a los cristales de hielo. Por un tiempo tanto la opinión pública como la religiosa comenzaron un debate sobre la práctica pero posteriormente toda crítica cesó.

Tanques Cryostats para la conservación de personas en nitrógeno líquido. Foto: EFE

Ahora, luego de superar la centena de pacientes y casos controvertidos, quien es considerado el pionero en la práctica de criopreservación, aún cuando ni siquiera existían las empresas que trabajan actualmente, es un maestro de universidad norteamericano de nombre James Bedford.

Bedford murió hace poco más de 50 años pero su cuerpo descansa congelado mediante aparatos rudimentarios, se dice que él debería ser el primer humano en descongelarse para admirar el porvenir. Su “sueño frío” comenzó dos años antes de que el hombre pisara la Luna por primera vez y ahora se mantiene dentro de ALCOR luego de un suceso de abruptos conflictos donde a toda costa buscaban el entierro del maestro de psicología. Los principales detractores de su congelación: la iglesia y su esposa.

Con la esperanza última de la criogenia, tanto Bedford como la pequeña Matheryn podrían despertar juntos en un nuevo mundo luego de abandonar a la sociedad en distintas épocas. Los protagonistas de esta ciencia prometen que el futuro estará listo para apoyar a los hombres del pasado, pero otras personas, algunos de ellos activos detractores de la práctica, declaran que la criogenia es un fraude y que hacerla sería “conservar filetes putrefactos al interior de un congelador”.

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