Romper con el pasado
Opinión

Romper con el pasado

Jaque Mate

Un gobierno debe buscar siempre construir un estado de derecho que garantice la seguridad, promueva la inversión productiva y genere prosperidad. Quizá no hay fórmulas mágicas. Todos los gobiernos afirman que su propósito es construir esa sociedad ideal, pero las oposiciones responden de manera sistemática que quienes ejercen el poder han equivocado el camino y que ellas sí saben cómo edificar ese mejor sistema.

Esta es la razón por la cual existe la política. Los problemas de un país no se curan con una mayoría de votos. Necesitan la aplicación de políticas públicas eficaces. El problema es que son tan grandes las diferencias de los grupos políticos sobre las estrategias que deben aplicarse para lograr las metas que todos buscamos que es indispensable contar con un procedimiento ordenado para elegir a quienes se encargarán de tomar las decisiones. La democracia no es infalible, porque los políticos pueden ser electos enarbolando políticas populares pero ineficaces, pero es el único método razonable para tomar estas decisiones.

Lo ideal sería que los gobiernos pudieran cambiar de signo político, pero avanzaran en la misma dirección. Los países que han hecho esto han logrado desarrollarse y generar prosperidad sin importar los cambios de partidos en el poder. En estos tiempos de globalización y redes sociales, sin embargo, cada vez son mayores las intolerancias entre grupos políticos.

Hoy han quedado atrás los tiempos en que republicanos y demócratas en Estados Unidos podían llegar a acuerdos razonables para avanzar en una misma dirección. Donald Trump y su populismo han cambiado la ecuación política y han vuelto imposible cualquier colaboración. Lo mismo está ocurriendo en México. Los tiempos de la alternancia, que comenzaron con el triunfo electoral de Vicente Fox en 2000, no significaron el fin de la continuidad en proyectos y programas de gobierno, pero Andrés Manuel López Obrador ha venido a cambiar este acuerdo al señalar que todo lo hecho antes era malo y corrupto.

La historia sugiere que hay un sólo modelo para construir un mundo mejor. Los países más exitosos del mundo han aplicado todos variables parecidas de esta estrategia. Han respetado la inversión privada y los derechos de propiedad, pero han cobrado impuestos para otorgar servicios de educación y de salud que han disminuido la desigualdad. Países desde Estados Unidos y Canadá hasta Suecia, Suiza, Nueva Zelanda y Dinamarca han tenido políticas similares que se han distinguido sólo en el grado de la carga fiscal y en la intensidad de los programas sociales. En cambio, los países que han pretendido distanciarse de estas reglas, que han eliminado la inversión privada o los derechos de propiedad, como la Unión Soviética y China en los tiempos de Mao o en la actualidad Cuba, Corea del Norte y Venezuela, solamente han logrado empobrecer de manera dramática a sus pueblos.

En la actualidad se pierde esta perspectiva en el fragor de las batallas políticas. Cuando un presidente rechaza todo lo realizado por gobiernos anteriores, y deja de entender los límites en que puede moverse un Estado contemporáneo, se generan conflictos innecesarios que sólo dañan a la sociedad. Tanto en Estados Unidos como en México los gobernantes deben asumir esta perspectiva histórica. No tiene sentido romper con el pasado, y sobre todo romper con un pasado que aplica las únicas políticas que han demostrado poder impulsar a un país a la prosperidad.

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